Ago 27 2012
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Economía

Islandia, el otro camino de Europa

Los argentinos y su gobierno están justificadamente orgullosos de su estrategia de reestructuración de la deuda externa, que permitió a la economía recuperarse bastante rápido después de 2002. Sin embargo, ya pasó una década y existe otro país que ofrece lecciones más contemporáneas que los gobiernos de los países del sur de Europa deberían aprender. Ese país es Islandia.

Alrededor del a√Īo 2000, el gobierno conservador de libre mercado de Islandia privatiz√≥ dos grandes bancos p√ļblicos orientados a negocios locales y permiti√≥ que se formara un tercer gran banco privado a partir de la fusi√≥n de un conjunto de entidades m√°s peque√Īas. El gobierno tambi√©n removi√≥ la mayor√≠a de las limitaciones de los bancos para sus operaciones y los impuls√≥ a convertir a Islandia en un centro financiero internacional del Atl√°ntico Norte. ‚ÄúSi Dubai puede hacerlo, por qu√© nosotros no podemos‚ÄĚ, fue el esp√≠ritu de esa arenga.

Para 2008, los tres grandes bancos islandeses se encontraban entre los 300 bancos más grandes del mundo, en un país donde la población llega sólo a 310 mil personas. Sus activos sumaban 10 veces el PIB de Islandia y su modelo de negocios dependía en forma central de su posibilidad de tomar deuda masivamente del mercado mayorista de crédito. En octubre de 2008, los bancos colapsaron. La moneda nacional, la krona, perdió 60 por ciento de su valor de un día para otro. El mercado de valores se desplomó. En pocos meses, los precios de las casas cayeron 25 por ciento en términos reales y la inflación subió hasta una cifra cercana al 20 por ciento.

El FMI envi√≥ una misi√≥n que instruy√≥ al gobierno a instalar controles de capitales para evitar una mayor fuga y ofreci√≥ expertos t√©cnicos para ense√Īarles a los funcionarios del Banco Central island√©s a aplicar esas pol√≠ticas. La fuerte devaluaci√≥n logr√≥ por s√≠ misma una importante reducci√≥n del gasto. As√≠, con la bendici√≥n del FMI, el gobierno demor√≥ los ajustes fiscales. Eso permiti√≥ aliviar las tensiones pol√≠ticas, porque la devaluaci√≥n pod√≠a presentarse como ‚Äúun acto divino‚ÄĚ que no era responsabilidad del gobierno. El FMI intent√≥ que el gobierno asuma las deudas de los bancos quebrados como propias a partir de la presi√≥n de Suecia, donde estaban preocupados porque si Islandia se sal√≠a con la suya con el default, los pa√≠ses b√°lticos har√≠an lo mismo con sus grandes pr√©stamos del sistema bancario sueco. Las autoridades de Islandia rechazaron la idea, dado el tama√Īo de las deudas bancarias con relaci√≥n a su base fiscal.

A comienzos de 2009, entre el 80 y 90 por ciento de las empresas islandesas, incluyendo las más grandes, eran incapaces de hacer frente a sus obligaciones, y entre 25 y 30 por ciento de los hogares se encontraban en la misma situación. Los gobiernos del sur de Europa podrían aprender algo sobre cómo Islandia respondió a esa situación.

Para la deuda de las empresas, la estrategia requiri√≥ que los bancos reconocieran la p√©rdida en el valor de las obligaciones que ten√≠an las empresas, al punto de que las entidades bancarias pudieran esperar tener una ganancia si se quedaban con los activos de las empresas. Las peque√Īas y medianas empresas pudieron solicitar mayores alivios de deuda, siempre y cuando pudieran ofrecer evidencia plausible de su futuro flujo de caja y el tama√Īo de la ayuda estaba vinculado con el valor descontado de sus ingresos futuros.

Para las deudas de las familias requirió que los bancos reduzcan el valor contable excesivo del 110 por ciento del valor de cada propiedad. Las familias que incluso no podían hacer frente a los préstamos ajustados pudieron pedir ayudas especiales. Un elemento importante es que no se permitió que las calificaciones crediticias de las distintas familias fueran afectadas por este escenario especial. Además, quienes se encontraban cerca de la línea de pobreza, pudieron solicitar un subsidio adicional para conservar la propiedad de sus hogares.

El resultado global dej√≥ a los bancos con una mora tan peque√Īa como era posible y sin forzar masivas ejecuciones hipotecarias o quiebras de empresas. Pocas familias perdieron sus hogares. La econom√≠a se estabiliz√≥ en 2010 y volvi√≥ a crecer en 2011, aunque lo hizo lentamente. El gobierno y las firmas recuperaron el acceso a los mercados de cr√©dito internacionales a tasas de inter√©s sostenibles. Sin embargo, eso no fue posible sin ning√ļn costo pol√≠tico. El gobierno recibi√≥ un feroz ataque de aquellos individuos que no hab√≠an tomado cr√©ditos impagables e insostenibles. Esas personas sienten que est√°n pagando por el despilfarro de otros.

En comparaci√≥n con la situaci√≥n de Noruega, despu√©s de su crisis bancaria a comienzos de los a√Īos ‚Äô90 y las econom√≠as b√°lticas despu√©s de 2008, la recuperaci√≥n de Islandia fue mucho mejor. Esto est√° muy vinculado con el hecho de que se evita realizar lo que hoy ya es muy com√ļn en Grecia, Espa√Īa y Portugal, donde los bancos obligan a las empresas y a las familias con patrimonio negativo a que renuncien a la propiedad de sus bienes, como si los propios bancos no tuvieran ninguna responsabilidad por prestar demasiado.

* Profesor de Economía Política de la London School of Economics. Publicado en Página 12 de Argentina

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