Abr 22 2010
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Cultura

Filosofía de dormitorio

Nieves y Miro Fuenzalida.*

Por razones —que no escaparán al lector— el título de esta pieza recuerda al Marqués y su Filosofía del tocador. (Sade, por lo demás es recordado en estas líneas, que dicen):  Joseph Ratzinger no es un José cualquiera. Cardenal y jefe de la Congregación de la Doctrina de la Fe y, actualmente, Papa de la iglesia católica. Y a pesar de todo esto la autoridad infalible sobre las cuestiones de doctrina teológica no ha logrado escapar al escándalo de abusos sexuales en que la jerarquía eclesiástica ha estado involucrada.

En las ultimas semanas el Papa ha tenido que encarar la evidencia documentada de que perdonó, en lugar de castigar, a un sacerdote pedofilico que abusó a 200 niños sordos en Alemania. A pesar de los múltiples crímenes sexuales en contra de niños indefensos, el sistema ha cerrado filas alrededor de la Iglesia y no ha habido cargos por mas de 15 años. La protesta en contra de este abuso de poder ha sido caracterizada por la autoridad eclesiástica como “pelambrillo lamentable”.

En febrero de 2004 The National Review Board de la Iglesia Católica en EEUU dio a conocer el estudio que documentaba el problema de violaciones sexuales practicadas por sacerdotes de la Iglesia entre 1950 y 2002. En uno de los informes se confirmaban 10.667 reclamos de abuso en los últimos 52 anos. El 80 por ciento de las victimas eran muchachos entre 11 y 14 anos de edad. El cuatro por ciento de los sacerdotes americanos (4.392) fueron acusados por semejante delito.

Historias similares se han dado a conocer en Canadá y recientemente en Irlanda y otros países europeos. M. y Louise Zwick, de la organización Houston Catolic Worker, se sorprendieron profundamente por el nivel de indignación que surgió en contra de los sacerdotes involucrados en EEUU y calificaron de histérica a la prensa, afirmando que todo ello era extraño en una cultura que promueve total libertad sexual.

La intención de este comentario no fue la de justificar la conducta de los curas, sino mostrar las contradicciones de la democracia liberal americana… Ciertamente, ¿qué razones tenemos, por último, para considerar a la pedofilia una práctica sexual ilegal, pervertida o pecaminosa? ¿No son las practicas sexuales, después de todo, actividades que cada uno tiene el derecho de practicar como se le de la gana?

Como dijo un primer ministro canadiense… “The State has not business in the bedroom of the Nation.” (el Estado no tiene negocios en el dormitorio de la nación).

El filosofo Zizek dice que entre el reino de la fantasía, especialmente el de las fantasías sexuales, y el código legal existe una inconmensurabilidad radical. La fantasia, por su misma naturaleza, resiste todo intento de universalizacion. Es la forma absolutamente particular en que cada uno estructura su placer. El reino de la ley, los derechos y los deberes, en cambio, pertenecen a la dimensión de la universalidad, al campo de la igualdad, de la equivalencia entre el intercambio y la reciprocidad.

Después de más de doscientos años desde la Revolución Francesa hemos llegado a la conclusión de que el sueño de "democracia pura" era un sueño imposible. Y esta imposibilidad no se debe a algún obstáculo empírico que impide su total implementación y que con solo redoblar nuestros esfuerzos gradualmente lograríamos abolirlos, sino al hecho de que “la democracia solo es posible sobre la base de su propia imposibilidad”.

Mucho antes de Marx ya era posible discernir el imbalance y las paradojas del principio burgués de la igualdad formal. Y es nada menos que el infame marqués de Sade quien se encarga de demostrarlo.

El intento del proyecto sadiano consiste en la tarea imposible de conferir al ámbito del goce, a la fantasía que estructura nuestro disfrute, la forma burguesa de legalidad universal. A la lista de los "derechos del hombre" surgidos de la revolución francesa, Sade agrega los "derechos del goce" que, por decir lo menos, constituyen un suplemento vergonzoso que secretamente subvierte el campo de los derechos universales.

Es justamente aquí cuando la "lógica paradojal" se nos muestra en toda su desnudez. El ambito de los "derechos universales del hombre" se basa en la exclusión de ciertos derechos… el derecho al goce. Tan pronto como incluimos este derecho particular el campo mismo de los derechos universales pierde su balance.

Según Sade, la revolución francesa se quedo a mitad de camino. En el ámbito del disfrute quedo prisionera de los valores pre-revolucionarios y patriarcales. Pero, como dice Lacan, la cuestión es que cualquier intento de darle al "derecho al goce" la forma de norma universal necesariamente termina en un callejón sin salida. Baste recordar que tal norma sadianaa afirmaría que cualquiera —independientemente de sexo, edad o estatus social— tendría el derecho a disponer libremente de cualquier parte de nuestros cuerpos o afectividad para satisfacer el o los deseos agresivos que se le ocurran.

No está demás decir que tal norma universal es un autofracaso ya que excluye reciprocidad. Uno, finalmente, da mas de lo que toma y todos nos encontramos, finalmente, ocupando la posición de victima… Lo que nos vuelve al comienzo del argumento. No es posible sancionar el derecho al goce en la forma …"cada uno tiene el derecho a ejercer su particular forma de fantasia". Tarde o temprano nos quedaríamos enredados mutuamente en una autodestrucción. Por definición, estas fantasías no pueden coexistir pacíficamente.

 ¿Que es lo que hacemos, entonces, cuando nos vemos confrontados con este impase democrático fundamental, cuando llegamos al limite de la democracia total? Según Zizek, una solución seria asumir esta constitutiva paradoja democrática. En lugar de concebirla como un limite, reconocer que esta paradoja es la fuente misma de su fuerza. Reconocer el hecho de que su limite yace en si misma, en sus antagonismos internos que requieren constantes ajustes, re-negociaciones y redescripciones.

Los sacerdotes de las jerarquías religiosas, por cientos de años, se han acostumbrado a practicar un poder ilimitado sobre seres indefensos que, por desgracias de la vida, llegaban en busca de su protección y que ellos usaban para satisfacer sus fantasías sexuales.

Y hoy se empieza a sentir una creciente repulsión en contra de este poder que por tanto tiempo se ha autodesignado guardián de la moral.



 

 * Escritores y docentes. Residen en Canadá.

 

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