Mar 11 2019
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OpiniónPolítica

Humanitarios deshumanizados

En el año 2003 nos convencieron de que el régimen de Saddam Hussein, el autócrata iraquí, no solamente significaba una amenaza a los intereses de los Estados Unidos sino que para todo el resto del  mundo. Sus armas de destrucción masivas (ADM) y sus estrechos lazos con el terrorismo de Al Qaeda, autores del atentado de las Torres Gemelas el 11/9 de 2001, lo hacían merecedor de la condena universal y daba justificación para invadir Irak.

Como televidentes acomodados en nuestros sillones, vimos la nocturna pirotecnia letal sobre la capital iraquí. Sin pensar que miles de seres humanos: hombres, mujeres, niños y ancianos morían a causa de un bombardeo cruel e indiscriminado sobre la histórica Bagdad.

Apresado Hussein y luego ajusticiado por los invasores, supuestamente el mal habría sido conjurado. Irak y el resto del mundo podían respirar tranquilos, en paz y progreso. Pero no ocurrió así. No fue el fin de los males para Medio Oriente sino que, recién el principio.

Al mismo tiempo que los MMCC nos convencían de la justedad de la acometida por parte de la “coalición de los voluntarios” (“coalition of the willings”), como la llamó el Presidente de los Estados Unidos George W. Bush, las Naciones Unidas había despachado una comisión investigadora in situ, encabezada por el diplomático sueco Hans Blix, cuya misión era la de verificar la existencia o no de las ADM en el territorio de Irak. Previamente, el Consejo de Seguridad de la ONU había aprobado por unanimidad (15-0) la Resolución 1441 que excluía cualquier acción de fuerza sobre el régimen iraquí.

Poco después, quedó en evidencia el engaño de los gobiernos agresores, encabezados por los Estados Unidos y que contaba como cómplices a los gobiernos del Reino Unido, España, Dinamarca y otros. Nunca se encontraron ADM en suelo iraquí, como tampoco pudo probarse alguna conexión entre el régimen de Hussein y Al Qaeda.

Claramente, el objetivo político de los invasores no fueron precisamente la liberación del pueblo iraquí ni la paz mundial, sino la apropiación de la inmensa riqueza petrolera del país.

Lo que sí se comprobó y se hizo público, fueron los multibillonarios contratos de operaciones de la Compañía Halliburton luego de la invasión a Irak. Empresa de la cual el Vice-presidente del Gobierno de Bush, Dick Cheney, había sido su presidente y CEO entre 1995 y 2000. También se constataron las conexiones del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld con compañías petroleras norteamericanas beneficiarias del petróleo iraquí.

El cuento y la manipulación mediática parecen repetirse en estos días con el caso de Venezuela. Sin embargo, existe una variante respecto a la acción en Irak que tiene que ver más con la agresión económica que con el empleo de la fuerza militar.

Desde el año 2015, Venezuela ha estado sujeta a drásticas sanciones económicas que han afectado el diario vivir del pueblo venezolano, como consecuencia del bloqueo de fondos provenientes de la producción petrolera y que se ha traducido en una baja ostensible en la importación de alimentos y medicinas.

Es una paradoja, por lo tanto, realizar todo un show mediático, supuestamente mostrando un gesto humanitario para abastecer a una población en penurias, por parte de los mismos poderes que son causantes de tales tribulaciones.

El show mediático de camiones presuntamente cargados con alimentos y pertrechos,  que a la fuerza intentaban penetrar la frontera venezolana, se trataba de una operación que en la jerga militar se conoce como “reconocimiento en fuerza”. Es decir, se emprende una acción fingida con el fin de verificar la reacción del enemigo y detectar sus fortalezas y debilidades. El show fue un fracaso, como se vio. En gran medida porque, contrariando las expectativas de “los humanitarios”, los militares venezolanos se mantuvieron leales al régimen de Maduro.

Por otra parte, si la crueldad que se le imputa a Maduro es cierta, entonces estos poderes “humanitarios” lo son doblemente: sabiendo que un pueblo se encuentra bajo una dictadura, lo exponen al sufrimiento de la escasez, con el solo propósito de desbancar la economía y cumplir sus oscuros objetivos de apoderarse de las riquezas de Venezuela.

Estos instrumentos económicos de los poderosos fueron también aplicados en Chile a principios de la década de 1970. En efecto, antes de que asumiera el gobierno del Presidente electo Salvador Allende, el Presidente de los Estados Unidos de la época, el tristemente célebre Richard Nixon, había ordenado a la CIA: “Quiero ver chillar la economía de Chile” (Nathaniel Davis, exembajador).

La economía chilena logró resistir y tener un buen rendimiento en 1971, para luego desplomarse, dejándose sentir la pesada mano de las compañías multinacionales que se sentían amenazadas por el programa de nacionalizaciones. Bloqueo de partidas de cobre en puertos extranjeros, bloqueo de créditos, ingresos de divisas negras para financiar partidos políticos y medios de comunicaciones de la oposición, interminables huelgas empresariales de camioneros y de colegios profesionales, al mismo tiempo que se creaba un poder adquisitivo falso que originaba una inflación artificial.

También el desabastecimiento de productos, como consecuencia de una baja ostensible en la inversión y la producción, o por acaparamiento clandestino de bienes. Colas interminables y sacrificios para obtener los recursos mínimos de subsistencia. Todo esto, producto de un complot urdido desde Washington y desde Langley, Va., con la complicidad de los desconocidos de siempre.

Luego del Golpe Militar del 11/9 de 1973, aparecieron nuevamente los bienes y cesaron los  problemas de escasez.

De aquí, que da pena ver y escuchar las declaraciones de políticos chilenos oportunistas que alguna vez posaron de izquierdistas, condenando a priori al régimen de Maduro y sumándose a la avalancha comunicacional de Washington. Al parecer, no aprendieron nada de la historia, o bien se mueven por intereses políticos estrechos e  inmediatos.

Demagógicamente, argumentan que no se puede comparar a Salvador  Allende con Nicolás Maduro. Ciertamente que no, nadie lo hace. Pero sí son comparables las metodologías siniestras que emplearon los poderosos “humanitarios” en el Chile de 1970 y en la Venezuela de estos días, para lograr sus codiciosos objetivos económico-estratégicos.

En consecuencia, se espera que la aun no programada visita de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Michelle Bachelet a Venezuela, produzca un informe que no solamente se refiera a las eventuales violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Maduro, sino que también se condene la flagrante violación del derecho internacional de los pueblos a no ser privados de sus medios de subsistencia. Un arma que se ha estado utilizando por parte de “los humanitarios”, cada vez con mayor frecuencia e impunidad.

 

*Fue oficial de la Armada de Chile. Permaneció leal a su juramento de obediencia a la Constitución y Leyes vigentes en Septiembre de 1973, oponiéndose al golpe militar. Actualmente es politólogo, Magíster de la Universidad de Chile, M.A. de la Universidad de Heidelberg, Magíster en Seguridad y Defensa de la ANEPE (Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos). Miembro del equipo editorial de RedSeca.

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