May 11 2005
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Cultura

En Magallanes abril fue un mes cruel

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Un canal de televisión de la capital de Chile –10 de mayo de 2005– encuesta a su audiencia: ¿Son los peruanos enemigos de Chile? Idiotez provinciana, pequeñez humana. Cinco semanas antes en la que fuera ciudad más austral del mundo –que ya no es Punta Arenas, sino Usuahia a orillas del canal Beagle– las autoridades muncipales diseñaron y respondieron un sondeo diferente.

El resultado fue que no, que la poesía –¿qué será eso?– no tiene ninguna importancia. La única víctima fue un poeta, Domingo Dinko Pavlov, macizo, alto, de no mal humor y firma fácil.

Lo que no pasaría de anécdota risueña de pobladores de un extremo del mundo cobra un carácter diferente si al hecho –que relataremos de inmediato– se lo inserta en el desarrollo moral chileno parido por la dictadura –y acunado con gozo por la coalición gobernante–.

EL GÓLGOTA DEL POETA

En palabras del periodista Alejandro Lafquén, “Resulta inaudito que se le haya confiscado el cheque que debía recibir por su merecido premio”. Éste era el Premio Municipal de Literatura José Grimaldi de Punta Arenas.

El cheque, un millón de pesos –algo así como US$ 1.600–, no se le pudo entregar porque estaba embargado. Peticionó y obtuvo en tribunales ése embargo un abogado municipal: el poeta le debe o debía una cierta cantidad de dinero a un pariente. Se sabe: los poetas no manejan bien sus caudales, no lo piensan dos veces antes de firmar un cheque o contraer un crédito.

No es la anotada la única razón para que Magallanes se haya convertido en “tierra baldía” –y en abril– para la poesía. La ceremonia acostumbradamente solemne y pública, merced a la alquimia tribunalicia y la sagacidad de los ediles, transmutó en una reunión ante mesa redonda, de madera innoble, un alcalde subrogante, un funcionario muncipal y el poeta.

El premio –el millón en un cheque y otro millón para contribuir al financiamiento futuro de una obra del escritor– se había discernido en 2004.

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PRUDENCIA MUNICIPAL

Dijo el alcalde de Punta Arenas al diario La Prensa Austral: “…Nos pareció que era más apropiado hacer una ceremonia más privada y no pública, donde el hecho bochornoso fuera menor, como definitivamente ocurrió. Pero no por falta de cuidado del municipio, sino por actitudes que cada uno evaluará”. De este modo se justificaba la ofensa –no a Pavlov, a la literatura– de entregar el pergamino, certificado o lo que fuera al escritor en un acto a puertas cerradas, sin publicidad ni invitación a la ciudadanía.

El “hecho bochornoso” era la deuda del poeta con un pariente del abogado municipal. No está de más afirmar que Pavlov jamás la negó y que era una más entre las cosas de conocimiento público en la sociedad magallánica.

En Magallanes casi todo es de conocimiento público; hace muchos años algunos emprendedores instalaron un motel –refugio para enamorados– cerca de Punta Arenas. No terminaba de inaugurarse cuando un altozano próximo al edificio se convirtió en paseo favorito. De resultas se sabía de inmediato con quien se acostaban con quienes los que allí iban a esos “ratos cortos de amor”.

Magallanes se plegó nomás a la característica nacional chilena esconder. Tal vez debido a ella, a la necesidad de esconder, no pocos historiadores y antropólogos establecen que la elite dominante es endogámica: que nada salga de debajo de la alfombra.

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En todo caso no nos parece que el alcalde de la lejana Punta Arenas tenga demasiados vínculos con dicha elite, pero la generosidad del “goteo” a que aspiraron, inocentes, los reemplazantes de la dictadura en el plano económico, y por lo que tanto dieron y dan a los que mucho tienen, sólo ocurre en el plano de las costumbres. La elite será endogámica, pero nunca generosa. El alcalde barrió hacia adentro.

 
Pavlov de todos modos recitó su discurso de aceptación, como se estila. Recordó que el certamen fue abierto a principio del año pasado y que cuando se debía definir al ganador fue reabierta la recepción de trabajos literarios. Además –citamos al mismo periódico–:

“El escritor no pudo evitar la risa cuando llegó a una parte del discurso en la que señalaba: ‘no quiero dejar pasar esta tal vez única oportunidad de estar frente a los señores alcalde y concejales para proponer la creación de un concurso alternativo de poesía dirigido a la juventud’”. Un edil justificó su inasistencia: “No tenía la menor idea”.

Recuerdo a Boris Pavlov –magallánico también, que alguna relación de parentezco pudo haber tenido con el poeta–. Más de una vez arrastró deudas y enfermedades. Nunca escribió, era artesano en cuero. Hubiera reído a carcajadas, y dicho: “No importa, las deudas se pagan y pasan, la poesía queda”. Boris murió orgullosamente pobre.

Domingo Pavlov publicó en 1982, su primer libro: Escape imaginario. Una docena más y una tarea de muchos años, que incluyen relatos, poesía y novela. son su tarjeta de visita.

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