Abr 7 2014
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Despacito por las piedras

ELECCIONES MUNICIPALES CONMUEVEN A FRANCIA

Los últimos dos domingos, 23 y 30 de marzo, hubo en Francia elecciones municipales.
En la primera vuelta el partido conservador Unión por un Movimiento Popular (UMP) ganó con 46,5%, frente al gobernante Partido Socialista (PS) que alcanzó el 37,7%, el tercer lugar lo ocupó el Frente Nacional, considerado en Europa una fuerza fascistoide. Estos últimos reunieron un 4,8%, muy significativo si se tiene en cuenta que solo participó en algunas localidades.
El domingo fue la segunda vuelta, se abstuvo el 38%, una cifra inusitada para este tipo de elecciones donde –en Francia- hay mayor participación. Solo participaban, en aquellos municipios donde ningún candidato obtuvo más del 50%, las dos fuerzas más votadas. El resultado no tuvo muchas variantes. Considerando las poblaciones con más de 9 mil habitantes el socialismo fue desalojado del gobierno en 155 municipios. Ahora los conservadores reunieron un 49%, contra el 42% de los socialistas y un 9% del Frente Nacional, identificado como la derecha recalcitrante. Al socialismo solo le quedó el consuelo que logró mantener el gobierno de París, pero perdió la mayor parte de los centros obreros, en muchos casos en manos del Frente Nacional.
Desde hace muchos años la disputa en Francia es entre la derecha (UMP) y la izquierda (PS). Ahora hay una tercera fuerza que ha venido a romper esa dicotomía. El Frente Nacional, para muchos europeos una fuerza de tipo nazi-fascista. No faltan quienes, en Europa, la identifican con el peronismo. Ahora conducida por Marine Le Pen, hija de su fundador, la que -para algunos sectores europeos- es considerada la “Evita” de Europa y a la que no les disgusta que denominen a su política “peronismo a la francesa”. Esta fuerza, hasta ahora testimonial, ha conmovido a la política francesa, de unos 80 concejales en el año 2008 ha pasado a más de mil en estas elecciones. Este fenómeno ya cuestiona las raíces del sistema político francés. La renuncia del Primer Ministro de Francia y otros miembros del gabinete, reclamada por más del 85% de la población, es un primer efecto de lo ocurrido. Las encuestas recientes refieren que para unas elecciones presidenciales el Frente Nacional superaría al Partido Socialista.
La debilidad del socialismo tiene que ver con la corrupción y políticas antipopulares surgidas de su vínculo con sectores empresariales, en medio de la aguda crisis que azota a ese país y otros de Europa.
La derecha “democrática”, hasta ahora, ha sido la beneficiada por esta situación. Sin embargo muchos temen que el Frente Nacional logre instalarse robando votos al socialismo y a los conservadores. Sus banderas son una fuerte crítica a la Unión Europea, a su referencia a la OTAN como una organización “terrorista”, a la crítica generalizada a todo el sistema políticos por “corrupto e incompetente”. Se presentan como la “alternativa patriótica” frente a estos desmadres, proponiendo acabar con el euro y romper con la unidad europea, volviendo a las viejas nacionalidades. Lo novedoso es que estas cuestiones son compartidas por otras fuerzas semejantes de Europa y plantean presentarse de un modo conjunto a las próximas elecciones para elegir el Parlamento Europeo. Los resultados electorales alcanzados por estas corrientes superan los dos dígitos en 7 países (Holanda, Bélgica, Dinamarca, Hungría, Austria, Bulgaria e Italia). En otro igual número de estados tienen entre el 5 y el 10% de los votos (Finlandia, Rumania, Grecia, Francia, Gran Bretaña, Eslovaquia y Suecia)
Para muchos europeos esta tendencia prevé un complejo futuro. Hablando en concreto de Francia, pero extensible al resto de los países, Jean Daniel, fundador del semanario Nouvel Observateur y posiblemente el intelectual vivo más reconocido de la Europa actual sostuvo: “Lo peor sería que Marine Le Pen consiga dejar de ser un enemigo para convertirse en simple adversario”.

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