Feb 1 2015
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AmbienteSociedad

Emergencia en Brasil por falta de agua

Los reservorios de agua tanto de San Pablo como de Río están agotados. Minas Gerais sigue el mismo camino. En el nordeste los reservorios están en sus niveles mínimos. En el sur la situación es un poquito mejor, pero igualmente preocupante.
Alrededor de 60 millones de brasile√Īos ‚Äďpoco m√°s de la tercera parte de la poblaci√≥n del pa√≠s‚Äď sufren los efectos de la falta de agua. Crece r√°pidamente la posibilidad de que se multipliquen los cortes de energ√≠a el√©ctrica en la regi√≥n sudeste, donde est√°n San Pablo y R√≠o de Janeiro, las mayores ciudades de Brasil (consider√°ndose la suma de las dos regiones metropolitanas se llega a la cifra de unos 30 millones de habitantes).

Es bien verdad que la inclemencia de los cielos tiene su parte de responsabilidad en el escenario tenso y pesimista: √©ste es el verano m√°s seco y caliente del √ļltimo siglo. Los reservatorios de agua tanto de San Pablo como de R√≠o est√°n agotados. Minas Gerais sigue el mismo camino. Queda lo que los especialistas llaman de ‚Äúreserva t√©cnica‚ÄĚ. Tambi√©n en el nordeste los reservorios est√°n en sus niveles m√≠nimos. En el sur la situaci√≥n es un poquito m√°s confortable, pero igualmente preocupante.

En otras palabras: a menos que llueva pronto, y mucho, en dos o tres meses el racionamiento será inevitable en los tres estados más ricos de Brasil, con todas sus consecuencias para la economía.

Tratando de preparar los √°nimos, el gobierno de San Pablo insin√ļa que el suministro de agua podr√° ser suspendido durante cinco d√≠as de la semana. Habr√≠a agua en los otros dos. Varias industrias tanto en R√≠o como en San Pablo y Minas fueron obligadas a disminuir sus actividades para ahorrar agua. Y sigue sin llover.

Pero la responsabilidad (o su falta) de los gobiernos es tan estridente como la de los cielos mezquinos. Si del cielo no cae agua, en Brasilia llueven ejemplos de ineficacia. En los √ļltimos ocho a√Īos fueron construidos grandes polos de energ√≠a e√≥lica, es decir, generadores de energ√≠a impulsados por el viento. Su producci√≥n es baja, pero cuando el riesgo de cortes dr√°sticos de luz es tan alto, podr√≠a ser un alivio significativo. ¬ŅY por qu√© podr√≠a y no es? Porque no fueron tendidas las torres y los cables de transmisi√≥n. Es decir, las h√©lices giran y producen una energ√≠a que se pierde.

Mientras tanto, son accionadas las usinas termoeléctricas, que además de consumir petróleo en cantidades elevadas generan más y más polución y no dan abasto. Para empeorar, son usinas viejas, proyectadas para acciones circunstanciales y no estructurales. Se rompen a menudo.

No hay, por ahora, un cálculo fiable sobre las pérdidas económicas producidas por la falta de agua. Los cortes de luz en San Pablo afectaron básicamente a residencias y al comercio. Pero seguramente afectarán a la industria si se impone un racionamiento formal.

Con las temperaturas elevad√≠simas de este verano, aumenta de manera brutal el consumo de luz, principalmente gracias a los aparatos de aire acondicionado en domicilios, oficinas e industrias. Y en horas pico el sistema distribuidor no aguanta. En las √ļltimas semanas Brasil tuvo que recurrir, en dos ocasiones, a la energ√≠a el√©ctrica argentina para evitar un colapso. No se trata de comprar sino de prestado, pero ahora el pa√≠s no tiene c√≥mo pagar al vecino devolvi√©ndole la carga recibida. Tambi√©n Paraguay particip√≥ de esa ayuda solidaria, prestando energ√≠a.

Nuevas presas gigantescas, con sus respectivas usinas generadoras de energ√≠a, llevan a√Īos de retraso y es imposible prever cu√°ndo efectivamente comenzar√°n a funcionar. Todo eso est√° dentro de las responsabilidades del gobierno nacional.

En el caso espec√≠fico de San Pablo, al menos desde hace diez a√Īos especialistas claman en el desierto pidiendo medidas urgentes para evitar el caos en el almacenamiento de reservas de agua. El gobierno dec√≠a que hab√≠a estudios avanzados en esa direcci√≥n. Nadie nunca vio ninguno. Ahora anuncia obras de emergencia, financiadas por el gobierno nacional. Dicen que en tres o cuatro meses empezar√°n a resolver parte del problema de almacenamiento para suministrar agua a la zona metropolitana de la capital, utilizando los vol√ļmenes de r√≠os que no han sido tan afectados por la sequ√≠a.

Tanto la presidenta de la rep√ļblica como el gobernador de San Pablo fueron reelectos hace pocos meses. Ambos sab√≠an de la gravedad del cuadro. Ninguno de los dos lo admiti√≥ en la campa√Īa electoral. El nuevo ministro de Minas y Energ√≠a de la naci√≥n trat√≥ de tranquilizar a los moradores de los grandes centros afectados directamente por el riesgo de la falta de agua: ‚ÄúDios es brasile√Īo ‚Äďrepiti√≥ un viejo refr√°n‚Äď, y har√° llover‚ÄĚ. Hasta d√≥nde se sepa, Dios no ocupa ning√ļn ministerio en Brasilia y los responsables directos son otros. T√©cnicos advierten que en marzo termina la temporada anual de lluvias en el sur y el sudeste del pa√≠s. La advertencia suena a broma de mal gusto. Es que para llegar al fin, la temporada de lluvias deber√≠a de haber comenzado.br falta de agua

No ha llovido, en los √ļltimos 60 d√≠as, m√°s que un 30 por ciento de lo previsto. En Brasil fallan hasta las previsiones meteorol√≥gicas. Pero ‚Äďy m√°s grave‚Äď fallan tambi√©n los responsables de subsanar infinidad de problemas estructurales que se arrastran desde hace a√Īos.

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