Jun 21 2012
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OpiniónPolítica

En Europa, no tenemos el monopolio de la democracia

Durante la cumbre del G20, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, afirmó que Europa no tiene que recibir de nadie lecciones de democracia. Sin embargo, la construcción europea es menos democrática de lo que se pudiera creer y la crisis no ayuda nada en este sentido.

Jos√© Manuel Barroso no siempre ha sido el hombre que dirige una Comisi√≥n Europea que no tiene ning√ļn control sobre la crisis financiera. En su juventud, su pa√≠s de origen, Portugal, se encontraba bajo el yugo de una dictadura. Su compromiso pol√≠tico est√° enraizado en opiniones democr√°ticas aut√©nticas. En la cumbre del G20 de Los Cabos, cuando afirm√≥ que Europa no tiene que recibir lecciones de nadie y menos de pa√≠ses que no son democracias, sus declaraciones no eran la expresi√≥n de un mal humor fortuito. Se trataba de una cuesti√≥n sobre la que tiene una profunda convicci√≥n.

Sin embargo, su postura plantea dos problemas. En primer lugar, Europa es una construcci√≥n menos democr√°tica de lo que pretende Barroso. Existe un abismo entre su poblaci√≥n y su administraci√≥n. Esto se debe en parte a la mala costumbre de los dirigentes nacionales de echar la culpa sistem√°ticamente de todo lo que funciona mal a ¬ęBruselas¬Ľ y por lo tanto, a Europa. Pero Europa no se limita a eso. Es la respuesta noble y heroica de la √©lite pol√≠tica a la Segunda Guerra Mundial. Como tal, este proyecto pol√≠tico es el m√°s importante de nuestros tiempos. Pero poco a poco, los motivos que dieron lugar al nacimiento de Europa resultan ser insuficientes para legitimar un proceso de unificaci√≥n sostenible.

Antes de que la crisis del euro acaparara toda la atención, resultaba cada vez más difícil ponerse de acuerdo sobre la ampliación o la profundización de la construcción europea. No reparábamos demasiado en ello mientras la Unión seguía siendo el motor de una prosperidad, una seguridad y una libertad crecientes. Esto nos lleva al segundo problema que plantean las declaraciones de Barroso en México.
 
Un dedo en la llaga

Aunque Europa se considerara una democracia, si bien en diversos grados y por lo tanto imperfecta, no podemos dejar de constatar que su modelo de crecimiento parece estar totalmente desfasado. Las regiones en las que no existe nuestro modelo renano [sistema socio-econ√≥mico basado entre otros aspectos en la cooperaci√≥n entre sindicatos y patronales] claramente se enfrentan a oposiciones e injusticias sociales m√°s destacadas. Son menos estables, al sufrir mayores choques entre la euforia y la depresi√≥n. En el mejor de los casos, somos un modelo de sociedad superior, m√°s cercano que cualquier otro a la noci√≥n de ¬ęel mayor beneficio para el mayor n√ļmero de personas¬Ľ. Pero de momento, otros sistemas, el de Estados Unidos por su flexibilidad o el de China por su dinamismo, constituyen una competencia econ√≥mica y pol√≠tica ante la cual la vieja Europa, que ha llegado a su madurez, no parece tener fuerzas para resistir.

Los dos problemas fundamentales de Europa se acent√ļan mutuamente. El descontento de sus habitantes ante un mecanismo opaco de toma de decisiones pol√≠ticas aumenta r√°pidamente ahora que Europa resulta ser incapaz de sacar de una espiral infernal al euro, la piedra angular de la unificaci√≥n. Por lo tanto, tenemos motivos para temer que el fracaso del euro produzca una herida mortal en la integraci√≥n europea. Al realizar estas declaraciones, Barroso mete el dedo, quiz√°s involuntariamente, en la verdadera llaga: ¬Ņpuede volverse Europa al mismo tiempo m√°s democr√°tica y m√°s eficaz y, por consiguiente, salir reforzada tanto en el √°mbito pol√≠tico como en el econ√≥mico? ¬ŅO bien estos dos objetivos son incompatibles?

*Publicado en De Standaard Bruselas

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