Dic 31 2004
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Economía

Informe Valech: el periodismo en el banquillo

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los periodistas iniciaron un saludable debate interno sobre su propia responsabilidad en las violaciones de los derechos humanos sacadas a luz por el Informe de la Comisión Sobre Prisión Política y Tortura. Al igual que el Poder Judicial, la prensa también jugó su rol en el sufrimiento inflingido por la dictadura.

Los periodistas forman parte de una profesi√≥n, no de una mafia. Si algunos periodistas tuvieron lamentables posturas pro-dictadura solo usufructuaron de una libertad de opini√≥n negada a ¬ęlos otros¬Ľ, aquellos que estuvieron presos y fueron torturados. Pero hoy deben explicar su pasado ante la ciudadan√≠a, no s√≥lo ante sus pares.

Hubo periodistas cómplices y otros protagonistas de la dictadura. En el crimen del obrero Jorge Tomás Henríquez González (18/03/1973), cuidador de equipos relacionados con Canal 5 de TV (filial del 13), los tribunales involucraron a Michael Townley y a gente de medios. Más tarde hubo delaciones que causaron desempleo, prisión y tortura.

Los periodistas cometemos errores. Pero otra cosa es escribir mentiras y levantar calumnias. En Canal 13 y en TVN -Televisi√≥n Nacional- se hicieron ¬ęlistas negras¬Ľ de gente de izquierda supuestamente involucrada en el Plan Zeta, un mito CIA vitoreado en libros y art√≠culos de distinguidos periodistas. Algunos aportes fueron Anatom√≠a de un fracaso (Zig-zag, 1973) de Emilio Filippi y Hern√°n Millas; Martes 11, auge y ca√≠da de Allende (Triunfo, 1973), de Abraham Santib√°√Īez, Luis Alvarez Baltierra y Francisco Castillo; y muchos otros. Fueron textos lamentables, que probablemente averg√ľenzan a sus autores, pero evocarlos hoy constituye, para algunos, cacer√≠a de brujas y ¬ęjusticia popular¬Ľ.

Operación Silencio

En 1973, el 36,6 por ciento de la prensa escrita nacional era de izquierda. La dictadura elimin√≥ 312.000 ejemplares diarios identificados con el gobierno de Salvador Allende: Clar√≠n (220.000), El Siglo (29.000), Puro Chile (25.000), La Naci√≥n (21.000) y Las Noticias de √öltima Hora (17.000). Los diarios que apoyaron el golpe tambi√©n padecieron despu√©s control y censura: La Tercera (220.000), El Mercurio (126.000), Las √öltimas Noticias (81.000), La Segunda (55.000), Tribuna (40.000) y La Prensa (29.000), con un total de 541.000 ejemplares diarios. En estos medios tambi√©n trabaj√≥ gente que no comulg√≥ con el totalitarismo de los due√Īos.

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Se cerraron unas 40 radioemisoras allendistas -contra 115 partidarias del golpe-, 11 peri√≥dicos provinciales y un centenar de revistas publicadas por Quimant√ļ -la editorial Zig-Zag estatizada, que hoy es de Ricardo Claro-, Horizonte (PC), Prensa Latinoamericana (PS) y otras empresas desaparecidas junto a su maquinaria e inmuebles. Decenas de revistas anti-Allende apoyaron con fervor el nuevo r√©gimen.

Desinformando

El entonces presidente del Colegio de Periodistas, Carlos Sep√ļlveda Vergara (DC, fallecido), devino en director de La Patria, el nuevo diario de gobierno, rebautizado despu√©s como El Cronista y m√°s tarde vuelto a llamarse La Naci√≥n. Pocos periodistas opuestos -o simplemente cr√≠ticos- a la dictadura continuaron trabajando discretamente en los medios permitidos por el r√©gimen, pasaron informaci√≥n a las redes clandestinas anti-dictadura, mientras otros mantuvieron una actitud decente sin llegar necesariamente al hero√≠smo. Hubo tambi√©n periodistas de izquierda que saltaron la valla pero no hicieron todav√≠a ning√ļn mea culpa como el de Mar√≠a Ang√©lica de Luigi (The Clinic 9 de diciembre). Unos cuantos pasaron agachados, a la sombra de la memoria fr√°gil.
(El texto de De Luigi puede leerse en: www.pieldeleopardo.com/modules.php?name=News&file=article&sid=608).

Periodistas de izquierda que conservaron vida y libertad utilizaron la estructura del Colegio para asistir a sus colegas en prisi√≥n. En Chacabuco los periodistas prisioneros recibieron a Mar√≠a Eugenia Oyarz√ļn, dirigenta de derecha del Colegio pero interesada en mejorar su suerte. Hacia fines de 1973, medio centenar de periodistas estaba preso desde Dawson a Chacabuco. Las cifras del Informe Valech hablan de 230 v√≠ctimas en 17 a√Īos de dictadura (ocho por ciento del total), 23 asesinados y/o desaparecidos, m√°s nueve estudiantes. M√°s de 100 trabajadores de la prensa, perdieron la vida, incluyendo a fot√≥grafos, camar√≥grafos, locutores, cinematografistas y afines del sector comunicaciones, tal como lo consigna Morir es la noticia (http://shop.logos.it/users/carmona/index.html y www.derechos.org/nizkor/chile/libros/reporter).

Los medios encubrieron toda clase de cr√≠menes, fusilamientos de estudiantes ¬ęextremistas, fugas falsas y asesinatos de periodistas. Difundieron como verdad los mitos del Plan Zeta y de una guerra interna unilateral que tampoco respetaba los tratados de Ginebra (tal como lo consignaron el Informe Rettig y hoy el Informe Valech). Se hicieron grandes esfuerzos medi√°ticos por convencer a los chilenos de que viv√≠an en la copia feliz del Ed√©n. La televisi√≥n mostr√≥ cientos de reportajes tan controvertidos como la burlona filmaci√≥n de Claudio S√°nchez, de Canal 13, en el Estadio Nacional, con presos cantando El Patito chiquito… de los Quincheros. Abel Esquivel describ√≠a en Ercilla (octubre de 1973) una suerte de ¬ęspa resort¬Ľ que ser√≠a el inh√≥spito penal de Dawson, cuyos hu√©spedes no ten√≠an conciencia de estar recuperando la salud y reponi√©ndose del stress. Los archivos conservan much√≠simos reportajes olvidados de diarios, revistas y televisi√≥n efectuados por otros afines a esta l√≠nea S√°nchez-Esquivel.

Operaciones de inteligencia

Distinguidos profesionales de ayer y hoy parecieron convencerse del pa√≠s de fantas√≠a que edificaron con sus medios. Muchos periodistas dem√≥crata-cristianos revirtieron despu√©s esa postura, cuando su partido se alej√≥ del gobierno militar que contribuy√≥ a instalar. Pero tambi√©n hubo profesionales que se abstuvieron de servir de comparsa en los montajes o escribir en contra de su conciencia, en contraste con aquellos menos competentes excusados en el ¬ęyo no sab√≠a¬Ľ.

Hubo periodistas que contribuyeron a presentar asesinatos de colegas acribillados por la espalda, como el de Augusto Carmona en 1977, como enfrentamientos. Los fallecidos Silvia Pinto y Jaime Vald√©s colaboraron en la llamada Operaci√≥n Colombo, un montaje DINA destinado a ¬ędemostrar¬Ľ que 119 detenidos desaparecidos -incluido el periodista Mario Calder√≥n Tapia, de La Uni√≥n de Valpara√≠so- se hab√≠an matado entre ellos en Argentina, en 1975, seg√ļn las portadas de La Segunda (Exterminados como ratones), La Tercera (El MIR ha asesinado a 60 de sus hombres) y otros medios.

En un notorio contraste, el reportero policial Rodolfo Sesnic, de La Segunda, cuestion√≥ la versi√≥n oficial sobre el asesinato del l√≠der sindical Tucapel Jim√©nez, investig√≥ por su cuenta y public√≥ un libro en plena dictadura. En castigo, la empresa lo puso en h√≠pica y, lamentablemente, falleci√≥ de c√°ncer al comenzar los a√Īos 90.

La DINA/CNI seleccion√≥ a periodistas de la fuente policial para formarlos en Inteligencia de la Informaci√≥n, asignatura impartida en su Escuela de La Rinconada de Maip√ļ. De acuerdo al testimonio de un ex alumno, algunos avezados estudiantes se encuentran entre los firmantes de una carta en apoyo a Claudio S√°nchez difundida en estos d√≠as en la prensa.

La verdad duele

Abraham Santib√°√Īez eligi√≥ a El Mercurio del 2 de diciembre para sostener -en una carta al director- que por sacar a la luz estos trapos sucios del periodismo ¬ępodr√≠amos estar peligrosamente cerca¬Ľ de una ¬ęjusticia popular¬Ľ (…) ¬ęa veces expedita y cruel¬Ľ. Lamentablemente el diario nunca public√≥ la r√©plica del ex presidente de la Orden, Guillermo Torres, quien cuestion√≥ su argumentaci√≥n ¬ępara justificar el que no se cumpla con el deber de analizar en las instancias gremiales adecuadas, el comportamiento de periodistas que faltaron a sus compromisos y se prestaron para graves conductas anti√©ticas¬Ľ. Recordando, adem√°s, que Santib√°√Īez forma parte del Tribunal Nacional de √Čtica del Colegio de Periodistas.

El Colegio expuls√≥ en 1999 a Manuel Fuentes Wendling, director de la revista Tiempos del Mundo, del Reverendo Moon, por delatar en La Segunda en 1975 la militancia comunista de Felidor Contreras, dirigente del Colegio, y declarar marxista a Fernando Reyes Matta, entonces exiliado, cuando ambos ep√≠tetos costaban la vida. Fuentes hizo notar que Contreras ¬ęcaminaba tranquilamente por las calles¬Ľ.

El entonces diputado DC Andrés Aylwin, afirmó en 1997 que un mínimo libertad de prensa hubiera frenado el crimen de los detenidos desaparecidos, tal como muy pocos jueces salvaron la vida de numerosos presos con solo acoger un hábeas corpus o visitar una prisión de la DINA.

Manuel Cabieses, director de Punto Final y ex dirigente del Colegio, llev√≥ al Tribunal √Čtico a su colega Agust√≠n Edwards, due√Īo de El Mercurio, por haber recibido fondos estadounidenses para derrocar a Salvador Allende y tergiversar la verdad durante d√©cadas, pero su libelo no prosper√≥. Fernando Paulsen reclam√≥ en Chilevisi√≥n un mea culpa de los medios ante el Informe Valech. El Colegio recogi√≥ tambi√©n el guante y se propuso realizar su propio debate interno, a trav√©s de todo el pa√≠s, para culminar -quiz√°s en enero- con un Plenario nacional, instancia estatutaria similar al Congreso. Lo har√° internamente, por la salud de la profesi√≥n, porque considera que es una obligaci√≥n ante la sociedad y por los miles de j√≥venes que estudian para ser periodistas.

fotoHistoria personal

En 1973 era director de la Radio Nacional, del MIR, pero no fui detenido luego del golpe gracias al rigor de la clandestinidad y la suerte de no toparme en la calle con la Flaca Alejandra, que me reconoció en 1993 siendo un guatón pelao muy distinto al del 73.

Me fui a Buenos Aires a trabajar en El Cronista, cuyo logotipo inspir√≥ a la agregada de prensa Silvia Pinto para cambiarle el nombre a La Patria. La colega Pinto hizo campa√Īa p√ļblica en mi contra cuando me encontr√© preso despu√©s de asistir a un encuentro latinoamericano de periodistas realizado en Caracas en octubre de 1974. El director y propietario del diario, Rafael Perrota, me mostr√≥ la carta que envi√≥ la diplom√°tica solicitando mi despido. Hoy Perrota forma parte de los periodistas desaparecidos de la Argentina. Emigr√© a Per√ļ y Venezuela, donde recib√≠ la solidaridad de los colegas, consegu√≠ trabajo y continu√© mi vida familiar.

Preso bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón, me enteré que existía una coordinación represiva sudamericana que más tarde se conoció como la Operación Cóndor. En 1975 acudí a un Relator de DD.HH. de Naciones Unidas para informar cómo perseguían a los chilenos en Argentina utilizando un llamado Convenio Sudamericano de Policías para multiplicar las huellas dactilares y fotos de los detenidos a fin de llenar carpetas destinadas a casi todos los países del Cono Sur.

Ahora revivo c√≥mo el golpe y la sevicia arruinaron tantas vidas. Hoy podemos sentarnos en el Consejo Nacional del Colegio frente a Mar√≠a Eugenia Oyarz√ļn y el resto del Tribunal Nacional de √Čtica para debatir libremente lo ocurrido y recibir la leg√≠tima comprensi√≥n de personas que trabajan en El Mercurio. No es que algo ande mal sino que la gente y las circunstancias cambiaron.

Por cierto, en una ma√Īana de Copiap√≥ de 1997, despu√©s de la presentaci√≥n de Morir es la noticia, un periodista me confes√≥ haber participado junto a otros reporteros de la fuente polic√≠a/tribunales en los cursos Inteligencia de la Informaci√≥n que impart√≠a la DINA a un grupo selecto. Algunos de los nombres (Coya, Ruiz, Honorato) aparecieron en The Clinic -n√ļmero 50, de mayo 2001-, pero no hubo reacci√≥n, ni siquiera una querella donde un juez me pidiera pruebas.

Esa conversaci√≥n a tres bandas, que fue en calzoncillos -olvid√© llevar mi pijama y el due√Īo de casa parece que tampoco lo usaba- y tomando nescaf√© en la casa de Osm√°n Cort√©s (anfitri√≥n, presidente del Consejo Regional), ocurri√≥ muy temprano, despu√©s que a medianoche le tir√© sobre la mesa del restaurante donde cen√°bamos la pregunta ¬ę¬Ņpor qu√© colaboraste con la Dina?¬Ľ Valoro que este periodista llegara tempran√≠simo, ba√Īado, afeitado y con anteojos oscuros para entregarme una ¬ęconfesi√≥n¬Ľ como ante un cura. Por eso protejo su nombre. Pero ante un juez no podr√≠a hacerlo. De todos modos, ahora pienso que tendr√≠a que hablarle para persuadirlo de que salga honestamente al pizarr√≥n, como lo hizo Mar√≠a Ang√©lica De Luigi.

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