May 23 2014
1488 lecturas

Política

Elecciones en Colombia: Entre la paz y el retorno al pasado

Todo apunta hacia el empate en la primera vuelta entre el presidente Juan Manuel Santos y el ultraderechista √ďscar Iv√°n Zuluaga, quien representa al ex presidente √Ālvaro Uribe. Un escenario de retorno al pasado, y a la guerra, por el que una parte de la sociedad colombiana se siente seducida.

La impresionante remontada del candidato af√≠n al expresidente √Ālvaro Uribe, √ďscar Iv√°n Zuluaga, le permite colocarse a la par del presidente Juan Manuel Santos que busca la reelecci√≥n en ancas del proceso de paz que negocia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En las elecciones presidenciales del domingo 25 de mayo est√° en juego la continuidad de las negociaciones en La Habana, el proceso de paz que m√°s ha avanzado en la historia de Colombia. Pero tambi√©n est√° en juego la carrera de pol√≠tica de Uribe, quien acusa a su ex ministro de Defensa, Santos, de hacer demasiadas concesiones a la guerrilla. Lo cierto es que el presidente y el candidato uribista reclutan en torno al 30 por ciento de las adhesiones, seg√ļn todas las encuestas, mientras los otros tres candidatos (la conservadora Marta Luc√≠a Ram√≠rez, Enrique Pe√Īalosa de la Alianza Verde y la progresista Clara L√≥pez) rondan el diez por ciento cada uno.

Es posible que el equilibrio se rompa a √ļltimo momento, ya que Zuluaga ‚Äďque se presenta por el Centro Democr√°tico- fue filmado junto a un hacker al que la Fiscal√≠a hab√≠a acusado de realizar interceptaciones ilegales a los miembros de la mesa de negociaciones de La Habana. Pese a la evidencia, que confirma que el candidato de Uribe boicotea las negociaciones, la mayor√≠a del electorado se mostr√≥ reacia a modificar su voto, aunque la imagen de Zuluaga sale da√Īada del esc√°ndalo.

Las negociaciones

Una semana antes de las elecciones, el viernes 16, el gobierno y las FARC cerraron su tercer acuerdo en La Habana, esta vez sobre la pol√≠tica antidroga. Se trata del tercer acuerdo al que arribaron los negociadores en dos a√Īos de intensas gestiones que por momentos parecieron al borde del fracaso. Anteriormente hab√≠an acordado la pol√≠tica agraria y la participaci√≥n pol√≠tica de la guerrilla una vez finalizado el conflicto.

Aunque varios candidatos calificaron el acuerdo como oportunista por concretarse d√≠as antes de las elecciones, la periodista Juanita Le√≥n estima que si lo firmado se cumple, ‚Äúpodr√≠a darle un vuelco total a la pol√≠tica antidrogas que tanto da√Īo le ha hecho a Colombia‚ÄĚ (La Silla Vac√≠a, 18 de mayo de 2014). El acuerdo toma distancia de la pol√≠tica militarista en el combate a las drogas articulada por el Plan Colombia, y se inclina hacia ‚Äúla erradicaci√≥n a partir de un proceso de planeaci√≥n participativa con las comunidades involucradas, lo que permitir√≠a una mayor integraci√≥n social de los cocaleros‚ÄĚ.

Seg√ļn el acuerdo se seguir√°n tres pasos para poner fin a los cultivos: la erradicaci√≥n voluntaria, luego la erradicaci√≥n manual forzosa y, como √ļltima instancia, la fumigaci√≥n a√©rea que es el punto m√°s rechazado por la guerrilla, que al d√≠a siguiente de difundido el acuerdo libr√≥ un comunicado en el que propone posponer el tema hasta una eventual asamblea constituyente.

En adelante el combate a las drogas estar√° enfocado desde la √≥ptica de la salud p√ļblica, lo que implica un cambio radical ya que echa por tierra la filosof√≠a que llev√≥ a la militarizaci√≥n del pa√≠s. Las FARC se comprometen a dar informaci√≥n para desmantelar las minas antipersonas que han sembrado alrededor de los campos de cultivos de coca. Por primera vez, la guerrilla reconoce que se financiaba a trav√©s del tr√°fico.

El comunicado conjunto de las partes destaca ‚Äúel compromiso de las FARC-EP de contribuir de manera efectiva, con la mayor determinaci√≥n y de diferentes formas y mediante acciones pr√°cticas con la soluci√≥n definitiva al problema de las drogas il√≠citas, y en un escenario de fin del conflicto, de poner fin a cualquier relaci√≥n, que en funci√≥n de la rebeli√≥n, se hubiese presentado con este fen√≥meno‚ÄĚ. No es un tema menor, sobre todo porque a continuaci√≥n se√Īala que ‚Äúla construcci√≥n de una paz estable y duradera supone la disposici√≥n por parte de todos de contribuir con el esclarecimiento de la relaci√≥n entre el conflicto y el cultivo, la producci√≥n y la comercializaci√≥n de drogas il√≠citas y el lavado de activos derivados de este fen√≥meno, para que jam√°s el narcotr√°fico vuelva a amenazar el destino del pa√≠s‚ÄĚ.

Seg√ļn la directora de La Silla Vac√≠a, las principales zonas cocaleras est√°n en zonas de influencia de las FARC que controlar√≠an un 60 por ciento de estos cultivos. Si la guerrilla sale definitivamente del negocio de la droga, ser√° m√°s f√°cil combatir a las bandas de narcotraficantes y paramilitares que controlan otros eslabones del negocio y que tratar√°n de ocupar los espacios que dejen las FARC, quienes podr√≠an ‚Äúarrojar informaci√≥n valiosa sobre rutas, sobre lavadores de activos (algunos de ellos elegantemente camuflados en la alta sociedad), sobre las alianzas con la Fuerza P√ļblica, los empresarios y los pol√≠ticos que son c√≥mplices de los ilegales‚ÄĚ.

Iv√°n Zuluaga, candidato de Uribe

Iv√°n Zuluaga, candidato de Uribe

El acuerdo sobre drogas va en la misma direcci√≥n que los anteriores, ya que apuesta a la creaci√≥n de asambleas comunitarias que ser√°n la base para la construcci√≥n de los planes municipales integrales de sustituci√≥n y desarrollo alternativo para las zonas afectadas por cultivos de coca. En el mejor de los casos, en La Habana se estar√≠a gestando una nueva institucionalidad que representa ‚Äúuna oportunidad m√°s para que los guerrilleros desmovilizados puedan fortalecerse como alternativa pol√≠tica en las zonas de influencia‚ÄĚ, destaca Le√≥n.

La fuerza de Uribe

A principios de a√Īo el presidente Santos triplicaba la intenci√≥n de voto del candidato del Centro Democr√°tico. El punto de quiebre fueron las elecciones legislativas de marzo, donde las listas del Centro Democr√°tico, encabezadas por el propio Uribe, consiguieron 20 esca√Īos en el Senado y fueron las m√°s votadas en una docena de departamentos, incluyendo Bogot√°.

A partir de ah√≠ se registr√≥ un fuerte ascenso de Zuluaga, un estancamiento de Santos y un vuelco en la campa√Īa. Zuluaga no tiene, ni de lejos, el prestigio, la trayectoria y la visibilidad de los otros candidatos, incluyendo no s√≥lo al actual presidente sino tambi√©n a Pe√Īalosa, L√≥pez y Ram√≠rez. Pe√Īalosa fue alcalde de Bogot√°; Ram√≠rez fue la primera mujer ministra de Defensa y antes fue ministra de Comercio y senadora; L√≥pez fue alcaldesa de Bogot√° y presidenta del Polo Democr√°tico. Zuluaga fue apenas ministro de Hacienda de Uribe durante tres a√Īos y alcalde de su pueblo natal, Pensilvania (Caldas), de poco 25 mil habitantes. En febrero, dos tercios de los colombianos no lo conoc√≠an, pese a que Uribe lo cargaba en hombros.

El cambio de estrategia se debe a Duda Mendon√ßa, quien orienta la compa√Īa de Zuluaga. El marketinero brasile√Īo fue el art√≠fice de la campa√Īa electoral de 2002 que llev√≥ a Luiz In√°cio Lula da Silva a la presidencia, en ancas del lema ‚ÄúLulinha paz e amor‚ÄĚ. Decidi√≥ separar a Uribe del candidato presidencial y focalizarse en la primera letra de su apellido: la Z. La campa√Īa comenz√≥ a destacar las virtudes familiares y profesionales de Zuluaga. El √©xito de la estrategia es evidente, al punto que varias encuestas muestran que puede vencer en la segunda vuelta a celebrarse el 15 de junio.

En paralelo, Santos no puede despegarse de su gesti√≥n presidencial. Desde el punto de vista social y econ√≥mico el gobierno tiene poco que mostrar. Bajo el gobierno Santos emergi√≥ un vasto movimiento social que por primera vez en d√©cadas forz√≥ al Estado a reconocer sus demandas. En las √°reas rurales se movilizaron, en agosto de 2013, miles de campesinos que confluyeron con las demandas de camioneros, cafeteros, peque√Īos y medianos mineros y un amplio conjunto de productores de alimentos que atraviesan una profunda crisis a ra√≠z del TLC con Estados Unidos.

El paro agrario nacional dur√≥ cuatro semanas y se sald√≥ con doce muertos y casi 500 heridos y forz√≥ a Santos a firmar un ‚ÄúPacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural‚ÄĚ y a reestructurar su gabinete, lo que revela la profundidad del impacto que tuvieron las movilizaciones sociales.

A fines de abril, en plena campa√Īa electoral, estall√≥ un nuevo paro agrario que amenazaba obstaculizar la reelecci√≥n. Pero esta vez la mesa de La Habana mostr√≥ la capacidad de disciplinar al movimiento social. ‚ÄúSantos logr√≥ bajar de la movilizaci√≥n a Marcha Patri√≥tica, al Congreso de los Pueblos y a sus aliados, que eran los sectores que pod√≠an lograr que el paro se le saliera de las manos a s√≥lo dos semanas de las elecciones‚ÄĚ (La Silla Vac√≠a, 12 de mayo de 2014)

Contrastando con el duro enfrentamiento registrado en 2013, las organizaciones ind√≠genas, campesinas y afrocolombianas mostraron su respaldo a las negociaciones de paz que, en los hechos, significa un apoyo a Santos. ‚ÄúEsta movilizaci√≥n es para respaldar el pliego y la mesa. No estaremos bloqueando carreteras, para darle un mensaje positivo al gobierno de que seguimos dialogando y negociando‚ÄĚ, se√Īal√≥ una vocera del Congreso de los Pueblos, considerado m√°s a la izquierda que la Marcha Patri√≥tica vinculada al Partido Comunista (Nasaacin.org, 12 de mayo de 2014)

S√≠ntoma de los tiempos electorales, el ex alcalde progresista de Bogot√°, Gustavo Petro, destituido por el conservador Procurador General de la Naci√≥n, decidi√≥ apoyar la reelecci√≥n de Santos en los √ļltimos d√≠as de la campa√Īa (El Tiempo, 14 de mayo de 2014). Petro fue restituido en el cargo a instancias de Santos, en cumplimiento de una resoluci√≥n de la Comisi√≥n Interamericana de Derechos Humanos. El apoyo del popular alcalde de Bogot√° a la reelecci√≥n puede torcer el virtual empate entre los dos principales candidatos.

El negocio de la guerra

col elecciones‚ÄúMe impresiona‚ÄĚ, respondi√≥ el soci√≥logo franc√©s Daniel P√©caut cuando la entrevistadora Mar√≠a Jimena Duz√°n le pregunt√≥ sobre la polarizaci√≥n entre Santos y Uribe (Semana, 16 de mayo de 2014). P√©caut es un profundo conocedor de la realidad colombiana, la que estudia desde d√©cadas atr√°s y sobre la que ha dejado textos imprescindibles como ‚ÄúOrden y Violencia: Colombia 1930-1953‚ÄĚ.¬† (1)

Recuerda que hay mucho escepticismo sobre el proceso de paz. ‚ÄúMuchos sectores, no solo las elites dirigentes, est√°n descubriendo que a ellos les ha ido mejor con el conflicto armado que lo que les podr√≠a ir en caso de que se firmara un acuerdo pac√≠fico‚ÄĚ.¬† En primer lugar porque el conflicto no afecta a las ciudades sino a las periferias del pa√≠s. En segundo, porque perciben que el conflicto armado ha sido ‚Äúun factor de cierta estabilidad social y pol√≠tica‚ÄĚ, que ha sido capitalizada por Uribe.

Esta percepci√≥n es bien realista. En las seis d√©cadas que dura el conflicto, ‚Äúno ha habido mayores sobresaltos ni surgimiento de movimientos sociales fuertes que expresen sus reivindicaciones‚ÄĚ. Por cierto, la guerra dej√≥ muy pocos espacios a los movimientos y cuando aparecen como sucedi√≥ con los paros agrarios, favorecen indirectamente al discurso uribista del orden.

Lo cierto, afirma P√©caut, es que el conflicto contribuy√≥ a mantener el estatus quo, a pesar de que en 30 a√Īos se registr√≥ un fuerte crecimiento econ√≥mico pero se mantuvo el mismo nivel de desigualdad que en 1930. La cultura pol√≠tica dominante en Colombia es reacia a aceptar conflictos sociales que son inevitables en todo pa√≠s moderno.

El soci√≥logo alerta que es la √ļltima oportunidad para la paz, al igual que lo hacen unos cuantos analistas colombianos. Cuando fracas√≥ el proceso de paz del Cagu√°n, en 2002, la poblaci√≥n culp√≥ a las FARC y se volc√≥ con el discurso guerrerista de Uribe. ‚ÄúSi se vuelve a fracasar en La Habana, la gente con mucha raz√≥n le va a echar la culpa a las FARC‚ÄĚ, afirma P√©caut. No obstante, considera que lo que m√°s afect√≥ el conflicto armado fue el narcotr√°fico y lo que m√°s le asusta de Colombia es el populismo.

La actual polarizaci√≥n no s√≥lo impresiona a P√©caut porque ve en ella una ‚Äúguerra sucia‚ÄĚ que anticipa lo peor. Quien dedic√≥ su vida acad√©mica a comprender La Violencia que arras√≥ al pa√≠s afirma: ‚ÄúS√≥lo podr√≠a compararla con el clima que se vivi√≥ en los a√Īos 1946 y 1947 entre conservadores y liberales‚ÄĚ. Como consecuencia de ese clima, el 9 de abril de 1949 fue asesinado el dirigente liberal Jorge Eli√©cer Gait√°n. El asesinato desencaden√≥ el levantamiento popular conocido como El Bogotazo y dio inicio a una larga guerra de m√°s de seis d√©cadas.

Votar, cuestión de minorías

La abstención siempre ganó en Colombia. Pero ahora se manifiesta de forma masiva en las grandes ciudades y toma dos direcciones: la baja participación, menor a la mitad de los habilitados, y el voto en blanco, que viene creciendo de forma sostenida.

En las elecciones legislativas del pasado 9 de marzo, un mill√≥n y medio de personas votaron en blanco. En las ‚Äúcircunscripciones especiales‚ÄĚ fue mayoritario. En la elecci√≥n para elegir representantes de los pueblos ind√≠genas, se registraron en total 171 mil votos a candidatos y otros 138 mil votos en blanco, seg√ļn detalle Le Monde Diplomatique en su edici√≥n de mayo. Algo similar ocurri√≥ en la circunscripci√≥n afrocolombiana. Fueron emitidos 159 mil votos por listas de partidos mientras otros 77 mil sufragaron en blanco.

Pero lo más significativo es la enorme abstención en las ciudades. En Bogotá, los diputados fueron electos apenas con los votos de tres de cada diez capitalinos. La abstención alcanzó el 65 por ciento y el voto en blanco el 10 por ciento. En Medellín, la segunda ciudad del país, sólo llegaron a las urnas el 41 por ciento de los habilitados y el 7 por ciento de los que votaron lo hicieron en blanco. En Cali la abstención batió todos los registros alcanzando el 67,7 por ciento, siendo el voto en blanco del 7 por ciento.

En opini√≥n del analista Miguel Su√°rez, ‚Äúel voto en blanco refleja la tercerea ola de indignaci√≥n expresada en las urnas colombianas‚ÄĚ, en los doce √ļltimos a√Īos. Las dos anteriores fueron el apoyo al candidato de izquierda Carlos Gaviria y luego a la centrista Ola Verde, ambas desafiando al establecimiento pol√≠tico. Las elecciones son cuesti√≥n de minor√≠as en un pa√≠s que no conf√≠a en que las cosas puedan cambiar alg√ļn d√≠a.

Nota

(1)    Siglo XXI, Bogotá, 1987.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario