Nov 16 2013
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Despacito por las piedras

IR A EUROPA Y MORIR EN EL INTENTO

Hace algunos meses el Papa Francisco fue a Lampedusa, una isla siciliana, en el sur de Italia a 100 kilómetros de la costa africana. Allí pidió perdón por los inmigrantes indocumentados que murieron en el intento de buscar un futuro mejor. Frente al hecho de la inmigración ilegal dijo algunas frases que merecen mencionarse: “La cultura del bienestar (…) nos vuelve insensibles a los gritos de los demás (…) hemos perdido el sentido de las responsabilidad fraterna” y habló de la “globalización de la indiferencia”.

El hecho concreto, que motivara su visita, fue cuando tomó estado público que unos pescadores cortaron los hilos de las redes de un atunero a las que se aferraban con desesperación la vida y la esperanza de 7 inmigrantes ilegales que procuraban, de esa manera, llegar a las costas italianas.

La Europa actual es uno de esos casos donde los aspectos más egoístas de cada uno de nosotros se han transformado, respecto de estos inmigrantes, en política de estado. Los europeos parecen olvidar la generosidad con la que –no lejos en el tiempo- fueron recibidos en otras tierras, el caso Argentino es un ejemplo. Eso pasó cuando la rueda de la historia los tenía a ellos en la parte de abajo. Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, hijo de inmigrantes italianos es un caso típico, tiene la obligación moral y la autoridad para hacer el gesto producido en Lampedusa.

En días recientes se han publicado datos según los cuales, en los últimos 20 años, unos 25 mil inmigrantes indocumentados han perdido su vida tratando de llegar a las cosas europeas.

Los funcionarios de la Unión Europea culpan a las mafias que contrabandean,  sin ninguna garantía, a seres humanos. Estas mismas autoridades nada dicen de la “guerra a la inmigración” que es parte estructural de la política de los países de la Unión Europea.

Europa tiene una memoria demasiado corta y selectiva, olvida una parte de su propia historia. La rueda de la historia sigue rodando y algún día otros pueblos le recordarán ese “olvido”.

Juan Guahán/Questión

 

 

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