Jul 6 2020
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CulturaPol铆tica

Estatuas rotas: Rupturas epocales, disputas por la memoria y cambio social

En las 煤ltimas semanas se escuch贸 el sonido de estatuas destrozadas y pedestales quebrados. Activistas enemigos de las herencias coloniales ataron cuerdas y cadenas en los cuellos de bronce de 茅pocas despreciables. La irritaci贸n de los manifestantes se inici贸 con el asesinato de George Floyd, pero su onda expansiva se desplaz贸 hacia las representaciones de los victimarios de los pueblos originarios, curiosamente coincidentes.

El 25 de mayo 煤ltimo, en Minneapolis, se inici贸 una protesta social multitudinaria que cubri贸 el territorio de los Estados Unidos pero que luego se extendi贸 hacia otras ciudades del mundo. El contexto del聽 distanciamiento social no impidi贸 que cientos de miles de personas se congregaran para revelar su hartazgo respecto a un sistema que necesita de la discriminaci贸n para su autopreservaci贸n.estatua-derribada-racismo-eu

Cuando el Covid-19聽 se transform贸 en una pandemia, muchos analistas se preguntaron sobre sus posibles consecuencias y sobre cu谩les ser铆an los actores sociales colectivos que influir铆an en sus efectos y secuelas. Apenas tres meses despu茅s se advierten algunas respuestas. El virus dej贸 al desnudo diferentes superficies infectadas del engranaje neoliberal, pero la pausa global no logr贸 disimular algunas de sus partes constitutivas, sobre las que fundan la cultura racialista de la modernidad.

El supremacismo, m谩s o menos expl铆cito, es una condici贸n de posibilidad del entramado neoliberal. Sus beneficiarios se han postulado hist贸ricamente como los promotores de una etapa racional y sensata de la civilizaci贸n. Para justificar su continuidad como redentores de la humanidad han apelado a la naturalizaci贸n del sometimiento y a la sacralizaci贸n de sus ornamentos urbanos, emplazados como adorno pero tambi茅n como dispositivo de advertencia y disciplinamiento.

Las movilizaciones que terminan destruyendo monumentos, que los vandalizan, manchan o que llevan a cabo intervenciones sobre ellos est谩n desafiando la argamasa simb贸lico-cultural sobre la que se sustenta el orden social. Su malestar se orienta a rechazar tanto su impronta b茅lica como su persistencia represiva. La primera fase de la movilizaci贸n social, convocada para repudiar el asesinato de Floyd, consisti贸 en desplegar consignas contra la desvalorizaci贸n de la vida de los afrodescendientes.

Gran Breta帽a se encara a su pasado esclavista, imperial y racista ...La segunda etapa cuestion贸 las estatuas de los referentes esclavistas ligados a la Guerra de Secesi贸n de mediados del siglo XIX y a sus traficantes de esclavos asociados. El 煤ltimo movimiento de protesta se aglutin贸 en torno a las representaciones imperiales expresadas por la imagen de Crist贸bal Col贸n. En Boston, una estatua del marino italiano fue decapitada en rechazo al sufrimiento causado a los pueblos originarios. En la ciudad de Bristol, en el Reino Unido, el monumento que recordaba聽 al esclavista Edward Colston fue arrojado al r铆o Avon.

Las manifestaciones que se suceden desde hace m谩s de un mes tendr谩n sin duda consecuencias en la campa帽a electoral estadounidense, de cara a los comicios de noviembre pr贸ximo. Sin embargo, quienes agitan la consiga de Las vidas de los negros importan (Black Lives Matter) no objetan 煤nicamente un presente electoral. Advierten una realidad disimulada y/o escondida: que la poblaci贸n afrodescendiente es la minor铆a m谩s golpeada por el desempleo, que sufren los m谩s altos 铆ndices de encarcelamiento y que es la m谩s castigada por la epidemia de las adicciones.

Adem谩s, la respuesta al crimen contra Floyd no se agota en el antirracismo. Se ampl铆a hacia otras expresiones rec贸nditas del sometimiento: contra las representaciones de quienes instauraron la comercializaci贸n de seres humanos y contra quienes se enriquecieron con la acumulaci贸n de riqueza generada por el trabajo esclavo.No toquen los monumentos a Washington, Jefferson, Lincoln y Grant ...

Superh茅roes esclavistas

Como contrapartida, los grupos hegem贸nicos herederos y beneficiarios de la l贸gica supremacista 鈥揾oy devenidos en rentistas de los esquemas financieros鈥 intentan preservar la memoria de sus ancestros, los mercaderes de carne humana, porque de esa rememoraci贸n聽 tambi茅n depende la continuidad de su identidad legitimada. Son conscientes de que su perdurabilidad como grupo tambi茅n depende de que se cuestione lo menos posible la impunidad de la dominaci贸n, en todas de sus formas.

Con ese cometido, para impedir la continuidad de este desorden subversivo, el Presidente Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva en la que se proh铆be destruir monumentos, dado que forman parte de los contenidos fundacionales de la sociedad estadounidense. Efectivamente: para que la l贸gica imperial pueda perpetuar su rol de gendarme planetario 鈥揺sbozan los indignados defensores de las estatuas鈥 deben preservarse los lazos hist贸ricos que vinculan y actualizan el permanente 茅nfasis guerrerista.

Progreso, populismo y deconstrucci贸nGran parte de los monumentos atacados por los manifestantes, advierten las organizaciones de Derechos Humanos, fueron emplazados con posterioridad a la Guerra Civil (1861-1865), con el expl铆cito objetivo de someter culturalmente a la poblaci贸n afrodescendiente, garantizar la continuidad de su segregaci贸n y desvalorizar la libertad recientemente obtenida.

A mediados de junio la senadora estatal de Virginia Mamie Locke explic贸 el malestar de la comunidad negra respecto a determinado mobiliario urbano: 鈥淓sas estatuas no fueron erigidas para hablar sobre la realidad de la historia. Fueron erigidas para decirme a m铆 y al resto de los afrodescendientes que 鈥榮us vidas realmente no me importan鈥欌.

La bandera de la Confederaci贸n 鈥搎ue funciona como divisa para los grupos supremacistas鈥 sirve para humillar a los descendientes de esclavos con el objetivo de impedirles abandonar la actitud de resignaci贸n y subordinaci贸n introyectada por los mercaderes. Sus integrantes son hom贸logos a quienes defienden la portaci贸n de armas de guerra para usos civiles. Son parientes tambi茅n de los que desprecian a los inmigrantes y que resguardan el esp铆ritu militarista que legitima bombardeos e invasiones.

Estos defensores del orden consideran que es ignominioso destrozar iconograf铆as urbanas porque suponen una afrenta contra su聽 identidad. Se resisten a aceptar que muchos transe煤ntes se ven obligados a observar 鈥揷omo si fuesen altos dignatarios o pr贸ceres鈥 a los torturadores y asesinos de sus antepasados.Zool贸gicos humanos 鈥 Afrof茅minas

Entre 1870 y 1930 se difundieron por Am茅rica del Norte y Europa los zool贸gicos itinerantes humanos. El objetivo, presentado con 谩nimo antropol贸gico, permit铆a observar detenidamente a quienes se defin铆a como criaturas diferentes 鈥損rocedentes de 脕frica y otras regiones perif茅ricas鈥. En 1958, durante la denominada Exposici贸n Universal de Bruselas, se mont贸 el 煤ltimo zool贸gico de personas en el que se exhibi贸 (para la educaci贸n y diversi贸n de los europeos blancos, 鈥渆n condiciones aut贸ctonas鈥) a familias africanas en una situaci贸n hom贸loga a la de otras especies de mam铆feros.

La Segunda Guerra Mundial hab铆a concluido pocos a帽os atr谩s, pero la experiencia belga en el Congo 鈥揹onde se llev贸 a cabo el genocidio m谩s cruento del Siglo XIX鈥 nunca produjo un juicio de Nuremberg. La expo fue muy exitosa y tuvo una duraci贸n de 200 d铆as. El concepto organizador de la mismas fue exponer los avances tecnol贸gicos, sociales y culturales de la posguerra. Bruselas es hoy la capital del Parlamento Europeo.

El derribo de estatuas, todo un s铆mbolo del cambio de la historiaCuestionar el pasado a trav茅s de sus monumentos y dilucidar el rol de los pr贸ceres supone tambi茅n debatir el presente. Toda estatua busca imponerse como pretensi贸n de inmortalidad. Su emplazamiento intenta consolidar una versi贸n p煤blica y representativa del pasado. Sin embargo, todas las sociedades intervienen en forma permanente sobre sus monumentos hist贸ricos con el objeto de otorgarles un sentido adecuado y coherente con su devenir presente.

La historiadora del arte Erin Thompson considera que 鈥渆l poder quiere siempre auto preservarse: por eso 鈥揺n la historia鈥 la destrucci贸n es la norma y la preservaci贸n es la rara excepci贸n. Como humanos, hemos estado haciendo monumentos para glorificar a las personas (鈥) y otras personas han comenzado a derribarlos. Hay estatuas del antiguo Cercano Oriente de los reyes asirios que tienen talladas maldiciones que dicen 鈥榓l que derriba mi estatua, d茅jelo sufrir por el resto de su vida鈥欌.

Ning煤n criminal hist贸rico ha logrado per se garantizar la permanencia de su busto luego de las sistem谩ticas reconsideraciones y balances sobre su trayectoria biogr谩fica. Siempre han logrado posar para alg煤n artista mercenario pero no han impedido que la impetuosa horda humana saldara cuentas con sus mezquindades y sus bajezas. Ni siquiera su pretendida eternidad les fue garantizada.El derribo de estatuas, todo un s铆mbolo del cambio de la historia

El 煤ltimo mi茅rcoles 1掳 de julio, el juez federal Daniel Rafecas identific贸 un inmueble en el barrio porte帽o de Floresta donde funcion贸 un Centro Clandestino de Detenci贸n durante la 煤ltima dictadura genocida. En su dictamen, dispuso que dicho predio deb铆a transformarse en un Sitio de Memoria. En 2018 falleci贸 el investigador catal谩n Josep Fontana i L谩zaro. Una de sus sentencias m谩s recordadas consigna que 鈥渟i para alguna cosa sirve la historia es para hacernos conscientes de que ning煤n avance social se consigue sin lucha鈥.

*Soci贸logo, doctor en Ciencias Econ贸micas, analista senior del Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la). Publicado en elcohtealaluna.com

 

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