Nov 13 2016
626 lecturas

Política

Ganó Trump, para “renovar el sueño americano”

 Advertimos sobre la posibilidad que las elecciones norteamericanas, de este martes pasado, conmovieran al mundo. Así fue. Se votó, ganó Trump. Conocidos los resultados un escalofrío recorre las espaldas de la mayor parte de la dirigencia mundial. Hubo una participación del 56,9%. Donald Trump logró 60.248.555 votos (47,3%) y 306 electores. Hillary Clinton reunió 60.811.795 votos (47,8%) y 232 electores. La pequeña diferencia de los votos (0,5%) a favor de Hillary no pudo evitar que Trump reuniera un número largamente superior de electores por Estado (provincia), que son quienes lo proclamarán Presidente en un próximo Colegio Electoral.

La mayor parte de los dirigentes políticos occidentales y prácticamente todos los medios de prensa de esa parte del mundo venían caracterizando a Trump como un empresario salvaje, sin escrúpulos, que desprecia a las mujeres y odia a los extranjeros. Es probable que esas críticas no sean injustas, pero no está allí la razón por la que fue electo como Presidente. Aquí desarrollaremos algunas cuestiones que explican esa victoria, se trata de temas que fueron sistemáticamente obviados por esa prensa, interesada en promover un resultado distinto. En el mismo sentido las encuestadoras volvieron a equivocarse, sería interesante desentrañar si se trata de incapacidades manifiestas o intereses ocultos.

Al anunciar su victoria, Trump comunicó que venía a “Renovar el sueño americano” y hacer que ¡Estados Unidos sea grande otra vez!” Con estas definiciones Trump se quiere ubicar en la línea histórica de los que construyeron a los Estados Unidos. Aquellas ideas fueron las de “libertad” e “igualdad de oportunidades”, que serían las que permitirían a los ciudadanos alcanzar sus objetivos personales mediante su esfuerzo propio y la determinación de alcanzarlo. Según el discurso del futuro Presidente esos valores se evaporaron en los últimos años y Estados Unidos está perdiendo el tren de la historia y él pretende refundar esa sociedad y restablecer su orgullo nacional y su poderío, asentado sobre esos valores individualistas. Da la impresión que ello es de difícil realización en medio de una crisis que desde el 2008 recorre la sociedad norteamericana y que no da signos de superarse.

 Algunas cuestiones previaseeuu-trump-y-obama

Es sabido que el sistema institucional de los Estados Unidos limita la figura de la persona que está a cargo del Ejecutivo. Los topes legales vienen del Parlamento y la Justicia. Además de esas restricciones institucionales, hay otras provenientes del poder económico. Ambas cuestiones naturalmente se expresarán también en el caso de Trump. Es por eso que habrá que ver si logrará sostener sus propuestas o discursos o si los mismos naufragarán en las negociaciones cotidianas que tendrá que establecer. Sobre esta cuestión es bueno recordar que su figura y candidatura nunca fue tomada muy en serio por el sistema de poder. Ésa es una de las características de este personaje y de allí derivan algunas de sus perspectivas futuras. Trump no es una persona acostumbrada a la búsqueda de consensos sino, como todo empresario, a mandar y ser obedecido. Eso choca con la tradición de los gobiernos norteamericanos. Esta es una contradicción cuyo resultado será vital para el futuro norteamericano.

Para cerrar este tema digamos que esta elección profundiza la ya grave fragmentación interna de los Estados Unidos. Pone en evidencia que lo Estados Unidos no son solamente sus intelectuales, su cultura elitista y sus profundos vínculos con el sector financiero. Acá se expresó el sector duramente castigado por la crisis y la xenofobia que suele acompañar a este tipo de situaciones. Esto llega al punto que pobladores del Estado de California están planteando la independencia de ese Estado (la sexta economía mundial) para integrarse al mundo globalista hacia el que, hasta ahora, parecían marchar los Estados Unidos.

La “globalización” y lo considerado “políticamente correcto”

globalizacionEn varias oportunidades hemos señalado en esta misma sección de qué modo la “globalización” universal está avanzando hacia el dominio total del planeta. Lo hace mediante una brutal concentración económica y dejando el poder mundial en manos de unos pocos grupos trasnacionales que pretenden gobernar por encima de los Estados. Los grandes organismos internacionales (OMC, FMI, BM) y las Naciones Unidas acompañan –en general- esa tendencia. Las anuales reuniones de Davos y del Grupo Bilderberg son una especie de Parlamento mundial donde los “dueños del mundo” debaten las grandes líneas de acción a desarrollar. Esas políticas se vienen vistiendo de “democráticas”. Voto periódico, capitalismo y democracia representativa son sus grandes cartas de triunfo para imponerse mundialmente. Intentan identificarse con justos reclamos del pueblo, con sus bellos discursos acerca de mayores y nuevos derechos, una justicia global y un humanismo universal, expresan esas ideas “políticamente correctas”.

Pero ellas son utilizadas para servir y encubrir otras cuestiones: la agudización de los saqueos extractivistas de los llamados recursos naturales o bienes comunes; la profunda destrucción que promueven en los jóvenes y las bases masivas de la sociedad. Los largos tiempos de la historia de los pueblos reconocerán de qué modo la droga es uno de los principales instrumentos actuales de esa tendencia. La usan para que sirva a la acumulación de grandes capitales financieros; para esterilizar rebeldías juveniles. Lo hacen planificando y promoviendo el genocidio juvenil, al mismo tiempo que dan un justificativo al despliegue de multiplicadas formas de violencia estatal y paraestatal. Todo ello forma parte del discurso globalista, que nos envuelve todos. Todas las manifestaciones del sistema los aplauden, la mayor parte de las expresiones políticas, incluidas las que aparecen como transformadoras o de “izquierda”, han ido internalizando esos valores.

Esta tendencia siguió avanzando hacia sus metas de concentración hacia un único poder y gobierno mundial. Sus empresas siguieron acumulando mayores ganancias pero sin dar respuesta a gran parte de la sociedad de los propios “países centrales” sobre los que se asentaban. La crisis en ellos no parece tener fin y las respuestas políticas comenzaron aflorar. Primero fue en Europa y ahora en los propios Estados Unidos. El triunfo electoral del “brexit” (salida del Reino Unido de la Unión Europea) fue su signo más evidente. Pero no son pocos ni menores los países europeos que ya sienten la amenaza de quienes, mediante el “aislacionismo nacional” pretenden resolver la crisis que padecen. Ahora, un Estados Unidos dividido se ha sumando a esa tendencia.

 Políticas internas: xenofobia nacionalista y proteccionismo

ricosPero el “derrame” de riquezas, en el mundo globalizado, no se produjo. Las deslocalizaciones industriales (llevar las fábricas a lugares donde la mano de obra es más barata y hay menos controles) permitieron incrementar ganancias empresariales pero dejaron un saldo de desocupación en vastas zonas productivas y una capacidad de consumo cada vez menor. Frente a ello Trump parece apelar a dos recursos ya conocidos históricamente: El proteccionismo a sus industrias, para prometer trabajo al núcleo principal de sus seguidores populares: trabajadores blancos y desocupados, mayoritariamente de origen anglo sajón. Hacer responsable, de las características estructurales del capitalismo, a minorías como los musulmanes, los negros, los mejicanos. Ese nacionalismo xenófobo -de manual- ya fue usado por otros protagonistas de la historia, del cual el nacional socialismo alemán es una de sus expresiones. Junto a ese nacionalismo confía en uno renacimiento industrial producto de sus políticas proteccionistas. Con la articulación de ambas tendencias espera recrear el viejo “sueño americano”. Aplicar estas medidas en un mundo más complejo e interdependiente no le será sencillo.

 Claves de su política inernacional: Europa, China, Rusia

El capitalismo actual gira sobre la alianza de Estados Unidos con Europa y tiene en la OTAN su brazo armado para constituirse en gendarme mundial. Japón acompaña parte de esos negocios. Ciertamente Europa, particularmente la Unión Europea tienen muy poco para festejar con el triunfo de Trump. Es posible que pase por la cabeza del nuevo Presidente norteamericano que Europa se reconstituyó –después de la Guerra- con la ayuda de los Estados Unidos (Plan Marshall) y que ahora, en estos tiempos de crisis, es hora que pague esas “deudas históricas”. No es de extrañar que Estados Unidos pretenda descargar sobre Europa los altos costos de mantener la OTAN. Por otra parte es Europa la madre de aquellos conceptos del humanismo “bien pensante” a los cuales Trump es tan poco afecto. Tal vez piense que un poco del “realismo” de la crisis actual no les venga mal. Como es probable que Trump trate de colocar sus graves problemas internos en las minorías de su territorio y en algunos factores externos, no se puede descartar que incremente la importancia del complejo militar industrial. La OTAN o quien cumpla ese rol será el principal destino de ese proyecto. Trump debe estimar que Europa junto a otros países que requieran de su apoyo deben ser los sostenedores de ese complejo.

china-eeuu1Si Europa no parece ser la beneficiaria del triunfo de Trump no es muy distinta la situación de China, aunque por otras razones y diferentes argumentos. China es no solo el principal destino de la mayor parte de las fabricas estadounidenses, también buena parte de las empresas de origen norteamericano hoy son propiedad de chinos. El gigantesco volumen de bonos norteamericanos en poder de China no es una cuestión que se podrá omitir a la hora de las relaciones futuras. Con la compra de dichos bonos China le dio “aire” a su producción y disimuló el creciente déficit de la economía norteamericana. Es probable que ahora nos estemos acercando a la hora de la verdad. Es inimaginable lo que puede ocurrir si ese tema es colocado en la mesa de las negociaciones. Esa política hizo que los supermercados norteamericanos estén llenos de productos chinos. Restablecer la vigencia de la industria norteamericana supone poner fuertes restricciones al ingreso de productos chinos. Solo quienes sean muy ingenuos podrán imaginar que estos cambios se podrán hacer con el beneplácito de los asiáticos. Otro grave riesgo lo constituye la situación de Corea del Norte, que cuenta con el aval de los chinos, no se puede descartar que los norteamericanos coloquen a ese pequeño país como un riesgo para su seguridad, dándole un destino y sentido a su poder militar.

La Rusia de Vladimir Putin está en una situación totalmente distinta. Su producción no afecta a la norteamericana. En cambio su gran poder está en el control de los gasoductos por donde transcurre el gas que le quita el frío a los europeos. Trump podrá usar esa situación para poner, en acuerdo con Rusia, mayores condiciones a Europa. El mismo hecho transforma a Siria en un punto inmediato de negociación. Las perspectivas inmediatas de la relación estadounidense con Venezuela y Cuba es posible que también tengan algún nivel de mediatización en esta relación de Rusia y Trump.

Perspectivas respecto a la Argentina

El apoyo de Mauricio Macri a la candidatura de Hillary Clinton no fue un hecho casual, ni producto de un circunstancial estado de ánimo. El triunfo de Hillary significaba tener a mano las mejores condiciones para desplegar uno de los proyectos más deseados del macrismo: la “integración de Argentina al mundo”. Ello significaba mejorar sus perspectivas comerciales sin depender tanto de China y la posibilidad de recibir las tan ansiadas inversiones extranjeras. Más allá que tales inversiones podrían ser funestas, con vistas al futuro, ellas se constituían en un salvavidas para su proyecto inmediato. Ahora la realidad, la dura realidad, es muy diferente. Los eventuales inversores tendrán mercado dentro de los propios Estados Unidos, seguramente las tasas de interés aumentarán y quienes vengan exigirán mucho más que sus actuales pretensiones.ar-macri-en-roma-bicicleta

El macrismo desconcertado tendrá que recalcular, no un detalle sino su estrategia global. Todo ello en medio de una pavorosa crisis de la que no logra despegar. Hay caminos obvios, además de apelar a viejas relaciones personales con el nuevo Presidente, que el macrismo intentará. Seguramente buscará un alivio en China, sus fuentes financieras y sus mercados. Pero ya vimos que China tampoco estará en las mejores condiciones. Hay otros caminos, más aptos, pero que el macrismo difícilmente adopte, por prejuicios ideológicos: La promoción del mercado interno frenando la actual tendencia a la apertura de la economía y restableciendo un mejor vínculo con los demás pueblos de la región que se encuentran ante situaciones semejantes a la nuestra. Trump trae nuevas perspectivas al agotamiento de la estrategia “progresista” de estos últimos años. Es de esperar que los pueblos y sus dirigentes hayan aprendido la lección para no repetir los errores cometidos y aprovechen la nueva situación para construir un nuevo tipo de poder capaz de destrabar los lazos que nos atan a la economía capitalista de los países conocidos como centrales.

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario