Oct 23 2006
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Opinión

HORA CLAVE PARA CHILE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Nos dijeron los parlamentarios de la Concertaci√≥n ‚Äďdurante los gobiernos de Aylwin y de Frei‚Äď que no presentaban un proyecto de ley porque iban perdidos. No ten√≠an mayor√≠a en el senado por causa de los senadores designados por Pinochet. Era cierto. Pedimos que el proyecto se aprobara en la C√°mara de Diputados ‚Äďdonde s√≠ han tenido mayor√≠a‚Äď y se obligara as√≠ al pinochetismo a enfrentar el tema de cara al pueblo en el senado. Los parlamentarios respond√≠an que no ten√≠a sentido hacer actos ¬ętestimoniales¬Ľ condenados al fracaso. Y se ol√≠a en la atm√≥sfera que el tema alteraba sus amables ¬ęconsensos¬Ľ de la transici√≥n.

La verdad dura es que Pinochet segu√≠a siendo el comandante en jefe del ej√©rcito, que retuvo una muy alta cuota de poder hasta marzo de 1998 y que negociaba con la pistola sobre la mesa. Dos veces amenaz√≥ con golpe de Estado. Y nuestros pol√≠ticos palidecieron de miedo. Hasta Frei se vio obligado por !razones de Estado¬Ľ a retirar la acusaci√≥n del Consejo de Defensa del Estado cuando pillamos in fraganti a Pinochet con sus pinocheques millonarios. Firmaba el padre en favor del hijo por la compra de armas. Olvidar el episodio fue la orden de la transici√≥n consensuada. Y eso es lo de menos.

En una democracia, el comandante en jefe no habr√≠a podido re√≠rse de nuestros muertos ‚Äďaparecidos en el Patio 29 del cementerio‚Äď diciendo que result√≥ muy ¬ęecon√≥mico¬Ľ enterrar clandestinamente de a tres o cuatro por tumba. En una democracia eso le cuesta el puesto en dos segundos. Pero hasta el general director de carabineros se dio el lujo de desafiar al presidente Frei, neg√°ndose a abandonar su puesto cuando un juez lo acus√≥ como c√≥mplice encubridor de un b√°rbaro crimen, el degollamiento de tres comunistas.

Y la verdad dura es que la transici√≥n chilena necesitaba que todos sonrieran, olvidaran el pasado y bailaran felices el vals del consenso. Clima apropiado para que Pinochet se sacara el uniforme y se vistiera con las galas de senador vitalicio. D√≠as antes, el ministro de Defensa le colg√≥ una medalla, agradeci√©ndole su acci√≥n a favor de la democracia (¬°!) y el ej√©rcito lo design√≥ ¬ępadre benem√©rito de la patria¬Ľ. Si no es por obra y gracia de la justicia espa√Īola, habr√≠amos tenido a Pinochet dictando c√°tedra democr√°tica en el Senado hasta marzo del 2006. O, peor a√ļn, hasta ahora. Porque si √©l hubiese estado entre los senadores vitalicios, quiz√°s la derecha no se pliega a terminar con los designados y vitalicios en la C√°mara Alta. ¬°Qu√© afrenta para el tata!

Uno de los episodios m√°s dolorosos del pacto Concertaci√≥n-Pinochet ocurri√≥ a fines de marzo de 2000. Acababa de regresar Pinochet de su arresto en Londres. Los parlamentarios se reunieron de emergencia ‚Äďun d√≠a s√°bado‚Äď y aprobaron una ley que proteg√≠a con fuero y dieta a los ex presidentes de la Rep√ļblica. Adujeron, en privado, que Aylwin necesitaba un sueldo de por vida. Todos sab√≠amos que el objetivo era Pinochet. Los estrategas de la impunidad hicieron sus c√°lculos. Chile se hab√≠a comprometido ante el mundo a juzgar a Pinochet. Las pruebas, en el caso Caravana de la Muerte, eran de tal peso, que el ex dictador no ten√≠a salida. Ser√≠a desaforado, sometido a juicio y condenado. La soluci√≥n estuvo en aferrarse a la raz√≥n londinense para liberarlo: ¬ępor compasi√≥n¬Ľ dada su fr√°gil salud.

Se traslad√≥ a Pinochet al Hospital Militar varias veces y se acentu√≥ el cuadro de m√°xima emergencia, hasta conseguir la impunidad por la v√≠a de la demencia sub-cortical. Entre medio, se simul√≥ un ¬ędebido proceso¬Ľ, para terminar el episodio con Pinochet renunciando al Senado para acogerse al nuevo estatuto de ex presidentes con fuero y dieta extra de por vida. As√≠ ocurri√≥, con un plus para mitigar el herido orgullo del ex dictador. El d√≠a que lo declararon demente, lo fue a visitar el presidente del Senado ‚ÄďAndr√©s Zald√≠var‚Äď y a la salida comunic√≥ al pa√≠s que hab√≠a tenido una conversaci√≥n l√ļcida con Pinochet. Fue como echar jugo de lim√≥n sobre nuestra herida abierta, peor que el episodio en que se levant√≥ muy orondo de su silla de ruedas en la pista del aeropuerto.

Y todo habr√≠a seguido as√≠, realismo tr√°gico de Chile, si no fuera por el senado de Estados Unidos. Los congresistas descubrieron las cuentas secretas de Pinochet y emitieron un s√≥lido informe en julio de 2004. Al asesino se sum√≥ el corrupto con riqueza malhabida. Y el ¬ędemente¬Ľ tuvo que dejar de fingir porque se comprobaba su h√°bil cordura para traspasar millones de d√≥lares de un banco a otro y abrir nuevas cuentas con nombres falsos, utilizando a toda su familia. Inolvidable ese d√≠a en que emiti√≥ una declaraci√≥n p√ļblica en 2005:

¬ęAsumo toda la responsabilidad por los hechos que investiga el ministro se√Īor Mu√Īoz y niego toda participaci√≥n que en ellos pueda corresponder a mi c√≥nyuge, mis hijos y mis colaboradores m√°s pr√≥ximos¬Ľ y ¬ęsi a alguien quieren encarcelar, enjuiciando a una parte de la historia de Chile, que sea a m√≠ y no a personas inocentes¬Ľ.

M√°s claro, echarle agua. Estaba cuerdo. Y las cortes comenzaron a aprobar los nuevos desafueros y los jueces, a realizar los interrogatorios o diligencias indagatorias. A octubre de 2006, s√≥lo en un caso ha sido sometido a proceso por catorce v√≠ctimas de la Operaci√≥n Colombo. Ning√ļn juez se ha atrevido hasta ahora a dictar acusaciones y menos a condenarlo. Y ning√ļn parlamentario concertacionista enarbol√≥ la bandera de ¬ęanular o derogar la amnist√≠a¬Ľ, pese a contar ahora con mayor√≠a en ambas c√°maras desde el 11 de marzo de 2006.

Pero la memoria es porfiada y nuestros fantasmas perseverantes. Ahora fue un profesor de Rancagua, comunista, asesinado por carabineros en 1973, quien se encarg√≥ de abrirnos otra puerta. El caso de Luis Almonacid fue sancionado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos ‚Äďel pasado 13 de octubre‚Äď con un fallo que sostiene que su caso ¬ęno puede amnistiarse conforme a las reglas b√°sicas del derecho internacional, porque es un crimen de lesa humanidad¬Ľ. Y la presidenta Michelle Bachelet se comprometi√≥ a acatar el fallo. Lo hizo al visitar Villa Grimaldi, el mismo lugar donde fue torturada junto con su madre. Y se ha desatado un invisible vendaval pol√≠tico que bate puertas y ventanas en La Moneda, en las fuerzas armadas, en los partidos de la derecha pinochetista y entre los poderosos empresarios.

¬ŅHabr√° otro conejo en el sombrero para salvar el decreto-ley con que Pinochet se perdon√≥ a s√≠ mismo? ¬ŅQu√© har√°n esta vez los pol√≠ticos del consenso? Los defensores de derechos humanos nos declaramos en estado de alerta m√°xima. Y debi√©ramos instalar frente al Palacio de los Tribunales un gran lienzo con la frase del libertador Sim√≥n Bolivar: ¬ęLa corrupci√≥n de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Sin fuerza no hay virtud. Y sin virtud perece la Rep√ļblica¬Ľ.

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Periodista y escritora.

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