Feb 10 2006
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Economía

HAITÍ, PROFESORES EN IRAQ: LA GLOBALIZACIÓN, O SEA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Uno de los últimos reductos de biodiversidad intacta – en el sentido de territorio impoluto– fue descubierto en las laderas de un valle en el área de los montes Foja, en la isla Nueva Guinea. Más de 25 años tardó el ornitólogo Bruce Beehler –estudioso de las aves del paraíso– en realizar la expedición las montañas Foja. No fue tiempo perdido.

Los científicos econtraron decenas de nuevas especias nunca descritas, desde ranas, mariposas, plantas y un pájaro comedor de miel (der.), el primero nuevo encontrado en la isla de Nueva Guinea en más de 60 años. En una época la isla fue tierra de aves.

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Probablemente la ONU declare la zona patrimonio natural de la Humanidad o algo por el estilo, probablemente se autorice el “turismo ecológico”, probablemente no pase nada, posiblemente flora y fauna del lugar no duren mucho.

Es un territorio bajo bandera indonesa, y los orangutanes –los sobrevivientes– saben cómo Indonesia cuida el ambiente.

En Haití el ambiente natural conforma la historia de un desastre absoluto. A lo que se suma la continuación de la tragedia humana, aumentada como secuela de la ocupación del país. Leamos.

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL EN SUS OBRAS

En la gestión del proceso electoral haitiano la comunidad internacional aplicó una divertida fórmula taylorista que salta a los ojos.
(Pero) más que una distribución de tareas en el sentido clásico del término, es una fórmula que permite a cada fracción de esta comunidad tener su coto reservado y su esfera de influencia.

Gary Olius*

foto(Puerto Príncipe, febrero.) Al PNUD se le atribuyó el papel de asignación de fondos o de gestión global del presupuesto, a la Misión de Naciones Unidas para la estabilización de Haití (MINUSTAH) la ejecución del plan operativo en su aspecto logístico, de educación cívica, seguridad y preparación del escrutinio propiamente dicho y, finalmente, a la OEA le asignaron las operaciones de registro en todos sus componentes (contratación de personal, adjudicaciones de contratos, preparación de los padrones electorales, etc…).

El Consejo Electoral Provisional, la entidad oficial que debería garantizar la totalidad de la gobernanza del proceso, se vio obligado a confinarse en la ejecución de simples tareas normativas como la publicación del calendario, la firma de decisiones sobre el rechazo o aceptación de candidaturas y la oficialización de los resultados de las elecciones.

En suma, se trata de una verdadera desnacionalización del proceso. ¿Y, la democracia deseada por los haitianos en todo esto, se la reducirá a un simple objeto de regateo, por no decir una mercancía?

Razones de un largo proceso

Estas elecciones vieron desfilar en Haití un rosario de especuladores de todo pelo. Representantes de empresas internacionales, subcontratistas, falsos expertos venidos de EEUU Francia, Canadá y América Latina, en búsqueda de contratos jugosos. La transición democrática se volvió ipso facto monetaria, relegando a segundo plano las cuestiones éticas para dar paso a ententes, subterfugios de toda clase, luchas de influencia e incluso a subastas.

Es por eso, por lo demás, que el proceso fue tan largo, pues era preciso tomar el tiempo necesario para negociar ya que no hay juego allí donde hay disputa financiera. El capitalismo es sobre todo eso…

Los haitianos vivían con profunda amargura esta indignante realidad, pero debieron retenerse y contener su hartazgo ya que no se engañan ante el hecho que la comunidad internacional financió cerca del 95% de los gastos relativos al proceso electoral. Aceptan la evidencia que es el país con sus crisis políticas recurrentes que ofrece a los “expertos” internacionales un terreno para que mercadeen.

Hasta el momento, los gastos globales para las elecciones presidenciales ascienden a 59 millones de dólares y algunos piensan que Haití, debido a su gran pobreza, no estaba en condiciones de asumir el pago de una factura tan alta. Se engañan, ya que no hace mucho tiempo el país pagó a los proveedores de fondos internacionales más de US$ 60 millones por concepto del servicio de la deuda externa.

La estrategia de la comunidad internacional fue muy cínica a este respecto. Al principio de esta transición, las instituciones financieras llamaron al orden a sus servidores recientemente instalados (Latortue, Bazin et Co.) para que liquiden todos los retrasos no honrados por el gobierno de Aristide. El objetivo perseguido era secar la reserva de divisas del Banco Central, reducir la capacidad de autofinanciación del país en algunos ámbitos clave como las elecciones, acentuar su dependencia y ponerlo al remolque de los extranjeros durante un muy largo período.

Como la diplomacia obliga, quienes dirigen las misiones extranjeras supieron camuflar todas sus intervenciones en materia electoral bajo el manto de asistencia técnica, alegando que en Haití faltaba competencia en materia electoral y que era necesario importar. Sobre este último punto, no cabe precisar nada pues Louise Brunet, Gerardo Lechevallier 1 y consortes saben muy bien que frente a los expertos haitianos ellos no dan la medida y que es la relación de fuerzas o la magnitud de lo que está en juego que hizo que las cosas sean como son hoy.

La función de la OEA

Pasemos ahora a las actividades efectuadas por la misión de la OEA en Haití, a lo largo del desarrollo de este proceso:

– Contratación del personal de los centros de registro e impresión de las tarjetas de identificación.
En este aspecto preciso, la transparencia no estuvo al orden del día. Un mínimo de preocupación por el cumplimiento de las normas exigía que se haga una convocatoria a las candidaturas previas y que un procedimiento adecuado se ponga en movimiento con el fin de seleccionar a los mejores aspirantes que deseaban ofrecer sus servicios en las operaciones de inscripción de los electores.

Al contrario, se prefirió preseleccionar gente sobre la base de su relación con empleados de la misión de la OEA (entre los cuales, partidarios afanosos de Aristide) y se la sometió a un simulacro de examen, como para tener un pretexto que podía servir de justificación a posteriori del procedimiento opaco utilizado.

Partidos políticos y egresados de las escuelas de informática reclamaron por esta forma proceder y el Consejo Electoral salió al paso diciendo que no tuvo ninguna responsabilidad en este asunto. Este proceder clientelista es el principal factor que ha causado tantos errores en el ingreso de los datos que servían para la elaboración de las tarjetas de identificación. Según información proporcionada por el CEP, se contabilizaron aproximadamente 20.000 tarjetas con información errónea.

Por otra parte, la OEA –por razones que quedan por aclarar– decidió hacer imprimir las tarjetas fuera del país. El negocio se asignó a una empresa que opera en México. Esta medida generó enormes problemas que complicaron terriblemente el proceso. Las entregas se realizaron con tardanza y una porción no desdeñable de las tarjetas fue impresa con errores inaceptables (como la fotografía del Sr. X sobre una tarjeta que lleva el nombre de la Sra. Y), sin contar que alguna gente se vio obligada a votar por un diputado o un magistrado que no correspondía a su municipio. Por ejemplo, un amigo que habita en la ciudad de Jacmel debió votar en la Vallée (a más de 50 KM), según la indicación inscrita al reverso de su tarjeta. Son errores gruesos que requirieron rectificaciones urgentes, pero éstas desgraciadamente no se dieron.

A la par, tuvieron todos los dolores del mundo para entregar las tarjetas a los electores, tanto que más de 425.000 electores –sobre el 12%– decidieron renunciar a la voluntad de participar en las elecciones abandonando sus tarjetas en los centros de inscripción. Es necesario destacar también que la fórmula de distribución fue pésima y que la gente asignada a este trabajo sencillamente fue ineficaz. Eso creó peleas enormes que costó la vida a una persona y causaron heridas a varias otras.

Lo más importante para los enviados de la OEA parece que no era procurar que las operaciones relativas al registro y a la producción de las tarjetas se realicen en condiciones óptimas sino más bien de maximizar otra cosa. Siga el juego de mis dedos…

Esta organización creyó equivocadamente que todos los errores le eran permitidos por el hecho de que la mayoría de los haitianos y periodistas del mundo entero no sabía nada del nivel real de su implicación en el proceso. Todas las fallas constatadas, pensó, iban a endosarse al organismo electoral oficial que, hipotéticamente, tiene la gobernanza del sistema. Error de cálculo, ya que en el momento en que el malestar de la opinión pública comenzaba a subir y que los partidos políticos aumentaban la presión sobre los miembros del Consejo Electoral, estos últimos pasaron a denunciar públicamente a los enviados de la OEA señalando que faltaron a su deber y fallaron en su misión.

Esto empujó a Louise Brunet –número uno de la OEA en Haití– a efectuar una salida catastrófica en la prensa haitiana con el fin de dar explicaciones. Su informe oral no convenció mucho. El organismo electoral debió cambiar en cuatro oportunidades la fecha del escrutinio y las razones que se basaban tuvieron que ver con los múltiples errores acumulados por la OEA y la empresa contratada para producir las tarjetas de identificación.

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– Producción de los padrones electorales y desarrollo del escrutinio. Viendo que se venían las posibles dificultades que iba a generar el procedimiento aplicado, el Consejo Electoral no quiso asumir la responsabilidad de la producción de los padrones electorales que normalmente es un subproducto del proceso de registro. Intentó basarse en una entidad de la República Dominicana y se envío un pedido oficial para la producción de estas listas. Sin la menor vacilación, los dominicanos se negaron.

Era previsible esperar esto, ya que lógicamente la empresa que produjo las tarjetas de identificación debía también producir el registro allí contenido. Hecho inédito: la propia OEA debió encargarse de este trabajo.

El siete de febrero, el día de las elecciones, se pudo constatar la magnitud de los errores. Todas las aglomeraciones, las manifestaciones, los altercados entre supervisores electorales y electores, los chorros con gas lacrimógeno, sólo tenían una sola causa: los padrones electorales.

Gente que recorrió a pie más de una veintena de kilómetros, hizo cola durante horas y en el momento de votar se enteró de que sus nombres no figuraban en la lista apropiada. Fue una sorpresa desagradable. Incluso los campeones de la no violencia habrían tenido dificultades para contener su cólera en tales circunstancias.

Desalentados, abusados y frustrados, muchos haitianos debieron volver a su domicilio sin poder votar por sus candidatos preferidos. ¿A quién beneficiará este estado de cosas y estos errores evitables?

El mismo día de las manifestaciones efectuadas en Puerto Príncipe, muchos electores hicieron observaciones que hacían creer que hay una voluntad deliberada de manipulación del proceso y de crear un déficit voluntario de participación de la población y esto, desde el registro hasta la colocación de los puestos de votación, pasando por la distribución de las tarjetas de identificación.

Quizá uno no esté en condiciones de probar que esto sea así, pero la historia registrará al menos que las organizaciones internacionales no son inocentes en la desventura de esta nación empobrecida que es Haití.

Habida cuenta del número de electores que no pudieron expresarse, conviene también preguntarse, en último término, hasta qué punto las elecciones del siete de febrero de 2006 fueron justas y equitativas.

Dejemos a los expertos de la comunidad internacional la tarea de proporcionarnos la respuesta….

1 Louise Brunet y Gerardo Lechevallier son, respectivamente, responsables de la OEA en Haití y de las cuestiones electorales en la MINUSTAH.

* Ex miembro del Consejo Electoral Provisional.
En
Por la Libre (www.porlalibre.org), que cita como fuente a la agencia de noticias latinoamericana ALAI.

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LLAMAMIENTO INTERNACIONAL URGENTE
PARA SALVAR A LOS PROFESORES IRAQUÍES

“Esta situación es un reflejo de la ocupación en su conjunto: una catástrofe de proporciones increíbles desplegada en un clima de indiferencia criminal. Según el Derecho Humanitario internacional, Estados Unidos, como poder ocupante, es el responsable último de la protección de los ciudadanos iraquíes, incluyendo a sus profesores.”br>

Iraq Solidaridad*

Un aspecto poco conocido de la tragedia que asola Iraq es la sistemática liquidación de los profesores del país [1]. Aún siguiendo cálculos conservadores, más de 250 docentes han sido asesinados y otros muchos cientos han desaparecido.

Con miles de ellos que huyen del país por temor a perder la vida, Iraq no sólo está sufriendo una importante fuga de cerebros sino que el sector profesional laico del país –que se ha negado a ser cooptado por la ocupación– está siendo diezmada, con las trascendentes consecuencias que esto tiene para el futuro del país.

El 14 de julio de 2004 el corresponsal del diario inglés The Guardian Robert Fisk indicaba desde Iraq:

“El personal universitario sospecha que existe una campaña para privar a Iraq de sus profesores, para completar la destrucción de la identidad cultural del país que empezó en el momento en que el ejército estadounidense entraba en Bagdad”.

La oleada de asesinatos no parece partidista ni sectaria, tiene por objetivo tanto hombres como mujeres y abarca todo la extensión del país. Es indiscriminada en relación a las especialidades: entre los muertos hay profesores de Geografía, Historia y Literatura árabe, así como de Ciencias.

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Según la ONU aproximadamente un 84% de las instituciones de educación superior de Iraq han sido quemadas, saqueadas o destruidas. El sistema educativo iraquí era uno de los mejores de la zona; uno de los mayores logros del país era el buen nivel educativo de su pueblo.

Esta situación es un reflejo de la ocupación en su conjunto: una catástrofe de proporciones increíbles desplegada en un clima de indiferencia criminal. Según el Derecho Humanitario internacional, Estados Unidos, como poder ocupante, es el responsable último de la protección de los ciudadanos iraquíes, incluyendo a sus profesores.

Imagen. Abdel Razak al-Naas, profesor de Información y Medios de Comunicación Internacionales en la Universidad de Bagdad, asesinado en su coche el 28 de enero de 2006.

* La información completa sobre el llamado internacional en defensa de los maestros iraquíes puede leerse en castellano en

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