Feb 7 2013
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Política

Hollande, ¿el caballero solitario?

“François Hollande emprende una guerra contra el euro fuerte” titula Les Echos al día siguiente de que el presidente francés pronunciase ante el Parlamento Europeo un discurso sobre el futuro de Europa.

El diario informa de que, a lo largo de su intervención, Hollande abogó por una política de cambio para la eurozona (para que un euro fuerte no perjudique a la competitividad), por una mayor integración y solidaridad, así como por la creación de un presupuesto propio para la zona euro.

Una visión de Europa que contrasta con la de los británicos (que preconiza una “Europa a la carta” y la de los alemanes, que defienden el escenario de una “Europa a dos velocidades” enfrentando a los “buenos” y los “malos alumnos”. No obstante, esta “asumida estrategia de confrontación con Alemania para cambiar el curso de Europa” sigue siendo arriesgada, Les Echos considera que:

Para hacerse oír, es necesario tener aliados y no atacar a quienes querían que evolucionase. […] Cuando pase la cumbre de Bruselas prevista para este fin de semana sobre el presupuesto europeo, ha decidido reabrir el debate en nombre del crecimiento, sobre relajar las exigencias presupuestarias. ¿Por qué no? Berlín no ostenta las Tablas de la Ley. Pero tratar de avergonzar a Angela Merkel antes de su cita electoral [en septiembre] puede ser arriesgado […].fr les-echos-100_5

Por su parte, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, responde a la queja del presidente francés de que los intereses nacionales se han impuesto sobre los intereses europeos, una observación dirigida al Reino Unido y los países menos generosos en las negociaciones presupuestarias, como Alemania:

Hollande no debería hacer como si unos fuesen apasionados altruistas heroicos que no pensasen más que en intereses europeos mientras otros se perfilan como fríos egoístas. En ningún momento los diferentes Gobiernos de París han dejado de luchar por los intereses de la agricultura francesa. Todo el mundo en la UE forma parte de la pugna por la redistribución. […] Pero nadie se plantea seriamente que los Estados contribuyentes acepten sin rechistar todo lo que sueñan la Comisión y el Parlamento.

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