Feb 15 2011
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Opinión

El lujo, el asco, un hotel muy grande y la persona humana

Lagos Nilsson.

¿Fue Anatole France el del pingüino que resolvió el asunto de la propiedad —y el comienzo de la historia que historiamos— diciendo "Esto es mío" con una piedra en la cabeza de otro pingüino?. El famoso dinosaurio de Monterroso (el dinosaurio, ¡pobre!,simboliza un pasado inútil cuando no injusto en el terreno de las ideas y costumbres) parece estar bien de salud. Es amigo del pingüino de France cuya isla es el mundo. Y un discurso.

Es cierto: nunca antes la humanidad a tenido tal poder para doblegar a la naturaleza y ordeñarla, no importa por qué medios, tan provechosamente. En menos de 100 años, por ejemplo, la expectativa de vida, en campo y ciudad —tambièn a orilla de playa— aumentó en más de un 50%, contando años útiles.

Y con excepción del cáncer (de algunos cánceres), del sida, los varios herpes genitales, la vieja ezquizo, en fin, estamos más saludables que nunca; olvidemos a la señora Alzheimer, que insiste en venir a tomar el te con padres, tíos y abuelos.

Lo cierto es que los ricos se ríen a mandíbula batiente (bueno, ríen todo lo que permita la aplicación "botulímica") de tanta sandez y proponen nuevas medidas para acabar con la delincuencia mientras los no-ricos, literalmente, bañan sus recientes automóviles y miran embelesados hacia Morandé y Compañía (en Chile, en otros países a sus similares en su s idénticas teles); algunos se compadecen por la maña suerte de la chica de al lado que parece que quedó preñada —y sacan cuentas de cuánto les costó el aborto de la pequeña de la casa. Eso sí, de sexo no se habla. El sexo es asunto de los demás y de la tele; lo del viagra es cosa personal.

Los aún menos no-ricos y pobres en general caminan cansina o animosamente a la botillería del barrio y hasta el zaguán o poste, banca, bar o árbol debajo del cual pueden comprar, a veces incluso a crédito, una poca de pasta básica (que por alguna razón llaman pasta-base); la yerba pasó de moda, es para alumnos de los primeros grados de la no enseñanza pública y el horror moral de la enseñanza privada —que incluye hasta curitas de ultramar para, imaginen qué, con sus queridos muchachitos y ocasionalmente muchachitas pre núbiles (aunque parece que éstas son más apetecidas por los de gimnasia y educación artística). ¡Son tan perversos los niños!

La realidad refinada

Sucede —error de Neruda— que nadie se cansa de ser hombre (hombre era genérico de persona humana); pasa que no sabemos ya ser humanos. La lucha es por mostrarse e intrusear. Somos lo que creemos que parecemos —tal vez porque sabemos, como el borracho mexicano o argentino, que no somos nada.

Entre 500 y 600 grisáceos dólares estadounidenses costaba hace un año dormir una noche en el hotel más lujoso del mundo (la cama más barata, que entre los pisos 25 y 50 la tarifa subía en proporciòn a la altura). Con el derrumbe del dólar (y de Mr. Obama) probablemenmte ahora sea mucho más. Eso sí, para dormir en alguna de las tres torres del hotel hay que viajar a Singapur y hablar cualquier idioma que no sea castellano.

El Marina Bay Sands, que así se llama el hotel de marras no carece de gracias: Esta obra faraónica costo la friolera de $5.950 millones de dólares y es en realidad tres hoteles de 50 pisos que trepan hasta 200 metros de altura unidos sobre el techo por un jardín panorámico, piscina, río y miradores en una estructura que remeda el casco de un barco estilizado, en la cual se podrá pasear y ver la ciudad y el mar. Cuenta con 2.560 habitaciones y un museo en forma de flor de loto.

Algún día un Fabio del futuro verá sus ruinas, pero no es seguro que le digan que fueron famosas. Cosa de polvo, lluvia, viento y lodos.

No todo está perdido

Hubo, dicen, una vez como en los cuentos de hadas algo que llamaron entonces humanismo. Incidentalmente, no faltan quienes piernsan que los cuentos de hadas fueron historias reales que hadas y elfos, también reales, contaron a las personas. Con el tiempo los principios de sabiduría que contienen se olvidaron. Conforman los restos de una cultura perdida, que rescatan, quizá, algunos niños con sus amiguitos invisibles —ese dolor de cabeza de los padres (cuando los padres se preocupan de sus hijos, asunto que por fortuna sucede cada vez menos. ¡Viva la tele!).

Un señor, para más remate viejo comunista español, lo que ya lo hace sospechoso de cualquier cosa, reivindicó lo del humanismo. Su discurso comienza con Galileo y no es extenso pero sí muy recomendable. Julio Anguita se refiere a la España de 1999; sus conceptos, empero, son tan actuales como la futura "miss Universo" para los amantes de miss Universo. Que nuestros dirigentes sociales y polìticos no lo conozcan, no debe extrañar: no saben nada. Son más que enfermos, están muertos.

Lo puede ver al señor y escuchar sus palabras (buen sonido) aquí.

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