Abr 22 2008
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Política

Italia: sin izquierda, y con Berlusconi hasta el 2020

Lo notable de las elecciones políticas italianas se puede reducir a dos puntos: el primero es que los ciudadanos no están hartos de Silvio Berlusconi, y el segundo es el inesperado y total fracaso de la izquierda de matriz marxista, que desaparece del mapa político.

 
Gennaro Carotenuto
 
Los italianos no sólo no están hartos del show de Silvio Berlusconi sino que lo quieren en el poder por bastante tiempo más, ya que ahora tendrá cinco años tranquilos de gobierno y luego se le abrirán las puertas para ascender al cielo santificado como presidente de la República, cargo en el que permanecerá hasta el lejanísimo 2020. No son pocos los analistas políticos italianos que están preocupados por las reelecciones de presidentes en América Latina (y arremeten todos los días contra Hugo Chávez), pero acaso es tiempo de que alguien desde afuera analizara el caso Berlusconi y propusiera sanciones a algún organismo internacional, ya que los italianos resultaron incapaces de liberarse del flautista de Hamelin y sus chistes groseros, su plata sin límites, sus bailarinas, sus corruptos y sus corruptores. En total, Berlusconi habrá dominado por un total de 26 años la escena política del país, cuatro más que Benito Mussolini.
 
En un país que históricamente no suele producir mayorías parlamentarias anchas ni estables, el triunfo de Berlusconi fue de los más amplios de la historia nacional. Su coalición, formada por sólo dos partidos, el suyo y la Liga Norte, obtuvo en la Cámara de diputados el 46,6 por ciento de los votos, mientras el Partido Democrático (aliado con el del juez Antonio di Pietro) llegó al 37,5. En escaños sumaron 344 y 246, respectivamente.
 
También en el Senado de la República, donde había dudas, Berlusconi arrasó. Excepto en el corazón rojo de Italia, triunfó en el norte con ventajas siderales y ganó largamente en regiones importantes donde aún gobierna la izquierda, como Lazio, Campania y Apulia. Si Romano Prodi había resistido un año y ocho meses con una mayoría de 158 senadores contra 157, hoy Berlusconi tendrá 174 contra 132 del pd. Todo se le hará fácil a este político, que no es realmente liberal ni realmente conservador y que tiene como único proyecto proteger sus grupos de interés. También la tendrá fácil la Liga Norte, que presentó un programa muy claro de destrucción del Estado de bienestar basado en reducir drásticamente los impuestos, en un federalismo fiscal para que las zonas ricas no contribuyan más al tesoro nacional, y en la mano dura contra la inmigración.
Parlamento sin izquierdas
 
Si el triunfo de Berlusconi era probable, aunque nadie había previsto su amplitud, no había quien arriesgara que la izquierda quedara fuera del parlamento. De los 39 partidos presentes en el parlamento anterior, sólo sobrevivirán cinco: los cuatro coligados en los dos grupos mayores y los neodemocristianos de la udc, que superan el 5 por ciento. La coalición Izquierda Arcoiris, que reunía cuatro partidos que en 2006 sumaron más del 10 por ciento de los votos, a duras penas llegó al 3. El porqué de una derrota tan desastrosa es todavía difícil de establecer. La dirigencia del Partido de la Refundación Comunista (prc), que presentaba como candidato a primer ministro a un viejo y desgastado Fausto Bertinotti, todavía no se ha hecho siquiera una autocrítica. El prc apuntó todas sus fichas a la superación de la “forma partido” por una suerte de movimiento social amorfo y con escasa o ninguna relación con el territorio ni con los tradicionales lugares de agregación de la izquierda.
 
El resultado fue la liquidación de la identidad (comunista en este caso), sustituida por una genérica referencia a la paz, que sola no conforma un proyecto de cambio social ni capta votos. Además, en un país estancado y que necesita a la izquierda para la resolución de problemas muy concretos, la percepción de la opinión pública ha sido que el aporte de este sector se limitó a oponerse a absolutamente todo, sin ofrecer propuesta alternativa concreta alguna. No fue exactamente así: el gobierno de Prodi cayó como consecuencia de traiciones emanadas del centro y no de la izquierda, pero la participación en un gobierno socialdemócrata que –entre otras cosas– mantuvo tropas en Afganistán fue muy desgastante para la izquierda radical, que eligió oponerse a decisiones del propio Ejecutivo de una manera percibida por muchos como conservadora.
 
Italia carece de recursos energéticos propios. Si los italianos pueden cocinar todos los días es porque hay dos gasoductos que los unen a Argelia y Rusia. Necesitaría encontrar un par de lugares donde levantar plantas regasificadoras. La izquierda radical –que en el pasado gobierno controlaba el Ministerio del Medio Ambiente– descartó proyectos de ese tipo, considerando que en un país con graves problemas de “cementificación” de las costas no se podía sacrificar ni un metro más. La opción no fue comprendida por la opinión pública. Otro ejemplo fue el de la basura en la región de Campania, un problema complicado que necesitaba soluciones urgentes y viables. Sin embargo, el ministro del Ambiente, de tendencia ecologista, estimó que plantas de ese tipo no debían ser construidas, planteando como única solución la quimera de la “basura cero”, es decir una sociedad que no produjera desechos.
 
Otro tema, que quizás no le hizo perder demasiados votos pero que explica mucha de la mentalidad dominante en los dirigentes de la Izquierda Arcoiris, fue el de la relación con los gobiernos integracionistas latinoamericanos.En los últimos años el diario del prc, Liberazione, condujo una campaña sistemática contra todos los gobiernos de izquierda latinoamericanos, rompiendo relaciones con Cuba, con Venezuela y criticando y a menudo calumniando a todos los demás países con los mismos métodos de los diarios de derecha: cuando el Sur del mundo toma decisiones por cuenta propia, el eurocentrismo prevalece, incluso en la extrema izquierda.
 
No hay que sorprenderse de que frente a un programa político de “no” continuos, sin propuestas concretas, y en un contexto en el que el pd aparecía como depositario natural del “voto útil” anti Berlusconi, numerosos electores simplemente no se reconocieran en la Izquierda Arcoiris. Pero el desastre fue aun mayor si se considera que tanto la coalición liderada por Silvio Berlusconi como la liderada por Walter Veltroni no votaron muy distinto a lo que marcaban los sondeos.
 
El único real trasvase de votos, alrededor de un millón y medio de papeletas, fue entre la Izquierda Arcoiris y la Liga Norte, es decir entre la extrema izquierda y la extrema derecha. Según los analistas de flujos electorales, apenas tres de cada diez votos de la coalición Arcoiris quedaron en casa; otros dos fueron captados por el voto útil al PD; dos se evaporaron entre la abstención y el apoyo a micropartidos de ultraizquierda que juntos superaron el 1 por ciento; los otros tres atravesaron el espectro político hacia la derecha.
 
En Toscana, donde sólo el PRC llegaba al 16 por ciento, la coalición apenas alcanzó el 5,5. Los italianos de izquierda son los más críticos con la propia dirigencia de izquierda, a la que ven tan impresentable como la de la derecha tradicional. El voto por la Liga Norte apareció así como una desesperada adaptación del “que se vayan todos”.

 

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