Dic 2 2007
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Noticias

Incomunicaci贸n. – A NUESTROS LECTORES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El n煤mero correspondiente al 30 de noviembre debi贸 haber sido puesto en los servidores desde Santiago de Chile utilizando el servicio de banda ancha que ofrece la empresa espa帽ola Telef贸nica, la misma que en alg煤n momento de delirio hace unos a帽os perdi贸 la expresi贸n gr谩fica de su acento esdr煤julo. O tal vez no lo perdi贸: se deshizo de 茅l para viajar con mayor y c贸moda premura desde la distante pen铆nsula europea a Am茅rica del Sur. Quiz谩 tampoco eso, puede que sus ejecutivos hayan entonces pensado que en estas 芦Indias禄 nadie se iba a dar cuenta de la falta del acento ortogr谩fico.

Como sea que fuere 鈥搊 haya sido鈥 el mi茅rcoles 28 de noviembre poco despu茅s del mediod铆a, para usar la frase hecha y 隆ay! tan com煤n, se nos 芦cay贸 el sistema禄. Todo.

驴Qu茅 hacer? Torpes, buscamos en la folleter铆a de Telef贸nica las instrucciones precisas para dar cuenta de nuestra incomunicaci贸n. No encontramos ninguna referencia de direcci贸n f铆sica; hab铆a que llamar a un tel茅fono de muchos n煤meros o enviar un correo electr贸nico. Pero no se puede llamar por tel茅fono ni enviar un correo electr贸nico si te has quedado sin tel茅fono y tu m贸dem parpadea impotente.

Pensamos, claro, en un tel茅fono monedero p煤blico; encontramos uno cerca. No hay nada menos amical que intentar comunicarse con una serie de grabaciones que te dan instrucciones y que, cuando llega el momento de que presiones la tecla del n煤mero correspondiente para hablar con un/a ejecutivo/a que 鈥損iensas, ingenuo鈥 se compadecer谩 de t铆, la llamada emite el sonido de l铆nea ocupada. Y la persona que espera termines tu diligencia para ella hacer uso del tel茅fono te comienza a mirar con odio.

El animal humano, empero, tiene recursos. Uno de esos recursos es el tel茅fono m贸vil, que llamamos celular. Vuelta a mirar la folleter铆a. Claro, para llamar desde un celular y pedir reparaci贸n de l铆nea tienes que digitar otro n煤mero. Siempre ingenuo lo haces. Y de repente 鈥搕ras advertirte (una grabaci贸n) que para brindarte un mejor servicio 芦esta conversaci贸n puede ser grabada禄鈥 logras hablar con alguien de la importante compa帽铆a.

Te enteras que Telef贸nica prescribe un plazo de hasta 48 horas para que sus t茅cnicos hagan la traves铆a hasta el alejado lugar donde se produjo el problema: una docena de calles contadas desde la sede del gobierno chileno.

El jueves por la ma帽ana compras todos los peri贸dicos que encuentras, te pegas al televisor saltando de un canal de noticias a otro; vas a un 芦c铆ber禄 para revisar el correo, agotas la bater铆a del celular llamando a todos/as a quienes conoces con la vaga 鈥搚 vana鈥 esperanza de que alguno/a tenga una soluci贸n m谩gica, pueda sacarte del aislamiento o te de el nombre de alguien que sepa lo que se debe hacer para restablecer las conexiones perdidas. Nada. En la tarde seguimos incomunicados.

Por la noche te enteras que han intentado hablar 鈥損or tel茅fono鈥 desde Venezuela para preguntar si has recibido un correo electr贸nico con informaci贸n sobre el referendo que se celebra el domingo dos; como no pudieron comunicarse llamaron a una tercera persona que 鈥揺l periodismo tal vez sea de cierto un sacerdocio鈥 toma su autom贸vil y viene a dar el mensaje.

Corres al 芦c铆ber禄, una de las casillas de correo-web que usas para los asuntos de la revista no tiene capacidad monstruo y 鈥搊tra palabra de uso diario para describir situaciones a veces catastr贸ficas鈥 ha colapsado. Borras muchos mensajes, grabas en un CD otros.

Por razones de obvia seguridad no debes 芦subir禄 la revista desde el 芦c铆ber禄: hay claves, c贸digos de por medio para 芦entrar禄 a los servidores, por una parte, por otra est谩n los programas espec铆ficos que manejas y que vas a llegar e instalar 鈥搒i pudieras hacerlo鈥 en el ordenador que con gentileza te alquilan all铆.

El viernes te levantas con el mareo de la derrota y las consecuencias de haber tragado la v铆spera litros de caf茅 negro sin haber comido lo suficiente. No quieres recordar todo lo que has fumado. Vuelves a usar el recargado tel茅fono celular y te comunicas, en el segundo intento, otra vez con la secci贸n reparaciones. Te dicen que tienen un 芦reporte禄 de los t茅cnicos: el jueves hab铆an hecho algunas reparaciones (un cable cortado, de informan). No has visto a ning煤n t茅cnico. Tu tel茅fono es tan 煤til para comunicarte como un cenicero. Y tu m贸dem bien podr铆a ser un tiesto para depositar chocolates.

Eso s铆, la voz que representa a Telef贸nica no tiene dudas: la reparaci贸n se hizo. No obstante, quiz谩 conmovida por tu insistencia, te asegura que antes de las cinco de la tarde del s谩bado (empec茅 a escribir esto a las 16:21) vendr谩n los fantasmag贸ricos t茅cnicos. Piensas en las cinco de la tarde, esa hora garc铆alorquiana.

El s谩bado pasado el mediod铆a te has olvidado de Federico Garc铆a, pero te acordaste de los motivos del lobo y llamas otra vez a reparaciones de Telef贸nica. Te dicen 鈥搖na grabaci贸n鈥 que se ha registrado tu solicitud y que Telef贸nica 芦est谩 trabajando禄 en ello. Te da, la grabaci贸n, la posibilidad de presionar el n煤mero uno y hablar con un /a ejecutivo/a humano/a.

Que te informa: los s谩bados los t茅cnicos trabajan hasta las cinco de la tarde y alguno pasar谩. Son ahora las 17:16 y no ha venido nadie. Te mienten.

No sabes qu茅 pas贸 con tu l铆nea telef贸nica ni con tu acceso a la internet, ni tienes por qu茅 saberlo. Has contratado un servicio, que incluye un costo de mantenimiento, por el que pagas todos los meses.

Piensas en los socialistas y populistas que hablan de nacionalizar los servicios p煤blicos. Y en algunos anarquistas que anta帽o desarrollaron variados m茅todos de acci贸n directa.

…Y ya es domingo.

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