Nov 13 2012
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CulturaSociedad

Gisela Ortega / La indiferencia

Vivir es un modo de existir de los seres organizados. La vida se comunica. Para algunos, es dejarse ir sin reacción, ni toma de conciencia; no interesarse por nada ni nadie, ausentarse de todo y de todos, de los problemas, de las gentes; es volverse desatento al mundo que nos rodea con una total indiferencia
La indiferencia es un sentimiento que se caracteriza por no ser ni positivo ni negativo.

 

Es el estado de ánimo en que no se siente ni entusiasmos, ni enojos, ni amor ni odio, ni repugnancia hacia una persona u objeto, y conduce a la insensibilidad, la anestesia afectiva, la frialdad emocional y el insano despego psíquico.

 

Es no atender las urgencias vitales, los graves e ineludibles asuntos cuya atención el mundo exige y la conciencia reclama imperiosamente. Es no conmoverse, el volver una existencia que podría ser plena, en vida decadente, mermada que deja pasar los instantes. Es negación, negatividad.

 

Los antiguos estoicos caracterizaban la actitud del sabio por la indiferencia de lo que no es bueno o virtuoso. La indiferencia producía en el orden afectivo la apatía y la ataraxia. Pirrón, filoso griego de la Antigüedad, proclamaba la indiferencia absoluta como único camino para conseguir la felicidad.

 

La indiferencia comprende la apatía, que es el eterno indiferente impasible de ánimo, falto de vigor o energía. El cínico se muestra indiferente ante la rectitud y sinceridad: no cree en ellas. El desapasionado ha quitado el interés o la pasión que tenía a una persona o cosa, quedando entonces en pura indiferencia.

 

Descuidada, es la persona que no presta cuidado o la atención debida. Displicente equivale a falto de interés, entusiasmo o afecto. El estoico se presenta indiferente ante el placer o el dolor y tiene gran entereza ante la desgracia. Fría es la persona serena, que no se inmuta fácilmente, falta de pasión y sensibilidad.

 

Imparcial es sinónimo de independiente que no se adhiere a ningún partido, o no entra en ninguna parcialidad. El indolente no se conmueve por nada y ante nada: sangre fría. El insensible no siente las cosas que causan dolor o mueven a lástima. Neutral es la persona que no tiene partido; también muchas veces, a la hora de dar una opinión, decir esto o lo otro se muestra indiferente, es decir, no responde.

 

Se hace más común en nuestro medio el tipo humano indiferente cuya apatía configura esa indiferencia adoptada ya como sistema, el temor latente a tener que pronunciarse, a asumir responsabilidades y reaccionar. Existe una indiferencia del gobierno ante una opinión pública que clama porque se de frente y la solución adecuada a múltiples asuntos: el caos administrativo, a la corrupción, y el problema de la inseguridad. Una incomprensible indiferencia frente a realidades ante las cuales no cabe la indiferencia.

 

También hay una tolerancia pública ante la indiferencia oficial, que puede confundir, con complacencia, lo que quizá obedece a impotencia.

 

Hay la indiferencia que demuestran algunos ante nuestros problemas y el contrastante interés ante problemas ajenos que no les incumben.

 

Existe preocupación en quienes ya ejercieron funciones de gobierno por la indiferencia del régimen actual ante problemas frente a los cuales también ellos, en su oportunidad, fueron lamentablemente indiferentes.

 

Hay indiferencias culpables, culposas e inconscientes. Hay una indiferencia producto de la desilusión, la impotencia, y hay a quienes les interesa que sea crecido el número de indiferentes. Existe también, una indiferencia cómoda, egoísta, conveniente.

 

Al referirse a la indiferencia William Shakespeare, afirmaba: “El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia, esto es la esencia de la humanidad”
Y Oscar Wilde djo: “Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor y es que no hablen.

 

No obstante en este mundo de indiferentes, hay quienes no queremos ni nos conformamos con serlo.
——
Periodista.

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3 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. laura de timpanaro
    15 noviembre 2012 20:51

    Amiga querida, leì 2 veces este artìculo tàn pero tàn interesante. Tienes razòn, la indiferencia en el ser humano es lo màs tràgico que pueda pasar. Hasta hoy creìa que la envidia era horrible pero ahora me doy cuenta que la indiferencia es peor.
    Te felicito por tu escrito y se lo voy a reenviar a todo el que pueda. Un abrazo

  2. alba de Nolivos
    16 noviembre 2012 2:48

    Muy bueno y documentado tu trabajo,para mi la indeferencia es la muerte al amor, no hay peor conducta y que duele, como dices , que la indiferencia, el ego personal se siente vejado ante ella, por eso es tan dañina, no deja huella, ni aliciente para nadie. es el mal riguroso de los culpables, irresponsables y muertos en vida.

  3. Vanessa
    20 noviembre 2012 17:15

    La indiferencia es terrible!, cuando toma el control es porque muchas otras cosas han muerto y entre ellas el valor para tomar decisiones.