Nov 1 2014
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Sociedad

El llanto de una madre

 

Es la ma√Īana de un d√≠a cualquiera de la semana, sentado a la mesa termino de desayunar. En ese instante escucho unos t√≠midos golpes en la puerta de la casa. Al acercarme para abrir escucho sollozar a una mujer. Es un llanto desesperado, la mujer traga aire con dificultad y vuelve a llorar, se queja amargamente y exclama de manera entrecortada. ¬°Ay Dios m√≠o! ¬ŅQu√© voy a hacer sin mi ni√Īo?
Abro la puerta. Apoyada en una columna que se encuentra a la entrada de la casa veo a una mujer morena, un tanto obesa, ya entrada en a√Īos. Cubre su cabeza con un reboso ind√≠gena, pero su vestimenta es propia de las campesinas de esta regi√≥n de M√©xico. Solloza casi a gritos, su cara est√° ba√Īada en l√°grimas que corren por sus mejillas como una cascada interminable. Casi no puede hablar, la cabeza ca√≠da sobre el pecho, se sujeta de la columna como para no caer al suelo. Todo su cuerpo se sacude, tiembla, y expresa un profundo dolor. Con dificultad, de manera entrecortada y con voz apagada por los sollozos entiendo que me pide dinero, una ayuda para ir a Tamazula, un pueblo cercano a Culiac√°n, para enterrar a su hijo.
¬°Lo mataron se√Īor! ¬°Asesinaron a mi pobre hijo‚Ķ y no tengo dinero para ir a Tamazula a enterrarlo! ¬°Ay Dios m√≠o‚Ķ qu√© injusticia tan grande!
La contempl√© con tristeza, saqu√© unas monedas de mi bolsillo y se las entregu√©. Queriendo desentenderme del dolor de la madre trat√© de pensar que, simplemente, era otra mujer que viv√≠a de la caridad p√ļblica. Pero en mi pecho sent√≠ que el dolor de esa madre era aut√©ntico. Nadie puede fingir un dolor tan terrible como el que ella expresaba con su cuerpo contra√≠do, sus sollozos, sus palabras entrecortadas, sus quejido y la cara ba√Īada en l√°grimas. Me apart√© de la puerta para regresar a la cocina. Sin embargo no me pude sustraer a los llantos de la mujer que, a la distancia, lloraba de dolor por la muerte de su hijo. Abr√≠ nuevamente la puerta, sal√≠ a la calle y pude mirar a la mujer que apoyada en la muralla de una casa que se utiliza como cuartel de polic√≠a lloraba a gritos. La escena me conmovi√≥ profundamente. Sent√≠ que me estaba comportando como un idiota sin sentimientos. Entr√© r√°pidamente a mi casa, tom√© todo el dinero que guardaba en mi billetera y me dirig√≠ a la mujer. Me acerqu√© a ella, en ese momento su dolor se meti√≥ de tal manera en mi pecho que no pude evitar que mi cara se llenara de l√°grimas. Quise abrazarla como una manera de consuelo, pero la costumbre me impidi√≥ hacerlo. Le habl√© volteando la cara como para que ella no se diera cuenta que yo estaba sumido en el llanto. Su dolor se hizo mi dolor. Sus l√°grimas se mezclaron en el aire con mis propias l√°grimas. Cre√≠ ver al muchacho, hijo de la mujer, con el cuerpo ensangrentado y a la madre abraz√°ndolo desconsolada. Tome se√Īora. Le dije. ¬ŅLe alcanzar√° con este dinero para que pueda ir con su hijo? Mir√≥ incr√©dula los billetes que le ofrec√≠a con mi mano temblorosa. ¬°Ay Dios m√≠o! ¬°C√≥mo te agradezco lo que haces por m√≠! Gracias se√Īor‚Ķ. Gracias. Dios se lo ha de pagar. Dijo sin dejar de llorar. Con este dinero podr√© llegar para enterrar a mi hijo. Gracias. Apur√≥ el paso y se fue un poco m√°s calmada.
Les aseguro que el dolor de esa madre no lo podré olvidar jamás. Es la imagen absoluta de las madres dolientes por las muertes de sus hijos. Ví la imagen de mi madre cuando tuvimos que salir al exilio desde Chile, mi hermano y yo. La imagen de mi madre cuando mi hermano murió en Bélgica. Y también puedo ver las imágenes de todas aquellas miles y miles de madres que están llorando a sus hijos en esta sanguinaria barbarie que ha cubierto de sangre el territorio mexicano.
Lo peor de todo, hoy en día, es ver a las madres de esos cuarenta y tres muchachos estudiantes normalistas del estado de Guerrero, México, asesinados entre el contubernio de las bandas criminales y los políticos mexicanos.
El otro d√≠a no pod√≠a dar cr√©dito a mis ojos cuando observ√© como los pol√≠ticos mexicanos de todos los partidos pol√≠ticos se disputaban entre ellos en la sala de sesiones del Congreso de la Naci√≥n cu√°l era el partido pol√≠tico m√°s o menos corrupto del pa√≠s. Como tel√≥n de fondo las im√°genes de los j√≥venes secuestrados por los criminales acusaban la desverg√ľenza de los diputados incapaces de compartir el dolor que todo M√©xico y el mundo est√°n sufriendo en estos precisos instantes.
El dolor de esas madres y esos padres es el dolor de todos nosotros bajo la incapacidad del Gobierno mexicano de poner fin al ba√Īo de sangre que sufre nuestro pa√≠s.
Ahora, por lo pronto, no nos que da más que llorar y compartir nuestro llanto, que estas lágrimas ojalá sirvan para que los políticos mexicanos se humanicen y dejen de pensar sólo en el baile del dinero y en el tanto tienes, tanto vales.

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