Feb 11 2013
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AmbienteSociedad

El legado de la crisis actual: revisar y reinventar conceptos

Alimento la convicci√≥n, compartida por otros analistas, de que la crisis sist√©mica actual nos dejar√° como legado y desaf√≠o la urgencia de repensar nuestra relaci√≥n con la Tierra, con los modos de producci√≥n y consumo, de reinventar una forma de gobernanza global y una convivencia que incluya a todos en la √ļnica y misma Casa Com√ļn.

Para esto es forzoso revisar conceptos-clave, que como una br√ļjula indican un nuevo norte. Buena parte de la crisis actual se deriva de premisas falsas.

El primer concepto a revisar es el de desarrollo. En la pr√°ctica se identifica con el crecimiento material, expresado por el PIB. Su din√°mica consiste en ser el mayor posible, lo que implica explotaci√≥n despiadada de la naturaleza y la generaci√≥n de grandes desigualdades nacionales y mundiales. Es importante abandonar esta comprensi√≥n cuantitativa y asumir la cualitativa; en √©sta el desarrollo es bien definido por Amartya Sen (premio Nobel) como ¬ęel proceso de expansi√≥n de las libertades sustantivas¬Ľ, es decir, la ampliaci√≥n de las oportunidades de modelar la propia vida y darle un sentido que valga la pena. El crecimiento es imprescindible, pues es de la l√≥gica de todo ser vivo, pero solo es bueno a partir de las interdependencias de las redes de la vida que garantizan la biodiversidad. En vez de crecimiento/desarrollo deber√≠amos pensar en una redistribuci√≥n de lo que ya fue acumulado.

El segundo es el manipulado concepto de sostenibilidad, que, en el sistema vigente, es inalcanzable. En su lugar deberíamos introducir la temática, ya aprobada por la ONU, de los derechos de la Tierra y de la naturaleza. Si los respetásemos, tendríamos garantizada la sostenibilidad, fruto de habernos ajustado a la lógica de la vida.

El tercero es el del medio ambiente. El medio ambiente no existe, lo que existe es el ambiente entero, en el cual todos conviven y se interconectan todos los seres. En vez de medio ambiente sería mejor que usásemos la expresión de la Carta de la Tierra: comunidad de vida. Todos los seres vivos poseemos el mismo código genético de base, por eso todos somos parientes entre sí: una real comunidad vital. Esta mirada nos llevaría a tener respeto por cada ser, pues tiene valor en sí mismo más allá del uso por el ser humano.

El cuarto concepto es el de Tierra. Es importante superar la visión pobre de la modernidad que la ve sólo como una realidad extensa y sin inteligencia. La ciencia contemporánea ha mostrado, y esto ya ha sido incluido hasta en los manuales de ecología, que la Tierra no sólo tiene vida sobre ella, sino que ella misma está viva: es un superorganismo, Gaia, que articula lo físico, lo químico y las energías terrenas y cósmicas para producir y reproducir siempre vida. El 22 de abril de 2010 la ONU aprobó la denominación de Madre Tierra. Esta nueva mirada, nos llevaría a redefinir nuestra relación con ella, ya no más de explotación sino de uso racional y respeto. Una madre ni se vende ni se compra, se respeta y se ama. Así debe ser con la Madre Tierra.

El quinto concepto es el del ser humano. Este en la modernidad ha sido pensado como desligado de la naturaleza, fuera y encima de Ella, haci√©ndolo su ¬ędue√Īo y se√Īor¬Ľ (Descartes). Hoy el ser humano se est√° insertando en la naturaleza y en el universo como aquella porci√≥n de la Tierra que siente, piensa, ama y venera. Esta perspectiva nos lleva a asumir nuestra responsabilidad par con el destino de la Madre Tierra y de sus hijos e hijas, sinti√©ndonos cuidadores y guardianes de este bello, peque√Īo y amenazado planeta.

El sexto concepto es el de espiritualidad. √Čsta ha sido acantonada en las religiones, cuando es la dimensi√≥n de lo profundo humano universal. La espiritualidad surge cuando la conciencia se percibe como parte del Todo e intuye cada ser y todo el universo sustentados y penetrados por una fuerza poderosa y amorosa: aquel Abismo de energ√≠a, generador de todo ser. Es posible captar el eslab√≥n misterioso que liga y religa todas las cosas, formando un cosmos y no un caos. La espiritualidad nos confiere un sentimiento de veneraci√≥n por la grandeza del universo y nos llena de autoestima por poder admirar, gozar y celebrar todas las cosas.

Mucho tenemos que cambiar todavía para que todo esto se vuelva parte de la conciencia colectiva. Pero es lo que debe ser. Y lo que debe ser tiene fuerza de realización.

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