Abr 15 2011
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Opinión

Fantasías académicas acerca de Cuba a cambio de dólares

Saúl Landau y Nelson Valdés.*

Casi 50 años después del fracaso de Bahía de Cochinos, el profesor universitario encendió su radio de I-Pod. Un boletín de noticias interrumpió el programa "Es la hora de Imaginarse que estás en el Salón de Baile" para anunciar que un jurado en El Paso había exonerado a Luis Posada Carriles, el conocido terrorista, de 11 acusaciones de mentir en su solicitud de inmigración. El académico de la Universidad de Miami se encogió de hombros ante la noticia.

 

Aunque en algunos círculos Posada es conocido como el Osama ben Laden del hemisferio, el profesor y sus colegas se dedicaron a sus planes de investigación. Ninguno ni siquiera preguntó si algunos de los “observadores” del juicio de Posada (que parecían extras de “Los Sopranos”) pudieron haber intimidado al jurado de Texas; o si al menos se preguntaron por qué el gobierno presentó evidencia de que Posada saboteó un avión comercial con 73 personas a bordo (todas murieron) y luego solamente lo acusó de mentir.

El sobrecogedor reto de los académicos es encontrar nuevas formas de agenciarse dinero de los contribuyentes norteamericanos mientras los republicanos recortan importantes servicios sociales.

Los profesores comprenden que pocos académicos han recibido millones en donaciones para su erudita invención: el concepto de “fortalecer la sociedad civil en Cuba”. Hasta ahora habían manipulado el propio significado de “sociedad civil cubana” al usar esa frase como un eufemismo para los que reciben órdenes y dinero de funcionarios de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana.

Esa es, realmente, la definición de trabajo de sociedad civil para el Departamento de Estado. ¿A quién importa en Wáshington que la sociedad civil se haya desarrollado en Cuba durante siglos? Ese es el pasado y no es favorable ni necesaria a la política norteamericana.

Wáshington quisiera borrar ese pasado en el que probó sin éxito (palabras claves) prácticamente todo menos una invasión armada directa a la isla para derrocar a los desobedientes hermanos Castro: después de Bahía de Cochinos, recrudeció el embargo ad hoc y finalmente lo convirtió en ley, realizó una guerra psicológica y apoyó ataques terroristas  e intentos de asesinato al por mayor.

Mientras los académicos tramaban para obtener subvenciones del gobierno, en la Pequeña Habana algunos asesinos semi-retirados regresaron de su visita al proctólogo para saludar al héroe exonerado y también famoso informante (acerca de sus compinches) del FBI y la CIA. A ninguno parecieron importarle los cables desclasificados de la CIA y el FBI que mostraban que Posada informó [sopló en el argot popular] acerca de sus co-conspiradores en los sabotajes. Nadie es perfecto.

También elogiaron a su abogado que prolongó el juicio hasta convertirlo en su asunto de 13 semanas y por lo tanto se ganó sus emolumentos, a partir de los cuales ya se puede retirar a defender a personas acusadas por la DEA.

Sin embargo, en décadas recientes, la estrategia del Departamento de Estado ha manufacturado —con la ayuda de los académicos— una sociedad civil a pesar del hecho de que ya existía una, excepto en las mentes de los burócratas del Departamento de Estado. ¿Irrealismo mágico? Los pocos académicos que acuñaron la noción, desde entonces se han acostumbrado a un mejor estilo de vida coincidente con el recibo de grandes subvenciones del gobierno y donaciones de una notoria compañía de bebidas alcohólicas.

La historia y desarrollo de la sociedad civil cubana ciertamente merece ser estudiada, pero los académicos y sus donantes tienen poco o ningún interés por la Cuba real. Los planes de investigación que hacen dinero en el puñado de universidades y centros de investigación son determinados por los objetivos de la política norteamericana, la cual durante 52 años se ha centrado en la destrucción de la revolución cubana.

El objetivo de los académicos —fíjense en la palabra— era aprovecharse de los deseos del gobierno (y su Tesorería) de tener líderes inventados para la recién inventada “sociedad civil”. El gobierno de EE.UU. nunca estuvo interesado en la Cuba real, y como hay poco dinero de subvenciones o donaciones de productores de ron para estudiar la Cuba real, los “mejores” académicos sobre Cuba (quiere decir los que más subvenciones reciben) producen el equivalente de trabajos de ciencia ficción y los etiquetan como “erudición”.

La inventiva de los académicos es creativa. En décadas pasadas, gente emprendedora ha inventado asociaciones independientes para médicos, bibliotecas que dependen del dinero y los suministros de EE.UU. y contienen pocos libros, e incluso sindicatos obreros libres. Los líderes de AFL-CIO los han apoyado totalmente, a pesar de que no tienen miembros que coticen.

Un grupo de “periodistas independientes”, organizados por diplomáticos norteamericanos en La Habana, escribieron artículos que el gobierno de EE.UU. ayudó a publicar. Coincidentemente, todas esas piezas contenían juicios negativos del sistema y gobierno cubanos.

En 2003, cuando algunos de esos “periodistas” fueron arrestados por recibir dinero, productos y servicios de manos de un gobierno extranjero (EE.UU.), Néstor Baguer, uno de los escritores más coherentes del grupo, se reveló como agente de la seguridad del estado de Cuba. En el juicio de algunos de sus ex colegas, el fiscal cubano mostró documentos entregados a Baguer y a otros topos que probaban que los acusados habían recibido servicios de diplomáticos estadounidenses en La Habana.

Estos emprendedores miembros de la comunidad académica norteamericana inventaron su versión de lo que al gobierno de EE.UU. le gustaría que Cuba fuera. Esta Cuba no tiene semejanza con la realidad, pero sí  brinda una forma de gastar el dinero de los contribuyentes mientras que el Congreso aprueba milagrosamente una legislación para autorizar esos gastos al mismo tiempo que elimina a maestros y cierra clínicas.

Un académico cubano produjo el más reciente ensueño: Fernando Henrique Cardoso se refiere a ese “momento mágico ["poof moment"] —la vívida frase de Jorge I. Domínguez— cuando el actual régimen ya no existe más". Varios autoproclamados “importantes” estudiosos del tema de Cuba en EE.UU. hasta contribuyeron a un libro que comienza con esa premisa (http://marifeliperez-stable.com/books/). El momento mágico, por lo tanto, no requiere de precondiciones, instituciones, historia, actores de carne y hueso. Como dirían estudiantes de primaria, "las cosas pasan."

Ningún académico que viva en Cuba es invitado a esas sesiones de “pronósticos”. Estos exclusivos profesores han convertido sus sueños “mágicos” o “poof moments” en ganancias; es más, hacen caso omiso de la plebe de Miami que aclama el regreso triunfante de Luis Posada Carriles —a quien los agentes del FBI llaman afectuosamente ese “soplón y ponedor de bombas de mierda”.

* Saúl Landau, cineasta; Nelson Valdés, profesor emérito de la Universidad de Nuevo México.

En http://progreso-semanal.com

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