May 30 2021
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Opini贸nPol铆tica

En Chile, recuperar el sufragio obligatorio

Quienes quedaron frustrados y hasta aterrados por la composici贸n pol铆tica y social de la Convenci贸n Constituyente argumentan que 茅sta tiene poca legitimidad al representar solamente a algo m谩s del 40 por ciento de los ciudadanos. Ahora les importa que tan pocos chilenos concurran a las urnas, pero nada dijeron de las precarias votaciones que eligieron a Sebasti谩n Pi帽era y a los gobiernos de la Concertaci贸n o de la Nueva Mayor铆a. Han transcurrido varias elecciones en que no m谩s de la mitad de los ciudadanos asiste a sufragar, lo que en cada evento electoral se constata pero nada se ha hecho hasta aqu铆 por corregirlo.

En nuestro sistema democr谩tico derrumbado en 1973 uno de sus signos m谩s vitales fue siempre la alta y entusiasta concurrencia a las urnas, cuando el voto era obligatorio y la inscripci贸n electoral era exigida como un documento indispensable para la realizaci贸n de toda suerte de tr谩mites p煤blicos, incluso en las operaciones bancarias.

Pero con la Constituci贸n pinochetista, y las gr谩ciles reformas que se le hicieron en el gobierno de Ricardo Lagos, se consagr贸 el voto voluntario mediante el hip贸crita prop贸sito de respetar la libertad de las personas y servir a las convicciones liberales tan en boga dentro de la clase pol铆tica y algunos sectores intelectuales. Todo ello contribuir铆a, posteriormente, a la masiva abstenci贸n electoral de la cual hoy tantos se lamentan, dejando en evidencia que la clase pol铆tica lo que en realidad persigui贸 fue que el pueblo se mantuviera ausente del quehacer p煤blico y de la toma de decisiones respecto de su presente y porvenir. Entre par茅ntesis, llama la atenci贸n que los supuestos liberales en lo filos贸fico confluyeran, como se sabe, en los m谩s entusiastas neoliberales.

Convocados recientemente los electores a elegir un gran n煤mero de representantes en todo el pa铆s, el ausentismo en los recintos de votaci贸n volvi贸 a ser extremo y solo demostr贸 la urgencia de dotarnos de una nueva Constituci贸n, adem谩s de un sistema electoral moderno y expedito. Cuando las elecciones favorec铆an a la derecha o a la autodenominada centro izquierda, los escrutinios se proclamaban convincentes y leg铆timos, y a todos se nos exig铆a respetar un estado de derecho tan en entredicho y poco democr谩tico.

Y, claro, ante los magros resultados obtenidos ahora por quienes han gobernado por treinta a帽os a Chile abundan las cartas y comentarios en la prensa destinados a desacreditar la representatividad de los elegidos como constituyentes, gobernadores, alcaldes y concejales. Felizmente, en el propio Congreso Nacional ha surgido la tramitaci贸n de una iniciativa que busca reponer la obligatoriedad del voto.

Ahora que se va a escribir una nueva Carta Magna, ser铆a conveniente recuperar el sufragio obligatorio que tanto prestigio y solidez le dio a nuestro sistema pol铆tico hasta el Golpe de Estado. Cabe destacar que con el prop贸sito de limitar la participaci贸n ciudadana se lleg贸 a alentar la posibilidad de una 鈥渄emocracia protegida鈥 en que solo votaran los m谩s instruidos e informados. Lo que resultaba muy consecuente con el deterioro programado de nuestro sistema educacional p煤blico, haci茅ndose ostensible, al mismo tiempo, la edificaci贸n de un sistema econ贸mico destinado a ahondar las brechas de la desigualdad social.

En tres d茅cadas se impidi贸 desde el Estado recuperar los聽 derechos laborales y sindicales conculcados por el R茅gimen Militar, como todo ese rico tejido de organizaciones sociales que tanto enriquec铆an nuestra vida cultural y le dieron aire a una democracia representativa con altos 铆ndices de participaci贸n popular.

Desde La Moneda, asimismo, se acometieron acciones para acabar con la diversidad informativa, al grado que actualmente se impone la monoton铆a, y especialmente en la televisi贸n, esta es tan pavorosa como la de los mismos tiempos de la Dictadura. Pocas veces, pese a los grandes adelantos tecnol贸gicos, el pueblo ha estado privado tan severamente del acontecer internacional, como de la creaci贸n art铆stica y cultural, haci茅ndonos creer que con solo f煤tbol y far谩ndula se pueden satisfacer las necesidades del pueblo.

Millones de electores en nada se involucran con el presente y el futuro de nuestra naci贸n. Ni cuando vino el Estallido Social y los pobres y los estudiantes se levantaron en todas las calles y pueblos de Chile, se apreci贸 inter茅s mayor por ejercer la soberan铆a del sufragio y hoy, como se constata, son m谩s los que se quedan en sus hogares que los que concurren a votar, aunque se les haya extendido a dos jornadas el proceso eleccionario.

Creemos perfectamente l铆cito que nuestro sistema electoral exija la concurrencia de los ciudadanos a las urnas: los chilenos deben ser sujeto de derechos y entre todas las obligaciones que se nos imponen resulta curioso que no se nos exija tambi茅n elegir a nuestros representantes. De esta forma, lo que se fomenta, adem谩s, es la impunidad de quienes se van perpetuando en los altos cargos y se corrompen en su prolongado ejercicio.聽 Aunque algo se ha avanzado al respecto, es preciso limitar aun m谩s el n煤mero de reelecciones, castigar severamente el cohecho y restringir al m谩ximo la influencia del dinero en las campa帽as electorales.

Asimismo, es una verg眉enza que un pa铆s que presume de moderno y vanguardista mantenga un sistema de conteo manual de votos con engorrosos y dilatados escrutinios, cuando en otros pa铆ses m谩s rezagados que el nuestro se ha implementado el voto electr贸nico y, en cosa de minutos, los ciudadanos conocen los resultados de sus procesos electorales. Adem谩s, deben ofrecerse facilidades para que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos c铆vicos desde donde se encuentren, garantizando tambi茅n el voto de los ciudadanos chilenos que viven en el extranjero, los que ahora estuvieron de nuevo impedidos de votar.

Por otro lado, quienes han mantenido el sistema electoral vigente, saben que hay cientos de miles de chilenos que viven en lugares aislados y carecen de recursos siquiera para concurrir a los distantes centros de votaci贸n. Con lo cual se ha fomentado el acarreo y consolidado en muchos casos una flagrante desproporci贸n entre el n煤mero de votantes y habitantes. Se puede demostrar que hay comunas del pa铆s en que sufragan m谩s personas de las que all铆 viven, con lo cual se explica que existan alcaldes y concejales, por ejemplo, que se perpet煤an en sus cargos o los van heredando a sus descendientes y amigos.

Ser谩 siempre un derecho de los ciudadanos anular su voto o dejarlo en blanco, pero eso se debe manifestar en el secreto de las urnas y no al interior de sus hogares.

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