Sep 29 2012
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Sociedad

Estados Unidos en su decadencia: el general sodomita

Un brigadier-general de ejército —cinco estrellas, no por los actos de los que fue estrella— es acusado de sodomía forzosa, sexo indebido (adulterio), violación y alcoholismo; su última “misión” la cumplió en Afganistán, donde amplió su largo prontuario asesino e inmoral que no figura en el acta acusatoria y al que la vocería del ejército no se refiere.| ALEJANDRO TESA.

 

El ejército estadounidense acusó al brigadier general Jeffrey Sinclair de sodomía forzosa en las personas de mujeres del servicio, otras conductas sexuales impropias, relaciones inadecuadas con los subordinados y conductas que desacreditan la institución militar. Voceros uniformados de Fortg Bragg informaron que también al general se le imputan cargos de posesión de pornografía y abuso del alcohol en su puesto de trabajo.

 

El militar de 27 años de servicios en el ejército, tres misiones en Afganistán y dos en Irak, enfrentará una audiencia preliminar con el fin de determinar si será el tercer alto oficial sometido a Corte Marcial.
Sinclair fue subjefe de logística y apoyo de las fuerzas de la 82 División Aerotransportada (82nd Airborne División) en Afganistán, y en mayo pasado se le ordenó regresar a Fort Bragg, Carolina del Norte, sede de esa unidad, aunque las autoridades militares no informaron acerca de las causas de su retorno.

 

La 82 DAT tiene una larga historia de crímenes y abusos contra la población civil durante en intervenciones militares de Estados Unidos en América Latina (Granada y Panamá) y otros países del mundo; la participación de Sinclair en esos crímenes y abusos no consta en el acta acusatoria.

 

El caso del general Sinclair deja al descubierto una filosofía de guerra que tiene en su práctica común la tortura con depravada legalización y otras violaciones de los derechos humanos tanto para víctimas como para victimarios por parte del imperio norteamericano y sus aliados, que explicarían, por otra parte, el gran número de suicidios de soldados.

 

Enseña la historia de los grandes imperios —el romano, por ejemplo— que cuando la corrupción se asienta en sus fuerzas armadas dicho flagelo ya preside la acción gubernamental civil; es un fenómeno propio de la decadencia moral de una sociedad y anticipa la caída de su poderío en todos los órdenes.

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