Mar 13 2020
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Pol铆tica

En Chile todo puede pasar con un presidente malogrado y un gobierno sin conducci贸n

Este 11 de marzo se cumplieron en Chile treinta a帽os desde el inicio del primer gobierno posdictadura y dos a帽os de la administraci贸n de Sebasti谩n Pi帽era. Pese a la supuesta聽 importancia de la fecha, el gobierno opt贸 por hacer una austera representaci贸n orientada hacia el fin de la dictadura, la recuperaci贸n de la democracia y relevar la figura de Patricio Aylwin, el primer presidente de la Concertaci贸n que sucedi贸 a Pinochet.

Nada. Silencio completo, sobre los primeros dos a帽os del actual gobierno, sumido en la mayor crisis social de estos 煤ltimos treinta a帽os.

Pinochet y Aylwin

A diferencia de la oficialidad pol铆tica, s铆 hubo actos, manifestaciones, protestas masivas en las calles de todo el pa铆s. Acciones que no solo cruzaban estos dos malogrados a帽os, sino se hund铆an en el pasado ya no tan reciente hasta la penumbra dictatorial. La llamada transici贸n a la democracia que inaugur贸 en 1990 el democratacristiano Aylwin es el proceso que se estrell贸 el 18 de octubre pasado.

El periodo hist贸rico que ha saltado en mil pedazos es aquel pacto entre la dictadura c铆vico militar y la clase pol铆tica para mantener el modelo de mercado instalado en Chile durante el r茅gimen de Pinochet.

Esta semana han vuelto los estudiantes a las calles c茅ntricas de Santiago, a evadir el pago del Metro, a instalar barricadas. Han vuelto millares de manifestantes a la hoy renombrada por el pueblo Plaza Dignidad y ha regresado la defensa territorial en los barrios empobrecidos que rodean Santiago. Una semana que fue inaugurada el domingo pasado con聽 la concentraci贸n m谩s grande en la historia de la ciudad y del pa铆s.

S贸lo en el centro de la capital se reunieron casi dos millones de mujeres para conmemorar el 8 de marzo y levantar las demandas, todas cruzadas y fusionadas con las del movimiento popular: desde la paridad de g茅nero a la condena del machismo y de las violaciones de los derechos humanos por parte de la polic铆a, al llamado por una nueva constituci贸n y a la renuncia de Sebasti谩n Pi帽era.

La indignaci贸n contra el gobierno se ha extendido por las calles en la expresi贸n de caceroleos, barricadas y protestas. Pero tambi茅n por la violencia de carabineros, recargada tras la aprobaci贸n durante enero de un manojo de leyes que endurecen las penas a los manifestantes que corten el tr谩nsito o alteren en una variedad de modalidades el orden p煤blico.

Una serie de reglamentos aprobados por una clase pol铆tica m谩s cerca del gobierno que de las calles que le ha dado 谩nimo al gabinete de Pi帽era para alentar y elogiar d铆a a d铆a a carabineros en su funci贸n controladora.

La clase pol铆tica y la prensa oficial y funcional a ella levanta la frase que condena a la violencia venga de donde venga. Pero las armas las tiene la polic铆a y los heridos, mutilados y muertos los manifestantes.聽

34 muertos por fuerzas de orden desde el 18 de octubre. Hasta finales de febrero el independiente Instituto Nacional de Derechos Humanos hab铆a contado m谩s de 3.700 heridos, de los cuales m谩s de dos mil corresponden a disparos en tanto 445 a heridos y traumas oculares causados por perdigones. Entre ellos hay dos j贸venes con ceguera total.

La mano del Estado chileno es dura y su violencia queda en la absoluta impunidad. El INDH ha constatado m谩s de diez mil detenciones de j贸venes y estudiantes y bajo la ley de Seguridad de Estado al menos dos mil han quedado en prisi贸n. Hay miles de querellas contra carabineros pero la respuesta institucional ha sido, salvo contados casos, la impunidad.

La salida que pact贸 en noviembre pasado el gobierno con los partidos, acuerdo refrendado bajo cuerdas por las elites, ha derivado en el proceso constituyente cuyo primer paso est谩 previsto en un plebiscito de entrada que cambiar谩 la constituci贸n decretada por la dictadura en 1980 y certificada el 2005 por el gobierno del socialista Ricardo Lagos.

A pesar de que los t茅rminos del pacto entre el gobierno y los partidos favorecen a los sectores conservadores en cuanto las minor铆as tendr谩n un magnificado poder de veto ante art铆culos que incomoden o resten poder a sus representados, la derecha ha levantado desde inicios de a帽o una campa帽a para rechazar en el plebiscito una nueva constituci贸n.

Una campa帽a que se amplifica d铆a a d铆a y radicaliza posiciones. Tanto, que la derecha se ha dividido entre los que aprueban y rechazan y en la creaci贸n de grupos de choque de ultraderecha armados y violentos.

El plebiscito y proceso constituyente se abrir谩 muy probablemente, ya que las encuestas proyectan una amplia mayor铆a por el apruebo, pero no ha enfriado el revuelto clima en las calles. Aun cuando las acciones no son tan masivas como en octubre, se mantienen de forma persistente y crecen con nuevas y m谩s peque帽as explosiones ante la brutalidad policial, ciertas efem茅rides o declaraciones del gobierno. La rebeli贸n se ha instalado en modo permanente, latente, ante un gobierno y un Estado incapaz de atender a sus demandas.

Una de las demandas, del c煤mulo de exigencias, la mayor铆a sociales y econ贸micas, ha sido desde octubre pasado la renuncia de Pi帽era. Llegado marzo y a casi cinco meses de la rebeli贸n, no solo se mantiene el clamor en las calles, sino que crece y se toca a la clase pol铆tica. Si hace meses un pu帽ado de diputados hab铆a propuesto la posibilidad, esta semana ya es titular de diarios y materia en puntos de prensa de diputados de oposici贸n.

Si en cinco meses la situaci贸n se mantiene pese al voto de confianza que le ha dado el parlamento, con una suma en muertos, heridos y detenidos, hay quienes han comenzado a evaluar movimientos pol铆ticos de mayor profundidad como el adelanto de las elecciones presidenciales y legislativas. Un dato de peso. Nunca en la historia democr谩tica chilena un presidente ha tenido un apoyo de solo el seis por ciento y jam谩s un parlamento una evaluaci贸n positiva de un cuatro por ciento. Todo el sistema pol铆tico est谩 por el suelo.

La efem茅ride del 11 de marzo se estrella con un Estado y un sistema pol铆tico en coma. El problema es Pi帽era, pero es principalmente el sistema pol铆tico, la institucionalidad econ贸mica, el modelo de mercado, las pensiones de miseria, la educaci贸n segregada, el abuso financiero. En suma, la desigualdad que se expresa en todas las 谩reas de la vida econ贸mica y social con concentraciones del poder y la riqueza a niveles intolerables. Por eso el estallido y por eso la protesta hoy como parte de la vida cotidiana.

En estos cinco meses Pi帽era ha errado en todo. Se ha atrincherado para no alterar el modelo neoliberal ni modificar las posibilidades de negocios del gran capital invertido en Chile. Una cristalizaci贸n de la pol铆tica con retrocesos en temas tributarios y reformas de corto plazo incapaces de responder a las demandas. Junto a ello, la agenda del orden y la promulgaci贸n de leyes represivas para penalizar las protestas y al movimiento social.

Pi帽era se ha apoyado en el cuerpo de Carabineros para mantener el orden. Y este ha sido hasta el momento tal vez su mayor error. Todos los observadores internacionales han concluido que Carabineros ha violado de forma persistente y sistem谩tica los derechos humanos de la poblaci贸n y lo ha sigue haciendo en completa impunidad.

Pese a las denuncias, los millares de registros y las recomendaciones de organismos internacionales, el gobierno mantiene intacto a un cuerpo oscuro, corrupto y con pr谩cticas internas propias de los tiempos de la dictadura.

A partir de este 11 de marzo todo puede pasar en Chile. Nada bueno si agregamos el fuerte impacto que tendr谩 en la econom铆a la inminente recesi贸n internacional, la ca铆da de las exportaciones y el deterioro del tipo de cambio. Se abre una escena oscura en la que hay una certeza. Pi帽era ser谩 incapaz de superarla.

*Periodista y escritor chileno, director del portal politika.cl

 

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