Ago 23 2005
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Filosofía, religión y política: la guerra de los nuevos “ismos”

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Yo no creo que sea culpa de los medios de comunicación, que suelen ser algo burdos, sino del hecho de que la gente habla ya pensando sólo en cómo lo contarán los medios. Lo que está claro es que uno tiene la impresión de que ciertos debates –incluso entre personas que presumiblemente algo saben de filosofía– se desarrollan a porrazos, sin finura alguna, usando términos delicados como si fueran piedras.

Un ejemplo típico es el debate que opone en Italia, por una parte, a los denominados “teo-cons”, que acusan al pensamiento laico de “relativismo”, y por el otro, a algunos representantes del pensamiento laico que hablan, a propósito de sus adversarios, de “fundamentalismo”.

¿Qué quiere decir “relativismo” en filosofía? ¿Que nuestras representaciones del mundo no agotan su complejidad, sino que se trata siempre de visiones con una perspectiva, cada una de las cuales contiene un germen de verdad? Ha habido y hay filósofos cristianos que han sostenido esta tesis.

¿”Relativismo” quiere decir que estas representaciones no hay que juzgarlas en términos de verdad sino en términos de correspondencia a exigencias histórico-culturales? Lo sostiene, en su versión del “pragmatismo”, un filósofo como Rorty.

¿”Relativismo” quiere decir que lo que conocemos es relativo al modo en que el sujeto lo conoce? Estamos en el viejo y amado kantismo. ¿Que toda proposición es verdadera sólo dentro de un determinado paradigma? Se llama “holismo”. ¿Que los valores éticos son relativos a las culturas? Se lo empezó a descubrir en el siglo XVII. ¿Que no hay hechos sino sólo interpretaciones? Lo decía Nietzsche. ¿Se piensa en la idea de que si no hay Dios, todo está permitido? Nihilismo dostoievsquiano. ¿Se piensa en la teoría de la relatividad? No nos burlemos.

En fin, parece que el término “relativismo” puede ser referido a formas de pensamiento moderno que a veces están en contraste recíproco, y se dice “relativismo” con el ímpetu polémico con el que los jesuitas decimonónicos hablaban de “veneno kantiano”.

Pero si todo esto es relativismo, entonces sólo dos filosofías se escapan a esta acusación: cierto neotomismo radical y la teoría del conocimiento del Lenin de Materialismo y empirocriticismo. Extraña alianza.

Por lo que respecta al fundamentalismo, no es un principio hermenéutico, vinculado con la interpretación de un Libro Sagrado. Hay formas de fundamentalismo en las tres religiones monoteístas del Libro (la Biblia), pero el fundamentalismo cristiano nace en los ambientes protestantes y se caracteriza por la decisión de interpretar literalmente las Escrituras, de donde se derivan todos los debates aún actuales sobre el darwinismo, rechazado porque no cuenta la misma historia que el Génesis.

fotoAhora bien, para que haya interpretación literal de las Escrituras, es preciso que las Escrituras puedan ser interpretadas libremente por el creyente, y esto es algo típico del protestantismo. No puede haber fundamentalismo católico -y al respecto se combatió la batalla entre Reforma y Contrarreforma- porque para los católicos la interpretación de las Escrituras pasa por el magisterio de la Iglesia.

Ya entre los padres de la Iglesia hubo debates entre los partidarios de la letra y los que apoyaban una hermenéutica más blanda, como la de San Agustín, que estaba dispuesto a admitir que la Biblia a menudo hablaba mediante metáforas y alegorías.

La teología católica nunca se escandalizó demasiado por las teorías evolucionistas, con tal de que se admitiera que en la escala evolutiva se produjo un salto de calidad, cuando Dios introdujo en un organismo vivo un alma racional inmortal. ¿Cuál es, pues, la actitud católica que hoy se tilda como fundamentalismo?

No es fundamentalista el debate sobre los embriones y sobre el origen de la vida, porque si acaso, hasta que Dios le insufla el alma a Adán, nos habla de fango, pura materia no espiritual.

Ya se ha escrito que la decisión de emprender una batalla anticipando los orígenes del alma inmortal es un hecho nuevo en la historia de la teología católica (salvo el caso de Tertuliano), que parece motivado por otras preocupaciones, como la del aborto, ésta sí criticable en términos de una interpretación de las Escrituras.

Lo que se tacha de fundamentalismo es, en cambio y más bien, una actitud clásica (o tentación perenne) del pensamiento religioso (no sólo cristiano sino también islámico) que es el integrismo, es decir, la pretensión de que los principios religiosos deben ser también modelo de vida política y fuente de las leyes del Estado.

El cardenal Biffi es un integrista, como el político Buttiglione y otros, no un fundamentalista. Bush y los suyos son unos fundamentalistas protestantes (tradición antigua) que están cediendo a la tentación católica y a la práctica islámica –nuevas para la democracia anglosajona– del integrismo.

Se dirá que es sólo una cuestión de palabras. No, es una cuestión de sutilísimos debates filosóficos, teológicos y políticos que no ganan nada en verse reducidos, ni por una parte ni por la otra, en un apedreamiento de palabras fetiche.

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Escritor y semiólogo italiano (1932). Este artículo fue publicado originalmente en la revista L´Espresso. La presente traducción –de Helena Lozano Miralles– fue tomada del Suplemento cultural del diario La Nación de Buenos Aires (www.lanacion.com.ar).

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