Oct 23 2018
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Cultura

El premonitorio artefacto de Nicanor Parra

En uno de los ‚Äúartefactos‚ÄĚ de nuestro poeta Nicanor Parra pod√≠amos leer uno que advert√≠a que ‚Äúla Izquierda y la derecha unidas jam√°s ser√°n vencidas‚ÄĚ, acaso una prof√©tica m√°s que humor√≠stica y provocadora aseveraci√≥n del vate, porque de verdad las posiciones eran irreconciliables entonces entre unos y otros. Lo que posteriormente explicar√≠a mucho nuestro quiebre institucional.

Sin embargo, despu√©s de la Dictadura pudimos observar que lo que se instal√≥ en La Moneda y el Congreso Nacional fue la nefasta ‚Äúpol√≠tica de los acuerdos‚ÄĚ. En un tiempo que acort√≥ dr√°sticamente las distancias entre los golpistas y los que fueron proscritos durante el largo ejercicio del terrorismo de estado. Sucedi√©ndose, como sabemos, varios gobiernos de la Concertaci√≥n que entre s√≠ no mostraron mayores diferencias, pero luego vino el primer mandato de Sebasti√°n Pi√Īera y los nuevos ejercicios gubernamentales de Michelle Bachelet y del mismo l√≠der de la derecha sin que se apreciaran tampoco cambios fundamentales entre ambos. Porque, en general, todos han gobernado con la misma Constituci√≥n de Pinochet y una id√©ntica estrategia econ√≥mica neoliberal, sin que las brechas entre ricos y pobres hayan disminuido en absoluto. As√≠ como hasta ahora se perpet√ļa tambi√©n el mismo sistema previsional que condena a los pensionados de la Tercera Edad a la miseria misma. Cuanto que las privatizaciones de nuestros recursos naturales y empresas incluso se han extendido y extranjerizado.

Cualquier cuenta que se haga demuestra que hoy los uniformados y los más poderosos empresarios son los grandes ganadores de la posdictadura. Con licencia, además, para asaltar los bolsillos de los consumidores y el erario nacional, como lo demuestran las grandes colusiones entre las empresas farmacéuticas y del papel, o esa multimillonaria cantidad de recursos fiscales que los militares y Carabineros han distraído a favor de su peculio personal y bienestar familiar. Con centenares de pasajes aéreos para el turismo de coroneles y generales, sumado a esa colosal estafa de la superioridad de Carabineros, despropósito que se ha asentado como el mayor y más prolongado fraude de nuestra historia.

El actual Presidente parece decidido a hacer algo para frenar los esc√°ndalos que se suceden a diario y nos promete una profunda reforma al sistema militar, advirti√©ndonos a todos que la corrupci√≥n es ‚Äúherencia del Gobierno Militar‚ÄĚ. Muy probablemente en la idea de que si el propio Dictador evolucion√≥ de asesino a ladr√≥n, algo parecido debe estar sucediendo con sus herederos y subalternos. Los cuales acaban de manifestarse en un caluroso homenaje a favor de quien fuera uno de los principales ejecutores de los cr√≠menes de lesa humanidad. Un sanguinario oficial de origen ruso y pasado nazi que est√° recluido (Dios quiera para siempre) en el penal de lujo de Punta Peuco.

No hay duda que la impunidad que nunca se so√Īaron los ‚Äúhombres de negocios‚ÄĚ y militares ha instado a √©stos a acometer los actuales delitos, cuyos acontecimientos conmueven hasta a la prensa acostumbrada a proclamar aquella falacia de que pertenecemos a un pa√≠s respetuoso del estado de derecho, y que nuestros √≠ndices de probidad superan a todos los pa√≠ses vecinos. Aseveraciones que ya nadie tiene pruebas para probarlo. Como as√≠ tampoco se puede dar mucho cr√©dito a la idea de que el crimen organizado es algo ‚Äúpuntual‚ÄĚ, cuando los horripilantes asaltos cotidianos a la propiedad privada y la vida de las personas comunes y corrientes se instalaron en los principales titulares de nuestra televisi√≥n. En un pa√≠s que ha evidenciado, adem√°s, que bajo los √ļltimos gobiernos centenares de ni√Īos abandonados, indigentes y al cuidado del Servicio Nacional de Menores, han sido muertos, torturados y violados al interior de sus recintos de acogida.

Todas las noticias de la corrupción de los uniformados y de los altos magnates se nutren y entrelazan, por cierto, con el cohecho transversal en la política. Así como ahora, con las fechorías de obispos, sacerdotes y encubridores dentro de la alta jerarquía eclesial y de los grupos fácticos. Delitos que han abochornado tanto al propio Papa Francisco, que en un comienzo se resistiera a creer que sus hermanos al otro lado de los Andes fueran capaces de tanta ignominia.

Se nos ocurre que los malos h√°bitos de las clases dirigentes, de los partidos, de las ramas de las Fuerzas Armadas y de las denominaciones religiosas, sindicales y otras explican tambi√©n la laxitud ideol√≥gica, el que ya no se distingan mucho las diferencias entre progresistas y reaccionarios. Que la reconciliaci√≥n haya arrasado tambi√©n con los valores de la justicia, en la peregrina creencia de que somos un pa√≠s homog√©neo y unido a pesar del conflicto de la Araucan√≠a y del cada vez m√°s acentuado malestar estudiantil. Con las discriminaciones que siguen sufriendo las mujeres, o los millones de chilenos condenados al sueldo m√≠nimo, mientras la clase pol√≠tica nada hace para rebajarse sus escandalosos sueldos y prerrogativas. Tanto, as√≠, que los j√≥venes parlamentarios que prometieron acotar sus dietas al resultar elegidos, parecen verdaderamente hipnotizados con el poder adquisitivo que obtuvieron de la noche a la ma√Īana: Incluso antes de obtener sus licenciaturas universitarias.

Derechistas y otrora izquierdistas confluyen en el centro y se mimetizan. Pueden destriparse en las campa√Īas electorales, para luego reencontrarse en las instituciones del Estado y en los directorios de los bancos y sociedades an√≥nimas, donde muchos concluyen luego de haber practicado la pol√≠tica competitiva. No hay que olvidarse que Pinochet fue rescatado por sus vociferantes partidarios, pero sobre todo por los socialistas, peped√©s y dem√≥crata cristianos en el gobierno. Tampoco eludamos que la propia derecha parlamentaria consisti√≥ en aprobar una r√°pida ley que salvara a los falangistas de quedar fuera de los comicios parlamentarios, a causa de que sus representantes llegaran a destiempo al Servicio Electoral atrapados como estaban en sus rencillas. Ni menos nos olvidamos de esa cantidad de cargos p√ļblicos que no solo se reparten entre los oficialistas, sino tambi√©n entre La Moneda y las bancadas parlamentarias ‚Äúopositoras‚ÄĚ. Como ocurre con los consejeros del Banco Central, los miembros del directorio de la Televisi√≥n Nacional, los mismos jueces de la Corte Suprema. As√≠ como se reparten armoniosamente las notar√≠as, algunas embajadas y aquellos cargos internacionales en que el llamado fair play les impone compartir. Todo un cuadro que demuestra como el com√ļn denominador de todos es simplemente el acceso a las ubres del poder. En ausencia de proyectos hist√≥ricos, programas y vocaci√≥n de servicio p√ļblico.

De all√≠ que resulten tan graves los ‚Äúcantos de sirena‚ÄĚ de algunas figuras pol√≠ticas preocupadas de que se produzca una nueva alternancia en el poder, y que los sectores vanguardistas centrifugados de su hegemon√≠a confluyan con ellos en una alternativa electoral com√ļn para ‚Äúatajar a la derecha‚ÄĚ. Esto es, para evitar que Pi√Īera pueda continuar en La Moneda mediante uno de los suyos; as√≠ haya que pedirle a la se√Īora Bachelet que abandone su alto y bien remunerado cargo en las Naciones Unidas para postularse por tercera vez a La Moneda. Porque, entre par√©ntesis, en Chile se critica mucho a los gobernantes extranjeros que buscan perpetuarse en el poder, cuando aqu√≠ solo se dan un corto recreo los que por d√©cadas vienen dominando la escena p√ļblica.

Se repite mucho que la soluci√≥n a muchos de nuestros problemas es procurarnos m√°s democracia; una aseveraci√≥n de la boca hacia el viento, sin querer asumir que √©sta sigue siendo solo una mera promesa en nuestra naci√≥n oligarca y desigual, en que las herencias de la dictadura reconocidas, ahora, por Sebasti√°n Pi√Īera siguen tan vigentes. F√©rreamente consensuadas entre sus fieles seguidores y sus reciclados adversarios. Tanto que el propio Tirano lament√≥ no haber conocido antes a algunos de ellos para haberlos hecho parte de su gobierno.

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