Abr 23 2012
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PolíticaSociedad

Gringos traviesos

Los traviesos est√°n molestando al poder, lo cual provoca una deliciosa risa, una sensaci√≥n de que aqu√≠ a√ļn late un coraz√≥n rebelde, algo as√≠ como un reconocimiento colectivo de que a√ļn hay conciencia y, a veces, hasta genera solidaridad.

Puede ser un cómico, puede ser un cantante, puede ser un filósofo, puede ser un famoso o puede ser un anonymous, puede ser hasta un periodista quien rompe con la historia cotidiana oficial mediante una travesura, o sea, un momento o una forma de no portarse bien ante tanto mal.

El torrente de noticias sobre elecciones, de cu√°l candidato dijo qu√© cosa, de qui√©n va ganando seg√ļn tal encuesta, de cu√°les son sus vulnerabilidades, de qui√©n puede ¬ęgenerar empleo¬Ľ, de quien est√° dedicado de verdad a la educaci√≥n, la salud, el medio ambiente, de qui√©n ser√≠a el m√°s macho en el √°mbito internacional, de con qu√© guerra se est√° amenazando, o sea, la conversaci√≥n nacional autorizada por las c√ļpulas, intenta ahogar todo.

Pero en medio de esto, aparecen de pronto unos traviesos que simplemente no juegan con las mismas reglas. Algunos se burlan, otros usan m√ļsica, y otros dan voz a los que nadie escucha en la c√ļpula o hablan de cosas que la c√ļpula prefiere no abordar. No son marginales. Entre ellos est√°n algunas de las figuras m√°s reconocidas y distinguidas del pa√≠s.

Esta semana, la revista Time public√≥ su lista anual de las 100 figuras m√°s influyentes del mundo. Lo que llama la atenci√≥n no es que est√©n los obvios en este pa√≠s ‚Äďel presidente y pol√≠ticos y figuras empresariales‚Äď, sino algunos de los traviesos.

El más sorprendente es Stephen Colbert, el cómico que se presenta como comentarista ultraconservador en su programa The Colbert Report, quien se dedica a burlarse, con enorme inteligencia, de la dinámica político-social cotidiana que se presenta de forma tan seria y arrogante en este país. (En la foto, Michelle Obama asiste a su programa)

Tambi√©n est√° en la lista Anonymous, el colectivo de hacker-activistas (integrado no s√≥lo por estadunidenses) que una y otra vez se ha enfrentado en el campo de batalla cibern√©tico con algunas de las entidades m√°s poderosas del planeta, demandando, desde detr√°s de su ic√≥nica m√°scara colectiva, la democracia, transparencia y rendici√≥n de cuentas. ¬ęEsp√©renos, estamos en todas partes¬Ľ, advierten a sus adversarios en el poder.

Y están los estudiantes indocumentados (uno de ellos, Dulce Matuz, originaria de Sonora, también está en la lista de Time y encabeza la Coalición de Arizona por el DREAM Act) que han impulsado un valiente movimiento al mostrar la cara y la identidad (arriesgándose a la deportación) en demanda de la legalización y junto con ello, de respeto, dignidad y el derecho de estudiar.

Muchos que no est√°n en la lista tambi√©n se distinguen por enfrentar, provocar o burlar al poder. Por supuesto entre √©stos est√° Bruce Springsteen, actualmente de gira aqu√≠ con motivo de su nuevo disco en el que les mienta la madre a los banqueros, y quien dijo que los responsables de la crisis econ√≥mica hab√≠an ¬ęcometido un asalto b√°sico contra el coraz√≥n de lo que era la idea estadunidense¬Ľ y aconseja en una de sus canciones: ‚Äúag√°rrate bien de tu ira y no caigas ante tu temor.‚ÄĚ

Otros que andan en ese ritmo son Tom Morello, con sus camisetas y cachuchas del IWW; los Wobblies que han resucitado al gran movimiento anarcosindicalista de hace un siglo y trae una guitarra que tiene grabado ¬ęarma a los sin techo¬Ľ, o Patti Smith, la novelista-poetisa-cantautora que abarca generaciones de furia y contracultura, y ¬ęporque las noches fueron hechas para amantes¬Ľ, o sea, llamados a la rebeli√≥n contra las convenciones que apagan la vida. Est√°n iniciativas de traviesos antiempresariales como los Yes Men, que vuelven locos a los ejecutivos y pol√≠ticos al presentarse disfrazados de ellos o provoca crisis de relaciones p√ļblicas en entidades como la C√°mara de Comercio.

Y los de Ocupa Wall Street ‚Äďentre ellos, junto con los j√≥venes, estos m√ļsicos desobedientes, estos estudiantes, sindicalistas, veteranos de las guerras de Vietnam, Irak y Afganist√°n, veteranos de luchas antiguerra y de derechos civiles, religiosos y m√°s‚Äď, quienes han transformado el debate nacional en unos cuantos meses.

Hay poetas de ¬ępalabra hablada¬Ľ, vertiente del movimiento hip hop, nacida entre los m√°s pobres. Hay fil√≥sofos rebeldes justo en las mismas universidades dedicadas a peinar a los poderosos, como Cornel West (antes profesor en Harvard y ahora en Princeton), quien, junto con el destacado conductor de programas de entrevista en la televisi√≥n y radio p√ļblica Tavis Smiley, viaja a lo largo y ancho del pa√≠s en una caravana intelectual por zonas pobres dedicada a denunciar la injusticia econ√≥mica y sus consecuencias. Se√Īala que es atroz que en el pa√≠s m√°s rico del mundo uno de cada dos estadunidenses est√°n en la pobreza o al borde de ella, y advierte que si eso no se vuelve el centro del debate nacional amenaza con destruir la democracia estadunidense. ¬ęEl tema hoy es oligarqu√≠a. La pobreza es la nueva esclavitud. Los oligarcas son los nuevos reyes. Son los nuevos jefes de esta estructura de dominaci√≥n¬Ľ, explic√≥ West recientemente a la periodista Amy Goodman, de Democracy Now.

Goodman es parte de una amplia gama de periodistas independientes nacionalmente influyentes, entre los cuales tambi√©n est√°n los grandes veteranos Bill Moyers, de la televisi√≥n p√ļblica nacional, y Seymour Hersh, entre tantos m√°s que se atreven una y otra vez a romper con la historia oficial (no de vez en cuando, sino todo el tiempo), defendiendo el honor del gremio y obedeciendo la primera regla enunciada para todo periodista por el legendario I. F. Stone: ¬ętodos los gobiernos mienten¬Ľ.

Todo esto no significa que el país esté al borde de una revolución ni de un cambio radical. Pero el hecho de que todas estas figuras, individual y colectivamente, no sólo estén presentes, sino que lejos de estar marginadas tengan eco entre millones a nivel nacional e internacional, y que por ello generen incomodidad y a veces alarma e histeria entre los más ricos y poderosos, provoca, pues, gusto y a veces hasta… esperanza.

Estos traviesos rescatan cada día, de alguna manera, a este país.

 

*Corresoponsal de La Jornada de México en EEUU

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