May 23 2008
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Opinión

En América latina existe un agotamiento institucional

Graciela Fernández, Barómetro Internacional

Al frente de una investigación pionera sobre la construcción social del miedo en el continente, Roxana Reguillo, antropóloga mexicana, advierte sobre la responsabilidad del Estado y los medios, en la difusión de representaciones que vinculan juventud, pobreza y crimen. Aquí, analiza el vaciamiento de lo público, las paralegalidades y el narcotráfico como nueva forma de reproducir el neoliberalismo.

“Estamos ante empresarios, no frente a sujetos confundidos que están actuando sin ton ni son. Ellos en México tomaron la decisión de dejar de pagar protección, por ejemplo, policíaca o de circuitos al interior de los barrios populares, en efectivo, en dólares, y empiezan a pagar con mercancía, con cocaína. De tal manera, el policía del barrio, el pequeño dealer, la señora de la casa ya no tienen dólares, lo que tienen es cocaína, y cocaína a veces de buenísima calidad. Así se abarata el costo, se expanden los circuitos de distribución y se genera un mercado transclasista, transversalizado”.

América Latina es un territorio en el que se ocultan, tanto a  los actores políticos, como a  los verdaderos responsables de los crímenes, mientras lo que aparece es  la cara de la victimización. Los que surgen, son procesos muy peligrosos; porque se recurre a la estigmatización total o a un lugar común  “guerra de pobres contra  pobres”. Se trata de una profunda ausencia de sentido, de pacto social, y de cualquier margen de acotamiento institucional, donde ya no se puede registrarse mutuamente como vecino, sino como enemigo y no es la pobreza lo que enfrenta, es la indefensión en la que ambos, compartiendo un mismo territorio, resisten a condiciones de vida cada vez más paupérrimas, materiales y simbólicas. Dice Reguillo, en una parte de su investigación.

Los criminólogos señalan estos circuitos del narcotráfico como funcionales para la gobernabilidad y el aplacamiento del conflicto social. Uno de los casos paradigmáticos de nuevas violencias, por ejemplo en Argentina, es el control paralegal de las familias peruanas en el barrio conocido como Bajo Flores. Es evidente que no basta, con que se pueda negociar con los líderes comunitarios; a veces representando a organismos del Estado, que terminan exponiéndose a la cada vez más evidente relación de las policías locales con los narcotraficantes; así como también, es materialmente imposible, que se logre aislar el territorio de los flujos globales de comercialización de la droga.
 
Finalmente la expresión de estas violencias, de estos enfrentamientos territoriales hasta hoy, se hacen imposibles de ser combatidos. Ésta es la cruda realidad; aunque muchos gobiernos de Latinoamérica se rasguen las vestiduras diciendo que combaten el narcotráfico, como por ejemplo Colombia con su tan mentado plan, que en realidad justifica el accionar de fuerzas norteamericanas en la región; ocupando un lugar geopolíticamente estratégico.
 

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