Jul 23 2016
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PolíticaSociedad

Eurohorror: Terror y muerte en un shopping de Munich/ Confrontación confesional, xenofobia y exclusión

El terror se apoderó el viernes 22 de julio de la ciudad alemana de Munich al producirse un ataque en el centro comercial Olympia-Einkaufszentrum con un saldo de por lo menos diez muertos y 21 heridos. La policía declaró un “alta alerta terrorista” tras el tiroteo.

La policía local informó al principio que habían actuado tres atacantes, pero luego aclaró que casi con seguridad había sido uno solo, un alemán de 18 años de origen iraní que vivía en Munich desde hace muchos años. El atacante se habría suicidado después de la masacre, agregó el vocero policial. El terrorista, pertrechado con un arma larga, se dio a la fuga después de haber disparado en un restaurante de comida rápida en uno de los centros comerciales más grandes de la capital de Baviera. La policía dijo que no hay indicios de que se trate de un atentado de islamistas radicales. “Es prematuro especular sobre el motivo de los atacantes”, aseguró el portavoz policial Marcus da Gloria Martins. “Hablamos de un ataque terrorista porque ante esta alerta alcanzamos el mayor despliegue de seguridad”, explicó un alto funcionario de seguridad. Tras varias horas de búsqueda de los supuestos fugitivos, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, dijo que el motivo del horrible ataque no está claro y que las evidencias son contradictorias.

Horas más tarde la policía informó que el cadáver de un hombre que fue hallado cerca del centro comercial correspondería al único atacante que habría actuado en el atentado, quien luego se habría suicidado. El hombre llevaba una mochila que está siendo examinada por expertos en artefactos explosivos.

“Estamos analizando de forma intensa la posibilidad de que se trate de un atacante”, dijo un portavoz de la policía de la ciudad alemana. En Internet y en los medios circula un video sobre un hombre vestido de negro que abre fuego a quemarropa contra gente en la acera delante de un restaurante de cómidas rápidas. No está confirmado si fue grabado durante el ataque de ayer. También se especula con que el ataque podría haber sido perpetrado por radicales de derecha. Un video en Internet del que se hicieron eco los medios alemanes muestra a un presunto agresor discutiendo a gritos con un vecino en el que dice “Soy alemán, nací aquí”. Testigos citados por CNN y medios alemanes aseguran que los atacantes gritaban “extranjeros de mierda”.

Las autoridades llamaron a la población a no abandonar sus casas. Todo el transporte urbano (metros, autobuses y tranvías) quedó paralizado y también fue suspendido el tráfico ferroviario. La estación central de Munich fue evacuada. La policía pidió a los conductores que abriesen paso a los patrulleros y vehículos policiales en las autopistas hacia la capital bávara. Médicos y enfermeras fueron llamados a asumir turnos adicionales en los hospitales.

ale munich tiroteo3Tras el atentado en el centro comercial conocido como #Oez que está en el distrito de Moosach cercano al Parque Olímpico de la ciudad, trascendieron versiones de un tiroteo en una plaza del centro de la ciudad. La policía desplegó un gran operativo en el centro después de que muchas personas corrieran en la zona presas del pánico, pero luego aseguró que se trató de una falsa alarma. Policías fuertemente armados patrullan también en estaciones de metro del centro. Poco después del atentado las autoridades efectuaron un llamamiento a la población a través de un sistema de alarma de teléfonos celulares instándolos a permanecer en sus hogares. “No sabemos dónde están los agresores. Cuídense y eviten los lugares públicos”, habían alertado a través de la red Twitter.

El primer ministro de Baviera, Horst Seehofer, y el titular de Interior bávaro, Joachim Herrmann, pusieron en marcha un gabinete de crisis. Policías de toda la ciudad acudieron al centro comercial que fue escenario del tiroteo y acordonaron ampliamente la zona. Varios helicópteros sobrevolaban la ciudad, a la que fueron destacadas tropas de elite procedentes de Bonn.

El tiroteo comenzó a las 17.52 hora localen un restaurante de cómidas rápidas en el centro comercial Olympia, dijo el viceportavoz de la presidencia de la policía de Munich, Thomas Baumann. El centro comercial se encuentra enclavado en un área residencial y está a dos estaciones de metro del Estadio Olímpico de la ciudad. Tiene 135 locales comerciales y es uno de los mayores centros de compras de Munich. Al principio, la situación era muy confusa, y diversos videos y fotos empezaron a circular por las redes sociales mostrando escenas de pánico, con personas corriendo por el centro comercial a la búsqueda de un refugio, policías ingresando a los estacionamientos, e incluso posibles tomas de los tiradores saliendo del lugar. Otros archivos que circulaban por las redes sociales dejaban oír el sonido de los disparos, que empezaron en el local de la hamburguesería McDonald’s integrado al shopping.

En el noreste de la ciudad, allí donde se registraron los disparos en el centro comercial, regía el estado de excepción. Rápidamente la policía cercó y evacuó la zona. Seguía prevaleciendo la incertidumbre y la policía pidió a los ciudadanos que permanezcan en sus casas. Un viernes por la tarde normalmente la zona está en plenitud. Todas las grandes marcas tienen tiendas en el centro comercial.ale munich tiroteo1

La policía llamó a la población a no publicar fotos ni videos de los operativos policales. “Por favor, no publiquen en la red fotos/videos de las medidas policiales en el lugar del hecho. ¡No apoyen a los agresores!”, tuitéo. Facebook activó en horas de la tarde el “Safety Check” a través del cual los usuarios pueden dar señales de que se encuentran a salvo. Asimismo, habitantes de la ciudad emplearon en Twitter el hashtag #OffeneTür (Puertas abiertas) para ofrecer o recibir refugio en la ciudad. Los pasajeros que hayan quedado varados por la suspensión del tránsito ferroviario hacia Munich por el ataque en un centro comercial podrán pasar la noche en trenes en las afueras de la ciudad alemana, informó ayer la compañía ferroviaria Deutsche Bahn. Además, varios hoteles se ofrecieron a albergar gratuitamente a gente que quedó varada en Munich.

El ministro del Interior de Alemania, Thomas de Maizière, que al momento del atentado se encontraba en un avión que lo llevaba a los Estados Unidos, donde iba a iniciar sus vacaciones de verano, retornó inmediatamente al país. Cerca de las 21, hora local , la cancillería federal convocó a una reunión de crisis para seguir la evolución de la situación. La canciller, Angela Merkel, no se encontraba presente, pero presidirá hoy una reunión del Gabinete Federal de Seguridad, junto a los titulares de las principales carteras, para analizar la situación tras el brutal ataque, comunicó la cancillería alemana. A la reunión asistirán, además de Merkel, su jefe de Gabinete, Peter Altmaier; la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen; el vicecanciller, Sigmar Gabriel; el ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier; el de Justicia, Heiko Maas; el de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y el de Cooperación, Gerd Müller.

Alemania es sacudida por segunda vez en pocos días por un acto de terror. El lunes, un refugiado afgano de 17 años atacó con hacha y cuchillo a pasajeros en un tren regional al grito de “Alá es grande” dejando un saldo de cuatro heridos graves. El joven fue abatido por la policía. Los especialistas en terrorismo habían avisado de la posibilidad de atentados en “objetivos blandos” poco vigilados como centros comerciales, escuelas u hospitales.

Anexo 1

Tiempo de horror, también para los “sudacas”ale horror1

Miguel Ángel Velázquez|En las calles de Berlín la gente parece desconcertada. Las miradas se entrecruzan y levantan un enorme por qué, que busca respuestas a las historias de antes, ahora. De todos lados. Tal vez sea siempre así, pero la calle que lleva a las puertas de Brandenburgo está cerrada y hay policías por todas partes.

El centro comercial Olympia, en Múnich, muy lejos físicamente de Berlín, parece hallarse a la vuelta de la esquina. El miedo se contagió en cuanto se difundieron las primeras imágenes. La gente empezó a abandonar los cafés, los restaurantes. Cuentan que las tiendas departamentales, que cierran a las ocho de la noche, se vaciaron antes de la hora, que señala el final del día laboral.

Son momentos de confusión que obligan a rastrear entre las culpas del racismo, por ejemplo, las explicaciones al terrible atentado, que mete tiros entre la gente pero que se clava entre los alemanes como espina en la planta del pie, que ya no los deja caminar tranquilos por sus hermosas calles.

Lo sabe Luis. Viene de la Patagonia a estudiar las relaciones entre Chile y Alemania. Cuenta con una sonrisa de amargura que apenas el fin de semana pasado halló entre los avisos comunes de la universidad tres direcciones, que prometían fiesta a quienes acudieran a ésta.

Así, aquella noche, tocó tres veces a tres diferentes puertas, las cuales se abrieron. Le dijeron que se trataba de festejos privados y que tenía que llegar con invitación. Sabía que el pretexto reiterado era sólo para impedirle el paso. Aceptó que nosotros, bajitos y morenitos, no tenemos cabida en esos lugares. Eso no medra su interés por seguir en la escuela en este país, que parecería no quererlo, pero él se aferra a la idea de regresar a Chile con el título de doctor.

Los motivos de la sinrazón ahora ya no tienen importancia. Queda lo que viene: hallar a los culpables para que paguen el abono de esta guerra a plazos, que todos los días escribe una nueva tragedia.

A cada momento la memoria apaña un nuevo error. En enero de 2015, Charlie Hebdo. Luego, a finales de ese año, en noviembre, aquello que se conoce como el atentado contra el Bataclan, que en realidad fueron varios, los cuales sumaron más de 130 muertos. Posteriormente, Niza. Después, Turquía; ahora, Alemania.

Lo de hace un rato parece ya olvidado. Los cafés y los restaurantes vuelven a vivir minutos de sonrisas desenfadadas, de glotonerías nocturnas, y los carros de 12 pedales, en los que se vende cerveza, pasan por las calles con el pedaleo alegre de los jóvenes, quienes tal vez no saben del Olympia o, como a los mayores, ya se les fue de la memoria, que se cansó de acumular los tiempos del horror, que no cesan.

*Publicado en La Jornada

Anexo 2

Confrontación confesional, xenofobia y exclusiónale horror2

Eduardo Febbro| Ben Laden y el entorno teórico de Al Qaeda están obteniendo una horrenda victoria póstuma a través del Estado Islámico. Las miles y miles de personas que mueren víctimas de los atentados en varias regiones del mundo tienen un origen teórico común, una decisión estratégica fundacional pactada por Estados Unidos y Arabia Saudita y un error garrafal cometido en Irak luego de la invasión de 2003. Esos tres elementos van a diseñar el espantoso mundo en el cual vivimos.

El jihadismo que conocemos hoy se nutre de tres fuentes. En primer lugar, es hereditario de la política que Washington y Riad implementaron a finales de los años 70 (1979) mediante la cual islamizaron, con la ayuda de Bin Laden, la resistencia interior contra la invasión soviética de Afganistán. Por ese diseño pasó también, aunque con otras intenciones, una multinacional argentina, Bridas, cuando, antes que los enceguecidos norteamericanos, va a descubrir la utilidad de los talibanes en su proyecto de trazar el recorrido de un gasoducto de cerca de 1500 kilómetros que iba dese Turkmenistán hasta Pakistán. En segundo lugar, los atentados en Occidente se inspiran en una obra teórica de 1.600 páginas escrita por Abou Moussab al-Souri, el teórico de la tercera jihad y ex mano derecha de Ben Laden. Este sirio nacido en Alepo hace 60 años plasmó en en el libro “Llamado a la resistencia islámica mundial” lo que el Estado Islámico está llevando a cabo en la realidad, o sea, la Jihad global del pobre. La obra, aún accesible en internet, se ha convertido en una biblia y en el manual de iniciación básico para todos los candidatos a la guerra santa contra Occidente. El tercer elemento es la invasión de Irak, la disolución de la policía y el ejército iraquí decidida por un analfabeto critico de las relaciones internacionales, el administrador civil de Irak, el norteamericano Paul Bremer, el montaje posterior de un gobierno iraquí de mayoría chiíta pero tan violento como corrupto y el aislamiento de la minoría sunnita en el seno de la cual estaban los altos mandos del ejercito iraquí, los servicios secretos, los miembros del partido Bass y la policía, hoy espinas dorsales del Estado Islámico.

Pero la cuna es siempre una combinación de la confrontación durante la llamada Guerra Fría entre las dos potencias, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, los intereses gasíferos y petroleros, Irak y el extremismo islamista, el cual, con la ayuda de Arabia Saudita, Estados Unidos y Pakistán, será propagado, armado y entrenado por la primera potencia mundial con el objetivo de desalojar al ejército rojo de Afganistán. Todos los hechos terminan componiendo el eslabón de una cadena que llega hasta nuestros sangrientos días y en la cual el libro de Abou Moussab al-Souri es una pieza fundamental. El “Llamado a la resistencia islámica mundial” es, ante todo, el producto del desacuerdo entre Osama Bin Laden y Abou Moussab al-Souri, nombre de guerra con el que remplazó al auténtico, Mustafá Setmariam Nassar. Al-Souri estaba totalmente en contra de actos terroristas tentaculares y espectaculares como el que Bin Laden cometió en Estados Unidos en septiembre de 2001. Para él, ese tipo de estrategia sólo podía acarrear consecuencias destructoras porque accionaban dos resortes de una potencia con una capacidad de intervención militar enorme: primero, el aumento de los créditos militares, dos la invasión de los llamados “territorios cuna”, es decir, Afganistán. No se equivocó, el 11 de septiembre atrajo a Estados Unidos a Afganistán y esa expedición militar terminó con el desmantelamiento casi total de Al Qaida. La ex cabeza pensante de Bin Laden criticó a su jefe en un correo electrónico donde decía: “nuestro hermano fue contaminado por la enfermedad de las pantallas, los flashes, sus admiradores y los aplausos”. Abou Moussab al-Souri propuso cambiar la meta y apuntar no hacia los Estados Unidos, país muy alejado y potente, sino hacia lo qué el llamaba “el vientre blando” de Occidente, es decir, Europa. Para ello, el sirio -más tarde nacionalizado español en virtud de su matrimonio con una española–, inventó el término de “nizam la tanzim”, un “sistema pero no una organización”: es decir, una estructura terrorista compuesta por células auto gestionadas, sin lazo con un órgano central, una suerte de jihad horizontal autónomo, separado de cualquier idea piramidal. Ya hemos visto su eficacia en los últimos años. Internet y las redes sociales serán en esa visión otro aporte clave porque ambos, en la idea de al-Souri, ocupan el lugar de las mezquitas o los imanes. Sin contacto físico, sin frecuentación de lugares vigiladas, los individuos se empapan en esa opción.ale horror

En su libro, Abou Moussab al-Souri calculó las consecuencias en el seno mismo de las sociedades occidentales: confrontación racial, xenofobia y exclusión por parte de los occidentales y, por consiguiente, radicalización de los musulmanes víctimas del racismo. Por curioso que parezca, ninguno de los muy publicitados servicios de inteligencia de las potencias mundiales prestó la debida atención a ese libro. No sólo aún se lo encuentra en Internet sino que, además, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, las decenas de think tank que se crearon en Washington para pensar el mundo gozaban de créditos millonarios pero sufrían de una falencia absurda: en esos think tank casi nadie hablaba árabe. El Estado Islámico aplicó con letra de sangre esa yihad horizontal pero también introdujo blancos nuevos que no estaban en el libro de Al-Souri: Arabia Saudita, Yemen, Túnez, Libia, Turquía y Rusia con el atentado contra el avión ruso derribado el 31 de octubre de 2014 por el ISIS. Las peregrinaciones de Abou Moussab al-Souri no están tampoco exentas de interés para comprender las barrabasadas cometidas por los servicios de inteligencia. El sirio fue arrestado en 2005 por los servicios secretos de Pakistán cuando huyó de Afganistán y entregado a Estados Unidos. Washington tenía la perla entre sus manos pero se la entregó a la Siria de Bachar el-Assad en 2011 (otras fuentes hablan de 2007). Assad lo liberó el mismo año con una intención semejante a la que llevó a Washington a armar la resistencia afgana: islamizar las revueltas árabes que estallaron en 2011 y, con ello, restarles legitimidad. Hoy nadie sabe donde está.

El perfil de guerra confesional que Estados Unidos, Arabia Saudita y Pakistán trazaron en torno a Afganistán explotó en las manos de todos. Ningún cerebro de la CIA o la NSA previó la expansión posterior. La mayoría de los llamados “hombres más buscados” por Estados Unidos fueron, en su momento, aliados de esos tres países. Los llevaron a Pakistán, los adiestraron en las famosas escuelas coránicas de Peshawar y luego los soltaron en Afganistán con armas en las manos. “El enemigo es fuerte y poderoso, nosotros somos pobres. La guerra será extensa”, escribió Abou Moussab al-Souri en su libro. El Estado Islámico se empapó en esa literatura y llevó a la realidad esa guerra “nizam la tanzim”, es decir, el sistema de lobos solitarios que azota a Occidente. Su yihad descentralizada se extiende ahora por las capitales del Viejo Continente, y más allá: la matanza de Niza, el atentado en el aeropuerto de Turquía, el atentado en el aeropuerto de Bruselas, las matanzas de París, y, en estas horas, tal vez Monich. Abou Moussab al-Souri conocía muy bien ese “vientre blando” de Occidente. Vivió exiliado en Francia, en Londres y luego, con su esposa, en Andalucía.

Abou Moussab al-Souri presidió el nacimiento de las dos primeras yihad e inventó la tercera. La primera se articuló contra el ejército soviético en Afganistán: la segunda contra la invasión norteamericana de Irak en 2003 y, esta, la tercera, una fuerza heredera de cada uno de esos hechos, el Estado Islámico, la siembra en occidente. La obra de Abou Moussab al-Souri no habría tenido la influencia que tuvo si Estados Unidos y sus lacayos no hubiesen despertado y alimentado el islamismo radical, si no hubiesen luego fracturado de una manera espantosa Irak. A ello se le sumaron la exclusión, el racismo y el desprecio de que son objeto los musulmanes en Europa. Las palabras de al-Souri se convirtieron en semillas de bombas humanas que no sólo destrozan vidas en París sino, también, en Irak donde, casi en silencio, centenas de vidas humanas desaparecen tragadas por bombas activadas hace mucho por las potencias occidentales.

*Publicado en Página12

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