Ago 9 2006
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Cultura

Holocaustos y hecatombes – EXPLICO ALGUNAS COSAS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Ubicado a miles de kil√≥metros del lugar donde hoy caen las bombas jud√≠as ‚Äďque vienen por el cielo a matar ni√Īos en el L√≠bano y Palestina‚Äď y a igual distancia de la grandeza de un Neruda, quiero yo tambi√©n explicar algunas cosas que suelen ocurrir ¬ęcuando Dios duerme¬Ľ.

Hace algunos d√≠as el actor Mel Gibson, bastante conocido en las pantallas chicas y grandes, protagoniz√≥ un esc√°ndalo p√ļblico cuando, azuzado por su amigo Baco, profiri√≥ supuestos insultos contra la comunidad jud√≠a mundial, a la que acus√≥ de estar detr√°s de muchos de los males que afligen al planeta. Pasados los vapores et√≠licos, se acord√≥ de que la cofrad√≠a contra la cual dispar√≥, con un arma bastante m√°s inofensiva que los misiles que utiliza Israel para bombardear poblaciones civiles, no s√≥lo domina el entorno pol√≠tico y econ√≥mico de su pa√≠s, sino tambi√©n su fuente de trabajo: Hollywood.

Los principales financistas, productores y directores de la cinematograf√≠a hollywoodense ‚Äďy tambi√©n mundial‚Äď son o tienen ascendencia jud√≠a ‚Äďlo asever√≥ toda la prensa farandulesca que se ha ocupado en estos d√≠as del Caso Gibson‚Äď. El bueno de Mel opt√≥ entonces por lo m√°s sano: se desdijo p√ļblicamente agregando sus disculpas por este arrebato antisemita. Pero como in vino veritas, los hijos de David no comulgaron con la rueda de carreta de su mea culpa y comenzaron a juntar clavos y madera para crucificar a este bocazas.

En un √°mbito mucho menos espectacular, casi a nivel dom√©stico, mi art√≠culo Cuando Dios Duerme, publicado aqu√≠, me trajo, en cambio, la amarga recriminaci√≥n de entra√Īables amigos que profesan el juda√≠smo, am√©n de aquellos que no me conocen, pero que ‚Äďtras leer el art√≠culo‚Äď habr√°n maldecido mi simiente hasta la s√©tima generaci√≥n.

Mel Gibson y yo necesitamos, por lo tanto, explicar algunas cosas.

Los clavos del martirio y las espinas de Israel

Lo primero que hay que notar en dicho art√≠culo es lo que se dice al comienzo: el autor, es decir yo, escrib√≠a con la mierda hirviendo, comparable con la misma indignaci√≥n que provocara y provoca siempre la visi√≥n de aquellos millares de ni√Īos jud√≠os asesinados sin misericordia por el nazifascismo en los a√Īos del III Reich. En aquellos tiempos no exist√≠amos, pero s√≠ hubo quienes dieron la vida para derrotar no s√≥lo a la Alemania agresora en los campos de batalla, sino que tambi√©n a la ideolog√≠a que inspir√≥ esa matanza.

¬ŅLo lograron? Es a eso a lo que se refiere el meollo del art√≠culo, a la verdadera lecci√≥n que no aprendieron los jud√≠os de tan horrenda experiencia. Refir√°monos a lo sustancial que ah√≠ se dec√≠a ‚Äďy tambi√©n a lo que debi√≥ decirse y no se dijo‚Äď.

El legado de Hitler ‚Äďy por lo tanto del fascismo‚Äď abarca, en esencia, dos aspectos fundamentales: el sustento ideol√≥gico y la puesta en pr√°ctica de la idea fascista. Veamos el primero.

Cuando Dios Duerme homologaba en certo modo la ideolog√≠a nazi con las bases de la religi√≥n jud√≠a, lo que fue, al parecer, el ac√°pite m√°s espinudo del tema y el que produjo el mayor escozor. Quienes impugnaron esta parte del art√≠culo argumentaron el car√°cter teol√≥gico de la posici√≥n jud√≠a, diferenci√°ndola de una ideolog√≠a pol√≠tica como fue la de Hitler. Es cierto que los nazis no le adjudicaron a ning√ļn Dios preferencias por la raza aria. En eso estamos de acuerdo. Quiz√°s si Goebbels en sus borracheras sifil√≠ticas habr√° invocado a las valkirias para que le llenaran el cr√°neo de alg√ļn jud√≠o con cerveza; esto puede ser s√≥lo parte del triste anecdotario de ese payaso sangriento, pero no porque su cruz gamada pretendiera la bendici√≥n de Od√≠n.

¬ŅEn d√≥nde est√° la semejanza, entonces? En que la ideolog√≠a nazi declara tambi√©n a su pueblo la raza privilegiada de la Tierra, pero recurriendo a una falacia cient√≠fica, atribuy√©ndole al genoma ario dominios del ADN, genes de calidad superior, reservados √ļnicamente al germano biol√≥gicamente puro. Es el resultado del engendro lo que hace la semejanza, no su origen: un par de razas, la jud√≠a y la aria, que se guardan para s√≠ el derecho ‚Äďya sea divino o molecular, justificado por Dios o la biolog√≠a‚Äď de sojuzgar al resto confluyendo en una misma metodolog√≠a de terror y de sangre.

Decíamos también que había otro aspecto de la herencia nazi que completaba el parangón entre el ideario del nazismo y la conducta actual de sionismo israelí. Tal es el método concreto y sanguinario que usaron los hitlerianos de someter a los pueblo por el terror, aquel de desatar la matanza sobre toda población, sin distinción de edades, sexo o condición civil o militar, la política de tierra quemada, reduciendo a polvo no sólo la vida de esos pueblos, sino que también sus moradas, sus sembrados, su patrimonio.

¬ŅDos ramas de un mismo √°rbol?

El ej√©rcito israel√≠ copia hoy, exactamente, la metodolog√≠a: luego de la masacre causada por las armas sobre las ciudades palestinas, y ahora libanesas, las im√°genes filmadas muestran la llegada de los buld√≥zer que barren sistem√°ticamente las casas derribando murallas con la meticulosidad de un siniestro arquitecto, que demuele para no construir m√°s que llanto y desolaci√≥n. Le pregunto entonces a mis ofendidos detractores, ¬Ņno es acaso la conducta israel√≠ la expresi√≥n de una ideolog√≠a y una pr√°ctica fascista? ¬ŅO debemos exculpar a Hitler de la muerte de decenas de millones de seres humanos, incluidos los seis millones de jud√≠os del holocausto, aceptando de paso que en este planeta hay efectivamente razas superiores?

Tal era la sustentaci√≥n b√°sica de ese art√≠culo escrito cuando a√ļn no se enfriaban los cuerpos masacrados en Qaba. Reconozco y digo, eso s√≠, ante mis amigos jud√≠os y ante aquellos que, no siendo mis amigos, pertenecen tambi√©n al estamento noble del pueblo hebreo, que en el art√≠culo citado deb√≠ agregar que Israel no es s√≥lo un ej√©rcito totalitario manejado por un gobierno segregacionista y arrogante, sino que una parte importante de su pueblo, dentro y fuera de Israel, se reconoce y milita en aquel segmento de la raza humana que repudia dr√°sticamente toda discriminaci√≥n y genocidio, venga de donde venga.

De la misma forma, no se hace necesario enumerar la larga lista de personalidades de origen hebreo que han hecho grandes contribuciones a la humanidad en todos los terrenos, simplemente porque no ha sido su condición de judíos lo que los impulsó a ello, sino su condición de hombres dignos, que es una calificación que no conoce fronteras ni razas. Valga, entonces, esta breve y justa aclaración que en el artículo citado se dio por implícita.

Jerusalén, Jerusalén, no mates a los profetas

Al momento de terminar este art√≠culo, Israel sufre la m√°s grave derrota diplom√°tica, condenado un√°nimemente por las naciones civilizadas de la Tierra. M√°s de mil personas asesinadas por el ej√©rcito israel√≠, de los cuales un tercio son ni√Īos, multiplican las protestas en las calles del mundo contra el que los profetas b√≠blicos llamaron ¬ęel pueblo elegido¬Ľ que ahora, manchado de sangre, se aleja cada d√≠a m√°s de su propio Dios.

Entretanto, me inclino respetuoso ante Gibson y su Coraz√≥n Valiente recordando al viejo Plinio, que dijera: Veritas iam attributa vino est, dicho en espa√Īol, ¬ęla verdad se ha atribuido al vino¬Ľ.

Salud, Mel. Que así sea.

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* Escritor y científico.

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