Jun 9 2013
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Cultura

Imitaci贸n y arte c贸mico

No podr铆amos decir a ciencia cierta si la imitaci贸n como arte (o el arte de la imitaci贸n) es el origen esencial de lo c贸mico. Re铆mos cuando vemos un objeto descolocado inesperadamente de su funci贸n, o una acentuaci贸n o quiz谩s una disminuci贸n, en cualquier experiencia de costumbre que nos sea vital. Re铆mos tambi茅n cuando, a contramano de un esfuerzo para dar forma a un acto solemne o delicado, escapa de ese intento un peque帽o detalle que arruina cualquier f贸rmula pomposa.

La imitaci贸n, habitualmente desde帽ada en la construcci贸n de lo c贸mico, nos pone frente a un espejo implacable de donde sale un peligro m谩ximo, del cual tambi茅n re铆mos. Ese tal o cual rasgo, que apenas sabemos de su existencia en nuestra gestualidad o lenguaje, nos revela como siendo otros. Ya se sabe que no es cierto que un espejo nos duplique dej谩ndonos en calma. El espejo 鈥搕emible鈥 nos hace otros y nos refleja para intimidarnos o descubrir lo insoportable o gracioso que emana de nosotros mismos.

Lo c贸mico deja siempre un sentimiento de fragilidad humana, de cr铆tica a la precariedad del mundo y de reconciliaci贸n con los defectos m谩s tremendos. Gracias a lo c贸mico, la vida en general, y en especial la vida popular, ven al mundo como un conjunto de piezas que se convierten en entidades rid铆culas en vez de f贸rmulas de dominaci贸n. Re铆mos para hacer saber que la vida es tambi茅n sus fallas abismales y contiene nuestra opini贸n sobre la ridiculez de los otros, que con la carcajada irreprimible hacemos saber que comprendemos, antes que juzgar y castigar. Y adem谩s re铆mos espinozianamente, re铆mos sin re铆r, cuando en la tensi贸n de la historia callamos nuestra propia risa interna 鈥搎ue funda nuestra conciencia鈥 para contenernos antes de enjuiciar duramente el mundo exterior que nos causa risa y lamento, pero lo entendemos como parte de una realidad que nos incluye. La risa es un instrumento superior de conocimiento. Nosotros mismos somos los risibles que con la risa intentamos preservarnos.

La imitaci贸n que en estos momentos se est谩 realizando, en un programa de televisi贸n, de la Presidenta de la Rep煤blica creo que no forma parte de la gran tradici贸n de la risa y de la comicidad que toda sociedad democr谩tica reserva a sus pol铆ticos. M谩s all谩 de si est谩 hecho o no con arte, pues la imitaci贸n es el mayor desaf铆o del comediante 鈥揺s la m铆mesis, que representa al objeto original con otra originalidad que incluye revelarlo en su profusi贸n de rasgos inadvertidamente reiterados鈥, la impresi贸n que causa es la de un profundo ultraje. Parece discutido en el gabinete de los guionistas de un sacud贸n institucional antes que en una oficina de operarios del humor. Es una grave cuesti贸n que en la historia de la comicidad se asiente su igualaci贸n con el ultraje. Lo c贸mico es la plaza p煤blica, el medioevo bruegheliano, el Chaplin que imita al burgu茅s correcto como burla genial desde la l铆rica lumpen, superior a cualquier oficio serio; es tambi茅n el gesto melanc贸lico de Buster Keaton, el mon贸logo de un clown agon铆stico como Tato Bores, donde la pol铆tica es absurda, pero llama a los hombres a rehacerse con la 鈥渞isa del mundo鈥, es decir, con las fr谩giles posibilidades que tenemos para cambiar las cosas, es la revista El Mosquito, que no perdon贸 a Mitre, Sarmiento o Roca, y que los retrata sin vileza, con el distanciamiento que la fina iron铆a del arte les suele destinar a los hombres p煤blicos.

Pero el humor pol铆tico, que es un utensilio sarc谩stico de la democracia 鈥-como lo demuestra la revista francesa Le Canard Encha卯n茅鈥 tiene un desv铆o que suele ocurrir en 茅pocas de duras luchas y tensiones, porque se lo convierte en un instrumento de demolici贸n del ser pol铆tico, hecho en s铆 mismo de rajaduras e incertezas. El humor democr谩tico revela, no profundiza la falla. Es generoso, no avieso. Cuando lo c贸mico (que es de alguna manera el grado extremo de lo ficcional) intenta convertirse en un reemplazo completo de la realidad, el mundo pol铆tico ya aparece juzgado en medio de una grave transfiguraci贸n de espacios. Lo que mueve a risa en un campo (la risa que nos permite una mejor conciencia de nosotros mismos y del mundo) aparece como un env铆o injuriante si se lo pone en el espacio de un supuesto 鈥渉ablar serio鈥.

Esa confusi贸n es riesgosa, reduce el nivel art铆stico de las imitaciones y convierte lo que se quiere criticar en el acto de pobres marionetas que en vez de revelar el vac铆o del lenguaje, que con un nuevo tejido an铆mico podr铆amos recobrar, revela un sentido da帽oso al deslizar lo risue帽o, aun lo que roza el exceso 鈥揺xceso que tiene el humor que traspasando l铆mites lleva a la lucidez鈥, hacia el territorio oscuro de un goce en la destrucci贸n de la figura representada. Imitaciones despojadas de la felicidad del arte pueden hacer algo m谩s grave que debilitar la creencia p煤blica en el debate com煤n. Pueden agrietar el mismo arte c贸mico, que nace en eras milenarias como forma de soportar la adversidad del mundo. Y algo grave es que un sector de la vida cultural argentina, que fue antipapal y ahora festeja los gestos de un papa 鈥搇a imitaci贸n que se hace de este personaje en el programa referido no carga indicios de degradaci贸n鈥 se base en la ficci贸n c贸mica como 煤nico soporte para argumentar en pol铆tica. Generalmente fue al rev茅s.

Pero de alguna manera la politolog铆a argentina acad茅mica decidi贸 comenzar sus murmuraciones teor茅ticas 鈥損or as铆 decirlo鈥 luego de decidir que hab铆a, digamos, una facilidad, una invitaci贸n a abandonar el pensamiento abstracto y cr铆tico por un concreto c贸mico 鈥搇as valijas, etc.鈥 que profesores presuntamente munidos de certificaciones y respetos descubren ahora como entidades mundanas de gran nivel te贸rico, la valijolog铆a o la valijolatr铆a, desperdiciando la posibilidad tanto de pensar en serio la corrupci贸n, tema crucial donde no hay que equivocarse cuando se fija un concepto de alto nivel de abstracci贸n, porque es precisamente operante en todo tipo de realidades que hay que desbaratar con la ley efectiva y sus actos concretos. No teatrales sino conceptuales, precisos y, al mismo tiempo, singulares en la acci贸n. Otra cosa es la escena tragic贸mica, que siempre fue la 谩spera forma de redenci贸n con que las sociedades pensaban las inevitables obstrucciones ajenas y propias que deben atravesarse. Escena que puede perder su encanto cuando se transforma en un deseo de justicia medi谩tica, forma vertiginosa, vengativa y oscura de la justicia. Forma final revelada de lo justo convertido en injusto.

* Soci贸logo, director de la Biblioteca Nacional argentina

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