Sep 25 2015
967 lecturas

Sociedad

Francisco en el Capitolio: Estemos atentos a todo tipo de fundamentalismo (discurso completo)

Francisco llam√≥ este jueves a ¬ęabolir la pena de muerte¬Ľ, pidi√≥ ¬ęequilibrio para combatir la violencia que se comete en nombre de las religiones, ideolog√≠as o pensamiento econ√≥mico¬Ľ e inst√≥ a ¬ęgarantizar los plenos derechos civiles y pol√≠ticos para los afroestadounidenses¬Ľ, durante su discurso en el Congreso de Estados Unidos, el primero que un Papa pronuncia en ese lugar.

Insisti√≥, tambi√©n, en ¬ęno tenerle miedo a los inmigrantes¬Ľ y proteger el medio ambiente, exigi√≥ ¬ęponerle fin a los muchos conflictos armados en el mundo¬Ľ, y consider√≥ que la distribuci√≥n de la riqueza y la generaci√≥n de empleos ¬ęson un servicio al bien com√ļn¬Ľ.

El Papa lleg√≥ al Capitolio acompa√Īado por el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el presidente del Congreso, John Boehner, y brind√≥ un discurso de aproximadamente media hora ante el pleno de los legisladores norteamericanos.

Durante su alocuci√≥n, el jefe de Estado del Vaticano no mencion√≥ expl√≠citamente el tema del reestablecimiento de las relaciones diplom√°ticas entre Cuba y Estados Unidos, aunque habl√≥ de su ¬ędeber de construir puentes¬Ľ para que ¬ęlos pa√≠ses reanuden el di√°logo y abrir nuevas oportunidades para todos¬Ľ. ¬ęUn buen l√≠der pol√≠tico es el que con los intereses de todos aprovecha el momento de apertura y pragmatismo¬Ľ, dijo.

Les record√≥ tambi√©n que ¬ęel fin primordial de la pol√≠tica¬Ľ es ¬ępreservar la dignidad de los ciudadanos y avanzar ha hacia el bien com√ļn¬Ľ, y les pidi√≥ ¬ęproteger mediante las leyes, la imagen y semejanza de Dios que tenemos en cada rostro humano¬Ľ, particularmente ¬ęa los que est√°n atrapados en un ciclo de pobreza¬Ľ.

Adem√°s, reconoci√≥ que ¬ęninguna religi√≥n es inmune al extremismo ideol√≥gico¬Ľ, lo cual implica ¬ęestar especialmente atentos a cualquier tipo de fundamentalismo, ya sea religioso u otro¬Ľ. Para ¬ęcombatir esta violencia¬Ľ, a√Īadi√≥, se requiere ¬ęmantener un equilibrio¬Ľ que ¬ęse salvaguarde la libertad religiosa y las libertades individuales¬Ľ.

En otro tramo de su discurso, calific√≥ a Estados Unidos como ¬ętierra de la diversidad¬Ľ y, en alusi√≥n a los conflictos racistas desatados en los √ļltimos meses en Baltimore tras el asesinato a afrodescendientes por parte de polic√≠as, el Pap√° pidi√≥ garantizar ¬ęlos plenos derechos civiles y pol√≠ticos de los afroestadounidenses¬Ľ.

¬ęNo hay que tenerle miedo a los extranjeros porque muchos de nosotros lo fuimos alguna vez. Se los digo esto como un hijo de inmigrantes y sabiendo que tantos de ustedes son descendientes de inmigrantes¬Ľ, puntualiz√≥ Jorge Bergoglio, y concit√≥ uno de los aplausos m√°s cerrados de su intervenci√≥n.

Tambi√©n se refiri√≥ a la ¬ęcrisis de los refugiados¬Ľ pero no la situ√≥ solamente en Europa, sino en los mismos Estados Unidos: ¬ęEn este continente viajan (muchas personas) hacia el norte en b√ļsqueda de una mejor vida y oportunidades para ellos y sus seres queridos (…) No nos deben sorprender las cifras sino m√°s bien las personas, sus rostros, escuchar sus historias y tratar de responder de manera humana, justa y fraterna a su situaci√≥n¬Ľ.

Luego ratific√≥ la condena de la Iglesia Cat√≥lica a la pena de muerte y se hizo eco del pronunciamiento que varios obispos de Estados Unidos le hicieron a los sucesivos gobiernos: ¬ęNo solo respaldo la abolici√≥n de la pena de muerte sino que tambi√©n ofrezco aliento a todos aquellos que est√°n convencidos de que una condena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensi√≥n de la esperanza y la meta de la rehabilitaci√≥n de la persona¬Ľ.

Record√≥ la protecci√≥n al medio ambiente, tema sobre el cual se pronunci√≥ en su enc√≠clica Laudato Si, y pidi√≥ hacer ¬ęun esfuerzo valiente y responsable para redireccionar nuestros pasos y detener el deterioro ambiental causado por la actividad humana¬Ľ.

Por √ļltimo, mencion√≥ la importancia de ¬ęponerle fin a los muchos conflictos armados que hay en el mundo¬Ľ y detener el tr√°fico de armas. ¬ę¬ŅPor qu√© se est√°n vendiendo armas letales? Por el dinero que est√° empapado en sangre, a menudo de inocentes. Ante el silencio es nuestro deber enfrentar el problema y detener¬Ľ ese tipo de tr√°fico.

Al finalizar su alocuci√≥n, Francisco sali√≥ al balc√≥n del Capitolio de Washington para saludar a las miles de personas que siguieron desde la calle su hist√≥rico discurso: ¬ęAgradezco su acogida y su presencia, agradezco a los personajes m√°s importantes que hay aqu√≠, los ni√Īos¬Ľ, dijo. ¬ęLes pido por favor a ustedes que recen por m√≠ y si hay entre ustedes personas que no creen o no pueden rezar, les pido por favor que me deseen cosas buenas¬Ľ, dijo en castellano y se despidi√≥ en ingl√©s: ¬ęGod bless Am√©rica¬Ľ.

 

El discurso completo del Papa en el Congreso de EE.UU.papa capitolio

Se√Īor Vicepresidente,
Se√Īor Presidente,
Distinguidos Miembros del Congreso,
Queridos amigos:

Les agradezco la invitaci√≥n que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesi√≥n conjunta del Congreso en ¬ęla tierra de los libres y en la patria de los valientes¬Ľ. Me gustar√≠a pensar que lo han hecho porque tambi√©n yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto¬†y con el que tenemos una responsabilidad com√ļn.

Cada hijo o hija de un pa√≠s tiene una misi√≥n, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este Pa√≠s crezca como Naci√≥n. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y est√°n llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la b√ļsqueda constante y exigente del bien com√ļn, pues √©ste es el principal desvelo de la pol√≠tica. La sociedad pol√≠tica perdura si se plantea, como vocaci√≥n, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de¬†los que est√°n en situaci√≥n de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre est√° basada¬†en la atenci√≥n al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.
Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza
plasmada por Dios en cada rostro.
En esta perspectiva quisiera hoy no s√≥lo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aqu√≠ junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada d√≠a para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y ‚Äďpoco a poco‚Äď conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que ‚Äďcon su servicio silencioso‚Äď sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espont√°neas pero tambi√©n a trav√©s de organizaciones que buscan paliar el dolor de los m√°s necesitados.

Me gustar√≠a dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabidur√≠a forjada por los a√Īos e intentan de muchas maneras, especialmente a trav√©s del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos.

Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.

Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad
conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las¬†ambig√ľedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y l√≠mites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegaci√≥n y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor.

Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.

Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton. Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que esta Naci√≥n, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad¬Ľ. Construir un futuro de libertad exige amor al bien com√ļn y colaboraci√≥n con un esp√≠ritu de subsidiaridad y solidaridad.

Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que
fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar.

Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores. El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.

Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliaci√≥n, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopol√≠ticas y econ√≥micas que abundan hoy. Tambi√©n en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias,¬†mantener la fe en los compromisos, promoviendo as√≠ la recuperaci√≥n de las personas y de los pueblos. Ir¬†hacia delante juntos, en un renovado esp√≠ritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al¬†bien com√ļn.

El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovaci√≥n del esp√≠ritu de colaboraci√≥n que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desaf√≠o exige poner en com√ļn los recursos y los talentos que poseemos y empe√Īarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.

En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas
políticas y consensos sociales. Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad.

¬ęSostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres¬†son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos¬†est√° la vida, la libertad y la b√ļsqueda de la felicidad¬Ľ (Declaraci√≥n de Independencia, 4 julio 1776). Si es ¬†verdad que la pol√≠tica debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la econom√≠a¬†y de las finanzas. La pol√≠tica responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien¬†com√ļn posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia¬†y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los¬†aliento en este esfuerzo.

En esta sede quiero recordar tambi√©n la marcha que, cincuenta a√Īos atr√°s, Martin Luther King encabez√≥ desde Selma a Montgomery, en la campa√Īa por realizar el ¬ęsue√Īo¬Ľ de plenos derechos civiles y pol√≠ticos para los afro-americanos. Su sue√Īo sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los ¬ęsue√Īos¬Ľ. Sue√Īos que movilizan a la acci√≥n, a la
participaci√≥n, al compromiso. Sue√Īos que despiertan lo que de m√°s profundo y aut√©ntico hay en los pueblos.¬†En los √ļltimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sue√Īo de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos¬†de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de¬†inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes.

Tr√°gicamente, los derechos¬†de cuantos vivieron aqu√≠ mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus¬†naciones, desde el coraz√≥n de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi m√°s alta estima y¬†reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es dif√≠cil¬†enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no¬†podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el¬†mundo m√°s noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educaci√≥n que no¬†puede dar nunca la espalda a los ¬ęvecinos¬Ľ, a todo lo que nos rodea. Construir una naci√≥n nos lleva a¬†pensarnos siempre en relaci√≥n con otros, saliendo de la l√≥gica de enemigo para pasar a la l√≥gica de la¬†rec√≠proca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Conf√≠o que lo haremos.

Nuestro mundo est√° afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desaf√≠os y decisiones dif√≠ciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en b√ļsqueda de una vida¬†mejor para s√≠ y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¬ŅAcaso no es lo¬†que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los n√ļmeros, m√°s bien¬†mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor¬†respuesta a su situaci√≥n. Una respuesta que siempre ser√° humana, justa y fraterna. Cuid√©monos de una¬†tentaci√≥n contempor√°nea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: ¬ęHagan ustedes con¬†los dem√°s como quieran que los dem√°s hagan con ustedes¬Ľ (Mt 7,12).

Esta regla nos da un par√°metro de acci√≥n bien preciso: tratemos a los dem√°s con la misma pasi√≥n y compasi√≥n con la que queremos ser tratados. Busquemos para los dem√°s las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompa√Īemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompa√Īados.

En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.

Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolici√≥n mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana est√° dotada de una dignidad inalienable y la sociedad s√≥lo puede beneficiarse en la rehabilitaci√≥n de aquellos que han cometido alg√ļn delito.

Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.

En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.

¬°Cu√°nto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¬°Cu√°nto se viene trabajando en estos primeros a√Īos del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! S√© que comparten mi convicci√≥n de que todav√≠a se debe hacer mucho m√°s y que, en momentos de crisis y de dificultad econ√≥mica, no se puede perder el esp√≠ritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cu√°n cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza.
También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.

No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y
distribuci√≥n de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicaci√≥n de soluciones tecnol√≥gicas y la gu√≠a del esp√≠ritu emprendedor son parte indispensable de una econom√≠a que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. ¬ęLa actividad empresarial, que es una noble vocaci√≥n orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la
regi√≥n donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creaci√≥n de puestos de trabajo es¬†parte ineludible de su servicio al bien com√ļn¬Ľ (Laudato si‚Äô, 129). Y este bien com√ļn incluye tambi√©n la tierra, tema central de la Enc√≠clica que he escrito recientemente para ¬†¬ęentrar en di√°logo con todos acerca de nuestra casa com√ļn¬Ľ (ib√≠d., 3).

¬ęNecesitamos una conversaci√≥n que nos una a todos, porque el desaf√≠o¬†ambiental que vivimos, y sus ra√≠ces humanas, nos interesan y nos impactan a todos¬Ľ (ib√≠d., 14).

En Laudato si‚Äô, aliento el esfuerzo valiente y responsable para ¬ęreorientar el rumbo¬Ľ (N. 61) y para evitar las m√°s grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos ‚Äďy este Congreso‚Äď est√°n llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una ¬ęcultura del cuidado¬Ľ (ib√≠d., 231) y una
¬ęaproximaci√≥n integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simult√°neamente para cuidar la naturaleza¬Ľ (ib√≠d., 139). La libertad humana es capaz de limitar la t√©cnica¬†(cf. ib√≠d., 112); de interpelar ¬ęnuestra inteligencia para reconocer c√≥mo deber√≠amos orientar, cultivar y¬†limitar nuestro poder¬Ľ (ib√≠d., 78); de poner la t√©cnica al ¬†¬ęservicio de otro tipo de progreso m√°s sano, m√°s¬†humano, m√°s social, m√°s integral¬Ľ (ib√≠d., 112). S√© y conf√≠o que sus excelentes instituciones acad√©micas y¬†de investigaci√≥n pueden hacer una contribuci√≥n vital en los pr√≥ximos a√Īos.

Un siglo atr√°s, al inicio de la Gran Guerra, ¬ęmasacre in√ļtil¬Ľ, en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. √Čl sigue siendo fuente de inspiraci√≥n espiritual y gu√≠a para muchos. En su autobiograf√≠a escribi√≥: ¬ęAunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual hab√≠a venido, tambi√©n fui prisionero de mi propia violencia y ego√≠smo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le
amaban y tambi√©n le aborrec√≠an. Hab√≠an nacido para amarle y, sin embargo, viv√≠an con temor y ansias desesperadas y enfrentadas¬Ľ. Merton fue sobre todo un hombre de oraci√≥n, un pensador que desafi√≥ las certezas de su tiempo y abri√≥ horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue tambi√©n un hombre de di√°logo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.

En tal perspectiva de di√°logo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los √ļltimos meses y que ayudan a superar las hist√≥ricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo m√°s posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando pa√≠ses que han estado en conflicto retoman el camino del di√°logo, que podr√≠a haber estado interrumpido por motivos leg√≠timos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen pol√≠tico es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un esp√≠ritu abierto y pragm√°tico. Un buen pol√≠tico opta siempre por generar procesos m√°s que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).
Igualmente, ser un agente de di√°logo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en √ļltimo t√©rmino, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¬Ņpor qu√© las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta,
que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de  sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.

Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sue√Īos: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusi√≥n; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de di√°logo y la apertura a Dios. Cuatro representantes del pueblo norteamericano.

Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.

De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.

Una Naci√≥n es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres ¬ęso√Īar¬Ľ con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intent√≥ hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace di√°logo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.

Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustar√≠a que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los j√≥venes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos so√Īar. Que Dios bendiga a Am√©rica.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

A√Īadir comentario