Feb 2 2006
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Opinión

EL LEGADO DE LA DERECHA: LOS AÑOS DE BUSH

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El último cuarto de siglo ha sido testigo de un marcado incremente en la desigualdad en Estados Unidos, una tendencia provocada tanto por las decisiones políticas como por cambios en la estructura de la economía.

Ningún presidente ha hecho más por la causa de la desigualdad que George W. Bush. Eso se puso nuevamente en evidencia la pasada semana con la publicación de nuevos datos del gobierno acerca de la riqueza corporativa.

Política Interna

¿A quién pertenece Estados Unidos? Las cifras de la Oficina Congresional del Presupuesto muestran que, a partir de 2003, los hogares pertenecientes al uno por ciento de mayores ingresos poseían 57,5 por ciento de toda la riqueza corporativa del país. Eso es un aumento del 38,7 por ciento desde 1991.

Significa que mientras hace veinte años los ricos poseían más de un tercio de la riqueza, ahora más de la mitad está concentrada en las manos de ese uno por ciento de la población.

La tendencia a una mayor concentración de la riqueza –y de dominio, dada la fácil traducción del dinero en poder político en el sistema político estadounidense– se ha acelerado como resultado de las políticas de Bush, según informó la semana pasada The New York Times (Riqueza corporativa aumenta para los norteamericanos de mayores ingresos, 29 de enero de 2006):

“Nuevos datos del gobierno indican que la concentración de la riqueza corporativa entre los norteamericanos (estradounidenses) de mayores ingresos creció significativamente en 2003, como una tendencia que comenzó en 1991 p acelerada en el primer año en que el presidente Bush y el congreso redujeron los impuestos al capital.

Los mismos datos muestran que desde 1991 todos los grupos de ingresos, menos el uno por ciento superior, experimentaron un decrecimiento en su parte de riqueza corporativa. (Para un análisis más detallado, consultar el sitio web del Centro para las prioridades presupuestarias y políticas en http://www.cbpp.org/1 29-06tax2.htm).

La Florida, un estado afectado por políticas regresivas en los niveles federal (presidente Bush y el congreso republicano) y estatal (gobernador Jeb Bush y la legislatura republicana), representa una suerte de “tormenta perfecta”. Por tanto, no resultó una sorpresa cuando la semana pasada The Miami Herald (La brecha de ingresos en La Florida entre las más grandes del país, 27 de enero de 2006) señaló: “Por primera vez en 20 años la Florida se encuentra entre los cinco estados con la peor desigualdad de ingresos.”

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Los datos provienen de un estudio del Instituto de Política Económica, que comparó los datos de los censos entre los años 80 y del 2000. Bajo el gobierno de los dos Bush, la Florida se ha estado acercando progresivamente a la utopía de una “sociedad de propiedad”. (Para un análisis más detallado visitar el sitio web http://www.epi.org/content.cfm/studies_pulling_apart_2006).

Política Exterior

El cambio de régimen ha sido un elemento central de la política exterior de Bush. La semana pasada trajo noticias frescas del debacle que ha resultado ser esa política:

– Mientras la violencia proseguía en Iraq, esta vez las bajas incluían al conductor de programas de noticias de ABC Bob Woodruff y al camarógrafo Doug Vogt, heridos gravemente en una explosión en la carretera. Mientras tanto, el juicio a Saddam Hussein se desintegraba en un caos.

– El grupo militante islámico Hamas se anotó una victoria aplastante en las elecciones parlamentarias palestinas, echando a perder los planes de la administración para el Oriente Medio.

– En un largo reportaje investigativo, The New York Times (Señales contradictorias de EEUU ayudaron a empujar a Haití al caos, 29 de enero de 2006) publicó de cómo elementos de la administración Bush y del Instituto Internacional Republicano minaron al gobierno de Jean-Bertrand Aristide y trabajaron en contra de un acuerdo entre el presidente elegido y la oposición.

Las consecuencias de la política de Bush de cambio de régimen ahora incluyen no sólo el incremento de pérdidas humanas y materiales en Iraq. Bush también merece crédito por dar a los fundamentalistas islámicos un enorme impulso y por contribuir a la destrucción de un país vecino.

El camino se ha abierto a Hamas tanto por la corrupción de la Autoridad Palestina como por la incesante campaña de la administración Bush contra Arafat, su apoyo incondicional a Sharon, su extrema inclinación hacia Israel y su interferencia en la política interna palestina.

La administración calculó que podía rediseñar a punta de pistola el mapa del Oriente Medio . Y lo ha hecho, pero los beneficiarios son la Hermanad Musulmana en Egipto, los partidos islámicos chiíes en Iraq y Hamas en los territorios palestinos.

Mientras la administración Bush reacciona ante la victoria de Hamas, Haití es un buen ejemplo de lo que puede suceder cuando las urnas electorales producen un ganador no deseado. Los derechistas en el congreso y la administración odiaban a Aristide, pero la política norteamericana oficial era la de trabajar con el presidente elegido. Lo que revela la investigación de The New York Times es que estaba operando una segunda vía de política, destinada a la confrontación y al cambio de régimen, que en definitiva fue la que prevaleció.

Mientras que Brian Dean Curran, el embajador estadounidense en Haití, trabajaba en pro del diálogo, elementos de línea dura de la administración, incluyendo a Otto Reich, trabajaban a favor del cambio de régimen. El Times citó a Reich diciendo que “hubo un cambio de política que quizás no fue bien percibido en la embajada”.

¿Y cuál fue ese cambio de política? “Queríamos un cambio, dar a los haitianos una oportunidad de escoger a un líder democrático”, dijo Reich, quien es descrito por el periódico como “miembro de un grupo en ascenso de forjadores de política que temían el surgimiento de gobiernos izquierdistas en Latinoamérica”. La ironía de que Aristide había sido elegido democráticamente, mientras que los que lo depusieron eran un hatajo de bandidos, no es importante para Reich.

Respondió el embajador Curran: “El hecho de que Reich haya admitido que se había instaurado una política diferente demuestra totalmente mis sospechas, así como confirma que un montón de aficionados están mandando en Wáshington”.

En el Medio Oriente, en Haití y en los propios Estados Unidos, pasará mucho tiempo antes de que se deshaga el daño perpetrado por el grupo de aficionados fanáticos que mandan en Wáshington desde hace cinco años.

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* Periodista. En la revista estadounidense Progreso Semanal
(www.progresosemanal.com/index.php?progreso=Max_Castro&otherweek=).

La ‘portada’ de la revista Times se tomó del portal www.iflipflop.com, agrupación de ciudadanos estadounidenses.

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