May 3 2008
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Política

Italia: Porca miseria

Gennaro Carotenuto

Se implanta el Parlamento más derechista de la historia de la república y el nuevo alcalde de Roma lleva con orgullo una cruz céltica en el cuello. Para la izquierda italiana empieza la travesía en el desierto. El precio lo pagarán los extranjeros, los jóvenes precarios y los que luchan contra la criminalidad organizada.
 
 
Silvio Berlusconi y los suyos están copando todo. Ahora acaban de conquistar la última joya de un abril memorable para la derecha italiana: la alcaldía de Roma. Desde el martes la capital está en manos de Gianni Alemanno, de 50  años (de pelo negro en la foto con su oponente Francesco Rutelli).
 
Durantesu juventud fue uno de los máximos líderes de la derecha neofascista, con varios hechos violentos y arrestos en su prontuario. En 1994 se reconvirtió en seguidor de Alianza Nacional, sector que a su vez se había reconvertido (o intentaba hacerlo) en una derecha que se proclama liberal-conservadora.

Arribó así al Parlamento y a ser ministro entre 2001 y 2006. Pero su llegada
al Colle Capitolino, desde donde el alcalde de Roma se puede asomar a un
paisaje que abarca los foros imperiales y el Coliseo, es enteramente
responsabilidad de la centroizquierda, que suma otro desastre al desastre de
las elecciones parlamentarias de hace dos semanas.
 
La centroizquierda gobernó la capital durante los últimos 15 años con éxito
y con asombrosas mayorías. No era fácil perder ya que Walter Veltroni,
reelegido triunfalmente hace dos años con el 61 por ciento de los votos,
había dejado la alcaldía para intentar ser jefe de gobierno en las listas
del Partido Democrático (pd). Perdió, y con Roma lo perdió todo. Respetando
criterios de cuotas políticas, el pd nombró, sin elecciones internas, a
Francesco Rutelli candidato a la alcaldía romana por toda la
centroizquierda. Con 54 años Rutelli es el líder de la parte católica que
confluyó en el PD y fue predecesor de Veltroni como alcalde de Roma, siendo él también derrotado por Berlusconi como líder nacional en las elecciones políticas de 2001. Su imagen es de un burócrata partidario y oportunista, y el hecho fue percibido como una manifestación evidente de la incapacidad de la izquierda de ofrecer caras nuevas. Lo demostraron los números.
 
En Roma se votó tanto para la ciudad como para la provincia. En el ámbito provincial, un organismo con pocos poderes que podría ser abolido en los próximos años, y que está por debajo de la región en el enredo administrativo italiano, la centroizquierda ganó presentando un candidato nuevo, Nicola Zingaretti. Rutelli, que en total perdió por siete puntos contra Alemanno, votó diez puntos por debajo de Zingaretti en las mesas electorales correspondientes.

Es decir, hubo unos 55 mil romanos que votaron a la izquierda en la
provincia pero no aceptaron votar la papeleta de la ciudad, dejando en
blanco el voto a la alcaldía. Es una clara señal de repudio a la burocracia
de un partido recién fundado, el PD, y que consideraba el mantenimiento de
la alcaldía de Roma como un punto de partida fundamental para mitigar los
efectos del fracaso en las elecciones parlamentarias. Tanto es así que en el
congreso partidario del otoño boreal podría estar en riesgo incluso el
liderazgo interno de Veltroni.
 
La consecuencia es que ahora Roma tiene un alcalde que es todo “ley y
orden”, que promete mano dura contra los extranjeros y armar a los guardias
municipales. Es una pieza más del puzle que se está componiendo ante los
ojos de los italianos: la ocupación total de las instituciones por parte de
la derecha. El martes fue elegido presidente del senado Antonio Schifani,
hombre de Berlusconi que es famoso por dos cosas: por comentar en la tevé
con chistes groseros la actividad o las opiniones de la izquierda, y por
haber propuesto una ley (que finalmente fue declarada inconstitucional) que
pretendía garantizar la impunidad total a Silvio Berlusconi.
 
El miércoles ha sido el turno de otro ex fascista: Gianfranco Fini fue elegido presidente de la Cámara de diputados. Y ahora le toca al gobierno. Umberto Bossi, el jefe de la derechista y xenófoba Liga Norte, ya declaró que “ahora Berlusconi sólo debe cumplir con las órdenes”. No fanfarronea.
 

 

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