Jul 23 2007
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Política

Extremos. – LA SOCIEDAD PARA ELIMINAR A LOS VARONES (I)

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En Barcelona, Espa√Īa, Ediciones de Feminismo public√≥ en 1997 la obra de Valerie Solanas Manifiesto Scum traducida por Ana Becciu y presentada por Carmen Alcalde. Como los grandes textos ¬ęmalditos¬Ľ de todos los tiempos, el Manifiesto circula aqu√≠ y all√°. Todav√≠a, qui√©n sabe, acaso no ha logrado que lo tomen universalmente en serio. He aqu√≠ una aproximaci√≥n.

Prólogo de la traductora
del Manifiesto de la Organización
para el Exterminio del Hombre,
Ana Becciu

Nuestra sociedad es la carcasa que desvela, a medida que el germen de la corrosi√≥n avanza, el n√ļcleo opaco donde Nada y Nadie cr√≠an sus huevos. Esta sociedad genera a sus parias y a sus exc√©ntricos, los encargados de mostrar la otra cara, maldita, del para√≠so occidental. Desgraciadamente, estos elementos muchas veces s√≥lo sirven para que el para√≠so, en su forma m√°s aterradora, subsista y se eternice.

Los ex-céntricos son aquellos que, como la palabra lo indica, han sido apartados del centro, están afuera, no se les permite entrar, pero tampoco desean entrar. El centro es el kibutz encarnación del bien, la deliciosa sociedad de consumo inventada para que todo sea posible, todo lo menos peligroso, es decir, todo lo carente de imaginación y de creatividad; así, no seria falso asociar esta imagen del centro con el recuadro del televisor que adorna cada hogar respetable y amante del bien.

Larga es ya la trayectoria de las mujeres que han levantado su voz contra el orden imperante (entendámonos, el desorden imperante) en el cual ellas han sido, desde los comienzos de nuestra civilización, las excéntricas por definición.

En los √ļltimos veinte a√Īos hemos visto al gran pa√≠s del Norte producir las manifestaciones de muchos y de muchas que reclamaron para s√≠ la condici√≥n de ex-c√©ntricos. Los m√°s no hicieron sino asimilarse oportunamente al sistema (la mayor√≠a de los artistas pop) y otros, pocos, desaparecieron del sistema, quedaron afuera, suicidados, o, en el mejor de los casos, reventados (Janis Joplin, Val√©rie Solanas).

Cada d√≠a, con mayor claridad, sabemos que hablamos solos (pero, a pesar de ellos, al hablar solos hablamos con todos ‚Äďme refiero a los que utilizan la expresi√≥n y hacen de ella una obligaci√≥n de manifestarse‚Äď ) Nadie nos escucha, somos un ruido sordo que cruza la historia hasta convertirse en carne abierta, vibrante. Nadie dice nada. Lo que decimos es nada. Esta nada brilla. Nombra la ausencia en la historia: la ausencia del hombre.

El hombre, dijo una vez Michel Foucault, es un invento de hace s√≥lo doscientos a√Īos, pero un invento ya viejo puesto que no hace m√°s que se√Īalar nuestra finitud, somos esta finitud, y lo que llamamos las ciencias humanas no hacen m√°s que demostrar esta nada prematura que somos. ¬ŅPara qu√© hablar entonces? El sembrador, el hablador, planta las oquedades de un futuro sin forma, un futuro que es un presente de carencia.

Las palabras de Valérie Solanas sirven en la medida en que están ahí, revolviendo el estómago de todos con su verbo exagerado.

Su Manifiesto es el grito de una ex-céntrica. Y algo más. La metáfora, fundada en los términos del horror, del grito general alojado en la garganta de la humanidad. Su voz no podía provenir de otra parte que de la América del Norte. Porque los Estados Unidos sostienen como un bastión la excrementicia medida que oscila entre el tiempo (el reloj y el calendario) y el dinero (la mierda abstracta). Protagonizan el macabro espectáculo que condena a todos los hombres y mujeres del planeta a vivir en libertad provisional, temerosos de su erotismo intrínseco, de su deseo, que no es otro que el deseo de vida, de vida presente, porque la futura, ya se sabe, no es nuestra, ni nos interesa.

El horror ha sido y es una de las características persistentes en las manifestaciones underground provenientes de los Estados Unidos. Este horror aparece aquí, en el texto de Valérie Solanas, enfatizado con la agresividad verbal, la vulgaridad deliberada; todo ello sin duda corresponde a la voluntad de la autora de producir un impacto de choque en el lector, de agravio.

No describe al hombre/macho: lo diseca, con rabia y con espanto ante la realidad que supone la mujer actual. Se√Īala, recargando las l√≠neas de sus rasgos, incluso generalizando hasta extremos intolerables, su in√ļtil situaci√≥n en el mundo actual (y en el anterior) cuando ya no es posible seguir sosteniendo una guerra de oposiciones, de postergaciones, y de anulaciones entre los sexos. Y el hombre/macho parece no haberse dado cuenta del peligro que lo acecha y de la necesidad imperiosa que tiene de ser persona antes que macho.

Las palabras agrias y vehementes de Val√©rie Solanas intentan resaltar la historia de una perdici√≥n. Al leer la descripci√≥n de la situaci√≥n de la mujer con respecto a la del hombre, la inferioridad con respecto a la superioridad, el lector quedar√° perplejo al descubrir que la v√≠ctima real, propiciatoria del horror de la automatizaci√≥n, seg√ļn la autora, es el hombre. La mujer, a pesar de los siglos de marginaci√≥n y escarnio, ha conservado la fuerza de la restauraci√≥n, la fuerza que le permitir√° crecer y protagonizar (en el futuro, para Val√©rie Solanas, existe un futuro con mujeres a la cabeza). De ah√≠ que al final de este Manifiesto, el hombre (visto siempre como lo inacabado y lo sin recursos) deje paso a la mujer.

La dicotomía planteada aquí entre pasividad y actividad debe ser bien entendida, si bien, tal como la expresa la autora, corre el riesgo de ser generalizada y hasta ingenua. La actividad y la pasividad son parte constitutiva de cada una de las criaturas del universo; dentro de la especie humana esta actividad y esta pasividad se resuelve en la androginia (mental) que nos mueve a cada uno, hombres y mujeres, a dar, en cuanto personas, libre curso a nuestra obra, es decir, a nuestro inalienable tender hacia, vector emergente que no es más ni menos que la pulsión del deseo.

La conclusi√≥n que el lector extrae de este Manifiesto es la siguiente: no es a la mujer a quien hoy tenemos que compadecer, sino al hombre, pues ha sido √©l quien ha montado las estructuras de su propia perdici√≥n; y la mujer, siempre mantenida al margen, en su calidad de ex-c√©ntrica, est√° hoy mejor condicionada para defenderse del horror circundante y participar en la reconstituci√≥n de una sociedad m√°s viva, creativa y l√ļcida.

Ana Becciu (Buenos Aires, 1948) es escritora, traductora y licenciada en Letras por la Universidad Católica Argentina y la Universidad Central de Barcelona.

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La introducci√≥n ‚Äďresumida‚Äď de Vivian Gornik
a la edición estadounidense

El Movimiento por los Derechos de la Mujer no es, en modo alguno, una novedad.

Hace un siglo conmovi√≥ a esta naci√≥n y a casi todo Occidente para finalizar, tristemente, con aquella insignificante concesi√≥n del sufragio. El feminismo ha seguido alzando su cabeza espectral en casi todas las revoluciones, en casi todos los per√≠odos reformistas, en cada cuerpo del pensamiento social que ha dejado huellas en los √ļltimos tiempos. En cada lucha generacional, las formas de expresi√≥n del feminismo surgen de acuerdo con el contexto social inmediato. Sin embargo, siempre, en sus diferentes encarnaciones es fundamentalmente universal e intemporal.

As√≠, el Manifiesto de Val√©rie Solanas corresponde a su tiempo y, a la vez, lo trasciende. La visi√≥n fundamental de SCUM es la del feminismo eterno; la forma corresponde a la del siglo XX, decadente y emocionalmente inconexa. El SCUM Manifiesto es la voz de un ni√Īo, de un ni√Īo del mundo occidental, un ni√Īo de nuestra √©poca, perdido y herido. Voz salvaje y desalentadoramente glacial, cruel, sin indulgencia para con el mundo que ha querido privarle de vida, es una voz situada m√°s all√° de la raz√≥n, m√°s all√° de la decencia burguesa. Es la voz de alguien a quien han empujado a llegar m√°s all√° del l√≠mite, de alguien que ha perdido sus cargas psicol√≥gicas, que nunca m√°s podr√° satisfacerse con otra cosa que no sea sangre.

Desde este estado de ánimo, Solanas revela los auténticos sentimientos de la feminista, su quintaesencia; y tales sentimientos están regidos por una rabia atroz. Rabia hasta la muerte. La rabia que habita el inconsciente racial, acumulación de experiencias de siglos, y con la que nace cada mujer. Una rabia que no todas las mujeres se han atrevido a descubrir en su interior, a aprender y a aceptar.

Hace algunos a√Īos, cuando el Movimiento de Liberaci√≥n de la Mujer comenz√≥ a ganar fuerza, sus componentes, sintiendo el aguij√≥n de la mala conciencia burguesa, y de su miedo al rid√≠culo, se apresuraron a desautorizar a Val√©rie Solanas y a todas las dem√°s extremistas que bland√≠an un lenguaje parecido al suyo. Solanas fue, para los c√≠rculos reformistas, una de esas locas, de esas anormales con quienes, por desgracia, identificaban al Movimiento. Sus feroces invectivas y odio devastador no casaba precisamente con los deseos de las liberacionistas, es decir, salario igual a trabajo igual, guarder√≠as diurnas, derecho a una educaci√≥n igual a la del hombre y un mont√≥n de medidas terriblemente respetables. ¬ęNo odiamos a los hombres¬Ľ, afirmaron con vehemencia las mujeres de N.O.W.

¬ęNo les detestamos¬Ľ, corearon, exactamente un a√Īo despu√©s, las se√Īoras respetables cuyo nivel de conciencia se hab√≠a elevado considerablemente desde hac√≠a tiempo.

La furia de Solanas era prof√©tica. Apartada del decorado burgu√©s, habl√≥ r√°pida y directamente al centro de la conciencia feminista, donde encontr√≥ un terreno favorable, un mar de resentimientos que constitu√≠a una amenaza diaria (a medida que el Movimiento crec√≠a y sus filas se duplicaban, triplicaban, cuadruplicaban) capaz de encresparse y romper contra la sociedad. Solanas comprendi√≥ desde el principio, en los t√©rminos salvajes, crudos, y agresivos de su generaci√≥n ‚Äďla ira m√°s all√° de la raz√≥n‚Äď que los despose√≠dos de este mundo empiezan a barrer ghettos y se esparcen por los cimientos de la civilizaci√≥n; comprendi√≥ que, despu√©s de tanto tiempo confinadas, despu√©s de tanto tiempo sufriendo humillaci√≥n tras humillaci√≥n, confundidas y enga√Īadas, y h√°bilmente privadas de su energ√≠a moral y ps√≠quica, las mujeres, como los negros, enloquecer√≠an ahora, verdaderamente, de c√≥lera; de esta c√≥lera que surge como un arma afilada, punzante, de las entra√Īas del oprimido que empieza a tomar conciencia de cuanto se le ha arrebatado y estafado.

El SCUM Manifiesto recuerda los primeros escritos de Malcom X. ¬ŅY por qu√© no?, nos preguntamos en cuanto dicha comparaci√≥n se nos formula en la mente. ¬ŅA qu√© otro lenguaje, en efecto, podr√≠a equipararse el de Solanas? Al fin, y al cabo, son las mujeres y los negros los verdaderos marginados de esta sociedad. Y Malcom X y Val√©rie Solanas son la quintaesencia de la marginaci√≥n negra y femenina respectivamente.

La verdad del Manifiesto, con la glacial visi√≥n del genuino marginado, como todos los escritos del l√≠der negro (de tr√°gico destino), parece a primera vista f√°cil de rechazar (Lo cierto es que se trata, dicen, de la obra de una perfecta demente, ¬Ņno?). A causa del lenguaje obsesivo y delirante, la mayor√≠a se detiene en los demonios blancos de Malcom X sin reconocer la brillantez, el dolor y la justicia que subyace en sus consideraciones y juicios acerca de la clase media blanca y sus actos y medidas contra los negros. De la misma manera, en el caso de Val√©rie Solanas casi nadie puede salvar la barrera que supone la frase los hombres son un aborto biol√≥gico y proseguir para ver y comprender la deslumbrante exactitud de la descripci√≥n de las estructuras del poder masculino en la vida supersocializada de la mitad del siglo XX, en Am√©rica (Estados Unidos), ni tampoco puede reconocer la lucidez de sus especulaciones acerca de las causas que la originaron, y el rigor emotivo de su profec√≠a acerca de d√≥nde y con qui√©nes tendr√° lugar la √ļltima batalla.

Los elementos básicos y más importantes del Manifiesto son la descripción, con un lenguaje ácido, del macho de clase media americana y del universo social-político-económico y cultural que él preside. El propósito de las palabras de Solanas es demoler al macho, reducir su obra a nada, sus emociones a infantilismo, sus ideales y motivaciones para el trabajo a miopía intelectual, la concepción que tiene de sí mismo a fantasmas propios de un maníaco depresivo. Por supuesto, el Manifiesto logra sus objetivos.

Con un lenguaje casi desorbitado rayano en el sarcasmo, en el desprecio y la rabia angustiosa, el Manifiesto se ocupa de los hombres con ojo y lengua aniquiladores. Imposible dudarlo: son cerdos. Sin embargo, al finalizar la lectura, lo que nos embarga es una profunda tristeza por todos nosotros ‚Äďhombres y mujeres‚Äď atrapados como estamos en el laberinto del sexismo. Pues, evidentemente, los hombres que el lenguaje de fuego y hielo de Solanas describe, son prisioneros y carceleros, v√≠ctimas y verdugos, enga√Īados por el sistema, y beneficiarios de √©ste. Como dijo Abraham Lincoln una vez: Si se quiere hundir a un hombre, hay que acostarse con √©l en el barro…

Es decir:

Solanas escribe: Completamente egoc√©ntrico, incapaz de comunicarse o identificarse, y avasallado por una sexualidad difusa, vasta y penetrante, el macho es ps√≠quicamente pasivo. Como odia su pasividad, la proyecta en las mujeres. Define al macho como atractivo… Joder (fornicar) es entonces un intento desesperado y convulsivo de demostrar que no es pasivo, que no es una mujer; pero de hecho es pasivo y desea profundamente ser una mujer. De inmediato podemos comprender la verdad que encierran estas palabras. Es preciso trasponer los t√©rminos, y leer el pasaje de esta forma:… la mujer es ps√≠quicamente agresiva. Odia y teme su agresividad, de modo que la proyecta en los hombres, define a la mujer como pasiva… Joder, ser ¬ętomada¬Ľ, define su pasividad…

En otras palabras, lo que Solanas ha logrado es poner en juego todos los horrores del sistema sexual. Al observar a los hombres como criaturas deformes, neg√°ndoles toda una parte de sus reacciones, por ejemplo, sus impulsos pasivos, Solanas ha descrito la falsedad de los papeles emotivos impuestos a todos nosotros ‚Äďhombres y mujeres‚Äď por una cultura que est√°, y ha estado siempre, aterrada por los elementos complejos y ambiguos de la humanidad, sin aceptar la realidad tal cual es, y ha convertido la vida del hombre y de la mujer en una dicotom√≠a antinatural. En esencia, todos somos arrogantes y dulces, fuertes y t√≠midos, luchadores e inertes.

Por supuesto, podemos serlo todo en proporciones diferentes, pero insistir, al referirse al hecho de ser hombres o mujeres, en que s√≥lo podemos ser hombre o s√≥lo mujer, es haber deslizado una horrorosa y venenosa mentira en la mente humana, es haber logrado que los hombres y las mujeres vivan con miedo, con la idea de padecer una secreta enfermedad en caso de que √©l experimente el deseo de ser pasivo, y ella la necesidad de afirmarse. Ahora, en la era espacial, esta mentira no puede seguir sosteni√©ndose, no puede seguir aliment√°ndose en medio del desorden provocado por las necesidades primitivas. Intentar mantener un concepto de vida civilizada, que hace aguas por todas partes, resulta totalmente in√ļtil.

No quiero decir con ello ‚Äďnada m√°s ajeno a mi intenci√≥n‚Äď que el sistema de los roles sexuales ha da√Īado del mismo modo a los hombres que a las mujeres. Una posici√≥n que permite controlar abiertamente el mundo ‚Äďcualquiera que sean los ataques del demonio de la inseguridad‚Äď no podr√° nunca ‚Äďnunca‚Äď compararse con la absoluta impotencia que ha caracterizado la vida de la mujer aunque tambi√©n haya caracterizado gran parte de la sociedad dominada por los hombres. El retrato de la sociedad moderna que sigue despu√©s de los primeros enunciados de Solanas acerca del modo de ser masculino, nos muestra esta sociedad dominada por fuerzas negativas, agentes de reacciones y reacciones vengativas. En cuanto a su misantrop√≠a, su descripci√≥n de la sociedad recuerda la de Swift: terrible y con sentido del humor.

La mayor parte del Manifiesto se refiere a distorsiones debidas al sistema de roles sexuales. Casi toda la vida socializada de Occidente es consecuencia de los terrores infringidos al yo seg√ļn el an√°lisis de Freud. Lo que Freud no logr√≥ comprender a tiempo fue que el temor sexual y las necesidades creadas por la cultura estaban formando un fen√≥meno todav√≠a irreconocible: el sexismo. El sexismo, al igual que el racismo, la pr√°ctica de la discriminaci√≥n y de la opresi√≥n por el sexo o la raza: la pr√°ctica que ha negado a las mujeres y a los negros una plena existencia como adultos independientes; la pr√°ctica enraizada en el terror y alentada por la necesidad falsa y arrogante de la civilizaci√≥n; la pr√°ctica que busca convencer al hombre de que √©l manda en virtud de una soberan√≠a natural, y a las mujeres de que se someten en virtud de una inferioridad tambi√©n natural.

Movi√©ndose, como en trance, por un mundo que nunca hicieron, los hombres tambi√©n son esencialmente perdedores en medio de esta situaci√≥n, asquerosa m√°s all√° de todo lo cre√≠ble. La mayor√≠a de los hombres saben que no son invulnerables amos, est√°n dominados por debilidades, atemorizados sexualmente y emocionalmente confundidos. La mayor√≠a de los hombres ya saben que no est√°n designados, por naturaleza y superioridad intelectual, para ocupar, solos, los mandos del poder y gozar el privilegio de independencia. Pero est√°n atrapados, como nosotras, en este sistema destructivo basado en la mentira institucionalizada, y para su eterna verg√ľenza, temen perderlo.

Les aterra la posibilidad de una nueva mujer, les aterra lo desconocido, la visión de un futuro, desprovistos sin poder; les aterra la posibilidad de caer en manos del enemigo y sufrir el destino del colaborador; les aterra un futuro inimaginable en el que ya no serán ellos mismos, aterrados por todo lo dicho, saben también que el sistema bajo el cual vivimos ahora solamente puede ser descrito con exactitud hablando de un sistema en el cual las mujeres son las oprimidas y, como tales, las perdedoras. De modo que, para oprimir a las mujeres, los hombres deben actuar como los opresores.

Actuar como opresor es limitarse s√≥lo a ciertas formas de comportamiento; limitarse a ciertas formas de comportamiento es necesariamente destruir y suprimir los impulsos que no puedan ser expresados dentro de los l√≠mites establecidos. Albergar posibilidades que no pueden liberarse, o alcanzar su plena madurez, es estar mutilado. Y el animal herido, como es bien sabido, se vuelve ruin. Ser fuerte, grande y ruin, es ser m√°s ruin y m√°s peligroso que otros tambi√©n heridos, pero m√°s peque√Īos y m√°s d√©biles. Y as√≠ llegamos al universo masculino de la f√°bula de Val√©rie Solanas.

Creer que los gritos y protestas del Movimiento de Liberación de la Mujer bastarán para que los hombres acaben por comprender lo insoportable de esta existencia y capitulen, es sólo una esperanza y, por demás, muy débil. Nadie establecido en el poder entrega voluntariamente el poder. Nunca ha ocurrido, y las probabilidades de que ocurra en la actualidad son muy remotas.

Hay dos medios para arrebatar el poder a quienes lo detentan: declarando la guerra a las instituciones o bien ignor√°ndolas y creando las anti-instituciones. La lucha que tiende a reducir el poder acaparado en manos masculinas y entregar parte de √©l a las mujeres. El quehacer del Movimiento de Liberaci√≥n de la Mujer no es golpear con los pu√Īos a la puerta del mundo masculino, y llorar para que la abran. Hay que dejar este mundo a los hombres y concentrarse en la creaci√≥n de la nueva mujer, una mujer que no aceptar√° ning√ļn lugar en el mundo masculino, la mujer que provocar√° la ca√≠da de este mundo neg√°ndose a poblarlo, la mujer que se rehar√° a s√≠ misma ‚Äďy a sus hijas‚Äď seg√ļn una imagen m√°s sublime (al recuperar un rostro humano) que la que presenta actualmente.

En otras palabras, la batalla por la liberaci√≥n de la mujer no se sit√ļa esencialmente en el √°mbito de reformas econ√≥micas o jur√≠dicas; es una batalla dirigida a crear mentes nuevas, nuevos sentimientos y nuevas psicolog√≠as. Se trata de una batalla en medio de una guerra indiscutiblemente pol√≠tica tras cuyo fin el territorio conquistado ser√° un cambio psicol√≥gico y cultural.

Naturalmente, la concepción de este mundo futuro implica la destrucción de la familia tal como la conocemos; de la sociedad competitiva y la de la sexualidad que hoy practicamos. EI mundo nuevo probablemente estará compuesto, sobre todo, por familias amplias en una sociedad cooperativizada cuya característica sexual será básicamente la bisexualidad.

La mujer SCUM es, claro est√°, la misma Val√©rie Solanas. La experiencia femenina a que se refiere en este libro es la suya propia. Cuando escribe: La mujer SCUM ha visto de todo; el coito y la chupada, la del pito (pene) y la del co√Īo… El lector puede verla entre m√ļltiples cuerpos y la extensi√≥n de su dolorosa penetraci√≥n en el destrozado coraz√≥n de esta vida nos resulta, por momentos, dif√≠cil de soportar.

La grandeza del Manifiesto, y de Valérie Solanas, se basa en el hecho de que su experiencia trasciende y se convierte en arquetípica. El abandono, la desenvoltura, el coraje y la audacia de los sentimientos que revela la experiencia de SCUM, la experiencia de la mujer, nos permite confiar en su intuición interpretativa y en su inteligencia. Sus conclusiones son las de una mujer que ha conocido verdaderamente todas las facetas de la experiencia femenina en un mundo que desprecia esencialmente la feminidad. Sumergiéndose hondo, muy muy hondo, hasta los bajos fondos, la mujer SCUM ha llegado al centro del problema y ha puesto el dedo en la dolorosa llaga.

Vivian Gornik es una distinguida escritora, crítica y conferencista estadounidense.

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El Manifiesto se publicará en la edición del viernes 27 de julio de 2007 de esta revista. Aquellas y aquellos que no quieran esperar, pueden encontrarlo aquí.

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