Jun 25 2004
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Cultura

Fahrenheit 9/11: un suceso miniestrenado

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El n√ļmero de cines en los que est√° pautada la √ļltima pel√≠cula de Michael Moore, el documetal Fahrenheit 9/11, es impreciso; no ser√°n menos de 750 ni m√°s de 869 salas en los 50 estados de la uni√≥n norteamericana. En las √ļltimas semanas la medici√≥n del inter√©s del p√ļblico por verla la puso en primer lugar entre las producciones de estreno inminente.

Una película que despierta la curiosidad obtenida por Fahrenheit 9/11, avalada además por el talento de su director, que obtuvo por otro filme -Bowling for Columbine- el Oscar, premio de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas estadounidense, por lo general se estrena en unas 3.000 salas.

El filme, premiado en mayo en el Festival de Cannes, que construye un sólido y demoledor argumento crítico, ético y político sobre el gobierno del actuial presidente de EEUU, había quedado sin distribución al negarse a hacerlo una subsidiaria de la conservadora Corporación Walt Disney.

Tal vez haya influido en el relativamente escu√°lido n√ļmero de salas que la exhibir√°n el hecho de que Moore no oculta que su intenci√≥n es aportar a impedir que Bush sea reelegido en el pr√≥ximo mes de noviembre. Los distribuidores, Lions Gate Films e IFC Films, en todo caso, no podr√°n quejarse: el d√≠a de su preestreno en Nueva York Farenheit 9/11 bati√≥ el r√©cord de recaudaci√≥n en las dos salas donde fue mostrada.

De cualquier modo, al estrenarse el filme en un n√ļmero limitado de salas queda a salvo el derecho a la libre expresi√≥n. Como sucede en algunos diarios, que esconden la informaci√≥n que no pueden dejar de consignar, pero que no les agrada, entre los anuncios de las p√°ginas interiores, se cautelan las formas de la democracia y eso que alguna vez los ingleses llamaron ¬ęfair play¬Ľ.

Fahrenheit 9/11, el t√≠tulo recuerda a la novela de Ray Bradbury -publicada antes de que el escritor se inclinara, con los a√Īos, hacia el conservadurismo conformista-: Fahrenheit 451, la temperatura a la que se quema y arde el papel, ficci√≥n en la que los bomberos est√°n encargados no de apagar incendios, sino de destruir libros: la memoria de la humanidad; obra que a su vez nos remite a 1984, el cl√°sico de George Orwell sobre un sistema social construido sobre la relatividad de la mentira y la fuerza de la coacci√≥n.

El p√ļblico para quien se film√≥

Un exultante Michael Moore se√Īal√≥ que sus fans -palabra intraducible de la jerga del espect√°culo que signfica algo alg√≥ como s√ļper admiradores- son las personas m√°s afectadas por las decisiones tomadas en Washington y, a la vez, las que menos votan. ¬ęMuchos de ellos han estado dormidos, han sido ignorados (por quienes ejercen el poder) y si esta pel√≠cula les despierta y les hace actuar, habr√© hecho, creo, una contribuci√≥n significativa¬Ľ.

Moore defini√≥ como personas de la comunidad negra, j√≥venes de raza blanca, ciudadanos de clase trabajadora y pobres el p√ļblico para quien trabaja.

Los cr√≠ticos e intelectuales -y por cierto periodistas- del stablishment estadounidense y de otros pa√≠ses no logran comprender la ra√≠z de los motivos de Moore. La aparentemente asombrada pregunta que formulan urbi et orbi: ¬Ņhizo el filme s√≥lo por oponerse a Bush? ayuda a comprender la profunda crisis moral de los ep√≠gonos del poder imperial.

Así como los pueblos sometidos a las presiones y dictados de la superpotencia advierten la cruel arrogancia y el poder que disfraza sin disimular la pavorosa ignorancia e insensibilidad de sus capas dirigentes, éstas perciben que la columnna vertebral del país la configuran los hoy adormecidos pensamiento e ideales libertarios.

En esta dimensi√≥n la pel√≠cula de Moore, Fahrenheit 9/11, debe inscribirse -pero, desde luego, no confundirse- en el esfuerzo que cotidianamente realizan mujeres, intelectuales, artistas, hombres de la calle, estudiantes, militantes de organizaciones ciudadanas y pol√≠ticas, en fin, para ‘despertar a Kundalin’.

El imperio no es Estados Unidos, aunque muchas de sus decisiones -la mayor parte tal vez- se tomen dentro de sus fronteras.

¬ęMe tirar√°n con todo¬Ľ, dijo Moore a la prensa. Por lo pronto el movimiento bushista Move Forward Am√©rica (algo as√≠ como Adelante Am√©rica) intentar√° que la pel√≠cula fracase en la taquilla, y advierte al p√ļblico que se trata de una campa√Īa ¬ęantiamericana (estadounidense)¬Ľ.

El realizador afirma que lo importante en su documental no radica en el distanciamiento frente a las personalidades que enfoca, sino en lo verdadero de sus datos y la rigurosidad de la realizaci√≥n. ¬ęSi dices que tal cosa es un hecho, tiene que ser un hecho¬Ľ; luego, a partir de los hechos presentados tras ser cuidadosamente verificados, se tiene que exponer un punto de vista que lo sustente.

El magro consuelo del bushismo estadounidnese y de sus secuaces repartidos por el mundo es que ser√° muy poco probable que el documental se empine entre las pel√≠culas m√°s taqiulleras de la temporada debido al escaso n√ļero de cines que la proyectar√°n -alrededor de un tercio de lo que es costumbre cuando un filme genera inter√©s y controversia. Pero, aun as√≠, todav√≠a no est√° dicha la √ļltima palabra. Tal vez los que corren peligro de ser ahorcados quieran vender sus √ļltimas sogas…

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