Nov 29 2004
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Cultura

El sentido de la muerte según relatos mapuche

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Este artículo trata de una serie de relatos que circulan en la memoria colectiva de las diversas identidades territoriales del pueblo mapuche. Para ello, se han escogidos diversos tipos de textos orales, ahora codificados por antropólogos, filólogos y también investigadores mapuche.

Muy brevemente intentaremos analizar una serie de relatos desde lo mapuche, cuyo soporte de pensamiento (rakiduam) y de conocimiento (kimün), están anclados en la circularidad, la memoria colectiva, la oralidad en conflicto con la escritura; la muerte como ampliación de la vida y la naturaleza como eje del Kimün (saber). Con todo lo anterior, trataremos de identificar el sentido de lo mortuorio en ciertos relatos de origen (kai Kai/trentren filú) y nütram (historias) del witranalwe, anchimallén, weküfü, Canillo y/o Wenteyao, entre otros.

Partimos de la premisa que los registros narrativos referidos al sentido de la muerte denotan una bipolaridad (bien/mal) o, como en mapuche se entiende, la idea del equilibrio versus el desequilibrio, que se complementan por el hecho de que el bien no existe sin el mal y viceversa. Hablamos por ello, del Küme Felen: equilibrio entre el piwke (corazón), rakiduam (pensamiento), kalül (cuerpo) y püyü (espíritu), y del Weda Felen (el desequilibrio).

Si no existiera una armonía entre los componentes del equilibrio el che (la persona) se enfermará y tendrá que recurrir a la naturaleza, un médico, una meica (lawentuchefe) o machi para re-establecer el orden de las cosas.

De los relatos a examinar podemos decir que existe un substrato común en relatos de origen en los que encontramos a cada momento el rito y sacrificio como eje epistemológico, que vincula nuestro mundo de la realidad y su ampliación lo sobrenatural. Ejemplo de ello, lo constituye el Piam (relato verdadero o de origen) de Kai Kai y Tren Tren en que es necesario reestablecer el orden de las cosas en el caso de desastres a través de una ceremonia (rito) y un sacrificio animal o humano.

Adviértase que el relato va cambiando de acuerdo a la identidad territorial, hasta llegar a explicar los fenómenos de la naturaleza o la conformación geográfica y demás como es el caso en las islas de Chiloé.

Respecto al sentido de la muerte, en los relatos se advierte que los sujetos de la enunciación profieren discursos anclados en lo telúrico, en que el substrato común serán seres fantasmagóricos que conviven con los vivos y se les aparecen cuando se violan las reglas morales y rituales, vale decir, el Ad Mapu o kume mongen.
Por otro lado, en nütram (historia) se denota que seres como el Anchimalen (niña o niño luminoso), Wekufü ( lo malo) son creados por una zona de la cultura mapuche en la que el mal es lo fundante del imaginario, en este caso: los kalku (seres preocupados de lo mortuorio y por ende del mal).

En este sentido, advertimos que para que se reestablezca el equilibrio, será necesario, la lucha simbólica entre la machi y los seres fantasmagóricos que han atacado a un hombre o mujer. La machi por tanto tendrá que ir a buscar a la cueva del kalku, pedazos de ropa, tierra del rastro de la persona u objetos utilizados por el kalku para producir el mal, subiendo al árbol de la vida (rewe) para que el kütram (la enfermedad) salga del cuerpo/espíritu del afectado.

Lo mortuorio se da cotidianamente en un espacio específico: el Nagmapu, espacio en que la dualidad bien/mal – muerte/vida coexisten. Además el relato se profiere en cierta temporalidad de la enunciación. Puede narrarse, dependiendo del tipo de relato que sea -nütram (historia), konew (historia como adivinanza), gulam (relato de consejo), piam (relato verdadero de la creación del mundo), epew (relato de animales u relación hombre animal)-, puesto que hay textos como el piam que han sido proferidos desde el ruf futrakuifi em (pasado lejano remoto), como es el caso del mito de origen indicado (Kai Kai y Tren Tren) así como también «El primer espíritu arrojado desde el azul», o bien, «El padre y los rebeldes hijos» que, por lo demás, han sido transmitidos de generación en generación según la dinámica cultural mapuche: su oralidad, actualmente codificada en la página blanca.

Los nütram o discursos de la conversación sobre la memoria colectiva que hemos estudiado han sido proferidos desde el We Kuifi (pasado lejano mediato), es decir, en un tiempo del pasado (Kuifi) que no es tan lejano (Newefütrakuyfiem) ni tan remoto (ruf futra kuifi em) y obedecen a una espacialidad, por ser creaciones de Kalku (anchimalen, wekufü, Tue Tue) que nacen del Minche Mapu (debajo de la tierra). En williche -o huilliche-, por analogía, será el Minumapu (subsuelo).

Éste es visto como un espacio en el que se cuidan los recursos naturales, sea agua, minerales y demás, debiendo el che (hombre) conversar con los (Ngen) o seres que cuidan y protegen a la naturaleza. Por ello, lo «malo» no debe entenderse como aquello que vive/sobrevive o habita en el Minchemapu o Minumapu. En huilliche el Minumapu sería el espacio habitus de los minerales y no lo «malo» como escatológicamente se cree.

De lo anterior se desprende que la concepción de temporalidad será más bien espiral; por lo tanto las explicaciones del presente deberán buscarse en diversos tipos de pasado. Nuestra memoria individual y colectiva son los abuelos, quienes traspasan su sabiduría en un momento determinado de la noche -después del crepúsculo y hasta la media noche- en el que no se puede salir al bosque, monte, patio y demás, porque los seres imaginarios vendrán a producir la enfermedad o el desequilibrio.

Agréguese además que en la noche se producirá el pewma (sueño), que al ser relatado en la mañana determinará la vida de que soñó, según sea malo o bueno, y buscará sus explicaciones en la realidad donde habita.

Por otro lado, en ciertos textos narrativos se producirá un desequilibrio cuando no se obedecen las leyes del Admapu, y, por tanto, a las comunidades (lof o machulla) les caerá el wechantun (pobreza ) o el canillo (fuerza negativa representada en un niño poseído que estirará su cuerpo para comer la comida que su familia ha dejado colgada en el umbral de la ruka): «entonces, se tapará el sol de oscuridad» o «lloverá de más», debiendo la comunidad conversar con las fuerzas benefactoras, en nuestro caso, Wenteyao (ngen) para así restablecer el equilibrio del Lofche.

Por otra parte en la narratología del Wekufü existe un contrato entre el hombre y las fuerzas negativas que encarna el Wekufü, debiendo aquel pagar tributo -a través de sacrificios de animales- para que la riqueza se mantenga o bien celebrar una fiesta en honor al Wekufü, con los familiares más cercanos, para que éste restituya las alianzas. Agréguese que hay casos en que el Wekufü , exige la muerte de hijos del contrayente de la alianza.

Si analizamos el relato anterior, podemos hacer hincapié en que sigue existiendo lo sacrificial/ritual como soporte epistemológico que traspasa las temporalidades históricas, aunque aquello se rompe en el caso del relato o Nútram»Sueño de Kalfukura» en que el Ngenmapun (ser dominador de la tierra) pide un sacrificio en un Kalfu Pewma (sueño sagrado), Kalfukura -toki o guerrero- no lo cumple, ya que se da cuenta que los sacrificiales eran también seres humanos.

Otro nütram será de Anchimalen y el Witranalwe. El primero es creado por un kalku al revivir el espíritu muerto -o alwe- de un niño fallecido, enviándolo a desequilibrar al hombre. El Anchimalen, entonces, será un espectro que convive con los vivos y es representada(o) por medio de luces o la figura de un niño(a) que persigue a las personas: «al otro día es que un atado de huesos si es que se pilla y se le amarra con un junquillo».

El Witranalwe será, por otra parte, un huaso con una espuela de oro, vestido completamente de negro, que se le atravesará en el camino, perdiendo a través de imaginerías al ser, debiendo éste pronunciaer Gnillatukarle (discurso retótico u oración) para que lo deje pasar y continuar su viaje de vuelta a casa después de haber asistido a un torneo, carrera de caballos o juego de palin (chueca).

El Witranalwe, por lo visto, es una creación de etnoficción literaria-como también, ciertos discursos de retóricos de exegetas, vates o poetas mapuche- en que se revive el alma, pero ahora de un adulto, que ha sido astuto, alegre o fuerte en vida, o bien el espectro mortuorio de un ser humano que vaga por el Nagmapu (vida cotidiana o sobree la Tierra) cuya alma no ha ascendido al Wenumapu (cielo de la Tierra) ni ha recibido los efectos de encantamiento en rocas como es el caso de Wenteyao o en la versión lafkenche (gente que vive en el lafkenmapu: tierra cercana al mar) de Mankian.

Anchimallen y el Witranalwe son figuras telúricas que tienen en común desorientar al mapuche cuando los sujetos de la enunciación han transgredido las normas de la comunidad, como: pensar mal, tener miedo o «juzgar a sus hermanos».

Por último, el sentido de la muerte en este corpus narrativo analizado, se manifiesta en la ritualidad comunitaria y cotidiana, existiendo un contrato entre las fuerzas telúricas y el hombre para su bienestar material a cambio de su espiritualidad. La intervención de lo fantasmagórico o cierto realismo mágico rico en la vida cotidiana como exigencia de conducta; la lucha simbólica muerte/vida entre lo perecible y duradero; entre el equilibrio y desequilibrio (kalku versus machi) y la coexistencia del relato en un espacio y tiempo determinado de enunciación.

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* Poeta y profesor.

Desde Rahue -Lugar de la Greda-, Pukem -Invierno o tiempo del brote- de 2004.

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