Abr 6 2019
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Política

El macrismo metido en un tembladeral sin salida

 

El gobierno de Mauricio Macri, más allá del tiempo que se pueda quedar gobernando, está terminado. Sus políticas antipopulares, sus cortas miras puestas en beneficios personales o de su círculo, más el estilo impuesto por su asesor de imagen Durán Barba, se le han vuelto en contra y ya no son soportables. Macri, pensando en sus intereses y Cristina Fernández de Kirchner, se “olvidó” de la realidad. Y ahora… parece que ya es tarde.

Decir que el gobierno de Mauricio Macri está terminado no significa que ya se vaya, tampoco que es imposible –aunque sí improbable- que lo reelijan. El mensaje de la sociedad es otro. Le está diciendo que este gobierno muy difícilmente logre aceptación y respeto. La realidad indica que esta sociedad comienza a recorrer el camino de una franca rebeldía, la que ya se atisba en las calles y en los caminos, a lo largo y ancho del país.

Cuando una franja importante de la sociedad decide renegar de sus gobernantes es muy difícil que éstos logren revertir rápidamente esa situación. De ello se deduce que si -por esas artes de la propaganda- lograra ser reelecto, su perspectiva futura es aún más oscura. En ese caso esa rebeldía, hoy amortiguada por la esperanza que las urnas logren desplazarlo, perdería esos límites y la bronca asomaría bajo otras formas.

Macri está metido en la encerrona de los efectos de sus propias políticas, de la estrategia preparada por el ecuatoriano Jaime Durán Barba y sus respuestas a una crisis social e institucional que se extiende por gran parte del mundo. Por ello su propuesta más audaz es pedir el voto por el “Macri que vendrá…” como si estos largos tres años y pico no hubieran alcanzado para que se lo conozca.

Macri paga las facturas por los efectos de sus políticas

Al iniciar su mandato, Macri se plantó –ante una realidad crítica- con medidas económico-sociales semejantes a las adoptadas por Alfredo Martínez de Hoz, el super Ministro de Economía de la dictadura instaurada el 24 de marzo de 1976. El ajuste que se puso en marcha afectó a los sectores más humildes, a los trabajadores; se destruyó a la industria nacional, a las economías regionales y se desarticuló el mercado interno.

Todo ello en pos de una “lluvia de inversiones” que nunca llegó. Cuando, el asombro por esa frustración, el tamaño de la crisis y el endeudamiento, se lo comía, Macri optó por dejar el manejo de la economía argentina en manos del FMI.

Los datos sobre la crisis desatada y sus efectos sociales, que se vienen publicando de un modo reiterado, son harto evidentes y conviene tener presente lo que está pasando en la sociedad como consecuencia de esas políticas. Por todos lados brota la multiplicación de los merenderos y comedores para paliar mínimamente el hambre que azota a un sector importante de argentinos.

Nada de ello es gratuito, se lo puede corroborar en los diarios reproches y escraches a funcionarios del gobierno nacional. Ello motivó que suspendieran los “timbreos”, su principal estrategia comunicacional, limitando al máximo sus apariciones públicas.

La estrategia de tapar esas nefastas políticas con la denunciada corrupción de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y parte de su equipo de funcionarios, ya no alcanza. Por el contrario la magnitud de la crisis colocó a Cristina en el centro del escenario y hoy es la gran protagonista de la próxima contienda electoral.

Esta situación desconcierta al gobierno y parece no percibir que su insistencia en ese tema, en lugar de debilitar, fortalece a su contrincante. En esta semana se han publicado encuestas de opinión donde se observa que es Cristina la que se impondría a Macri, también en una eventual segunda vuelta.

En esos informes el Presidente encabeza el podio de los dirigentes que son vistos más negativamente por la sociedad. En el camino a su derrota también arrastró a la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal, presionándola para que no desdoble las elecciones. Pero eso tampoco lo salvará y terminará de hundir a Vidal.

El macrismo –en lo que imaginaba como su mejor jugada- quería colocar a Cristina como su principal contrincante, lo consiguió, pero ahora ella también lo derrotaría.

El “corto aliento” y las cínicas respuestas de Durán Barba

Tiempo atrás Durán Barba hizo un comentario que vale la pena recordar porque prueba el cinismo de su campaña:“Si un candidato dice un disparate sobre cómo pagar la deuda externa, tal vez no pierda votos, porque es complicado, pero si el candidato adopta un perro y lo patea y sale en facebook, pierde las elecciones”, dijo.

Este mensaje del principal asesor comunicacional del macrismo da cuenta de la situación de hastío político de una parte importante de la sociedad. No cabe duda que las actuales políticas comunicacionales del “sistema” apuntan en esa dirección, ello facilita que el poder económico pueda actuar sin limitaciones en el logro de sus objetivos: aumentar sus ganancias.

El objetivo de Durán Barba, no es mejorar la vida de las personas, hacerlas más felices o elevar su nivel de conciencia o solidaridad. No, él sólo se ocupa de ayudar a ganar elecciones. Para ello apela –además de la “campaña sucia”- a un mensaje antipolítico, de “buenas ondas”, de candidatos “cercanos” al pueblo, todo eso formulado en tono optimista.

Eso le ha servido para sostener carreras cortas como la que hizo para que Francisco de Narváez superara a Néstor Kirchner en el 2009. Pero el paso del tiempo agota rápidamente esas campañas y entonces aflora la realidad y sus broncas, con un peso mayor a la pasividad que le proponen.

Por eso es tan ostensible que ayudó a que Macri pudiera encaramarse en el poder como para que ahora -cascoteado- lo bajen del mismo.

La guerra de espías y su uso político

El choque, entre sí, de distintas camadas de espías es un clásico. Pero el mismo no trascendía mucho más allá de los corrillos especializados y algunas confiterías donde se compartía información buena y también de la otra. En ese juego el polifacético Jorge Asís era y es un maestro, lo documentó en libros y notas periodísticas, en diferentes tiempos.

Pero ahora la cosa cambió. A falta de serios debates políticos la guerra de espías se transformó en una parte sustancial de la vida política cotidiana. Y, además engrosa los expedientes judiciales de distintas oficinas de la Justicia Penal.

Lo dicho vale como antecedente de un breve comentario sobre la complejidad de intereses que se entrecruzan en las cuestiones que hoy ocupan a la mayor parte de la prensa. Es imposible en  pocas líneas encerrar la multiplicidad de intereses en juego.

Ya se ha dicho hasta el cansancio, que Macri intentó acorralar a Cristina Fernández con el tema de la corrupción: con ello pretendía tenerla ocupada en las respuestas judiciales, mientras la presentaba como su contracara. Los mentados “Cuadernos de la corrupción” y los Tribunales Federales de Comodoro Py (en la Capital Federal) fueron los principales instrumentos de esa política, las declaraciones de los “arrepentidos” completaron ese panorama.

Esa política sigue en pie, pero en muchos casos con vida propia -sirviendo a otros intereses- como el tema de las acusaciones contra grandes empresarios. También ha merecido largos comentarios las limitaciones de esa política ante el desastre que provocaban las medidas económico-sociales del gobierno.

Pero desde hace algunas semanas otra novedad se ha incorporado a este enfrentamiento. El cristinismo ha diseñado un juego propio en esa guerra. Sus instrumentos más importantes son  el Tribunal Federal de Dolores, con Alejo Ramos Padilla a la cabeza; la denuncia por extorsión al Fiscal Carlos Stornelli, clave en los “Cuadernos”; la aparición de personajes de los servicios de inteligencia y seguridad”, al servicio de intereses contrapuestos.

Y también de otras figuras, que se ofrecen como “arrepentidos” en la causa que lleva en Dolores Ramos Padilla -entre ellos, un fiscal de Mercedes- que el Juez quiere convalidar y el fiscal de la causa, no.

Ramos Padilla dejó en claro la comunión entre servicios de inteligencia y justicia que atentan contra el sistema democrático utilizando  extorsiones, coacciones, carpetazos, causas y abogados falsos para exigirle dinero a ciudadanos para armar y dirigir causas judiciales, con el apoyo de organismos estatales estadounidenses y quizá también israelíes.

Todo ello configura una trama prácticamente imposible de desentrañar y que acompañará a los argentinos hasta las elecciones presidenciales de octubre o noviembre (primera o segunda vuelta de ser necesario) sin descartar que se continúe con el próximo gobierno.

Lo cierto es que el macrismo perdió el dominio total que tenía sobre estos temas y ahora también debe defenderse de los ataques que recibe desde la otra vereda del poder judicial. Todo esto es barro puro.

 

*Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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