Feb 14 2021
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Ciencia y Tecnología

El legado de la pandemia

Nadie olvidar√° el 2020. Nunca antes tantos saludos de cambio de a√Īo fueron a prop√≥sito de terminar, dejar atr√°s, salir de ese a√Īo como de la peste, literalmente. Excepto varias de las m√°s grandes empresas farmac√©uticas, los titanes tecnol√≥gicos y unas cuantas trasnacionales m√°s que aprovecharon el desastre para cosechar ganancias en vol√ļmenes que la mayor√≠a de la gente no podemos ni imaginar. Basadas, adem√°s, en enormes subsidios p√ļblicos y en no pagar impuestos, especialmente las plataformas digitales.

Seg√ļn el informe El virus de la desigualdad (Oxfam, 2021), los milmillonarios que vieron afectadas sus fortunas, recuperaron el nivel previo a la pandemia en apenas nueve meses, mientras la pobreza en el mundo aument√≥ notoriamente y se sigue profundizando. Para los miles de millones de personas de la poblaci√≥n mundial en situaci√≥n de pobreza, recuperar el escaso poder adquisitivo que ten√≠an antes de la pandemia tomar√° m√°s de una d√©cada. Algo adem√°s incierto (https://tinyurl.com/23zy6zz9).

Desde el inicio de la pandemia, los 10 hombres m√°s ricos del planeta (siete de ellos due√Īos de plataformas y empresas digitales) agregaron m√°s de 500 mil millones de d√≥lares a sus abultadas arcas. Oxfam pone el ejemplo de Jeff Bezos, actualmente el segundo individuo m√°s rico del mundo, fundador de la plataforma digital Amazon. Con la fortuna personal que acumul√≥ entre marzo y agosto 2020, podr√≠a haber pagado a cada uno de sus 876 mil trabajadores un bono de 105 mil d√≥lares y a√ļn seguir√≠a siendo tan rico como al inicio de la pandemia.

Se hizo patente la destrucción o falta de sistemas de atención de la salud accesibles para las mayorías en muchos países. La educación formal se realizó con grandes limitaciones y en modo virtual en todos los niveles, aumentando en estos sectores también la brecha entre pobres y ricos. La carga de trabajo para las mujeres aumentó mucho más que para los hombres, también la violencia de género.

Al aumento brutal de la desigualdad que ya existía, se sumó el hecho de que las medidas restrictivas para contener los contagios dejaron una importante huella negativa en la interacción social y una ola de contención de las luchas sociales, al no poder participar en forma presencial en protestas, reuniones, etcétera. A tono con lo mismo, se enlentecieron e hicieron más injustas (por idioma, zonas horarias, acceso a internet) las discusiones en Naciones Unidas sobre alimentación, cambio climático, biodiversidad, y se limitaron seriamente las posibilidades de participación de la sociedad civil en esos ámbitos. La tendencia de los gobiernos del G-7 hacia el resto de los países es convertir esas discriminaciones en permanentes.

Resultado de imagen para el legado de la pandemiaPara las grandes plataformas digitales y empresas tecnol√≥gicas, las ganancias han sido indescriptibles, pero no s√≥lo en dinero, tambi√©n en poder y control. Ya est√°n presentes en todas las industrias ‚Äďincluso agricultura y alimentaci√≥n‚Äď en el trabajo, educaci√≥n, salud, comunicaci√≥n, sistemas de gobierno, redes sociales, sistemas financieros.

Todas y todos somos sus presas y el comercio de nuestros datos, sus principales fuentes de ganancia. Prácticamente no están reguladas en ninguna parte y apenas se ha comenzado tímidamente a intentar supervisarlas en algunos países, solo en aspectos parciales. No tiene precedente el peso y poder económico y de cabildeo de estas empresas frente a gobiernos nacionales e internacionales, sumado a que tienen control de sus datos e instrumentos.

A las medidas de Twitter de cerrar cuentas de quien considere seg√ļn su criterio y conveniencia, se suma el reciente anuncio de Facebook e Instagram, de cerrar las cuentas que comenten que las vacunas podr√≠an no ser efectivas o que el virus podr√≠a haber sido producto de una manipulaci√≥n de laboratorio. M√°s all√° de que existe mucha basura en Internet (que las plataformas alientan), de que nos alegre que cancelen los mensajes de Trump o que estemos o no de acuerdo con posiciones cr√≠ticas sobre las vacunas, el fen√≥meno de la censura ejercida por los gigantes tecnol√≥gicos abre una bater√≠a de preocupaciones.

Mientras Facebook ‚Äď cuyo fundador Mark Zuckerberg es uno de esos 10 hombres m√°s ricos del globo‚Äď sostiene que las vacunas son la soluci√≥n para la pandemia y se arroga determinar qu√© y quien puede hablar sobre ellas, Oxfam explica en su informe que nueve de cada 10 personas en pa√≠ses pobres no tendr√°n acceso a las vacunas en este a√Īo, aunque varios de los pa√≠ses m√°s ricos han comprado dosis para inocular a toda su poblaci√≥n tres veces. El debate de los muchos y diferentes impactos de esta industria es urgente e impostergable.

Pese a la debacle global que la pandemia ha causado, prácticamente nada se ha tocado de sus causas, lo cual afirma las bases para que sigan preparándose próximas pandemias. Por ejemplo, para parar la destrucción de la biodiversidad que aumenta con megaproyectos mineros, de transporte, energía, expansión de la frontera agrícola (https://tinyurl.com/1lydnlmh).

El panorama sin duda es sombrío. Que muchos aspectos del capitalismo hayan quedado al desnudo, también ayuda a combatirlo. Existe un creciente tejido de debates y acciones entre comunidades, organizaciones y movimientos populares que siguen actuando solidariamente, pensando, cuestionando, construyendo.

* Investigadora del Grupo ETC

 

 

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