Ago 27 2016
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Despacito por las piedras

EL IMPACTO DE LAS OLIMPÍADAS DE RÍO 2016

 

 

Terminaron las Olimpíadas “Río 2016”. Nosotros, los ciudadanos de a pie, a los que nunca se nos ocurrió que pudiéramos viajar para presenciar estas olimpíadas, vimos –por la TV- deportes conocidos y también de los otros; nos emocionamos con la actuación de algunos deportistas argentinos; nos parecía ciencia ficción las acrobacias físicas de algunos gimnastas; nos deslumbró la belleza de la inauguración y la clausura, como  así también el colorido de algunos escenarios. Pero estas reflexiones no quieren posarse sobre esos hechos, sino sobre un par de cuestiones que nos importa destacar: El impacto esperado y el producido por este evento deportivo sobre la realidad brasileña y una evaluación sobre el estado de situación del deporte argentino, a la luz de los resultados alcanzados.

Cuando Luis Inácio “Lula” da Silva lloró de emoción, en Copenhague el 2 de octubre de 2009, con motivo que Brasil se designó sede de las XXXI versión de las Olimpíadas, estaba lejos de imaginar la situación actual de Brasil. Barack y Michelle Obama, el Primer Ministro de Japón y el Rey Juan Carlos, junto a la reina Sofía, se levantaron de sus asientos para saludar al “triunfador”. Río de Janeiro se había impuesto a las candidaturas de Chicago, Tokio y Madrid. Un Lula exultante suponía que él mismo o alguna otra figura del Partido de los Trabajadores (PT), presidiría -en 2016- tan magno evento que colocaría a Brasil entre las grandes potencias del mundo. Su avance era tal que se ofrecía como la sexta potencia (junto a Estados Unidos, China, Rusia, Inglaterra y Francia) con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Brasil y los BRICS (el acuerdo con Rusia, la India, China y Sudáfrica) parecían incontenibles. Por eso Lula desafío a la prensa diciendo: “Los que piensan que Brasil no tiene condiciones de hacer una Olimpíada, se van a sorprender”.

La “sorpresa” llegó, vino cargada de contradicciones. Ni Lula, ni el PT gobiernan, pero no solo eso, sino que –gran parte de esa dirigencia- debe hacer malabares para permanecer en una cuestionada libertad, cosa que no todos logran. Es difícil pensar que sea una casualidad que Dilma Rousseff  fuera suspendida en su cargo de Presidenta poco tiempo antes de las Olimpíadas. “Alguien” no tenía interés en que el gobierno de Dilma y el PT pudiera explotar a su favor unas Olimpíadas que habían  construido con una voluntad de hierro y una envidiable esperanza.

Este Brasil, desgarrado, tenso y angustiado, temía el peor escenario. Los motivos internos no faltaban y las fantasmales amenazas de un enigmático ISIS traían malas nuevas desde afuera de las fronteras.

Michel Temer, el vicepresidente de Dilma, actual presidente provisional y denunciado como corrupto y conspirador serial, fue el instrumento para quitarle al PT su sueño de inaugurar ese evento.  De todas maneras no pudo evitar que su discurso inaugural, de los Juegos Olímpicos, fuera acompañado -en los pocos segundos que duró- por un coro de gritos y silbidos proveniente de todos los rincones del Maracaná. Por esta razón optó por no participar de las ceremonias de cierre.

Por otro lado el desarrollo de los Juegos pudo culminar sin las catástrofes anunciadas. En síntesis, aquél desafío de Lula sobre las expectativas de las primeras olimpíadas realizadas en América del Sur se hizo realidad, aunque éste no lo pudo disfrutar.

 

La realidad argentina

En lo que respecta a los resultados alcanzados por los deportistas argentinos, quedo flotando en el ambiente la impresión de un gran éxito deportivo. Las tres medallas de oro (yudo, navegación a vela y hockey masculino) y una de plata (tenis) nos ubicó en el puesto n° 27 del medallero final y es la mayor cantidad medallas de oro conseguidas desde las olimpíadas de Londres 1948. Pero, en total, solo sumamos 4 medallas, igual que en Sidney 2000 y Londres 2012 y dos menos que en Atenas 2004 y Beijing 2008.

Es decir que, en lo que va de este siglo, nos recuperamos de la abrupta caída de la segunda mitad del siglo pasado (en coincidencia con el golpe de estado de 1955) pero todavía sin llegar a los niveles que teníamos en las olimpíadas que van desde París 1924, hasta Londres 1948.

Para “Río 2016” la representación argentina sumó 213 deportistas, el mayor número en toda la historia olímpica. Ello se lo puede vincular con la aprobación de la Ley N° 26.573/2010 por la cual el 1% de las facturas de los teléfonos celulares tienen como destino al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), organismo donde tiene un rol protagónico el Comité Olímpico Argentino, presidido por el empresario y dirigente del deporte ecuestre, Gerardo Werthein.

Juan Guahán

 

 

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