Mar 19 2006
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Ambiente

GULUMAPU: GRAVÍSIMA AGRESIÓN AMBIENTAL

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

(Gulumapu, marzo de 2006). El Valle de Elicura se encuentra en la comuna de Contulmo, Chile, y esta conformado por las cuencas de los ríos Calebu y Elicura, que desembocan en el lago Lanalhue. El Valle de Elicura cuenta con una población de 1.800 habitantes –el 60 % mapuche lafkenche, pertenecientes todos a cinco comunidades: Antonio Leviqueo, Lorenzo Huaiquivil, Ignacio Meliman, Mateo Coliman y Juan Caniuman–.

Estas comunidades, como tantas otras en la provincia de Arauco, son víctimas de una degradación ambiental y de un desarrollo inapropiado; sufren constantemente la negligencia de las autoridades y padecen las violaciones de sus derechos humanos y libertades fundamentales.

En general, nunca nadie les ha consultado durante las etapas de planificación del desarrollo si ellas están de acuerdo con lo que sé esta haciendo o se pretende hacer, y jamás han recibido compensaciones por el uso de sus tierras y recursos.


En Elicura a los mapuche se les niega el derecho mismo al desarrollo, así como una serie de derechos económicos, culturales, políticos y civiles, definidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y en sus correspondientes pactos internacionales.

Paulatinamente, sin embargo, sus habitantes y comunidades ha ido tomando conciencia y valorando la idea que se tenía mucho que aprender de las habilidades tradicionales de los pueblos indígenas en la ordenación de sistemas ecológicos complejos. Los pueblos indígenas han creado sistemas satisfactorios de utilización de la tierra y gestión de los recursos, también han demostrado poseer amplios conocimientos de medicina con hierbas y una impresionante capacidad de manejos de suelos y de climas.

La función de los pueblos indígenas en la práctica del desarrollo sostenible concentró la atención de los representantes de gobiernos, grupos indígenas de otros países y expertos reunidos en Santiago de Chile en mayo del 1992 para una conferencia preparatoria a la Cumbre de la Tierra.

En ese encuentro planetario se insistió en la necesidad de que los pueblos indígenas ejerzan sus derechos a determinar su propio desarrollo, controlar sus propias instituciones y usar sus recursos como les parezca. También se pidió que se reconocieran sus conocimientos y que se promoviera la investigación ambiental.

En Chile estas ideas no han tenido el eco deseado, ya que cualquiera iniciativa endógena se encuentra inmediatamente frenada por el entramado estatal de control de la población indígena.

En efecto, los derechos de autonomía discutidos en las Naciones Unidas no están en el escenario político chileno. El jaguar económico nada a contra corriente de la ola de cambios que arrasa los Estados latinoamericanos –y que hace un par de meses tuviera su mejor ejemplo en la elección presidencial boliviana donde un aymara fuera embestido como primera autoridad de una republica criolla–.

fotoLa realidad local del valle

Las comunidades Lorenzo Huaiquivil, Juan Caniuman y Ignacio Meliman han ocupado, trabajado y vivido en el histórico Valle de Elicura desde tiempos inmemoriales. La historia del valle comenzaron a escribirla Elicura y Ancanamon, lonkoss generalísimos de las tierras bajas del Lago Lanalhue.

En el pasado –que no se olvida– los batallones españoles, al ver la imposibilidad de penetrar las tierras de la vertiente oeste de la cordillera de Nahuelbuta, recurrieron a los misioneros jesuitas. Desde entonces en este histórico sitio se han escrito paginas y más paginas de su espíritu indómito.

En los años de la década de1950/60 esas tierras fueron presa fácil de usurpadores que, con la complicidad del Estado chileno, les arrebataron cantidades considerables de ellas a sus legítimos propietarios, todo eso para instalar colonos criollos que aportaran la fe, la civilización y el progreso.

Fue así como se constituyeron dos grandes latifundios, Elicura y Calebu, lugares donde la mano de obra indígena fue explotada sin misericordia.

A lo largo de la década siguiente soplaron los vientos de lucha mapuche por la reforma agraria; en el valle de Elicura esos ventarrones dieron buenos resultados: los fundos Calebu y Elicura fueron expropiados por ley – número 16.640– creándose dos asentamientos campesinos. Sin embargo, la convivencia entre criollos chilenos y mapuche no fue de las mejores, por lo que en un corto plazo los descendientes de Ancanamon abandonaron ambos asentamientos.

Las nuevas generaciones crecieron en el valle al margen de estos procesos sociales, encontrándose eso si con una realidad dictatorial tan igual como ocurriera con casi todas las cooperativas y asentamientos campesinos de Arauco: los dos asentamientos fueron disueltos y sus tierras rematadas por el régimen militar pinochetista.

Fue así como las empresas forestales MININCO, S.A., y Arauco, S.A., se se apoderaron de sus majestuosas colinas, convirtiéndolas en aposento de especies exóticas nunca vistas por el entorno originario. Los dos tren-tren del Valle fueron ocupados por Forestal Arauco, encontrándose en la actualidad cubiertos de pinos y eucaliptos, violación permanente a lo mas íntimo de todo Elicurache, su espiritualidad.

La contaminación

Fuera de ello, el problema mayor con que se encuentran los habitantes del valle es el secamiento de las aguas por la desaparición de esteros que alimentan a los dos ríos principales, los cambios de los caudales tanto como la contaminación –física y química– afectan también al lago Lanalhue donde desembocan.

Este problema se origina por dos razones. Primero, por la substitución casi integral del bosque nativo de los cerros circundantes, hoy sólo cubiertos por plantaciones mono especificas de pino radiata y eucaliptos glóbulos de propiedad de MININCO y Arauco.

Y en segundo lugar, por la extracción de ripio efectuada por empresas privadas autorizadas por la Municipalidad de Contulmo.

Las consecuencias de las plantaciones forestales son muchas; podemos señalar:

– En primer lugar el secamiento de los esteros y menores niveles de agua en los ríos, afectando directamente la producción agrícola y por ende la economía local y la salud de la población por una alimentación empobrecida en vitaminas.
– En segundo lugar esta la contaminación de las aguas por fumigación con productos químicos, afectando la calidad de las aguas de consumo y la salud de la población por su proximidad con las plantaciones fumigadas.
– En tercer lugar la erosión de los terrenos, afectando la calidad de los suelos productivos, produciendo el enturbecimiento de las aguas en momento de lluvias.
– En cuarto lugar se puede señalar la desaparición de la biodiversidad por el monocultivo y la rarefacción de plantas y animales cuya presencia depende de la presencia de bosques diversificados.

Por ultimo está la pobreza de la diversidad paisajística, empobrecimiento y desmedro del potencial turístico que el valle posee.

Adremás, como consecuencias de la extracción de ripio, se puede señalar en primer lugar la desviación del río Elicura y su bajada de caudal. En segundo lugar la contaminación por partículas y la correspondiente destrucción de la flora y fauna acuática. Y finalmente la destrucción paisajística del valle.

La extracción de áridos

Hace alrededor de 10 años que surge la necesidad de las empresas forestales de ripiar sus caminos privados, como igualmente la necesidad del propio Estado y su servicio de Vialidad de mejorar los caminos de la provincia de Arauco. Fue así como incentivaron la explotación de los subsuelos y lechos de los ríos Calebu y Elicura.

En los bordes del río Calebu se instalaron las primeras extractoras y chancadoras de las empresas comercializadoras de áridos; hoy tanto el lecho como el entorno de este río –y el territorio de las comunidades Antonio Leviqueo y Mateo Coliman– dejan al descubierto las consecuencias de un atropello y el apetito voraz de la explotación irracional.

El abandono de la extracción de áridos del río Calebu trasladó el daño al río Elicura, principalmente en el sector de San Ernesto- Fue aquí que colonos chilenos, instalados después del remate del asentamiento campesino, comenzaron a vender terrenos contiguos al río para la extracción de áridos.

Han pasado 10 años de estas explotaciones y la brutal intervención del medio natural del valle lo ha resentido con tanta magnitud que hoy las consecuencias son visibles: las frutas escasean, las plantaciones de ají, del cual se obtiene el tan apreciado condimento merken, disminuye; hoy es palpable que los cursos de agua que alimentan el sistema natural de regadío se encuentran prácticamente muertos, por lo que es imposible de asegurar agua suficiente a los cultivos.

Con la canalización del cauce del río las napas subterráneas se han profundizado, lo que provocó el deterioro en la calidad del suelo. Por otro lado, los productos químicos e insumos de la maquinaria instalada en las faenas, caen al río, siendo arrastrados por sus aguas al lago Lanalhue, afectando de manera directa el turismo que se desarrolla en verano.

Él transito de camiones, con una frecuencia de dos cada 10 minutos, provoca una contaminación acústica insoportable para las tres comunidades, y como si esto fuera poco, está el polvo que deja el transitar de los camiones y el peligro constante de ser arrollado por un de ellos.

Este verano de 2006 vio nacer un aumento de las faenas, con el acecentamiento del riesgo y la inseguridad del turista que busca conocer la cultura y el pasado mapuche de este valle. Esta inseguridad les menoscaba a las tres comunidades su naciente actividad turística –que con la instalación de algunas cabañas han iniciado–.

Hoy las comunidades del lugar, los vecinos no mapuche residentes del valle, como todos los que luchamos por los derechos indígenas, tenemos plena conciencia que el valle ha sido objeto de una explotación irracional, y que en esta destrucción están en primera línea sus dos ríos, Elicura y Calebu.

La ley ni se obedece ni se cumple

En la actualidad la empresa forestal Volterra, Ltda., adquirió a vecinos del Sector de San Ernesto un predio de 4 hectáreas para realizar faenas de extracción que son aseguradas por las empresas ABICE S.A., Patricio Figueroa y Nemesio González. Por otro lado la empresa Yelcho S.A. asegura faenas de extracción y transporte a la dirección de Vialidad de la provincia de Arauco, convirtiéndose también por esta vía el Estado chileno en un cómplice mas de la muerte anunciada del Valle de Elicura y con ello una gran parte de la cultura de sus comunidades.

Por el lado jurídico la defensa del valle se organiza: a su cabeza están las tres comunidades directamente afectadas –Lorenzo Huaiquivil, Juan Caniuman y Ignacio Maliman- las autorizaciones y la fiscalización de estas faenas de extracción deben ser llevadas por la Municipalidad de Contulmo. Pero sólo ante las reiteradas denuncias que las comunidades han efectuado sobre el funcionamiento de estas empresas, que se concluye que tres de ellas efectúan sus faenas sin autorización legal.

Los requerientes se han encontrado con un alcalde, Eduardo Aguayo Thile (UDI), cómplice de estas irregularidades y del actuar ilegal de las empresas.

Fue así como el 27 de febrero del 2006 las tres comunidades procedieron a paralizar él transito de camiones, hasta llegar a una reunión a la que asistieron los representantes de las empresas, el alcalde de la comuna y los dirigentes de las comunidades, encabezadas estas ultimas por el lonko Miguel Leviqueo. El acuerdo final dio un plazo de 48 horas para que las empresas regularicen su situación ante las autoridades comunales.

Sin embargo, el martes 7 de marzo 2006, ninguna medida fue adoptada, por lo que se decidió recurrir a tribunales de Concepción, presentando un recurso de protección de manera que se paralicen las obras y que estas lleguen a su fin; esta medida, aseguran los dirigentes, se toma ya que no están dispuestos a seguir soportando el atropello de sus derechos territoriales.

Desde el punto de vista jurídico se entiende que la Ley Orgánica de Municipalidades regula a partir de su Articulo 36 los permisos de las empresas explotantes “Las concesiones darán derecho al uso preferente del bien concedido en las condiciones que fije la municipalidad. Sin embargo, ésta podrá darles termino en cualquier momento, cuando sobrevenga un menoscabo o detrimento grave al uso común o cuando concurran otras razones de interés publico”.

El Articulo 37 de la misma ley señala: “En forma previa a la iniciación de las obras el concesionario deberá someter el proyecto al sistema de evaluación de impacto ambiental, regulado en la ley 19.300, sobre Bases del Medio Ambiente”. Por su parte la Ley 19.300 de Medio Ambiente, en lo que se refiere a proyectos o actividades susceptible de causar impacto ambiental, en cualquiera de sus fases, requieren de la elaboración de Estudio de Impacto Ambiental, si generan:

a) Riesgo para la salud de la población, debido a la cantidad y calidad de afluentes, emisiones o residuos.

b) Efectos adversos significativos sobre la cantidad y calidad de los recursos naturales renovables, incluidos el suelo, agua y aire.

c) Reasentamiento de comunidades humanas, o alteración significativa de los sistemas de vida y costumbres de grupos humanos.

d) Localización próxima a población, recursos y áreas protegidas susceptibles de ser afectados, así como el valor ambiental del territorio en que se pretende emplazar.

e) Alteración significativa, en términos de magnitud o duración, del valor paisajístico o turístico de una zona, y

f) Alteración de monumentos, sitios con valor antropológico, arqueológico, histórico y, en general, los pertenecientes al patrimonio cultural.

Ante estas irregularidades, atropellos y violación de sus derechos indígenas a vivir en un medio natural sano, las tres comunidades aseguran que la movilización continuará hasta que se paralicen las obras de extracción de áridos y se instruya a la Municipalidad de Contulmo la caducación de los permisos por no encontrase cumpliendo las normativas ambientales vigentes.

Que de igual manera, las comunidades se mantendrán movilizadas, no permitirán él transito de camiones y menos que continúen funcionando las plantas extractoras que actualmente trabajan en completa impunidad.

Los afectados aseguran que la solución final no es otra que el abandono definitivo de toda extracción de áridos del río Elicura, esperando que el tiempo y la naturaleza con toda su sabiduría devuelva al valle su majestuosa riqueza que permitía a sus moradores gozar de una buena calidad de vida y lograr la autosuficiencia alimentaría que hoy poco a poco se ha perdido.

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* Sociólogo. Dirigente lafkenche de Arauco.

En el periodico Azkintuwe: www.nodo50.org/azkintuww.
La imagen de apertura corresponde a una captura de pantalla de un docuental emitido por Televisora Nacional de Chile.

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