Nov 17 2014
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Despacito por las piedras

EL MODELO PETROLERO, LA CRISIS VENEZOLANA Y VACA MUERTA

Desde los tiempos previos a la conquista el petróleo ocupa un lugar central en la vida y economía de los venezolanos. Antes que llegaran los españoles se lo podía encontrar en la superficie, lo llamaban “mene” y era utilizado para fines medicinales y para impermeabilizar las canoas de aquellos primitivos pobladores. Un terremoto, en 1875, hizo que el petróleo comenzara “a brotar” de la tierra. Su uso energético se fue difundiendo y en 1904 su explotación se masificó e industrializó. La agricultura, que hasta ese momento ocupara –al igual que en el resto de América- un lugar preponderante, fue perdiendo importancia y la renta petrolera se constituyó en la base económica de ese país. Venezuela se transformó en el modelo de un país petrolero. Vendía ese bien o recurso común y compraba prácticamente todo, particularmente los alimentos.
En 1976 fueron nacionalizados todos los activos de las empresas petroleras de Venezuela. No obstante ello las riquezas petroleras siguieron engrosando las arcas de empresas extranjeras y los sectores más pudientes, profundizando la brecha social con los sectores más humildes.
La crisis social y política generada por ese modelo creó las condiciones para el advenimiento del chavismo. Mientras promovía una distribución más justa de los ingresos petroleros, Hugo Chávez intentó -con escaso éxito- modificar la matriz económica. La voluntad de incrementar la producción agrícola-ganadera chocó con la cultura rentística fuertemente arraigada y los frutos alcanzados están muy lejos de los objetivos perseguidos. Hoy –Venezuela- es el quinto exportador mundial de petróleo, contando con las mayores reservas mundiales –comprobadas- de crudo pesado y las mayores reservas de los países occidentales de crudo liviano.
Más allá de toda consideración ideológica, la Venezuela actual exhibe una situación mucho mejor para los sectores populares. Los avances en salud, alimentación, educación y vivienda son indudables. Según información proporcionada por la CEPAL, Venezuela y Uruguay son los países menos desiguales de toda América Latina.
Sin embargo el modelo rentístico petrolero se ha incrementado. En materia de exportaciones, el petróleo representaba el 69% en 1998, esa cifra se ha elevado a más del 95% en los años recientes. Para esos mismos años el aporte de la industria al PIB ha disminuido del 17 al 13%.
El valor del petróleo, el principal bien exportable, se ha reducido notoriamente en los últimos tiempos. Este hecho junto a un creciente burocratismo y corrupción están generando serias dificultades para un eficaz funcionamiento de la administración. La situación se ha agravado ante lo que significó la muerte del líder indiscutido, como lo fuera Hugo Chávez. Nadie puede ignorar la existencia de presiones externas que alimentan a una oposición que ha generado indudables hechos de violencia, como los registrados en los inicios de este año. La mayor fortaleza del gobierno radica en las organizaciones sociales gestadas en el curso de estos años y en la paradoja que la acción desarrollada por la oposición terminó dividiéndola y alejándola de las demandas de la mayor parte de la población.
Sin embargo la importante y creciente pérdida de reservas monetarias y la demanda de gigantescos créditos, mayoritariamente proporcionados por China, junto a una inflación galopante y las dificultades para conseguir artículos de consumo cotidiano dan cuenta de la crisis de un modelo que no logró modificar su matriz económica. Esta deficiencia se agudiza en el hecho que los avances sociales no han podido consolidar un modelo sustentable en el tiempo. Uno, ajeno a la cultura consumista, que fuera capaz de transformar el poder de la tradicional estructura económica y generar un nuevo modelo de organización social y matriz productiva. El Estado Comunal asentado sobre los incipientes Consejos Comunales, creados por Chávez, no alcanzó el vuelo suficiente para sustituir al viejo sistema.

EN ARGENTINA, MÁS DUDAS SOBRE LOS ACUERDOS CON CHEVRON

Los acuerdos con Chevron, para la explotación de Vaca Muerta mediante el método del fracking, sirvieron de base a la reciente Ley de Hidrocarburos y siguen provocando dudas y comentarios diversos.
Chevron Corporation es uno de los gigantes del sector petrolero mundial. Es la continuadora (desde 1984) de la legendaria Standard Oil of California, desde su origen asociada a la no menos famosa familia Rockefeller. Su “fama” o mala fama no solo se remonta a viejas historias sino que tiene que ver con recientes andanzas por la región. En Ecuador ha sido condenada, por cuestiones  ambientales, por la “modesta” suma de 18 mil millones de dólares. Los recientes acuerdos de esta empresa por Vaca Muerta están muy vinculados a un embargo que fuera ordenado por nuestro fuero comercial, a solicitud de la justicia ecuatoriana. Ese fallo fue anulado por nuestra Suprema Corte de Justicia y casi simultáneamente se anunció la inversión de Chevron en Vaca Muerta.
Las dudas sobre este acuerdo tienen varias aristas, entre ellas cabe destacar el tema de los efectos del fracking y los contenidos de algunas cláusulas confidenciales.
En estos días se ha agudizado un debate en el seno de la Universidad de Glasgow (Reino Unido). Algunos científicos han trasmitido al gobierno que se pueden relajar las condiciones de explotación, mediante el fracking, dada la insignificancia de los peligros que dicha explotación entraña. Otros científicos de la misma Universidad tienen una opinión contraria y afirman que los inevitables “pequeños terremotos” que produce el fracking pueden generar otros mayores que sí son problemáticos. Las empresas guiadas por el principio de una mayor ganancia multiplican las perforaciones y que ese incremento de “pequeños terremotos” puede generar efectos más complejos. Se habla de colocar un umbral sísmico autorizado, el mismo sería de movimientos que no sobrepasen los 0,5 grados de la escala Richter.
Por otra parte no faltan las denuncia en el sentido que Chevron condicionó los acuerdos con YPF a una serie de normas que debía dictar el gobierno argentino, varios aspectos de la Ley de Hidrocarburos y disposiciones de una ley neuquina responderían a esa demanda. Dichas condiciones forman parte de las “confidencialidades” cuya existencia reconoció el Presidente de YPF y entre las mismas cabe destacar: El máximo de las regalías a pagar (fijadas en un insólito 12%); algunos beneficios tributarios; la duración de las concesiones; la delegación de la responsabilidad empresaria -por daños ambientales- a las provincias; la autorización para girar dividendos al exterior y una jurisdicción extranjera para resolver cuestiones litigiosas que puedan aparecer. Cabe recordar que una consideración de este tipo ha permitido la intervención del Juez Thomas Griesa con las nefastas consecuencias que el propio gobierno está denunciando.

Juan Guahán, Question

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