Jul 6 2013
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OpiniónPolítica

Frai Betto/ Brasil: Mensaje de las calles

Las manifestaciones en las calles del Brasil traen de cabeza a los analistas y cientistas pol√≠ticos. Dirigentes partidarios y l√≠deres pol√≠ticos se preguntan perplejos: ¬Ņqui√©n lidera ese movimiento si nosotros no estamos en √©l?

Recuerdo cuando dej√© la c√°rcel a fines de 1973. Al entrar en ella, cuatro a√Īos antes, predominaba el movimiento estudiantil en la contestaci√≥n a la dictadura. Al salir encontr√© un movimiento social -comunidades eclesiales de base, oposici√≥n sindical, grupos de madres, lucha contra la carest√≠a- que me sorprendi√≥. Desde lo alto de mi vanguardismo elitista me hice la pregunta: ¬Ņc√≥mo es posible si nosotros los l√≠deres est√°bamos encarcelados?

Con esa misma perplejidad encaró Marx la Comuna de París en 1871; la izquierda francesa el Mayo de 1968; y la izquierda mundial la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética en 1989.

‚ÄúLa vida sobrepasa a la idea‚ÄĚ, dec√≠a mi hermano de h√°bito santo Tom√°s de Aquino en el siglo 13. Ahora aqu√≠, en el Brasil, todos los liderazgos pol√≠ticos encaran confusos y despechados las recientes manifestaciones de la calle. Con el mismo interrogante envidioso con que la izquierda hist√≥rica del Brasil mir√≥ el surgimiento del PT en 1980: ¬Ņqu√© historia es √©sa de que ahora los proletarios quieren ser la vanguardia del proletariado?

Hist√≥ricamente √©ramos los l√≠deres de la izquierda brasile√Īa hombres oriundos de la clase media (Astrogildo Pereira, Mario Aves y Jo√£o Amazonas), de los c√≠rculos militares (Prestes, Gregorio Bezerra, Apolonio de Carvalho) y de la intelectualidad (Gorender y Cayo Prado Junior). Marighella fue uno de los pocos l√≠deres de las clases populares.

El mensaje de las calles es sencillo: nuestros gobiernos se alejaron de la base social. Para usar una categor√≠a marxista, la sociedad pol√≠tica se divorci√≥ de la sociedad civil, peligro al que ya alud√≠ en el libro ‚ÄúLa mosca azul. Reflexi√≥n sobre el poder‚ÄĚ, en el a√Īo 2005.

La sociedad pol√≠tica -ejecutivo, legislativo y judicial- se convenci√≥ de que representaba de hecho al pueblo brasile√Īo y manten√≠a bajo control a los movimientos representativos de la sociedad civil, como sucede hoy con la UNE y la CUT.

No s√≥lo de pan vive el hombre, indic√≥ Jes√ļs. Aunque diez a√Īos de gobierno del PT hayan mejorado las condiciones sociales y econ√≥micas del pa√≠s, el pueblo no vio saciada su hambre de belleza (educaci√≥n, cultura y participaci√≥n pol√≠tica).

El gobierno del PT opt√≥ por una gobernabilidad asegurada por el Congreso Nacional, en el que todav√≠a perduran los ‚Äú300 p√≠caros‚ÄĚ denunciados por Lula. Se despreci√≥ la gobernabilidad apoyada en los movimientos sociales, como hizo Evo Morales, con √©xito, en Bolivia.

De ese modo nuestro gobierno poco a poco perdió los anillos para conservar los dedos. Creyó que todo permanecería como antes en el cuartel de Abrantes. Sea porque la oposición está deteriorada por sus propios pleitos internos, sea porque considera a Eduardo Campos y a Marina Silva meros instrumentos de ensayo.

Lo que ni la Abin (ojos y o√≠dos secretos del gobierno) previ√≥ fue el s√ļbito tsunami popular invadiendo las calles del pa√≠s en pleno per√≠odo de la Copa de Confederaciones, cuando se esperaba que todos estuvieran con su atenci√≥n puesta en los juegos.

Ahora el gobierno inventa el discurso de que sin partidos no hay pol√≠tica ni democracia. Pero basta con una hora de clase de ense√Īanza media para aprender que la democracia naci√≥ en Grecia muchos siglos antes de la era cristiana y mucho antes a√ļn de la aparici√≥n de los partidos pol√≠ticos.

Hoy la mayor√≠a de los partidos niega la democracia al impedir un gobierno del pueblo con el pueblo. No basta con pretender gobernar para el pueblo y ya considerarse dem√≥crata. El pueblo en las calles exige nuevos mecanismos de participaci√≥n democr√°tica, mientras manifiesta su desconfianza en los partidos. √Čstos est√°n obligados a renovar sus m√©todos pol√≠ticos o ser√°n atropellados por la sociedad civil.

He ahí el mensaje de las calles: democracia participativa, no sólo delegativa, o sea gobierno del pueblo con el pueblo y para el pueblo. Eso no es utopía, desde que no se considere modelo perpetuo el pluripartidismo y se admita que el régimen democrático puede y debe generar nuevos estilos de participación popular en las esferas del poder.

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