Nov 26 2013
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Opini贸n

El papa Francisco, ese extranjero

El 25 de noviembre Vladimir Putin acudir谩 a Roma, al Vaticano, para reunirse con el papa. M谩s all谩 de otros significados que podr铆a revestir su visita, sobre todo para las relaciones futuras entre el catolicismo y el cristianismo ortodoxo, esta cita ser谩 la de dos hombres que el verano pasado se opusieron mano a mano a Estados Unidos (y a Francia) con relaci贸n a Siria.

Mientras un Obama indeciso deshojaba margaritas para decidir si intervenir o no para castigar a [Bashar] el Assad por el uso de armas qu铆micas, Putin y Francisco actuaban concertadamente para evitar la intervenci贸n estadounidense. El papa lleg贸 a avivar la pol茅mica al llegar a sugerir que la guerra civil en Siria la alimentaban los comerciantes de armas. Se dirig铆a sobre todo a un Occidente 谩vido de beneficios.

Es hora de que Europa reflexione sobre qu茅 significa, no s贸lo para Europa sino para Occidente en su conjunto, este papa que viene de un mundo muy diferente al nuestro. Un papa que, con relaci贸n a Europa, conjuga de manera paradigm谩tica la diversidad cultural y la capacidad de generar atenci贸n, atracci贸n e incluso entusiasmo.

La relaci贸n entre el papa y su reba帽o y ese intento de reformar en profundidad la Iglesia de Roma, que concierne al mundo cat贸lico, solo pueden ser observados con respeto por quienes no pertenecen a este mundo. Pero la relaci贸n del soberano pont铆fice con Europa incumbe a todos los europeos. Como lo atestiguan los cambios geopol铆ticos en curso, de los que un aspecto, quiz谩 uno de los m谩s importantes, es justamente la llegada de Jorge Mario Bergoglio a la Santa Sede.

Un continente secularizado

Podr铆a considerarse que la llegada de un papa oriundo de Am茅rica Latina repara una anomal铆a que, estas 煤ltimas d茅cadas, era cada vez m谩s evidente y cortante. Mientras el catolicismo se extend铆a y se consolidaba fuera de Europa, retroced铆a de manera espectacular en la que otrora fuere el coraz贸n de la Respublica Christiana. Europa es realmente el continente en el que la secularizaci贸n (con forma de descristianizaci贸n) ha arraigado m谩s profundamente en las 煤ltimas d茅cadas.

Desde este punto de vista, Europa es una excepci贸n con relaci贸n al resto del mundo (incluido Estados Unidos). La vigencia y la vitalidad persistente del catolicismo, y del cristianismo en general, en las zonas extra-europeas vienen a contrarrestar el retroceso que reflejan en el Viejo Continente. Hasta el punto de que algunos soci贸logos de las religiones sustentan la hip贸tesis de que el cristianismo, si se confirma esta tendencia, se convertir谩 r谩pida, y casi exclusivamente, en una religi贸n extra-europea. En este sentido, la elecci贸n de Bergoglio repara esa anomal铆a.

Pero esta elecci贸n obviamente tiene un sentido geopol铆tico m谩s amplio. Ha sido el signo, y la ilustraci贸n, del ajuste dr谩stico del peso del mundo occidental en el equilibrio a escala internacional. Ha sido as铆 para beneficio de los mundos extra-occidentales emergentes. Es normal que un hombre de la Iglesia, sea papa o un simple cura, alimente su visi贸n cristiana con los valores y las ideas propias de la sociedad de la que procede. Y la tierra en que Bergoglio se educ贸 tiene una tradici贸n que indudablemente est谩 muy alejada de la Europa liberal. Una circunstancia que podr铆a, con el tiempo, suponer un problema con la relaci贸n entre este papa y Europa: un mundo del que no conoce gran cosa y, seg煤n parece, que apenas le entusiasma.

Desplazamiento a la periferia

La gran fuerza del catolicismo siempre ha consistido en su capacidad de unir su potente mensaje universalista de salvaci贸n a la capacidad de reforzar las experiencias y las peculiaridades locales. Cuando los papas eran italianos, el resto de las Iglesias cat贸licas europeas conciliaban muy sabiamente la fidelidad al obispo de Roma con el desarrollo de los rasgos nacionales. Bajo la 茅gida de los papas europeos, las Iglesias extra-europeas hac铆an lo mismo, como ten铆a que ser.

Fue todav铆a as铆 durante el pontificado de Juan Pablo II, cuyo carisma no ten铆a nada que envidiar al de Bergoglio. Aunque el centro del catolicismo estaba todav铆a s贸lidamente anclado en Europa, mientras las Iglesias extra-europeas se ve铆an confinadas a la 鈥減eriferia鈥. Hoy en d铆a, Europa se desliza hacia la periferia y se salva 煤nicamente porque la sede f铆sica del papado se encuentra en Roma. Una situaci贸n in茅dita para los cat贸licos europeos (aunque en realidad lo es para todos los europeos).

Sobre las distintas Iglesias nacionales, incluida la italiana, recaer谩 la tarea de reforzar ante los ojos del sumo pont铆fice lo que tiene de bueno, y de peculiar, de irreducible frente a otras experiencias de la tradici贸n europea. Sin lo que la Iglesia no podr谩 concebir, en el futuro, relaciones duraderas y armoniosas con Europa. Y de encontrar pistas para frenar la secularizaci贸n de esta 煤ltima. M谩s all谩 de la simpat铆a que despierta hoy en d铆a este papa, su mensaje universalista podr铆a a la larga fracasar contra las barreras y las fosas, forjadas a lo largo de la historia, que separan Europa del resto del mundo.

*Publicado en Corriere della Sera

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