Sep 30 2021
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Pol铆tica

El subimperialismo en Medio Oriente

Turqu铆a, Arabia Saudita e Ir谩n disputan primac铆a en un novedoso contexto de protagonismo regional en las tensiones de Medio Oriente. Esa gravitaci贸n es registrada por muchos analistas, pero la conceptualizaci贸n de ese rol exige recurrir a una noci贸n introducida por los te贸ricos marxistas de la dependencia.

El subimperialismo se aplica a estos casos y contribuye a esclarecer la peculiar intervenci贸n de esos pa铆ses en el traum谩tico escenario de la zona. La categor铆a es pertinente y com煤n en m煤ltiples planos, pero tambi茅n presenta tres significados muy singulares.El subimperialismo en Medio Oriente

Caracter铆sticas y singularidades

El subimperialismo es una modalidad paralela y secundaria del imperialismo contempor谩neo. Se verifica en las potencias medianas que mantienen un significativo distanciamiento de los centros del poder mundial. Esos pa铆ses desenvuelven contradictoras relaciones de convergencia y tensi贸n con las fuerzas hegem贸nicas de la geopol铆tica global. Turqu铆a, Arabia Saudita e Ir谩n se amoldan a ese perfil.

Los subimperios despuntaron en la posguerra junto a la mayoritaria extinci贸n de las colonias y la creciente transformaci贸n de las semicolonias. El ascenso de las burgues铆as nacionales en los pa铆ses capitalistas dependientes modific贸 sustancialmente el status de esas configuraciones.

En el segmento superior de la periferia irrumpieron modalidades subimperiales, en sinton铆a con el contradictorio proceso de persistencia mundial de la brecha centro-periferia y la consolidaci贸n de ciertos segmentos intermedios. El principal te贸rico de esa mutaci贸n describi贸 en los a帽os 60 los principales rasgos del nuevo modelo, observando la din谩mica de Brasil (Marini, 1973).

Opini贸n. El subimperialismo en Medio Oriente 鈥 Resumen LatinoamericanoEl pensador latinoamericano situ贸 el surgimiento de los subimperios, en un contexto internacional signado por la supremac铆a de Estados Unidos, en tensi贸n con el denominado bloque socialista. Resalt贸 el alineamiento de esas formaciones con la primera potencia en la guerra fr铆a contra la URSS. Pero tambi茅n destac贸 que los gobernantes de esos pa铆ses hac铆an valer sus propios intereses. Desarrollaban cursos aut贸nomos y a veces conflictivos con el mandante norteamericano.

Esa relaci贸n de asociaci贸n internacional y poder regional propio se afianz贸 como una caracter铆stica posterior del subimperialismo. Los reg铆menes que adoptan ese perfil mantienen lazos contrapuestos con Washington. Por un lado asumen posturas de estrecha imbricaci贸n y al mismo tiempo exigen un trato respetuoso.

Esa din谩mica de subordinaci贸n y conflicto con Estados Unidos se sucede con imprevisible velocidad. Reg铆menes que parec铆an marionetas del Pent谩gono se embarcan en d铆scolos actos de autonom铆a y pa铆ses que actuaban con gran independencia se someten a las 贸rdenes de la Casa Blanca. Esta oscilaci贸n es un rasgo del subimperialismo, que contrasta con la estabilidad prevaleciente en los imperios centrales y en sus variedades alterimperiales.

Las potencias regionales que adoptan un perfil subimperial recurren al uso de la fuerza militar. Utilizan ese arsenal para afianzar los intereses de las clases capitalistas de sus pa铆ses, en un acotado radio de influencia. Las acciones b茅licas apuntan a disputar el liderazgo zonal con los competidores del mismo porte.

Los subimperios no act煤an en el orden planetario y no comparten las ambiciones de dominaci贸n global de sus parientes mayores. Restringen su esfera de acci贸n al 谩mbito regional, en estricta sinton铆a con la limitada influencia de los pa铆ses medianos. El inter茅s por los mercados y los beneficios es el principal motor de las pol铆ticas expansivas y las incursiones militares.El subimperialismo en Medio Oriente - Viento Sur

La gravitaci贸n alcanzada en las 煤ltimas d茅cadas por las econom铆as intermedias explica ese correlato subimperial, que no exist铆a en la era cl谩sica del imperialismo a principio del siglo XX. Solo en el per铆odo posterior de posguerra despunt贸 esa incidencia de las potencias intermedias, que ha cobrado mayor contundencia en la actualidad.

En Medio Oriente la rivalidad geopol铆tico-militar entre actores de la propia regi贸n ha sido precedida por cierto desarrollo econ贸mico de esos jugadores. La era neoliberal acentu贸 la depredaci贸n internacional del petr贸leo, la desigualdad social, la precarizaci贸n y el desempleo en toda la regi贸n. Pero consolid贸 tambi茅n a diversas clases capitalistas locales, que operan con mayores recursos y no disimulan sus apetitos de ganancias superiores.

Este inter茅s por el lucro motoriza el engranaje subimperial, entre pa铆ses igualmente situados en el casillero intermedio de la divisi贸n internacional del trabajo. Turqu铆a, Arabia Saudita e Ir谩n merodean por esa inserci贸n, sin aproximarse al club de las potencias centrales.

Comparten la misma ubicaci贸n mundial que otras econom铆as intermedias, pero complementan su presencia en ese 谩mbito con impactantes incursiones militares. Esa extensi贸n de las rivalidades econ贸micas al terreno b茅lico es determinante de su especificidad subimperial (Katz, 2018: 219-262).

Actualidad y ra铆ces

El subimperialismo es una noci贸n 煤til para registrar el sustrato de rivalidad econ贸mica que subyace en numerosos conflictos de Medio Oriente. Permite notar ese inter茅s de clase, en contraposici贸n a los diagn贸sticos centrados en disputas por la primac铆a de alguna vertiente del islam. Esas interpretaciones en t茅rminos religiosos obstruyen la clarificaci贸n de la motivaci贸n real de los crecientes choques.

Los negocios en pugna entre Turqu铆a, Arabia Saudita o Ir谩n explican el car谩cter singular que adopta el subimperialismo en esos pa铆ses. En los tres casos act煤an gobiernos belicosos al comando de estados gestionados por burocracias militarizadas. Todos utilizan los credos religiosos para afianzar su poder y conquistar mayores porciones de recursos en disputa. Los subimperios han buscado capturar en Siria los botines generados por el desguace del territorio y la misma competencia se verifica en Libia por el reparto del petr贸leo. Participan all铆 de las mismas pulseadas que dirimen las grandes potencias.

En el plano geopol铆tico los subimperios de Turqu铆a y Arabia Saudita act煤an en sinton铆a con Washington, pero sin participar en las decisiones de la OTAN, ni en las definiciones del Pent谩gono. Se distinguen de Europa en el primer terreno y de Israel en el segundo. No intervienen en la determinaci贸n de la batalla que libra el imperialismo estadounidense para recuperar hegemon铆a frente al desaf铆o de China y Rusia. Su acci贸n se restringe a la 贸rbita regional. Mantienen contradictorias relaciones con el poder norteamericano y no aspiran al reemplazo de los grandes dominadores del planeta.

Pero su intervenci贸n regional es mucho m谩s relevante que la exhibida por sus pares de otras latitudes. En Am茅rica Latina o en 脕frica no se observan acciones subimperiales del mismo porte. El subimperialismo empalma en Medio Oriente con antiguas ra铆ces hist贸ricas del imperio otomano y persa. Esa conexi贸n con cimientos de larga data no es muy corriente en el resto de la periferia.

Las rivalidades entre potencias incluyen, en este caso, un fundamento que retoma la antigua competencia entre dos grandes imperios pre-capitalistas. No s贸lo la animosidad entre otomanos y persas se remonta al siglo XVI. Tambi茅n las tensiones de este 煤ltimo conglomerado con los sauditas (chiitas versus wahabitas) arrastra una larga historia de batallas por la supremac铆a regional (Armanian, 2019).

Esos grandes poderes locales no se diluyeron en la era moderna. Tanto el imperio otomano como el persa se mantuvieron en el siglo XIX, evitando que Medio Oriente fuera simplemente rematado (como 脕frica) por los colonialistas europeos. El desmoronamiento otomano a principio de la centuria posterior dio lugar a un estado turco que perdi贸 su vieja primac铆a anterior, pero renov贸 su consistencia nacional. No qued贸 relegado al mero status de semicolonia.

Durante la rep煤blica kemalista Turqu铆a apuntal贸 un desarrollo industrial propio, que no tuvo el 茅xito del bismarkismo alem谩n o su equivalente japon茅s, pero molde贸 a la clase capitalista intermedia que maneja el pa铆s (Harris, 2016). Un proceso de consolidaci贸n burgu茅s semejante se verific贸 con la monarqu铆a de los Palhevi en Ir谩n.

Ambos reg铆menes participaron activamente en la guerra fr铆a contra la URSS, para apuntalar sus intereses fronterizos contra el gigante ruso. Albergaron bases norteamericanas y siguieron el gui贸n de la OTAN, pero reforzando sus propios dispositivos militares. El subimperialismo arrastra, por lo tanto, viejos fundamentos en ambos pa铆ses y no es una improvisaci贸n del escenario actual.

Ese concepto aporta un criterio para entender los conflictos en curso, superando la vaga noci贸n de 鈥渃hoques entre imperios鈥, que no distingue a los actores globales de sus equivalentes regionales. Los subimperios mantienen una diferencia cualitativa con sus pares mayores, que desborda la simple brecha de la escala. Adoptan roles y cumplen funciones muy distintas al imperialismo dominante y sus socios.

Rivalizan adem谩s entre s铆 con cambiantes alineamientos externos y en conflictos de enorme intensidad. Por la magnitud de esos choques algunos analistas registran la presencia de una nueva 鈥済uerra fr铆a inter谩rabe鈥 (Conde, 2018). Pero cada uno de los tres casos actuales presenta rasgos muy espec铆ficos.

El prototipo de Turqu铆a

Turqu铆a es el principal exponente del subimperialismo en la regi贸n. Varios marxistas han discutido ese status, en pol茅micas con el contrapuesto diagn贸stico semicolonial (G眉ne艧, 2019). Remarcaron los signos de autonom铆a del pa铆s frente a la visi贸n que subraya la intensa dependencia hacia Estados Unidos.

En ese debate se ha resaltado correctamente la obsolescencia del concepto de semicolonia. Ese status constitu铆a una caracter铆stica de principios del siglo XX, que perdi贸 peso con la oleada posterior de independencias nacionales. A partir de all铆 la sujeci贸n econ贸mica gan贸 preeminencia sobre la dominaci贸n expl铆citamente pol铆tica.

El despojo sufrido por la periferia en las 煤ltimas d茅cadas no alter贸 ese nuevo patr贸n introducido por la descolonizaci贸n. La dependencia asume otras modalidades en la 茅poca actual y la noci贸n de semicolonia resulta inadecuada para caracterizar a las econom铆as medianas o a los pa铆ses de larga tradici贸n pol铆tica aut贸noma como Turqu铆a.

El status subimperial de ese pa铆s se verifica en su pol铆tica regional de expansi贸n externa y en la contradictoria relaci贸n que mantiene con Estados Unidos. Turqu铆a es ciertamente un eslab贸n de la OTAN y alberga en la base de 陌ncirlik un monumental arsenal nuclear bajo custodia del Pent谩gono. Las bombas almacenadas en esa instalaci贸n permitir铆an destruir a todas las regiones aleda帽as (Cigan, 2021).

Pero son muy numerosas las acciones que Ankara desarrolla por su propia cuenta sin consultar al tutor estadounidense. Adquiere armamento ruso, discrepa con Europa, despliega tropas en forma inconsulta en varios pa铆ses y rivaliza en muchos negocios con Washington.

Este rol de Turqu铆a como potencia aut贸noma ha sido reconocido de hecho por Estados Unidos como un dato del ajedrez regional. Distintos mandatarios de la Casa Blanca toleraron las aventuras de Ankara sin contraponer ning煤n veto. Hicieron la vista gorda a la anexi贸n del norte de Chipre en 1974 y permitieron la persecuci贸n de las minor铆as entre 1980-1983.

Turqu铆a no desaf铆a al mandante norteamericano, pero aprovecha las derrotas de Washington para escalar sus propias acciones. Erdogan ha concertado varias alianzas con los rivales de Estados Unidos (Rusia e Ir谩n) para impedir la constituci贸n de un estado kurdo.

Los virajes de ese mandatario ilustran una t铆pica conducta subimperial. Hace una d茅cada inaugur贸 un proyecto de islamismo neoliberal enlazado con la OTAN y orientado al empalme con la Uni贸n Europea. Este rumbo era presentado por Washington como un modelo de modernizaci贸n de Medio Oriente. Pero en los 煤ltimos a帽os los voceros del Departamento de Estado cambiaron dr谩sticamente de opini贸n. Pasaron del elogio a la cr铆tica y en lugar de ponderar un r茅gimen pol铆tico af铆n comenzaron a denunciar a una tiran铆a hostil.

Ese giro en la calificaci贸n norteamericana de su controvertido socio acompa帽贸 los virajes de Turqu铆a. Erdogan mantuvo el equilibrio de su pol铆tica exterior, mientras manejaba con cierta holgura las tensiones internas. Pero se despist贸 con operaciones fuera de sus fronteras cuando perdi贸 el control del rumbo local. El detonante fue la oleada democratizadora de la primavera 谩rabe, el levantamiento kurdo y el ascenso de las fuerzas progresistas.

Erdogan respondi贸 con violencia contrarrevolucionaria al desaf铆o de la calle (2013), a las victorias de los kurdos y al avance de la izquierda (2015). Opt贸 por un virulento autoritarismo represivo. Aun贸 fuerzas con variantes seculares reaccionarias y lanz贸 una contraofensiva con banderas nacionalistas (Uslu, 2020). Con ese estandarte persigue opositores, encarcela activistas y gestiona un r茅gimen lindante con la dictadura civil (Barchard, 2018). Su comportamiento encaja con el perfil autoritario que predomina en todo Medio Oriente.

En muy pocos a帽os transform贸 su inicial islamismo neoliberal en un amenazante r茅gimen derechista, que desguarneci贸 a la oposici贸n burguesa. Las clases dominantes finalmente avalaron a un presidente que desplaz贸 a la vieja elite secular kemalista y excluy贸 del poder a los sectores m谩s pro-norteamericanos.

Aventuras externas, autoritarismo interno

Erdogan opt贸 por un rumbo pro-dictatorial luego de la frustrada experiencia de su colega Morsi. El proyecto de islamismo conservador de los Hermanos Musulmanes fue demolido en Egipto por el golpe militar de Sisi. Para evitar un destino semejante, el presidente turco reactiv贸 las operaciones b茅licas externas.

Ese rumbo militarista tambi茅n incluye un perfil ideol贸gico m谩s aut贸nomo de Occidente. Los discursos oficiales exaltan la industria nacional y convocan a expandir los intercambios comerciales multilaterales, para consolidar la independencia de Turqu铆a. Esa ret贸rica es intensamente utilizada para denunciar las posturas 鈥渁ntipatri贸ticas鈥 de la oposici贸n. Sin abandonar la OTAN, ni cuestionar a Estados Unidos, Erdogan se ha distanciado de la Casa Blanca.

Esa autonom铆a gener贸 serios conflictos con Washington. Turqu铆a instaur贸 un 芦cintur贸n de seguridad禄 con Irak, afianz贸 la presencia de sus tropas en Siria, env铆o efectivos a Azerbaiy谩n y ensaya alianzas con los talibanes de Afganist谩n. Estas aventuras -parcialmente financiada por Qatar y solventadas con recursos extra铆dos de Tr铆poli- presentan hasta ahora un alcance limitado. Son operativos de bajo costo econ贸mico y alto beneficio pol铆tico. Permiten distraer la atenci贸n interna y justificar la represi贸n, pero desestabilizan la relaci贸n con Estados Unidos.

Erdogan refuerza el protagonismo de las fuerzas armadas, que han sido desde 1920 el principal instrumento de modernizaci贸n autoritaria del pa铆s. El subimperialismo turco se asienta en esa tradici贸n belicista, que uniform贸 coercitivamente a la naci贸n mediante la imposici贸n de una religi贸n, un idioma y una bandera. Esos estandartes son ahora retomados, para ampliar la presencia externa y conquistar los mercados aleda帽os. Una variante m谩s salvaje de ese nacionalismo fue utilizado en el pasado para exterminar armenios, expulsar griegos y forzar la asimilaci贸n ling眉铆stica de los kurdos.

El presidente de Turqu铆a preserva ese legado con el nuevo formato de la derecha islamista. Alienta sue帽os expansivos y exporta contradicciones internas con tropel铆as en el exterior. Pero act煤a a favor de los grupos capitalistas que controlan las nuevas industrias medianas exportadoras. Esas fabricas localizadas en las provincias han motorizado el crecimiento de las 煤ltimas tres d茅cadas.

Como Turqu铆a importa el grueso de su combustible y exporta manufacturas, la geopol铆tica subimperial intenta apuntalar el desarrollo fabril. La agresividad de Ankara en el norte de Irak, el Mediterr谩neo Oriental y el C谩ucaso sintoniza con el apetito de nuevos mercados que exhibe la burgues铆a industrial islamista.

La prioridad de Erdogan es el aplastamiento de los kurdos. Por eso busc贸 socavar todas las tratativas que consagraban en Siria el establecimiento de una zona bajo control de esa minor铆a. Intent贸 varias ofensivas militares para destruir ese enclave, pero termin贸 avalando el status quo de una frontera atosigada de refugiados.

Erdogan no ha logrado contrarrestar la autonom铆a que el gobierno sirio concedi贸 a las organizaciones kurdas (PYP-UPP). Esas fuerzas logaron repeler el asedio de Koban卯 en 2014-2015, derrotaron a las bandas yihadistas y ratificaron sus 茅xitos de Rojava. El presidente turco no logra digerir esos resultados.

Turqu铆a empez贸 a recibir misiles rusos en medio del rechazo de la OTAN y  las amenazas de EE.UU.La estrategia norteamericana de sostener parcialmente a los kurdos -para crear instalaciones del Pent谩gono en sus territorios- acentu贸 el distanciamiento de Ankara con Washington. El Departamento de Estado utiliza en forma muy cambiante a los kurdos como prenda de negociaci贸n con el d铆scolo mandatario. Obama apuntal贸 a esa minor铆a, Trump retrajo los apoyos sin cortarlos y Biden a煤n no defini贸 cu谩l ser谩 su l铆nea de intervenci贸n. Pero en todos los escenarios Erdogan ha puesto de manifiesto que no acepta el lugar de sat茅lite servil que le asigna la Casa Blanca.

Las tensiones entre ambos gobiernos se profundizaron por los intereses contrapuestos en el reparto de Libia. Para colmo, Erdogan desafi贸 al Departamento de Estado con una compra de misiles rusos, que provoc贸 la cancelaci贸n de inversiones estadounidenses.

El punto culminante del conflicto fue el fallido golpe de estado del 2016. Washington emiti贸 varias se帽ales de aprobaci贸n a una asonada que estall贸 en zonas pr贸ximas a las bases de la OTAN. Esa conspiraci贸n fue auspiciada por un pastor refugiado en Estados Unidos (Gulen), que lidera el sector m谩s occidentalista del establishment turco. Erdogan descabez贸 de inmediato a todos los militares afines a ese sector. El fracasado golpe indic贸 hasta qu茅 punto Estados Unidos aspira a imponer un gobierno t铆tere en Turqu铆a (Petras, 2017). En su respuesta Erdogan reafirm贸 su resistencia a la obediencia que exige la Casa Blanca.

Ambivalencias y rivales

El subimperialismo turco equilibra la permanencia en la OTAN con las aproximaciones a Rusia. Por eso Erdogan comenz贸 su mandato como un estrecho aliado de Estados Unidos y luego se involucr贸 en el rumbo opuesto (Hearst, 2020).

En la guerra de Siria estuvo enfrentado con Rusia y escal贸 un gran choque cuando derrib贸 un avi贸n militar de ese pa铆s. Pero posteriormente retom贸 las relaciones con Mosc煤 e increment贸 la adquisici贸n de armamento (Calvo, 2019). Tambi茅n tom贸 distancia de los principales peones de la OTAN (Bulgaria, Rumania) y negoci贸 un gasoducto submarino para exportar combustible ruso a Europa sin pasar por Ucrania (TurkStream).Turqu铆a anuncia que ha comprado a Rusia misiles de defensa antia茅rea |  Internacional | EL PA脥S

Putin es plenamente consciente de la escasa confiabilidad de un mandatario que entrena fuerzas azerbaiyanas en conflicto con Rusia. No olvida que Turqu铆a integra la OTAN y alberga el mayor arsenal nuclear pr贸ximo a Rusia. Pero apuesta a negociar con Ankara la disuasi贸n de una flota norteamericana permanente en el Mar Negro.

Las tensiones con Europa son igualmente significativas. Erdogan presiona a Bruselas para recibir aportes millonarios, a cambio de retener a los refugiados sirios en sus propias fronteras. Siempre amenaza con inundar el Viejo Continente con esa masa de desamparados, si Europa sube el tono de sus cuestionamientos al gobierno turco o retacea los fondos para el sostenimiento de esa marea humana.

A nivel regional Turqu铆a confronta ante todo con Arabia Saudita. Los dos pa铆ses enarbolan estandartes isl谩micos divergentes, dentro del propio conglomerado sunita. Erdogan difundi贸 un perfil de islamismo liberal en contraste con la severidad del wahabismo saudita, pero no ha podido sostener esa imagen por el feroz comportamiento de sus propios gendarmes.

Los conflictos con Arabia Saudita se concentran en Qatar, que es el 煤nico emirato del Golfo aliado con Turqu铆a. La monarqu铆a saudita ha intentado encuadrar a ese d铆scolo mini-estado con varios complots. Pero no logr贸 repetir la exitosa conspiraci贸n que destron贸 a Morsi en El Cairo, sepultando la principal apuesta geopol铆tica de Ankara en la regi贸n.

El otro rival estrat茅gico de Turqu铆a es Ir谩n. La disputa incluye en este caso, un contrapunto de adhesiones religiosas diferenciadas entre vertientes sunitas y chiitas del islamismo. La confrontaci贸n entre ambos escal贸 en Irak, con la frustrada expectativa turca de conquistar alguna zona af铆n en ese territorio. Esa pretensi贸n choc贸 con la continuada primac铆a de los sectores pro-iran铆es. Erdogan hace valer igualmente su presencia, a trav茅s de las tropas afincadas en la frontera para doblegar a los kurdos.El Presidente Iran铆 Dice Que El Sistema Hegem贸nico De Estados Unidos No  Tiene Credibilidad

El vaiv茅n ha sido la nota dominante del subimperialismo turco. Estas oscilaciones fueron muy visibles en Siria. Erdogan intent贸 primero tumbar a su viejo competidor Assad, pero encar贸 un abrupto viraje hacia el sostenimiento de ese gobierno, cuando avizor贸 la peligrosa perspectiva de un estado kurdo.

Ankara alberg贸 primero al Ej茅rcito Libre Sirio para crear un r茅gimen af铆n en Damasco y choc贸 luego con los yihadistas, que Arabia Saudita envi贸 con el mismo prop贸sito. Finalmente ha creado una zona tap贸n en la frontera de Siria para utilizar a los refugiados como moneda de cambio, mientras entrena a sus propios bandoleros.

En otras 谩reas Turqu铆a entreteje el mismo tipo de contradictorias alianzas. En Libia tom贸 partido por la fracci贸n de Sarraj contra Haftar, en una coalici贸n con Qatar e Italia contra Arabia Saudita, Rusia y Francia. Envi贸 paramilitares y fragatas para lograr una mayor tajada en los contratos petroleros y ha resuelto erigir una base militar en Tr铆poli, para disputar su parte en el gas del Mediterr谩neo. Con el mismo prop贸sito refuerza su presencia en la porci贸n de Chipre bajo su influencia y rivaliza por esos yacimientos con Israel, Grecia, Egipto y Francia.

Las avanzadas subimperiales de Turqu铆a se verifican tambi茅n zonas m谩s alejadas como Azerbaiy谩n, donde Ankara restableci贸 lazos con las minor铆as de origen turco. Suministr贸 armas a la dinast铆a de los Aliyev en Bak煤 y apuntal贸 los territorios ganados el a帽o pasado en los enfrentamientos b茅licos de Nagorno-Karabaj. El a帽orado expansionismo otomano cobra fuerza incluso en regiones m谩s remotas. Turqu铆a entren贸 al ej茅rcito somal铆, despach贸 un contingente a Afganist谩n y ampli贸 su presencia en Sud谩n.

Pero Ankara cuenta con poco margen para jugar esas partidas geopol铆ticas. A lo sumo puede intentar sostener su autonom铆a en el redise帽o de Medio Oriente. Su habitual oscilaci贸n expresa una combinaci贸n de arrogancia e impotencia, derivada de la fragilidad econ贸mica del pa铆s.

Las ambiciones militaristas externas requerir铆an una fortaleza productiva que Turqu铆a no detenta. Los abultados pasivos financieros del pa铆s coexisten con un d茅ficit comercial y un desbalance fiscal, que desatan peri贸dicas convulsiones cambiarias y burs谩tiles (Roberts, 2018). Esa inconsistencia econ贸mica recrea, a su vez, la divisi贸n entre los sectores atlantistas y euroasi谩ticos de las clases dominantes, que privilegian negocios en 谩reas geogr谩ficas contrapuestas.

Erdogan ha intentado unificar esa diversidad de intereses, pero s贸lo consigui贸 un equilibrio transitorio. Ha impuesto cierta reconciliaci贸n entre las elites seculares de la gran burgues铆a con el ascendente capitalismo del interior. Logr贸 morigerar los desequilibrios estructurales de la econom铆a turca, pero est谩 muy lejos de poder corregirlos. Comanda un subimperio econ贸micamente d茅bil para las ambiciones geopol铆ticas que alienta. Por eso motoriza aventuras con abruptos repliegues, enredos y volteretas.

El potencial modelo saudita

Arabia Saudita no cuenta con antecedentes subimperiales, pero se encamina hacia esa configuraci贸n. Ha sido un sost茅n tradicional de la dominaci贸n estadounidense en Medio Oriente, pero la acumulaci贸n de rentas, las aventuras belicistas y las rivalidades con Turqu铆a e Ir谩n empujan al reino hacia ese conflictivo club.

Ese curso introduce mucho ruido en la relaci贸n privilegiada de la monarqu铆a wahabita con el Pent谩gono. Arabia Saudita es la primera importadora de armas del mundo (12% del total) y destina el 8,8% de su PIB a la defensa. Estados Unidos coloca en la regi贸n el 52% de sus exportaciones b茅licas totales y provee el 68% de las compras de los sauditas. Cada contrato suscripto entre ambos pa铆ses tiene correlatos directos en inversiones norteamericanas. La monarqu铆a wahabita aporta un sost茅n estrat茅gico a la supremac铆a financiera de la divisa norteamericana.

Por la decisiva gravitaci贸n de esa 茅lite ar谩biga, todos los mandatarios de la Casa Blanca han buscado armonizar la incidencia de lobby sionista con su equivalente saudita. Trump logr贸 un punto m谩ximo de equilibrio al aproximar ambos pa铆ses a un eventual establecimiento de relaciones diplom谩ticas (Alexander, 2018).

El entrelazamiento estadounidense con la dinast铆a saudita se remonta a la posguerra y al protagonismo de esa monarqu铆a en las campa帽as anticomunistas. Los jeques se involucraron en incontables acciones contrarrevolucionarias, para contener la irrupci贸n de rep煤blicas en toda la regi贸n (Egipto-1952, Irak-1958, Yemen-1962, Libia-1969, Afganist谩n-1973). Cuando el Shah de Ir谩n fue tumbado, los reyes wahabitas asumieron un papel m谩s directo en la defensa del orden reaccionario en el mundo 谩rabe.

Ese regresivo rol fue nuevamente visible durante la primavera 谩rabe de la 煤ltima d茅cada. El gendarme saud铆 y sus huestes yihadistas encabezaron todas las incursiones para aplastar esa rebeli贸n.

Pero al cabo de muchos a帽os de manejo de un excedente petrolero gigantesco, los monarcas de Riad han creado tambi茅n un poder propio, asentado en la renta que generan los yacimientos de la pen铆nsula. Esos caudales enriquecieron a los emiratos organizados en el Consejo de Cooperaci贸n del Golfo (CCG), que consolid贸 un centro de acumulaci贸n para coordinar el uso de ese excedente.

En esa administraci贸n el viejo entramado semifeudal saudita adopt贸 modalidades m谩s contempor谩neas de rentismo, compatibles con el manejo desp贸tico del estado. Las pocas familiares que monopolizan los negocios utilizan el poder mon谩rquico para impedir la presencia de competidores. Pero el descomunal volumen de riquezas que gestionan, acrecienta las rivalidades por el control del Palacio y el consiguiente tesoro petrolero (Hanieh, 2020).

El poder econ贸mico de Riad ha incentivado las ambiciones geopol铆ticas de la monarqu铆a y las incursiones de los militares sauditas, colocando al pa铆s en el sendero del subimperialismo.Arabia Saudita. EE.UU. estudia posibilidad de establecer m谩s bases militares  adicionales 鈥 Resumen Latinoamericano

Este curso ha sido acertadamente interpretado por los autores que aplican el concepto de Marini al actual perfil de Arabia Saudita. Retratan c贸mo ese reinado cumple con los tres requisitos se帽alados por el te贸rico brasile帽o, para identificar la presencia de ese status. El r茅gimen wahabita motoriza activamente la inversi贸n extranjera directa en las econom铆as aleda帽as, mantiene una pol铆tica de cooperaci贸n antag贸nica con el dominador norteamericano y despliega un manifiesto expansionismo militar (S谩nchez, 2019).

El Cuerno de 脕frica es la zona privilegiada por los monarcas para esa intervenci贸n. Extendieron a esa regi贸n todas las disputas de Medio Oriente y dirimen all铆 qui茅n controla el Mar Rojo, las conexiones de Asia con 脕frica y el transporte de los recursos energ茅ticos consumidos por Occidente.

Los gendarmes sauditas participan activamente en las guerras que han devastado a Somalia, Eritrea y Sud谩n. Comandan el despojo de los recursos y el empobrecimiento de las poblaciones de esos pa铆ses. Las brigadas que env铆a Riad demuelen estados para acrecentar el lucro del capital saud铆 en negocios de agricultura, turismo y finanzas.

De las regiones supervisadas por los monarcas proviene, adem谩s, una significativa porci贸n de la fuerza de trabajo explotada en la pen铆nsula ar谩biga. Los inmigrantes sin derechos conforman entre el 56% y el 82% de la masa laboral de Arabia Saudita, Om谩n, Bahr茅in y Kuwait. Esos asalariados no pueden desplazase sin permiso y est谩n sujetos al chantaje de expulsi贸n y consiguiente corte de las remesas. En esa estratificada divisi贸n del trabajo -en torno al g茅nero, la etnia y la nacionalidad- se asienta una monumental remisi贸n de fondos desde esa regi贸n al exterior.

Las aspiraciones de primac铆a regional saudita confrontan con el protagonismo logrado por los ayatol谩s de Ir谩n. Desde la ruptura de relaciones diplom谩ticas en el 2016, las tensiones entre ambos reg铆menes se han procesado a trav茅s de los choques militares, entre los aliados de ambos bandos. Esa confrontaci贸n ha sido particularmente sangrienta en Yemen, Sud谩n, Eritrea y Siria.

La actual disputa saud铆-iran铆 retoma, a su vez, el divorcio entre dos procesos hist贸ricos disimiles de regresi贸n feudal e incompleta modernizaci贸n. Esa bifurcaci贸n molde贸 las configuraciones estatales diferenciadas de ambos pa铆ses (Armanian, 2019a).

Esa disparidad de trayectorias ha desembocado, adem谩s, en cursos capitalistas igualmente contrapuestos. Mientras Riad emerge como un centro internacionalizado de acumulaci贸n del Golfo, Teher谩n comanda un modelo auto-centrado de recuperaci贸n econ贸mica gradual. Esa diferencia se traduce cursos geopol铆ticos muy divergentes.

El peligroso descontrol de la teocraciaPa铆ses Con Un Gobierno Teocr谩tico Hoy | 2021

Los reyes sauditas encabezan el sistema pol铆tico m谩s oscurantista y opresivo del planeta. Ese r茅gimen funciona desde los a帽os 30麓, mediante un compromiso entre la dinast铆a gobernante y una capa de cl茅rigos retr贸grados que supervisa la vida cotidiana de la poblaci贸n. Una divisi贸n especial de la polic铆a tiene atribuciones para azotar a las personas que permanecen en la calle a la hora de la oraci贸n. Ese modelo retrata una modalidad acabada de totalitarismo.

La prensa estadounidense cuestiona peri贸dicamente el descarado sost茅n occidental de esa clique medieval y se congratula con las reformas cosm茅ticas que prometen los monarcas. Pero en los hechos, ning煤n presidente norteamericano est谩 dispuesto a distanciarse de un reinado tan impresentable como imprescindible, para la dominaci贸n de la primera potencia.

El principal problema de un r茅gimen tan cerrado es la potencial explosividad de sus tensiones internas. Como todos los canales de expresi贸n est谩n clausurados, el descontento irrumpe con actos revulsivos. Esa impronta tuvo el estallido de 1979 en La Meca y el mismo efecto produjo el protagonismo de Bin Laden. Este personaje de la capa teocr谩tica acumul贸 los t铆picos resentimientos de un sector desplazado y canaliz贸 ese despecho hacia el padrino estadounidense (Achcar, 2008; cap 2).

La pol铆tica imperial norteamericana debe lidiar tambi茅n con las peligrosas aventuras externas de la teocracia gobernante. Los jeques que administran la principal reserva petrolera del planeta han sido fieles vasallos del Departamento de Estado. Pero en los 煤ltimos a帽os asumieron apuestas propias, que Washington observa con gran temor.

Los monarcas ambicionan confluir en una alianza con Egipto e Israel para controlar un vasto territorio. Esa mort铆fera expansi贸n ya encendi贸 muchos polvorines que complican a los propios agresores.

Las tensiones escalaron a un punto cr铆tico desde que el pr铆ncipe Bin Salman se alz贸 con el trono de Riad (2017) y puso en pr谩ctica su descontrolada violencia. Maneja la incuantificable fortuna de la monarqu铆a con total discrecionalidad y alocadas ambiciones de poder regional.Mohammed bin Salman, el pr铆ncipe con su propio escuadr贸n de la muerte

Acrecent贸 primero su control del sistema pol铆tico confesional, con una sucesi贸n de purgas internas que incluyeron encarcelamientos y apropiaciones de riquezas ajenas. Posteriormente se embarc贸 en varios operativos militares para disputar poder geopol铆tico. Comanda la devastadora guerra del Yemen, amenaza a sus vecinos de Qatar, rivaliza con Turqu铆a en Siria y exhibi贸 un ins贸lito grado de interferencia en el L铆bano, al chantajear con el secuestro del presidente de ese pa铆s. Bin Salman est谩 decidido a subir la apuesta b茅lica contra el r茅gimen de Ir谩n, especialmente luego de la derrota de sus milicias en Siria.

Las matanzas en Yemen encabezan la andanada saudita. La realeza arremeti贸 contra ese pa铆s para capturar los pozos petroleros a煤n inexplorados de la pen铆nsula ar谩biga. Al cabo de muchas d茅cadas de fren茅tica extracci贸n, los yacimientos tradicionales comienzan a enfrentar ciertos l铆mites, que inducen a buscar otras vetas de abastecimiento. Riad pretende asegurar su primac铆a, con el acceso directo a los tres cruces estrat茅gicos de la zona (Estrecho de Ormuz, Golfo de Ad谩n y Bab el- Mandeb). Por eso rechaz贸 la reunificaci贸n de Yemen y busc贸 romper a ese pa铆s en dos mitades (Armanian, 2016).

Pero la sangrienta batalla de Yemen se ha convertido en una trampa. La dinast铆a saudita afronta all铆 un pantano semejante al padecido por Estados Unidos en

Afganist谩n. Ha provocado la mayor tragedia humanitaria de la 煤ltima d茅cada sin conseguir el control del pa铆s. No logra doblegar la resistencia, ni disuadir los ataques en su propia retaguardia. Los impactantes bombardeos con drones al coraz贸n petrolero de Arabia Saudita ilustran la dimensi贸n de esa adversidad.

Se ha demostrado que la alta tecnolog铆a en el uso de los misiles es un arma de doble filo cuando los enemigos descifran su manejo. La 煤nica respuesta de Riad ha sido acentuar el cerco alimentario y sanitario con muertos de hambruna al por mayor y 13 millones de afectados por epidemias de distinto tipo.

Esos cr铆menes son ocultados en la presentaci贸n corriente de esa guerra como una confrontaci贸n entre s煤bditos de Arabia Saudita e Ir谩n. El sost茅n que aporta Teher谩n a la resistencia contra Riad, no es el factor determinante de un conflicto derivado del apetito expansivo de la monarqu铆a. Esa ambici贸n explica tambi茅n el ultim谩tum a Qatar, que estableci贸 una alianza con Turqu铆a. La monarqu铆a wahabita no tolera esa Qatar y Turqu铆a refuerzan su alianza en tiempo de crisisindependencia, ni la equidistancia con Ir谩n o la variedad de posturas que exhibe la cadena Al Jazzera (Cockburn, 2017).

Los qatar铆es albergan una estrat茅gica base norteamericana, pero han concertado importantes acuerdos energ茅ticos con Rusia, mantienen intercambios con la India y no participan en la 鈥淥TAN sunita鈥 que fomenta Riad (Glazebrook, 2017). Lograron, adem谩s, disfrazar su opresivo r茅gimen interno con un operativo de 鈥渟portwashing鈥 que los transform贸 en un gran auspiciante del futbol europeo. Bin Salman no ha podido lidiar con ese adversario y algunos analistas advierten que tiene en carpeta una operaci贸n militar para forzar el sometimiento de sus vecinos (Symonds, 2017).

Al borde del precipicio

El intervencionismo del pr铆ncipe saudita se afianza a un ritmo vertiginoso. En Egipto consolida su influencia multiplicando el financiamiento de la dictadura de Sisi. En Libia sostiene a la fracci贸n de Haftar contra el rival que apadrina Ankara y espera la correspondiente retribuci贸n en contratos.

El monarca apuntala en Irak las contraofensivas de las fracciones sunitas para erosionar la primac铆a de Ir谩n. Ese apoyo incluye el incentivo de masacres y guerras religiosas. En Siria busc贸 crear un califato sometido a Riad y enemistado con Ankara y Teher谩n. El fanatismo b茅lico del monarca se ha corporizado en la red de mercenarios que reclut贸 a trav茅s de la denominada 鈥淎lianza Militar Isl谩mica鈥.

Arabia Saudita es una guarida internacional de los yihadistas que el Pent谩gono apadrin贸 con gran entusiasmo inicial. Pero los monarcas utilizan cada vez m谩s a esos grupos como tropa propia, sin consultar a Estados Unidos y a veces en contrapunto con Washington.

En Somalia, Sud谩n y algunos pa铆ses africanos la coordinaci贸n con el mandante norteamericano se quebr贸. Nunca se ha clarificado, adem谩s, el significado de los atentados de una organizaci贸n como Al Qaeda, que contaba con el visto bueno de la monarqu铆a. Las acciones terroristas de los yihadistas como fuerza transfronteriza son frecuentemente indescifrables y suelen desestabilizar a Occidente.

Ese descontrol choc贸 con la estrategia de Obama de aquietar las tensiones de la regi贸n, mediante sinton铆as con Turqu铆a y tratativas con Ir谩n. Trump apost贸, en cambio, a favor del pr铆ncipe Salman con mayores ventas de armas, encubrimientos de masacres y convergencias con Israel.

Pero las imprevisibles acciones del monarca han generado crisis may煤sculas. El salvajismo que exhibi贸 con el descuartizamiento del opositor Khashoggi desat贸 un esc谩ndalo que no ha cicatrizado. El periodista era un fiel servidor de la monarqu铆a, que posteriormente estrech贸 v铆nculos con los liberales de Estados Unidos. Trabajaba para el Washington Post y destap贸 datos de la criminalidad imperante bajo el r茅gimen saudita.

El arrogante pr铆ncipe opt贸 por asesinarlo en la propia embajada de Turqu铆a y qued贸 expuesto como un vulgar criminal, cuando el presidente Erdogan transparent贸 el caso para su propia conveniencia. Trump hizo lo imposible para encubrir a su socio con alg煤n cuento de alocados asesinos, pero no pudo ocultar la responsabilidad directa del joven reyezuelo.

Ese episodio retrat贸 el car谩cter inmanejable de un mandatario aventurero, que con el ocaso de Trump perdi贸 sost茅n directo en la Casa Blanca. Ahora Biden anunci贸 un nuevo rumbo, pero sin aclarar cu谩l ser谩 ese sendero. Mientras tanto pospone la apertura de los archivos secretos que esclarecer铆an la relaci贸n de las c煤pulas sauditas con el atentado a las Torres Gemelas.

En el establishment norteamericano se han multiplicado las prevenciones contra un aventurero, que dilapid贸 parte de las reservas del reino en belicosas andanzas. La factura de la guerra del Yemen ya est谩 a la vista en el agujero presupuestario, que aceler贸 los proyectos de privatizaci贸n de la empresa estatal de petr贸leo y gas.

La teocracia medieval se ha convertido en un dolor de cabeza para la pol铆tica exterior norteamericana. Algunos art铆fices de esa orientaci贸n propician cambios m谩s sustanciales en la monarqu铆a, pero otros temen el efecto de esas mutaciones sobre el circuito internacional de los petrod贸lares. Washington termin贸 perdiendo la fidelidad de muchos pa铆ses que aligeraron sus dictaduras o atemperaron sus reinados.

Esas disyuntivas no tienen soluciones preestablecidas. Nadie sabe si las acciones de Bin Salman son m谩s peligrosas que su reemplazo por otro pr铆ncipe del mismo linaje. La existencia de un gran reinado en el entramado de los mini-estados que componen las dinast铆as del Golfo aporta m谩s solidez, pero tambi茅n mayores riesgos para la pol铆tica imperialista.

Por esa raz贸n los asesores de la Casa Blanca discrepan a la hora de auspiciar pol铆ticas de centralizaci贸n o balcanizaci贸n de los vasallos de Washington. En ambas opciones el deslizamiento de Arabia Saudita hacia un sendero subimperial entra帽a conflictos con el dominador norteamericano.

Contradictoria reconstituci贸n en Ir谩n

El status subimperial actual de Ir谩n es m谩s controvertido y permanece irresuelto. Incluye varios elementos de esa performance, pero tambi茅n contiene rasgos que cuestionan esa ubicaci贸n.

Hasta los a帽os 80 el pa铆s era un modelo de subimperialismo y Marini lo present贸 como un ejemplo an谩logo al prototipo brasile帽o. El Shah era el principal socio regional de Estados Unidos en la guerra fr铆a contra la URSS, pero al mismo tiempo desarrollaba su propio poder en disputa con otros aliados del Pent谩gono.

La dinast铆a de los Palhevi afianz贸 esa gravitaci贸n aut贸noma mediante un proceso de modernizaci贸n con par谩metros de occidentalismo anticlerical. Apuntal贸 la expansi贸n de las reformas capitalistas en sucesivos conflictos con la casta religiosa.

El monarca pretend铆a gestar un polo de supremac铆a regional distanciado del mundo 谩rabe y sent贸 las bases para un proyecto subimperial, que reconectaba con la ra铆z hist贸rica de las confrontaciones que tuvieron los persas con los otomanos y los sauditas (Armanian 2019b).

Pero el desplome del Shah y su reemplazo por la teocracia de los Ayatol谩s modificaron radicalmente el status geopol铆tico del pa铆s. Un subimperio aut贸nomo -pero estructuralmente asociado con Washington- se transform贸 en un r茅gimen sacudido por la tensi贸n permanente con Estados Unidos. Todos los mandatarios de la Casa Blanca han buscado destruir al enemigo iran铆.

Ese conflicto altera el perfil de un modelo que ya no cumple con uno de los requisitos de la norma subimperial. La estrecha convivencia con el dominador norteamericano ha desaparecido y ese cambio confirma el car谩cter mutable de una categor铆a, que no comparte la perdurabilidad de las formas imperiales.

Los choques con Washington han modificado el perfil subimperial precedente de Ir谩n. La vieja ambici贸n de supremac铆a regional ha quedado articulada con la defensa frente al acoso norteamericano. Todas las Arabia Saudita e Israel: 驴Qui茅n necesita a qui茅n?acciones externas del pa铆s apuntan a crear un anillo protector, ante las agresiones que el Pent谩gono coordina con Israel y Arabia Saudita. Teher谩n interviene en los conflictos en curso con ese prop贸sito de salvaguardar sus fronteras. Opta por alianzas con los adversarios de sus enemigos y busca multiplicar los incendios en la retaguardia de sus tres peligrosos atacantes.

Esta impronta defensiva determina una modalidad muy singular de eventual resurgimiento subimperial de Ir谩n. La b煤squeda de supremac铆a regional coexiste con la resistencia al acoso externo, determinando un curso geopol铆tico muy peculiar.

Defensas y rivalidades

El expansionismo suave de Ir谩n en las zonas de conflicto refleja esa contradictoria situaci贸n del pa铆s. El r茅gimen de los Ayatol谩s ciertamente comanda una red reclutamiento chiita con milicias adscriptas a esa identidad en toda la regi贸n. Pero en sinton铆a con la impronta defensiva de su pol铆tica, act煤a con mayor cautela que sus adversarios yihadistas.

La principal victoria del r茅gimen fue lograda en Irak. Consiguieron colocar al pa铆s bajo su mando, luego de la devastaci贸n perpetrada por los invasores yanquis. Ahora utilizan el control de ese territorio como un gran tap贸n defensivo, para desalentar los ataques que Washington y Tel Aviv retoman una y otra vez.

El mismo prop贸sito disuasivo ha guiado la intervenci贸n de Teher谩n en la guerra de Siria. Sostuvo a Assad y se involucr贸 directamente en acciones armadas, pero busc贸 afianzar un cord贸n de seguridad para sus propias fronteras. Las milicias del Hezbollah liban茅s actuaron como los principales art铆fices de ese cintur贸n amortiguador.Irak se hace del lado de Ir谩n y se postula como mediador para resolver la  crisis con EE. UU.

Los sangrientos choques en Siria se desenvolvieron como ensayos de la conflagraci贸n mayor que los sionistas imaginan contra Ir谩n. Por eso Israel descarg贸 sus bombardeos sobre los destacamentos chiitas.

Washington ha denunciado reiteradamente la 鈥渁gresividad de Ir谩n鈥 en Siria, cuando en los hechos Teher谩n refuerza su defensa frente a la presi贸n estadounidense. En esa resistencia logr贸 resultados satisfactorios. Trump jug贸 sus cartas a las distintas incursiones de Israel, Arabia Saudita y Turqu铆a y termin贸 perdiendo la batalla. Ese fracaso corrobora la adversidad general que afronta Washington. Al cabo de incontables arremetidas no pudo someter a Ir谩n y la madre de todas las batallas contin煤a pendiente.

En un plano m谩s acotado, Ir谩n disputa primac铆a regional con Arabia Saudita en las guerras de los pa铆ses vecinos. En Siria los yihadistas de Riad privilegiaron los asaltos contra tropas adiestradas por su rival y en Yemen la monarqu铆a wahabita ataca a las milicias que sintonizan con Teher谩n. En Qatar, L铆bano e Irak se verifica la misma tensi贸n, que tiende a dirimirse en la disputa por el estrecho de Ormuz. El control de ese pasaje puede consagrar al ganador de la partida entre los Ayatol谩s y la principal dinast铆a del Golfo. Por esa ruta -que conecta a los exportadores de Medio Oriente con los mercados del mundo- circula el 30% del petr贸leo comercializado en todo el planeta.

Al igual que su adversario saudita, el r茅gimen iran铆 utiliza el velo religioso para encubrir sus ambiciones (Armanian, 2019b). Enmascara la intenci贸n de acrecentar su poder econ贸mico y geopol铆tico, alegando la superioridad de los postulados chiitas frente a las normas sunitas. En los hechos, las dos vertientes del islamismo se amoldan a reg铆menes igualmente controlados por oscurantistas capas de cl茅rigos.

La rivalidad con Turqu铆a no presenta hasta ahora contornos tan dram谩ticos. Incluye desinteligencias que est谩n a la vista en Irak, pero no alteran el status quo, ni asumen la peligrosidad del choque con los sauditas. El gobierno pro-turco de los Hermanos Musulmanes en Egipto manten铆a los equilibrios regionales que ans铆a Ir谩n. Por el contrario la tiran铆a -que actualmente apadrinan Washington y Riad- se ha transformado en otro adversario activo de Teher谩n.

Al igual que Turqu铆a y Arabia Saudita, Ir谩n ha expandido su econom铆a y el gobierno busca amoldar ese crecimiento a una presencia geopol铆tica m谩s descollante. Pero Teher谩n ha seguido un desenvolvimiento aut谩rquico adaptado a la prioridad de la defensa y a la resistencia del acoso externo. Las exportaciones petroleras han sido utilizadas para apuntalar un esquema que mixtura el intervencionismo estatal con el fomento de los negocios privados.

Todos los avances geopol铆ticos han sido transformados por la elite gobernante en esferas de lucro, manejadas por grandes empresarios asociados con la alta burocracia estatal. El control de Irak abri贸 un inesperado mercado para la burgues铆a iran铆, que ahora tambi茅n disputa el negocio de la reconstrucci贸n de Siria.

En el tablero entre Ir谩n y sus rivales hay numerosas inc贸gnitas. Los Ayatol谩s han ganado y perdido batallas fuera de su pa铆s y afrontan disyuntivas econ贸micas muy dif铆ciles. La c煤pula clerical-militar gobernante que prioriza el negocio petrolero debe lidiar con la desconexi贸n financiera internacional que ha impuesto Estados Unidos. El r茅gimen perdi贸 la cohesi贸n del pasado y debe definir respuestas frente a la decisi贸n israel铆 de evitar la conversi贸n del pa铆s en una potencia at贸mica.

Las dos principales alas del oficialismo impulsan estrategias diferenciadas de mayor negociaci贸n o creciente pulseada b茅lica. El primer rumbo prioriza los colchones defensivos en las zonas de conflicto. El segundo curso no reh煤ye repetir el desangre sufrido durante la guerra con Irak. La reconstituci贸n subimperial depende de esas definiciones.

Escenarios cr铆ticos

El concepto de subimperialismo contribuye a clarificar el explosivo escenario de Medio Oriente y sus regiones aleda帽as. Permite registrar el protagonismo de las potencias regionales en los conflictos de la zona. Esos jugadores tienen mayor incidencia que en el pasado y no act煤an en el mismo plano que las grandes potencias globales.Arabia Saud铆 e Ir谩n: la Guerra Fr铆a de Oriente Medio - El Orden Mundial -  EOM

La noci贸n de subimperialismo facilita la comprensi贸n de esos procesos. Esclarece el papel de los pa铆ses m谩s relevantes y clarifica la continuada distancia que mantienen con Estados Unidos, Europa, Rusia y China. Explica, adem谩s, por qu茅 raz贸n las nuevas potencias regionales no reemplazan al dominador estadounidense y desenvuelven trayectorias fr谩giles corro铆das por inmanejables tensiones.

Turqu铆a, Arabia Saudita e Ir谩n rivalizan entre s铆 desde configuraciones subimperiales y el desemboque de esa competencia es muy incierto. Si alguno de los contrincantes emerge como ganador doblegando a otros, podr铆a introducir un cambio total en las jerarqu铆as geopol铆ticas de la regi贸n. Si por el contrario las potencias en disputa se agotan en interminables batallas, terminar铆an anulando su propia condici贸n subimperial.

Estas caracterizaciones y diagn贸sticos aportan el cimiento para otro debate clave. 驴Cu谩l es la singularidad de Israel en el tablero regional? 驴C贸mo deber铆a caracterizarse el rol de ese pa铆s? Abordaremos ese tema en nuestro pr贸ximo texto

Resumen

Tres pa铆ses de la regi贸n re煤nen las caracter铆sticas del subimperialismo. Son econom铆as intermedias que despliegan acciones militares y relaciones contradictorias con Estados Unidos. No sustituyen a los protagonistas globales y enlazan con ra铆ces de larga data.

El concepto se aplica a Turqu铆a. Clarifica su expansionismo externo, las ambig眉edades frente a Washington y el autoritarismo de Erdogan. Tambi茅n esclarece las aventuras externas y la persecuci贸n de los kurdos.

La acumulaci贸n de rentas, las aventuras b茅licas y las ambiciones de los monarcas encaminan a Arabia Saudita hacia el subimperialismo. Pero la teocracia incuba explosivas reacciones internas y afronta adversos resultados militares.

La eventual reconstituci贸n del status subimperial de Ir谩n se combina con una nueva t贸nica defensiva de tensiones con Estados Unidos. Las disputas entre subimperios modifican el status de todos los contrincantes.

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