Oct 16 2007
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Economía

EN LAS AFUERAS DE LAS GRANDES ALAMEDAS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Santiago es una ciudad recoleta y descubrible, repleta de apariencias. Posee la plaza Internacional de la Libertad de Prensa en el hermoso barrio de Concha y Toro, y al mismo tiempo sufre la peor prensa del Cono Sur. Posee una alameda ancha y linda de bellos √°rboles contaminados hasta los nervios que viven, florecen y dan sombra como fruto de verano.

Posee septiembres suaves con fechas duras. En su d√≠a 11, la Asamblea de Derechos Humanos convoca, a√Īo tras a√Īo, la marcha que asciende de La Moneda al Cementerio General para recordar muertos, desaparecidos, torturados…, un recorrido tradicional que lleva la pol√≠tica al lugar de entierro. En 2005, distintos grupos complementaron la romer√≠a tradicional con una marcha en sentido inverso, es decir, prolongaba la anterior en un trayecto que transcurr√≠a del cementerio a La Moneda, de la muerte a la pol√≠tica, porque, seg√ļn argumentaron los convocantes, en el d√≠a 11 no se trataba de enaltecer la dignidad de una derrota, ni de llorar un sufrimiento tan s√≥lo, sino de otorgar un futuro al pasado.

Lo llamaron Marcha Rearme y sus animadores reprodujeron una gigantografía del Memorial al Detenido Desaparecido, la fragmentaron en 64 piezas y repartieron las porciones entre quienes quisieron llevar los paneles hacia la ciudad.

En aquel septiembre de 2005 un bosque de nombres muertos y fechas tristes fue alzado en el Cementerio General de Santiago. Cruz√≥ la salida del recinto y descendi√≥ a la ciudad con direcci√≥n a La Moneda como si se tratara del bosque de Birnam enarbolado por los hombres de Siward, avanzando hacia el castillo de Macbeth. Quiz√° el lector recuerde que fue entonces cuando el monarca de Escocia pronunci√≥, aterrado, la frase que resume los miedos del poder: ¬ęTodos a las armas¬Ľ. La fuerza p√ļblica irrumpi√≥ y desbarat√≥, lanz√≥ agua para lavar la calle de recuerdos, nombres y fechas, golpe√≥ y detuvo.

En septiembre, los d√≠as 11 y sus alrededores son cada vez m√°s duros y sombr√≠os en Santiago. En este a√Īo el dictador no estaba. Tan s√≥lo lo que de √©l queda, sus restos y su legado, lo justo y suficiente para que resonara de nuevo la invocaci√≥n a las armas. La plaza de la Constituci√≥n, frente al Palacio de la Moneda, fue cerrada por la autoridad impidiendo que las entidades convocadas siguieran la ruta de siempre hacia el cementerio, con sus banderas, retratos y paneles.

Intentaron entrar. Comenz√≥ una carga sin l√≠mite. Im√°genes de agua, de humo y de fuego, de agentes escudados como guerreros medievales, de calles agotadas por la fuerza p√ļblica y vac√≠as de autoridad pol√≠tica, avenidas del Cementerio General vulneradas por autos blindados y gente abatida frente a la tumba de V√≠ctor Jara. Todo eso sucedi√≥ el 9, el 10, el 11 de septiembre en el d√≠a y en la noche, dejando m√°s de 180 detenidos y varias denuncias por abusos sexuales de la polic√≠a en las comisar√≠as.

El Gobierno se hallaba depositando flores. Las dej√≥ en la emblem√°tica entrada de Morand√© 80 -un s√≠mbolo de la Rep√ļblica ‚Äďy en el estrecho rellano del piso segundo de La Moneda.

Santiago y su país están repletos de apariencias.

Posee una pol√≠tica p√ļblica de reparaci√≥n y memoria instruida por el primer gobierno de concertaci√≥n, que tom√≥ el reclamo iniciado ya bajo la dictadura en las afueras de las grandes alamedas. Comenz√≥ Patricio Aylwn en 1990 y encomend√≥ a Ra√ļl Rettig coordinar la comisi√≥n que dio la primera noticia oficial del terror ejecutado por el Estado.

A la vista del terrible relato de la comisi√≥n, un Aylwin sollozante, arrepentido por su pl√°cet a la acci√≥n militar y elegantemente horrorizado por lo que hab√≠a contribuido a desatar, pidi√≥ un perd√≥n simb√≥lico e in√ļtil a la naci√≥n. Pero actu√≥. Se abrieron fosas ‚Äďen Pisagua, en el Patio 29, en Paine…‚Äď, comenzaron juicios y se promulgaron las primeras leyes de reparaci√≥n social.

Al mismo tiempo desaparec√≠a el rastro emp√≠rico de los hechos, los centros de detenci√≥n y tortura eran derribados o transformados, lugares emblem√°ticos de Unidad Popular ignorados y el patrimonio democr√°tico del pa√≠s comenzaba a ser borrado. Asumi√≥ la presidencia Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ¬ŅQu√© decir de su reinado? ¬ŅQu√© decir de nadie? A Frei le amargaron el final de la presidencia con la detenci√≥n del dictador en el Reino Unido.

Lagos comenz√≥ con el nuevo siglo, y entrado su tercer a√Īo pronunci√≥ un discurso memorable: No hay ma√Īana sin ayer. Un programa que no cumpli√≥. Pero constituy√≥ la comisi√≥n presidida por monse√Īor Sergio Walech. Tras su informe se hizo el silencio en la acci√≥n administrativa, como si el buen trabajo de la comisi√≥n fuese una treta para establecer un ¬ępunto final¬Ľ moral.

Es cierto que el acuerdo firmado entre el Ministerio del Interior y numerosas agrupaciones de familiares para levantar memoriales, esculturas y símbolos contribuyó a dignificar el duelo, pero creó una memoria de piedra, una memoria intransitiva al fin y al cabo. Por supuesto, el patrimonio siguió desapareciendo, derribado o camuflado.

Con Michelle Bachelet el ánimo resurgió, por sus palabras y sus gestos. Ha ordenado la creación del Museo de la Memoria, frente al maravilloso parque de Quinta Normal, un lugar emergente de la ciudad. Al tiempo que eso acontece, el antiguo centro de detención conocido como Londres 38, vindicado por el colectivo del mismo nombre y autor de un excelente proyecto de recuperación y uso urbano de aquel lugar de memoria que puede quebrar la memoria intransitiva de la monumentalización memorial chilena, del encierro permanente en el mundo estricto de los afectados, ha sido destinado recientemente a sede administrativa del futuro Instituto de Derechos Humanos (IDH), provocando un llamamiento internacional para evitar el memoricidio.

Mientras eso sucede, un jurado resuelve sobre el proyecto arquitect√≥nico del Museo de la Memoria, los sujetos del futuro museo son allanados por una fuerza p√ļblica que parece disponer de impunidad, el ej√©rcito recuerda a puerta cerrada sus h√©roes de hace 34 a√Īos y todo parece indicar que las vindicaciones memoriales regresan a las afueras de las grandes alamedas.

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*Historiador.

Publicado en el diario espa√Īol El Pa√≠s, en octubre de 2007.

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