Jun 14 2010
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Ciencia y Tecnología

Estados Unidos: los fármacos psiquiátricos y los niños

Bruce E. Levine.*

El ensayista John Zerzan  suele aludir en sus textos a ese gusto de dopar a los niños de su país —Estados Unidos— para que "se dejen de joder" (y se integran al sueño de la pesadilla de sus mayores). Pero, claro, Zerzan es anarquista: poco confiable. El autor de este ensayo no es sospechoso de aquello —y lo demás no será mera coincidencia.

Los niños cubiertos por Medicaid son mucho más propensos a que les prescriban fármacos antipsicóticos que los niños cubiertos por un seguro privado, y los niños cubiertos por Medicaid tienen una probabilidad mayor de que les prescriban estos medicamentos, aun sin presentar síntomas psicóticos.
Esto es lo que publicó el 19 mayo del 2010 el Journal of American Medical Association (JAMA) en el artículo: "Studies Shed Light on Risks and Trends in Pediatric Antipsychotic Prescribing” (Unos estudios arrojan luz sobre los riesgos y las tendencias a prescribir antipsicóticos pediátricos).

Investigadores de la Universidad de Rutgers y de la Universidad de Columbia encontraron que los niños y adolescentes cubiertos por Medicaid tenían cuatro veces más probabilidades de recibir un antipsicótico que los que disponían de un seguro privado en el año 2004.

Entre las personas de 6 a 17 años que estaban cubiertos por Medicaid, a un 4,2 por ciento se les prescribió al menos un medicamento antipsicótico. Por el contrario, entre los que en ese mismo grupo de edad tenían seguro privado, se les prescribió menos de un uno por ciento de antipsicóticos.

Casi la mitad de estos pacientes pediátricos cubiertos por Medicaid que reciben fármacos antipsicóticos tenía el diagnóstico del trastorno de hiperactividad por déficit de atención (TDAH) o algún otro trastorno de comportamiento perturbador. Por el contrario, de los pacientes con seguro privado pediátrico que recibieron antipsicóticos, aproximadamente sólo una cuarta parte fueron diagnosticados con TDAH o algún otro trastorno de comportamiento perturbador.
 
El último número de JAMA también publica informes preocupantes sobre otro estudio publicado a principios de este año en la revista Pediatrics. Este estudio, realizado por Robert Penfold del Departamento de Población de Medicina en la Harvard Medical School y el Harvard Pilgrim Health Care Institute, examinó el uso del antipsicótico Geodon (ziprasidona) en pacientes pediátricos cubiertos por Medicaid en Michigan en el 2001.

De los pacientes pediátricos que habían sido diagnosticados con un trastorno psiquiátrico y que habían recibido Geodon, sólo el 53,3 por ciento tenían en realidad un diagnóstico de psicosis. Los otros niños que recibieron Geodon tenían uno o más de los siguientes diagnósticos: el 24,1 por ciento fueron diagnosticados con trastorno de la personalidad explosiva, el 17,6 por ciento fueron diagnosticados con trastorno depresivo, y el 13,1 por ciento de estos niños a quienes se prescribió Geodon tenía un trastorno de oposición desafiante (ODD).

¿Qué se necesita exactamente para obtener un diagnóstico de ODD? Cuatro de los ocho siguientes síntomas deben persistir durante al menos seis meses:
 
— A menudo pierde los estribos.
— A menudo discute con adultos.
— A menudo desafía activamente o se niega a atender las peticiones de adultos o de las normas.
— A menudo hace las cosas deliberadamente para molestar a otras personas.
— A menudo culpa a otros de sus errores.
— A menudo es susceptible o fácilmente molestado por otros.
— Con frecuencia está enojado y resentido.
— Con frecuencia es rencoroso o vengativo.
 
En otras palabras: a un gran número de niños cubiertos por Medicaid les son prescritos los principales y peligrosos físicamente fármacos antipsicóticos y tranquilizantes por ser rebeldes. Pero la cosa es aún peor: el artículo de Pediatrics informa que casi un tercio de los pacientes pediátricos cubiertos por Medicaid que recibieron Geodon no tenían ningún diagnóstico psiquiátrico.
 
Los antipsicóticos tienen efectos físicos muy peligrosos. El artículo de JAMA se refiere a un anterior estudio de la misma revista en 2009 hecho por el médico Christoph Correll que examinó los efectos adversos de los fármacos antipsicóticos en pacientes con edades comprendidas entre 4 y 19 años que fueron atendidos en las clínicas en Queens, Nueva York, entre diciembre de 2001 y septiembre de 2007.

Después de tres meses, estos antipsicóticos causaron un aumento de peso severo y rápido a los pacientes al ganar entre 4,4 kg y 8,5 kg después de una media de 10,8 semanas, mientras que un grupo de control sólo ganaron 0,2 kg de promedio. El uso de los antipsicóticos Zyprexa (olanzapina) y Seroquel (quetiapina) se asociaron con elevaciones significativas del colesterol total, los triglicéridos, del colesterol con lipoproteína de baja densidad, y de la proporción de triglicéridos con colesterol con lipoproteína de baja densidad. 

El artículo del 19 de mayo 2009 en JAMA señala que el estudio Correll "se suma a un creciente cuerpo de evidencia que sugiere que los niños y los adolescentes son más vulnerables a los efectos adversos de los antipsicóticos, incluida la ganancia de peso no natural y trastornos lipídicos, sino también a la sedación, efectos adversos de tipo extrapiramidal, la elevación de prolactina, y el retraimiento." 
 
En resumen: si usted es un niño pobre en los EE.UU. tiene cuatro veces más probabilidades de ser recetado con fármacos antipsicóticos que si no lo es.

Además, por ser pobre duplica la probabilidad de que usted reciba medicamentos antipsicóticos si sólo tiene uno de los llamados "trastornos perturbadores" y no psicóticos. Y si usted es pobre también significa que tiene una alta probabilidad de recibir medicamentos antipsicóticos, incluso si no tiene ninguna enfermedad psiquiátrica en absoluto.

Por lo tanto, ser pobre significa tener muchas más posibilidades de ser innecesariamente recetado por el tipo de drogas psiquiátricas que pueden provocar sobrepeso y, posiblemente, una amplia gama de graves problemas físicos. 

Cada vez más, los niños estadounidenses que crean conflicto a las autoridades se hacen más propensos a ser psiquiátricamente drogados, pero parece que la tensión producida por el mal comportamiento de los niños pobres estadounidenses crea incluso una mayor probabilidad de que se les recetarán las contundentes píldoras tranquilizantes, los antipsicóticos.
 
* Psicólogo clinico, autor de varios libros sobre su especialidad.
En www.sinpermiso.info, traducción al castellano de Sergi Raventós.

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