Dic 1 2004
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Opinión

El holocausto iraquí

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

De todas las históricas secuelas que se proyecten de la guerra de Irak cuando termine, si algún día termina, lo más importante será la responsabilidad por el holocausto del pueblo iraquí.

Cuántos civiles ya han muerto. ¿Cien mil? ¿Un millón? Pero, al final, alguien será el responsable, según el veredicto inevitable e implacable de la Historia. ¿Quién será? ¿Saddam?, ¿Osama? Usted elige. Usted adivina.

Holocausto es un término gelatinoso. Se escapa de agarrarlo. No es fácil aplicar con precisión y es resbaloso, inasible. En su acepción más aceptada en inglés -lengua donde más se utiliza-, literalmente significa la muerte y destrucción causada por un gran incendio (Webster). Pero también es la palabra para definir la muerte de millones de judíos en los campos de concentración de la Alemania nazi. Y la verdad es que el término ha sido muy utilizado para defender la causa del estado de Israel y algunos círculos judíos han podido lograr pingues indemnizaciones utilizando como clave la palabra holocausto.

fotoLo cierto en su acepción de la destrucción masiva de vidas humanas por poderosos fuegos  -como los misiles de helicópteros Apache o aviones F-16, tan generosamente entregados por EE.UU. a Israel-, ya se puede hablar de un holocausto palestino.

En un sorprendente informe investigativo, el antiguo y respetable periódico científico británico The Lancet muestra la magnitud de lo que ya otros medios comentan como los “Crímenes de Guerra” del gobierno Bush.(www.thelancet.com.uk).

Hasta antes de la batalla de Faluja (Noviembre 2004) y contando desde marzo del 2003, habían muerto 98 mil civiles iraquíes, incluyendo 40 mil niños, dice The Lancet.
Lo estremecedor del caso es que la revista compara las muertes 18 meses después de marzo 03 con las muertes ocurridas en similar período antes de marzo 03. Y se debe tener en cuenta que ya Iraq, por las sanciones impuestas por la ONU,  estaba con serios problemas de abastecimiento de medicamentos.

Por todo esto, las investigaciones de The Lancet tienen un gran significado, observa el magazine electrónico estadounidense Tom Paine, porque esas investigaciones se concentraron en regiones donde la aviación norteamericana lanzó sus bombas “cluster” y otras armas, que a fin de cuentas, son las únicas de destrucción masiva que se encuentran en ese territorio de la Mesopotamia del Oriente Medio, una de las cunas de la civilización.

En su análisis del Informe Lancet, el periódico Newsday, del estado de Nueva York, observa que las causas más comunes de muerte -antes de la invasión de Irak- eran ataques al corazón y otras enfermedades crónicas. Sin embargo, después de la invasión, la violencia es la principal causa de muerte, principalmente atribuida a las fuerzas de la coalición. El 95 por ciento de los decesos fueron causadas por bombas o el fuego de cañones de helicópteros.

Estas estadísticas no influyen directamente en la opinión pública norteamericana. Ello toma tiempo, como tomó tiempo el asimilar el holocausto de los judíos a manos de los alemanes nazis.

Espero estar equivocado, pero ¿significa esto que EEUU es una nación de ovejas temerosas que no reaccionan frente a quien viola sus principios tradicionales de libertad, tolerancia y libre expresión?
En esta perspectiva Orwelliana no es difícil pensar en quién es responsable por los crímenes de Guerra de Irak. Usted elige. Usted adivina…

¿En quién está usted pensando?

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* Periodista. El artículo se publica por gentileza de Paralelo 21, programa de la radio de la Universidad de Guadalajara, México (www.radio.udg.mx/programas/paralelo/21.htm).

Nota de la R.
Según el diccionario de la Real Academia, holocausto tiene tres acepciones:
– Gran matanza de seres humanos.
– Acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor.
– Entre los israelitas especialmente, sacrificio en que se quemaba toda la víctima.
Probablemente los gobiernos estadounidense y británico -y aquellos otros, cómplices- definen sus actos por la segunda acepción.

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