Dic 2 2013
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Sociedad

Frentes de lucha en Estados Unidos

Una multitud de luchas se expresa en diversos puntos de este pa√≠s, desde esfuerzos para enfrentar la creciente desigualdad econ√≥mica hasta la de los derechos de los inmigrantes, pasando por la gran pugna sobre la educaci√≥n p√ļblica, as√≠ como en defensa de los derechos a la privacidad y libre expresi√≥n frente al gobierno secreto, y contra las pol√≠ticas b√©licas de Washington.

Ninguna es masiva, a√ļn, y todas padecen de la fragmentaci√≥n que caracteriza la lucha social y pol√≠tica en Estados Unidos. Pero nadie puede pronosticar qu√© prometen para el futuro.

El historiador Howard Zinn siempre afirmaba que la historia est√° hecha de sorpresas. En una entrevista con La Jornada hace a√Īos, Zinn recordaba c√≥mo muchos progresistas lamentaban en los a√Īos 50 que los movimientos sociales parec√≠an moribundos despu√©s del macartismo y el aparente triunfo del mito del sue√Īo americano durante el auge econ√≥mico de la posguerra, pero que justo en esos momentos unos j√≥venes afroestadunidenses se estaban sentando en una barra prohibida a personas de color en un pueblo en el sur. A unos pueblos de distancia, sin saber de los otros, otro grupo de j√≥venes hac√≠a lo mismo. Era el inicio de un movimiento social que sacudir√≠a a Estados Unidos y florecer√≠a en otros m√°s en lo que ahora se refiere como los sesenta, transformando a este pa√≠s.

Hoy d√≠a, unos j√≥venes enfrentan a los pol√≠ticos m√°s poderosos del pa√≠s y emplean algunas de las mismas t√°cticas de desobediencia civil de sus contrapartes en los 60 para demandar sus derechos civiles y humanos. Son hijos de inmigrantes indocumentados criados en este pa√≠s y est√°n hartos de vivir en las sombras y con el temor cotidiano de que sus padres ser√°n deportados por trabajar y esperar que sus hijos logren sus sue√Īos. La semana pasada, el coreano Ju Hong, activista de derechos de los inmigrantes, interrumpi√≥ el discurso del presidente Barack Obama para exigir el cese de las deportaciones, acci√≥n que fue noticia nacional. Cuando el presidente le respondi√≥ con una mentira ‚Äďde que no ten√≠a ning√ļn poder para suspender la mayor√≠a de las deportaciones‚Äď, el New York Times, entre otros, critic√≥ al presidente, da√Īando su imagen como defensor de inmigrantes.

Unos d√≠as antes, el presidente de la c√°mara baja, John Boehner, fue enfrentado por dos hijas de mexicanos, y tambi√©n les minti√≥: les dijo que estaba haciendo todo lo posible por promover una reforma migratoria, pero horas despu√©s declar√≥ a los medios que no estaba dispuesto a promover nada este a√Īo. Mientras tanto, en diferentes ciudades, inmigrantes y sus defensores han bloqueado camiones y oficinas de la migra para intentar detener f√≠sicamente deportaciones. Acusan al presidente de ser el deportador en jefe por deportar a m√°s de mil inmigrantes diarios en promedio y est√° por llegar a la cifra de 2 millones desde que lleg√≥ a la Casa Blanca, m√°s que cualquiera de sus antecesores, y han declarado que ni uno m√°s.

Por otro lado, mientras los medios reportaban la histeria de consumo al inicio de la temporada navide√Īa a finales de la semana pasada, irrumpieron en la fiesta manifestaciones frente a m√°s de mil establecimientos de Walmart en todo el pa√≠s, de trabajadores y sus aliados que exigen mejores salarios y condiciones de trabajo a la cadena comercial m√°s grande del planeta. En la protesta frente a la tienda en Ontario, California, 10 fueron arrestados, incluido un Santacl√≥s; otros 10 fueron arrestados en una tienda de Walmart en Chicago; 15 m√°s en Bellevue, estado de Washington; unos 150 protestaron en otra de sus tiendas en Secuacus, Nueva Jersey, y miles participaron en estas acciones a lo largo y ancho del pa√≠s.eeuu hispanos

Los trabajadores de las cadenas comerciales ganan en promedio 9.60 d√≥lares la hora, o menos de 20 mil al a√Īo; los 3.4 millones que trabajan en el sector de comida r√°pida tienen un salario medio de 8.80 la hora, que no alcanza para sostener a una familia. Por ello, agrupaciones a lo largo del pa√≠s han impulsado ‚Äďjunto con acciones contra empresas particulares como Walmart y McDonald‚Äôs‚Äď campa√Īas estatales para elevar el salario m√≠nimo para los millones de trabajadores tanto en este sector como en el de comida r√°pida. Una encuesta reciente de CBS News registra que 69 por ciento de los estadunidenses apoya el incremento del salario m√≠nimo, con s√≥lo 25 por ciento que se opone. Ante la realidad de la peor desigualdad econ√≥mica desde la gran depresi√≥n (los ricos tienen m√°s que nunca), estas campa√Īas tienen un terreno pol√≠tico y social f√©rtil.

Por otro lado, una de las iniciativas que surgieron de Ocupa Wall Street, Rolling Jubilee, ha comprado casi 15 millones de d√≥lares de deuda m√©dica de gente pobre. Recaudando 400 mil d√≥lares en contribuciones, la iniciativa compr√≥ con descuento la deuda de bancos en el mercado secundario de deuda donde venden deuda incumplida. Al adquirirla, el proyecto envi√≥ un mensaje a los 2 mil 693 individuos en m√°s de 45 estados, declarando que su deuda ha sido abolida; pero el prop√≥sito es educar al p√ļblico sobre el funcionamiento del sector financiero.

Tambi√©n contin√ļan luchas din√°micas en varios otros frentes: desde maestros, estudiantes y padres de familia contra las llamadas reformas educativas que buscan convertir al sector en un mercado de lucro hasta un movimiento ambientalista amplio contra las pol√≠ticas energ√©ticas, sobre todo el llamado fracking, como tambi√©n acciones de repudio f√≠sicas y cibern√©ticas contra el espionaje masivo de la ciudadan√≠a por el gobierno, actos contra pol√≠ticas b√©licas, como el uso de drones contra poblaciones civiles, entre otras expresiones de disidencia y protesta.

Todos estos frentes de lucha siguen, en general, aislados uno del otro, pero empiezan a verse algunas nuevas alianzas, y la memoria de Ocupa Wall Street como la efervescencia ciudadana en la primera elección de Obama siguen presentes como experiencias donde se sumaron sectores diversos para volverse uno. De todo esto, afirman algunos, suelen brotar las sorpresas.

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